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BIBLIOMANÍAS, Laura Pacheco & The Wild Detectives

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LAURA PACHECO & THE WILD DETECTIVES, Bibliomanías, Pepitas & WD, Logroño, 2019, 96 páginas.
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Laura Pacheco dibuja y Nadrés de la Casa-Huertas y Javier García del Moral escriben historias inspiradas por los lectores de la librería The Wild Detectives (Dallas).
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VIDAS A LA INTEMPERIE, Marc Badal

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MARC BADAL, Vidas a la intemperie, Pepitas de calabaza, Logroño, 2017, 224 páginas.

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Irene García Roces presenta estos textos con los que Badal trasciende a los neorurrales que convierten el campo en decorado.
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MIRADAS

   La imagen que nos devuelve el espejo es la síntesis más precisa de nuestras satisfacciones y desgracias. Escribimos nuestra historia personal con arrugas y cicatrices. El campesinado escogió otra superficie textual. La faz de la tierra.
   En ella podemos leer la acumulación de sucesos que conformaron su carácter. Eran gentes del país. Y éste imprimía de manera innegociable las cláusulas del contrato vital. Los campesinos vivían en el lugar donde nacieron sus abuelos y en el que morirían sus nietos. Los riscos pedregosos o el llano fértil. El desierto del páramo o la dehesa. La arquitectura de un espacio condiciona las circulaciones permitidas. Las trayectorias disponibles, las mutaciones adaptativas. Pero los campesinos siempre anduvieron por su propio pie. No manaban de la tierra para dejarse deslizar por la ladera. El suyo no era el discurrir del torrente. Sabían que en el fondo del valle residía su perdición. Vivían a contracorriente. Contener la inercia, siempre más poderosa, de lo salvaje era imposible. Hubieran sido arrollados. Lo que sí podían hacer era sortear sus embestidas y domesticar su instinto.
   Los campesinos han morado la tierra civilizándola. Vivimos en el mundo que crearon. No podemos dar un solo paso sin pisar el resultado de su trabajo. Tampoco abrir los ojos sin ver el trazo de su huella.Una obra que es todo lo que nos rodea. Todo aquello que pensamos que es tan nuestro por el hecho de estar ahí. De toda la vida. Los bosques de castaños y las praderas. Los senderos y los puentes. Pero no es sólo el desconocimiento el que nos hacer ser tan ingratos. A los campesinos se les paso por alto un pequeño detalle. Olvidaron reivindicar su autoría.
   A diferencia de los canteros que tallaron las piedras de las grandes iglesias, los campesinos no firmaban sus trabajos.
   La suya es una creación que nos llega de forma anónima. Lo cual no significa que lo fuera en el momento de su materialización. Tal vez no creyeron necesario explicarle a la posteridad quién había levantado aquel muro de piedra seca. Quién había roturado el bosque para que pastaran las ovejas. 
   Probablemente ni se lo plantearon. Todos los que vivían en ese momento sabían perfectamente quién había realizado el trabajo. Habían visto cómo lo hacía y además llevaba grabada su impronta. La memoria se encargaría del resto. Las siguientes generaciones evocarían el recuerdo del bisabuelo cada vez que pasaran por aquel camino empedrado o cuando en otoño recogieran las nueces del gran nogal de casa.
   La memoria se ha roto. Ha perdido el mundo que la engendró. El mundo al que ella daba coherencia.
   Los nietos de los campesinos viven en la ciudad y no recuerdan nada. O viven todavía en el pueblo y lo han olvidado casi todo.
   Miramos alrededor y no reconocemos la mano de nuestros bisabuelos.

BREVE RELACIÓN DE VIDAS EXTRAORDINARIAS, Martín Olmos

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MARTÍN OLMOS, Breve relación de vidas extraordinarias, Pepitas de Calabaza, Logroño, 2017, 160 páginas.
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CHARLES OSBORNE, ESTRIBILLO

   Charles Osborne fue hipador estajanovista y, por lo tanto, metrónomo. En 1922 estaba capando un cerdo cuando le sobrevino un ataque de hipo que le duró hasta 1990. Hipó con fervor y con cierta técnica y acomodó sus rutinas conforme a su inclemencia: hipó comiendo, durmiendo y jodiendo, pautando sus derrotes al ritmo de las circunstancias, con lo que jodió isócrono al compás de métrica binaria. Jodió solvente, empero, y tuvo ocho hijos. No fue hipador coyuntural.
   Se casó dos veces y no se asustó en setenta años. Empezó hipando cuarenta veces al minuto con vigor juvenil pero fue desbravando el diafragma y con el tiempo redujo el promedio a veinte. Fue, por lo tanto, el consorcio del señor Osborne con su hipo al principio apasionado y con los años se volvió aquiescencia, qué pena que al fulgor lo extingan las horas y la convivencia.

CUIDADOS PALIATIVOS, José Antonio Llera

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JOSÉ ANTONIO LLERA, Cuidados paliativos, Pepitas de Calabaza, Logroño, 2017, 172 páginas.

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Las manchas amarillas que le salen de repente a las almohadas, como si enfermaran de hepatitis. Mi mujer dice: «Mira, esa mancha amarilla». ¿Por qué? ¿Sueña nuestra cabeza en humores otoñales? La respuesta es sencilla: es el color nicotínico de la angustia. 
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Me pregunta una alumna: ¿a quién prefieres a Borges o a Cortázar? Borges es un gran paquidermo de pisada firme e irreprochable, de ahí que perezcamos por aplastamiento cuando lo leemos. En cambio, Cortázar es un rinoceronte, más veloz y capaz de lanzarte por los aires con su cuerno-nariz. 
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Decía Dégas que, entre el amor y el trabajo, él eligió el trabajo, pues no tenemos más que un corazón. Sin embargo, en el trabajo no es imprescindible el corazón; sí el estómago y el hígado. Para pirañear la vida, para cerbatanear la muerte. 
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Solo los muertos no tienen nostalgia. No estoy de acuerdo con tos que dicen que la nostalgia es reaccionaria. Eso sucede solo cuando se quiere vivir de ella. en un ataque de proxenetismo imperdonable.
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Toma una piedra al rojo vivo y enciérrala en el puño. En la otra mano, atrapa el vacío. Que nadie pueda saber, si observa ambas manos, cuál te abrasa más la piel.

REPELENCIAS (1953-1957), Rafael Azcona

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RAFAEL AZCONA, Repelencias (1953-1957), Pepitas de Calabaza, Logroño, 2017, 240 páginas.

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Santiago Aguilar en La codorniz, Escuela de humor gráfico (pp. 7-17) subraya como síntoma inequívoco del reconocimiento a Azcona el hecho de que la expresión «repelente niño Vicente pasara a formar parte del habla popular».
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—¿Comprende ahora por qué me niego a decirte que te entrego mi corazón? Dada la importancia vital de esta víscera, si yo te dijera eso de verdad, obedeciendo a las leyes biológicas moriría ipso facto, porque para eso soy un niño consecuente.

DIARIOS 2008-2010, Iñaki Uriarte

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IÑAKI URIARTE, Diarios 2008-2010, Pepitas de Calabaza, Logroño, 2015, 128 páginas.

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A veces se echa en falta un poco más de agresividad en las críticas literarias que se publican en los periódicos y un poco menos en las conversaciones sobre los mismos libros.
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Las páginas que más me gusta leer son las que vuelven insignificantes las mías. Nunca habría podido pretender ser escritor. Tantos buenos libros me hubieran disuadido de ello.
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Dicen que en el origen de las religiones y de las filosofías se encuentra el miedo a la muerte. No hace falta tanto. En la muerte pensamos poco. Es el sufrimiento lo que cuenta. Lo que está por todas partes. El alivio de un dolor de muelas justificaría la existencia de cualquier religión o filosofía.
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Editar. Que alaben tu comida casera no significa que por ello te creas con la capacidad de poner un restaurante.
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A quienes menos conviene conocer en persona de todos los tipos de letras es a los poetas. La impresión de patraña suele ser hasta cómica.
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«Yo ya no leo. Solo releo». Parece una pedantería. Pero no lo es. A cierta edad uno, por lo menos yo, se da cuenta de que apenas recuerda nada de lo que leyó en otros tiempos. Y siente una especie de terror, y se pone a releer.
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Hay gente que tiene mucha facilidad para «ponerse en la piel del otro» y fastidiarlo mejor.
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La tranquilidad de ánimo, el bienestar psicológico, la felicidad, si se la quiere llamar de ese modo, no es un factor adaptativo en la evolución de nuestra especie. De lo contrario, no habríamos llegado hasta aquí tantos individuos casi siempre insatisfechos, enfadados, contrariados por la más mínima cosa. No habrían existido las religiones, ni las filosofías, ni las artes. Los linajes de seres felices no sirven de nada a la propagación de la vida y se extinguen.
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Siempre que alguien menosprecia la «literatura de evasión» pienso que está haciendo un elogio de la cárcel.

IRSE A MADRID Y OTRAS COLUMNAS, Manuel Jabois

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MANUEL JABOIS, Irse a Madrid y otras columnas, Pepitas de calabaza, Logroño, 2011, 188 páginas.

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Recoge este volumen una feliz selección de las crónicas periodísticas que Jabois confiesa haber comenzado «a escribir por la ambición provinciana de querer asomar la cabeza fuera para ver.»
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RESISTENCIA

   Durante unos años viví enfrente de un piso de prostitución de tapadillo. El verano del Mundial de Alemania los inmigrantes colgaron de las ventanas las banderas de sus países, y en el piso aquel una muchachita ató al tendal la verdeamarela y un sujetador rojo que retiró a medianoche. Uno de esos días, de madrugada, escuchamos la bronca de nuestros vecinos, y al rato salió a los gritos el hombre dando un portazo:
   —¡Y no me busques, que no me voy muy lejos!
Aquella pareja hacía el amor todas las tardes con una puntualidad escandalosa. A medida que se acercaba la noche iba dejando el sexo para empezar con la bronca. Los días de ese verano, como otros escuchan los grillos, yo escuchaba el apareamiento de la especie. Nacho Miras tiene en su blog una frase de José Luis Alvite: «El amor es algo muy resistente: se necesitan dos personas para acabar con él». Pero hay amores que exigen más. Un día, no sé por qué, esa pareja empezó a tener hijos. Calló de repente en la cama y también en la cocina. Una mañana los vimos subir las escaleras muy serios, casi en trance, acarreando bolsas del Froiz. Habían madurado. Todo lo turbio empezó a ser pequeñoburgués, y nos mudamos antes de que ella, como Julianne Moore en Las horas, quisiese llenarse el estómago de pastillas.

DE BUEN HUMOR, José Santugini

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JOSÉ SANTUGINI, De buen humor, Pepitas de calabaza, Logroño, 2012, 260 páginas.

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Reivindica Santiago Aguilar en Santuginízate (pp. 7-11) la figura literaria de José Santugini, más conocido por su faceta de guionista al servicio de Rafael Gil, Egdar Neville o Ladislao Vajda. Esta antología de relatos publicados en revistas como Buen Humor, Blanco y Negro o Cinegramas, servirá para recuperar a uno de los humoristas de la «otra generación del 27».
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UN EPISODIO ROMÁNTICO

   Ella era rubia, muy bella y y silbaba deliciosamente. Yo era un entusiasta del pelo claro, un rendido admirador de la belleza femenina y sabía imitar a la perfección el ladrido de toda clase de perros. Habíamos nacido el uno para el otro, como dicen en las novelas de amor.
   La conocí en el gabinete de espera de un célebre especialista en enfermedades mentales y nos amamos desde el primer momento. Se cruzaron nuestras miradas, a las miradas siguieron los gestos y a los gestos las palabras. Cuando agotamos estas, que fue pronto, tomamos a la mímica. Ella me guiñó el ojo izquierdo, después el derecho, luego cerró los dos y, por último, hizo sonar sus manos en alegres castañetas, como si se dispusiera a bailar una danza regional... Al mismo tiempo, sus labios plegados dejaban salir un tenue dulce silbido. Confieso que en aquel instante mi indecisión, mi duda, fue horrible. ¿Qué actitud adoptar?... Había que corresponder de algún modo a aquellas pruebas de confianza y de afecto que ella me daba, y no sabía cómo. Tras de dar vueltas a mi cerebro buscando una solución, me decidí a ladrar. El ladrido fue tan perfecto que ella rió mucho y los demás concurrentes me aplaudieron con entusiasmo. Y ya, embriagado por el éxito, abandoné mi asiento, me puse a cuatro patas sobre el suelo y, a saltitos y sin dejar de ladrar, me aproximé a ella.
   —La amo a usted —dije cuando estuve muy cerca.
   Y oí su voz que me respondía temblando:
  —Yo también le amo... Voy a seguir silbando y usted me contestará como si fuera un perro, ¿quiere?... ¡Resulta muy divertido!
   ¡Habíamos nacido el uno para el otro!

   Algún tiempo más tarde, cuando ella se cansó de emitir silbidos y yo de ladrar, decidimos casarnos... Nos casamos.
   Era tan grande el cariño que sentíamos el uno para el otro, que la palabra resultaba efímera para expresarlo. Ella, comprendiéndolo así, tuvo una feliz ocurrencia: la de escribir sus sentimientos en vez de pronunciarlos.
   Se pasaba el día escribiendo, con una bella letra picuda, dulces palabras de amor: «Me siento completamente feliz». «Cada día que pasa te amo más». «Soy tuya, toda tuya»...
   De este modo, el pensamiento era más duradero y más real que si hubiera sido encomendado a la voz.
   Cuando agotó todo el papel que poseíamos, decidió, después de una pequeña duda, transcribir su pasión en las blancas paredes de nuestra casa, que, dado su gran cariño, viéronse pronto ennegrecidas por los admirables trazos caligráficos de la amada.
   El comedor fue la primera estancia que se llenó con los primores de su letra. «Te quiero más que ayer», podía leerse infinidad de veces en las cuatro paredes.
   La sala tuvo igual suerte que el comedor, que el dormitorio, que la cocina y que mi despacho: «Te idolatro». «No puedo vivir sin ti». «Eres mi único y verdadero amor».
   Cuando solo quedaba inmune, nítido, el pasillo, surgió aquella desavenencia que deshizo nuestra felicidad... Fue aquel día en que, sin duda iluminado por un espíritu maléfico, le advertí.
   —Creo que vamos a tener necesidad de blanquear la casa. Las visitas se ríen de nosotros.
   Jamás lo hubiera dicho. Ella me miró unos instantes, con fiereza, y repuso mascando las palabras: —¡Está bien! Ya no me quieres, lo comprendo. No me quieres y por eso tratas de borrar las huellas de mi amor. ¡Qué miserable es tu conducta!... ¿No sabes que los egipcios grababan en las fachadas, en los muros, su historia, la narración de los hechos más gloriosos y que los árabes bendecían y elogiaban a Aláh del mismo modo?... ¿Acaso ignoras que yo, al imitarlos, no hago sino escribir también la más grande historia de amor y ensalzarte a ti como si fueras una divinidad?... ¡Ah, soy muy desgraciada!...
   No quiso escucharme. Sorda a mis súplicas, cogió un lápiz y, en las nítidas paredes del pasillo, fue escribiendo sus últimas y terribles impresiones: «¡Te odio! ¡Te aborrezco! ¡Soy muy desgraciada!».
   Dos horas más tarde, el pasillo había corrido igual suerte que el resto de la casa. Abrió la puerta del piso y prosiguió su trabajo por la escalera: «¡Te odio! ¡Te aborrezco! ¡Soy muy desgraciada!». Los letreros se sucedían rápidos y muy pronto se encontró en el portal.
   Cuando hubo llenado este, salió a la calle y principió a escribir en la fachada de nuestra casa; después, en la de la casa próxima.
   La perdí de vista cuando, escribiendo, escribiendo, traspuso la esquina... No la he vuelto a ver. Para vengarme de ella he mandado blanquear la casa y ahora soy yo el que la está llenando con una sola palabra: Es esta: «¡Estúpida! ¡Estúpida!».
   Pero mi vida está deshecha...

Buen Humor, número 224, 14 de marzo de 1926

DIARIOS 2004-2007, Iñaki Uriarte

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IÑAKI URIARTE, Diarios 2004-2007, Pepitas de Calabaza, Logroño, 2011, 196 páginas.

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¿El fondo y la forma? Claro que existen y son diferentes. Las mismas insensateces farfulladas por un borracho en un bar a las tres de la madrugada cobran respetabilidad al día siguiente por venir impresas, con una adecuada sintaxis, en la sección de opinión de un periódico.
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Me asombra que puede ser un genio haciendo reír y un tonto hablando en serio.
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Exageran sus temores para poder ser racistas a gusto con su conciencia.
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¿Qué se relee? Aquellos libros que te han interesado y de los que sabes que te has dejado mucho por el camino. Aquellos que te produjeron un placer  intenso y singular, que no podrías encontrar en ningún otro libro.
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El ansia de saber es una de nuestras mayores pasiones. Hobbes decía que la curiosidad es la lujuria del pensamiento. Pero Cioran: «Todo lo que sé a los sesenta ya lo sabía a los veinte.»
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Esencia del pensamiento conservador: creer en las élites, creer que hay personas mejores que otras y que se merecen más. Yo lo que suele ser risible: creer que tú eres una de ellas.
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A cierta edad, una de las buenas cosas de relacionarte con poca gente es que no recibes demasiadas noticias sobre la salud de mucha gente.
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X y V tendrán aproximadamente la misma inteligencia y los mismos datos sobre la situación política. ¿Por qué han llegado a interpretarlos de manera tan distinta?
«La razón es esclava de las pasiones» dijo Hume.
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Ocuparse de los enfermos es una de las pocas cosas que da sentido a la vida.
A veces basta con un solo enfermo: tú mismo.

DIARIOS 1999-2003, Iñaki Uriarte

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IÑAKI URIARTE, Diarios 1999-2003, Pepitas de Calabaza, Logroño, 2010, 192 páginas.

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Huyo de desarrollar las ideas. Como si tuviera miedo, impaciencia, pereza, incapacidad para la lentitud. Sólo es falta de talento. No sé quién ha dicho que escribir es hablar sin ser interrumpido. Pero yo me interrumpo de continuo a mí mismo. Tampoco soy lo suficientemente charlatán, ni me gusta mucho escucharme. Hablo a trompicones. Escribo de la misma manera. Y como dijo Machado: «Nunca estoy más cerca de pensar una cosa que cuando he escrito lo contrario.»
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Hay gente que lleva sus rencores, envidias y resentimientos a flor de piel. Hay otros que los esconden y se esfuerzan por parecer que no los tienen, y de pronto les traicionan y surgen como serpientes o conejos entre la hierba.
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Los hombres creyeron primero en Dios, luego dejaron de hacerlo y comenzaron a creer en cosas como la Razón, la Historia, el Progreso. Ahora empiezan a no creer ni en ellas. Algo me suena mal en este resumen. Es un poco raro que la historia de siglos de la Humanidad coincida con mi historia personal.
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Que la literatura es un arte en decadencia lo demuestra el significado habitual al que ha llegado el término «literario». Hace tiempo que «poético» quiere decir cursi, y «teatral» equivale a «afectado», pero ahora empieza a estar claro que el epíteto «literario» significa estrictamente «pelmazo».
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No sólo tiene los pies en la tierra, sino todo el cuerpo, como las serpientes.
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Uno de los secretos del placer estético que produce la naturaleza es que no hay gente.
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Con qué poco reconocimiento me conformo. Eso es un suerte inmensa. Sin embargo, qué mal soporto las críticas. Por eso, no la búsqueda de alabanzas, sino la huida de las censuras, ha sido uno de los impulsos básicos de mi vida.

PEQUEÑO PLANETA, Antonio Mingote

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ANTONIO MINGOTE, Pequeño planeta, Pepitas de calabaza, Logroño, 2013, 128 páginas.

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Traza Antonio Astorga en Los cafés no se pagan, nene (pp. 5-16) una semblanza de la importante figura de Antonio Mingote. En el Prólogo (pp. 17-18), Rafael Azcona dice de estos dibujos que tal vez «sean nada más y nada menos que espejos, divertidos espejos capaces de asomarnos a nuestros defectos, de descubrirnos nuestra propia trampa, de revelarnos en su más descuidada intimidad la verdad de nosotros lo hombre.»
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«ME NOTO MUY CAMBIÁ», José Luis Cuerda

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JOSÉ LUIS CUERDA, «Me noto muy cambiá», Pepitas de calabaza, Logroño, 2016, 160 páginas.

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En El pensar ocioso (pp. 7-8), Cuerda dice de sus «tuites»: «son muchas veces salidas de tono, ocurrencias, [...] alimento o aperitivo, alpha u omega o, cualquiera sabe, el camino de en medio, que, quiero pensar, siempre lleva a alguna parte.»
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Las comas son mucho más tratables que los puntos.
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La evolución continúa y hasta se acelera: ya no se respira con los pulmones. Se respira por la herida.
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Las vidas de cada uno tienen su comienzo; pero no tienen fin. Continúan tras la muerte en recuerdos, odios y afectos y un generoso olvido.
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Las ideas son necesarias, las palabras imprescindibles, los silencios elocuentes. Y las miradas colman.
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La vejez empieza cuando uno va paseando y, sin darse cuenta, se queda detrás de uno mismo.
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Somos marionetas aturdidas movidas por marionetas muy activas que venden sus servicios a unas decenas de Mal Nacidos.
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No recuerdo si me he olvidado de todo lo que quería olvidarme. 


DÍAS BAJO EL CIELO, José Ignacio Foronda

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JOSÉ IGNACIO FORONDA, Días bajo el cielo, Pepitas de Calabaza, Logroño, 2011, 200 páginas.

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Al envejecer transformamos en patria el paraíso.
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Ser leve y dejar huella, igual que los gorriones en la nieve.
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Las nubes pasan como las horas, aunque las horas no pasan como las nubes.
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Hay tanta solemnidad en este atardecer que parece que estoy asistiendo al funeral de un emperador.
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Pasear se ha convertido en la única forma de estar conforme con mi destino. De estar conforme… conformándolo.
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Miro el atardecer aquí sentado. Cada día me acerco a él. Aquí sentado.
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Nube: velero de vapor.
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Este sol de junio hace madurar la tarde. Pero no nos quedaremos a recoger su fruto, salvo que el fruto sea saber que el sol de junio hace madurar la tarde.
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Tras el fuego del día llega la luna con su alivio pálido. Oigo el concierto de los grillos, pero no es suficiente: me gustaría ser capaz de saber qué sueñan las hormigas.
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Noviembre. El campo, cansado. El cielo, vacío. Y yo, entre uno y otro, sin rumbo.

NONSENSE, Edward Lear

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EDWARD LEAR, Nonsense, Pepitas de Calabaza, Logroño, 2014, 286 páginas.

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Ángel María Fernández y Elvira Valgañón, responsables también de la traducción, destacan en Edward Lear, nonsense, el mundo al revés (pp. 13-16) que los poemas del dibujante Lear "se alejaban de los relatos con moraleja que predominaban en la literatura infantil de la época victoriana y presentaban un universo propio, un mundo patas arriba."
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Había una joven y blanca dama
que a la noche profunda se asomaba;
pero todos los pájaros del cielo
colmaban su corazón con desepero
y amargaban a la joven y blanca dama.

There was a young lady in white,
Who looked out at the depths of the night;
But the birds of the air,
Filled her heart with despair,
And oppressed that young lady in white.

¿SON DE ALGUNA UTILIDAD LOS CUÑADOS?, Rafael Azcona

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RAFAEL AZCONA, ¿Son de alguna utilidad los cuñados, Pepitas de calabaza & Fulgencio Pimentel, Logroño, 2014, 508 páginas.

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Bernardo Sánchez Salas anota en el prólogo de este libro subtitulado Todo Rafael Azcona en "La Codorniz": "En el compendio de este volumen 1956-1958 se agudiza más, si cabe, el esperpento, que es un método de dolor distanciado, de deshumanización terapéutica". 
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EL DESPERTADOR  (CUENTO NO APTO PARA DILIGENTES)

   Mi anciana tía me ha regalado un despertador. Es un aparato precioso, con sus agujas fosforescentes, sus manivelas doradas su campanilla tronitonante.
   Yo tenía ganas de tener un despertador; no hay nada como un despertador para despertarse a la hora que es debido. Estoy muy contento y ya llevo varios días —varias noches, mejor dicho— haciendo pruebas con el aparato, Porque sucede que el despertador además de servir para despertarse sirve también para no dormirse: su tictac obsesionante le mantiene a uno en vela de manera encantadora. Naturalmente yo he tratado de acostumbrarme al tictac ese. He probado a obturarme los oídos con algodón hidrófilo, pero me ha servido de nada: la vibración del pequeño reloj sacude la mesa de noche, los tableros de la cama e incluso mi osamenta. Parece mentira, pero es así. Y yo no puedo dormir si mi osamenta hace tictac.
   Posteriormente he envuelto el despertador en una manta que he quitado de mi cama. Creí haber acertado, pues al principio el silencio me ha hecho concebir muchas esperanzas de conciliar el reparador sueño; lo malo ha sido cuando también la manta ha empezado a vibrar. Es curioso que una manta vibre, pero la manta vibra y transmite las vibraciones a todos los muebles que me rodean.
   Después de la manta he probado otro remedio: he colocado despertador en la cocina. Y, cosa curiosa, el tictac, recorriendo el pasillo, atravesando puertas y salvando obstáculos de toda índole, me ha llegado ahora con resonancias extrañas; me ha costado horrores descubrir que vibraba también la chapa de la cocina.
   Lo último que he hecho ha sido introducir el despertador en un cubo de agua, depositando este en un balcón: a mis oídos ha llegado el tictac del agua, de los cristales de las contraventanas y aún de los hierros del balcón.
   Ahora voy a probar a no darle cuerda al eficaz aparato. Espero que así podré dormir. Lo malo va a ser por la mañana, cuando no toque la alegre campanilla: estoy seguro de que mi anciana tía se va a disgustar bastante cuando lo sepa.

EL ARTE DE TIRARSE PEDOS, Pierre-Thomas-Nicolas Hurtaut

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PIERRE-THOMAS-NICOLAS HURTAUT, El arte de tirarse pedos, Pepitas de calabaza, Logroño, 2009, 108 páginas.
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Ilustra este Ensayo físico-teórico y metódico de 1751 José María Lema. En A modo de introducción (pp. 7-10) Antón Ventolín señala la valía del trabajo del ilustrado: "... el siglo XVIII, el siglo de las luces, se convirtió también, de la mano de Hurtaut, en el siglo de los aires". 

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PEDOS DE PROVINCIAS

Se nos ha asegurado, por parte de gente que lo ha experimentado, que estos pedos no son tan falsos como los de París, donde todo se refina. No se sueltan con tanto alarde, sino que son naturales y tienen un cierto regusto salino, parecido al de las ostras verdes. Abren agradablemente el apetito.

PEDOS DOMÉSTICOS

Nos hemos enterado, por los comentarios de una famosa ama de llaves de Petersburgo, que ese tipo de pedos tiene un gusto excelente cuando son tempraneros y que cuando están calientes se les cruje con placer, pero que cuando están duros pierden su sabor y parecen píldoras que sóIo se ingieren por necesidad.

PEDOS DE VIRGEN

Nos escriben desde la isla de las amazonas que los pedos que producen allí son de un gusto delicioso y muy buscado. Cuentan que sólo los hay en ese país, pero no nos lo creemos; no obstante admitimos que son extremadamente raros.

PEDOS DE MAESTROS DE ESGRIMA

Las cartas desde un campamento cercano a Constantinopla indican que los pedos de maestros de esgrima son terribles y que no es nada bueno olerlos de cerca, ya que como siempre están protegidos por un peto, Se dice que uno sólo puede acercarse a ellos con un florete en Ia mano.

PEDOS DE SEÑORITA

Son manjares exquisitos, sobre todo en las grandes ciudades, donde se los toma por pastelillos con esencia de azahar.


PEDOS DE JOVENCITAS

Cuando son maduros tienen un cierto gusto a "más, quiero más", que deleita a los verdaderos entendidos.


PEDOS DE CASADAS

Mucho podríamos transcribir sobre estos pedos, pero nos contentaremos con la conclusión del autor y diremos, de acuerdo con él, que sólo tienen gusto para los amantes y que los maridos no les hacen normalmente mucho caso.


PEDOS DE BURGUESES

Los burgueses de Ruán y de Caen nos han enviado una larga carta en forma de disertación sobre Ia naturaleza de los pedos de sus mujeres y nos gustaría satisfacer tanto a los unos como a los otros, pero no podemos decidir mejor que asegurándoles que el pedo de burgués tiene un buen tufillo, ya que está bien cebado y debidamente aderezado, con el que uno se puede contentar a falta de otros.


PEDOS DE CAMPESINOS

Para contestar a algunos bromistas de mal gusto que han echado a perder ha reputación de los pedos de campesino, nos escriben desde los alrededores de Orleans que son hermosos y están bien confeccionados. A pesar de estar condimentados a la aldeana, mantienen el buen gusto y se asegura a los viajeros que es un verdadero bocado para ellos y que podrán tragarlos con plena seguridad, como cerezas.


PEDOS DE PASTOR

En opinión de las pastoras del valle del Tempe, en Tesalia, sus pedos tienen el verdadero tufillo del pedo, es decir, que huelen a naturaleza, ya que se producen en un terreno en el que crecen plantas aromáticas como el serpol y la mejorana, y que creen que sus pedos se distinguen de los de otras pastoras nacidas en terrenos incultos. La marca distintiva que muestran para reconocerlos y no equivocarse es hacer lo mismo que se hace con los conejos para asegurarse de que son de campo, olerles el culo.


PEDOS DE VIEJA

El comercio de estos pedos es tan desagradable que no se encuentra mercader que los venda. No pretendemos con eso impedir a nadie que meta las narices, el comercio es libre.

¡OH, JUSTO, SUTIL Y PODEROSO VENENO!, Julio Camba

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JULIO CAMBA, ¡Oh, justo, sutil y poderoso veneno!, Pepitas de Calabaza, Logroño, 2014, 584 páginas.

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Julián Lacalle edita, prologa y anota Los escritos de la Anarquía (1901-1907), firmados por el talentoso joven, que, "como otros muchos de sus contemporáneos, había caído bajo el influjo de las ideas individualistas de Max Stirner y de Friedrich Nietzsche. 
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LA JOVEN LITERATURA

   Se nos pregunta a los jóvenes cuál es nuestra obra: nuestra obra terminante, definitiva y representativa. A veces, y acaso para ma­yor claridad, la pregunta es formulada en francés. Entonces se nos dice: «¿Cuál es la cheuf d’oeuvre que presentan ustedes a la consideración de los críticos?».
   Señores críticos: los jóvenes no tienen cheuf d’oeuvre alguna que someter a su consideración. Ni cheuf d’oeuvre ni siquiera un programa de estética, más o menos igual a aquellos de las capillas de París donde se tomaba té y se leían versos un día por semana. Aquí estamos divorciados los unos de los otros, si no por grandes diferencias de temperamento o de mentalidad, al menos por un noble afán de personalismo. Cuando tomamos té lo hacemos in­dividualmente y a cuenta nuestra, ¡oh, paternas mensualidades, sueldos de los periódicos, cobro de las colaboraciones!
   En cuanto a esta joven literatura es, asimismo, personal e in­dependiente. Y es, además, una literatura en formación que no ha hallado todavía su fórmula concreta y que tiene todos los matices y todas las irisaciones de lo mutable. He aquí su valor, su interés y su porvenir. La anterior literatura, ya hecha, ya concluida, con sus leyes y con sus reglas, no despierta la curiosidad de nadie y no puede satisfacer el ansia de novedad que experimenta nuestro público: ansia que responde a la ley, perfectamente natural de la evolución. Los viejos les han dado a las gentes sus obras maestras, y las gentes las han leído. Han dicho entonces las gentes: «¡muy bien!», o han dicho: «¡muy mal!». Y después, han colocado en sus estantes los libros categóricos y han comenzado a hojear los nuevos libros, llenos de vacilaciones, de anhelos y de inquietudes. Aquello ya se conocía y no iba con ello a saciarse el vivo afán de arte que se siente. ¡Oh, la ingenuidad del buen señor que compra seis ejemplares de La Correspondencia—seis ejemplares de un mismo número— para entretener sus ocios de un día!...
   En esta novísima literatura hay, para el estudio del crítico, dos cosas fundamentales: un espíritu de reacción contra la literatura anterior y una intensa tendencia de progreso en la forma y en el fondo: una tendencia, entendido bien, y no un programa. Es esta una época de crisis. Acaso de ella no salga nada útil y acaso se llegue a producir una vigorosa legión de escritores, algunos de los cuales pueden ser los mismos de hoy cuando hayan hallado la suficiente serenidad intelectual. Los demás serán los hijos de este ambiente, un ambiente más propicio, sin duda, que cualquier otro, para la formación de los espíritus y de las mentalidades. La generación actual ha suscitado el amor a nuestros casi olvidados primitivos y ha hecho que se tuviese en cuenta el actual movimiento artístico del extranjero. Todo esto constituye un elemento de cultura que los redactores de Gente Vieja ignoraban o despreciaban. Aún hoy se opone a él gran número de personas. «¿Acaso no basta leer a Gar­cía Gutiérrez, a Martínez de la Rosa, a Hartzenbusch, a Gil y Zára­te?». Y ved como, en este abolengo de gloria, se omite siempre al dulce autor de las Rimas, a Campoamor, que es un poeta único en el mundo, a Zorrilla, el maravilloso dominador del ritmo, al fuerte Espronceda y a este espíritu complejo y multiforme de Mariano José de Larra, el más grande prosista castellano de toda la época.
   Los jóvenes creen que no basta el catálogo que se les ofrece. Acaso les baste a quienes tengan menor sed de ideal; pero a ellos, no. ¿Qué mal hay, señores, en que leamos mucho? Concedemos que nuestra época romántica haya sido muy valiosa. Lo que ocu­rre es que en ningún momento de la vida llegan las cosas a ser perfectas en ese grado absoluto que se necesitaría para detener toda evolución. Con este criterio, pensamos y trabajamos. Nues­tro afán es huir de los retranquillos, de las fórmulas, de los moldes, aunque fueran moldes creados por nosotros, en los cuales hubié­ranse de vaciar, para siempre, las ideas y las sensaciones. Hemos procurado adquirir los necesarios medios de arte y nos valemos de ellos para efectuar nuestra labor. Y ved, por ejemplo, el último libro de Rubén Darío: Cantos de vida y esperanza. Un crítico inteli­gente podría no gustar de sus versos; pero hallaría en ellos asunto para un estudio largo e interesantísimo, puesto que el autor va a buscar su materia de belleza en la entraña, viva y virgen, del idio­ma. Es Darío un poeta que no se conforma jamás con lo ya hecho y que procura un nuevo interés y un nuevo motivo y una expre­sión nueva para cada una de sus poesías. En cuanto a los más jóvenes —prosistas o poetas— hállanse todos en el mismo caso. Hay excepciones, como es justo y el mal será para ellas. Así, yo au­guro un próximo fracaso de Azorín si no rompe con esa su pose, que está bien como un fuego de artificio, para llamar la atención y hacerse el reclamo; pero que solo puede tolerarse a cambio de algo substancial y positivo. La simple pirotecnia, el anzuelo en seco y la pose inútil, cansarán muy pronto a las gentes.
   Nosotros queremos que se reconozca toda esta modestia, toda esta franqueza inopinada con que verificamos nuestro acto de presentación. No pretendemos traer sobre las frentes la llama divina. Consideramos, tan solo, que, como hijos de un distinto ambiente, debemos realizar una obra distinta a la de nuestros padres. Al fin y al cabo, estos buenos ancianos acabarán por mo­rirse, y nosotros tendremos que sustituirlos. Entonces daremos origen a esta crítica comparativa que hoy resulta insensato y ab­surdo establecer. Y con todo, es ahora cuando los críticos podrían hallar en nosotros un serio motivo de estudio: una vez formados y definidos careceremos de curiosidad. Más interesante creo yo que sea el balbuceo que la palabra: tiene, sin duda, el balbuceo una sinceridad mayor y carece en absoluto de convencionalismo. Lo que importa no es clasificar o catalogar el insecto, sino seguir el proceso biológico de la larva. Ved a esta reciente legión de es­critores: Manuel Bueno, Pío Baroja, Martínez Ruiz, Ramiro de Maeztu, Antonio Palomero, Alejandro Sawa... Acaso ahora val­gan más que hace algunos años —en Germinal, en Vida Nueva, en Electra, en Juventud y en El País— cuando suministraban un serio motivo de investigación crítica. Hoy, casi todos ellos han adquirido su fórmula. Ya los conocemos. Su labor futura será una prolongación de su labor actual.
   Y esta crítica de que hablo necesítase que sea culta, conscien­te, serena, flexible, desapasionada. Solo así podrá cumplir su mi­sión y nosotros no la tendríamos en cuenta siendo de otro modo.
7 de agosto de 1905

REPERTORIO DE IDEAS DEL SURREALISMO (1919-1970), Ángel Pariente

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ÁNGEL PARIENTE, Repertorio de ideas del surrealismo (1919-1970), Pepitas de calabaza, Logroño, 2014, 178 páginas.


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En A veces ruina, siempre Fénix (pp. 7-12) Ángel Pariente explica el proyecto: recopilar "las opiniones que el grupo surrealistas sostuvo desde 1919 hasta 1978".
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AMOR

Hay más amor bajo el lóbulo de tu oreja que esperanza en la cabecera de la cama de un padre moribundo.
Jacques Rigaut, c. 1920
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El amor es como un incendio. La llama que lo inaugura es espléndida y orgullosa. Las que vienen después sólo queman, consu­men y al final dejan cenizas.
Simone Breton, 1924
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He soñado tanto contigo, caminado, acos­tado, hablado tanto con tu fantasma, y, no obstante, quizás sólo me queda ser fantas­ma entre los fantasmas y cien veces más sombra que la sombra que se paseará ale­gremente sobre el reloj de sol de tu vida.
Robert Desnos, 1926
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ARTE

El arte es el producto de expresiones perso­nales de una sucesión de individuos; no es cuestión de progreso. El progreso es, sim­plemente, una gran pretensión por nuestra parte. No existe progreso, por ejemplo, en Corot en relación con Fidias y «abstracto» y «figurativo» sólo son expresiones a la moda de hoy. No está ahí el problema: una pintura abstracta quizás no parecerá abstracta den­tro de cincuenta años. [..]
En arte no existe la perfección. Y se produce siempre una pausa artística cuan­do los artistas de una época determinada se contentan con proseguir el trabajo donde su predecesor lo ha abandonado, continuando lo que este hacía.
Marcel Duchamp, 1946
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La consecuencia más grave de esta situación es que en arte la relación entre la producción y el consumo está completamente falseada: la obra de arte, con raras excepciones, esca­pa de los que le profesan un amor desinte­resado para convertirse, entre indiferentes y cínicos, en simple pretexto de inversión financiera. De valor emancipador que debería ser, se transforma en instrumento de opresión en la medida en que contribuye, de forma notable, al crecimiento de la propie­dad privada.
André Breton, 1947
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El arte es un fruto que brota del hombre como el fruto brota de la planta o el niño del seno de su madre. Pero mientras que el fruto en la planta, el fruto en el animal, el fruto en el seno de la madre adopta formas autóno­mas y naturales, el arte, fruto espiritual del hombre presenta la mayoría de las veces un parecido ridículo con otra cosa. Es en nues­tra época cuando la pintura y la escultura se han liberado de parecerse a una mandolina, a un presidente trajeado, a una batalla, a un paisaje. Amo a la naturaleza pero no a sus sucedáneos. El arte naturalista, ilusorio, es un sucedáneo de la naturaleza.
Jean Arp, c. 1947
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CADÁVER EXQUISITO

A menudo y voluntariamente, varios de no­sotros nos hemos reunido para juntar pala­bras o para dibujar fragmentariamente un personaje. ¡Cuántas tardes pasadas creando con amor una multitud de cadáveres exquisi­tos! Nos esforzábamos por ser el que encon­trase más encanto, más unidad, más auda­cia en esta poesía producida colectivamente. Ningún otro cuidado, ningún otro recuerdo de la miseria, del aburrimiento, de la cos­tumbre. Jugábamos con las *imágenes y no había perdedores. Todos querían que ga­nase otro y cuanto más mejor para dárselo todo. La maravilla ya no pasaba hambre. Su rostro desfigurado por la pasión nos pare­cía infinitamente más bello que todo lo que podríamos decirnos cuando estamos solos—pues entonces no sabemos responderle. 
Si uno de nosotros planteaba una pre­gunta, la angustia o la confianza sólo le lle­gaba de la respuesta obtenida. Había escrito su pregunta sin enseñarla, no se la había planteado más que a sí mismo y he aquí que otro respondía con seguridad, desconocien­do la pregunta.
Paul Eluard, 1932
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DEPORTE


«Creo firmemente que el deporte es el me­dio más seguro de producir una generación de perniciosos cretinos», escribió Léon Bloy, sin sospechar que estas proféticas palabras podrían pronto aplicarse a numerosas ge­neraciones de todos los continentes. Bajo la máscara del juego, del que es la caricatura si no es la negación, o mejor aún del apoliticis­mo y de esa forma falaz de internacionalis­mo del que ya Charles Maurras decía: «este internacionalismo no matará a las patrias, más bien las fortalecerá», el deporte progre­sa desde hace un siglo como una inmunda elefantiasis. Para el deporte, los dirigentes de todos los países no escatiman medios, no solamente porque lo consideran comple­mentario del servicio militar, sino porque como «forma de embrutecimiento», denun­ciado nuevamente por Benjamin Péret, se lleva seguramente la palma.

Georges Sebbag, 1965
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POESÍA


En primer lugar pongamos como axioma que la poesía, a partir de cierto nivel, se burla absolutamente de la salud mental del poeta. Su más alto privilegio es extender su influjo mucho más allá de los límites fijados por la razón humana. No puede haber para ella más escollos que la trivialidad y el con­sentimiento universal. Desde Rimbaud y Lautréamont sabemos que los cantos más bellos son también a menudo los más hura­ños. Aurelia, de Nerval, los Poemas de la locu­ra, de Hólderlin, las pinturas de la época de Arles de Van Gogh, son lo que colocamos en lo más alto de su obra.

André Breton, 1959

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La poesía tiene una puerta herméticamente cerrada para los imbéciles, abierta de par en par para los inocentes. No es una puerta ce­rrada con llave o con cerrojo, pero su estructura es tal que, por más esfuerzos que hagan los imbéciles, no pueden abrirla, mientras cede a la sola presencia de los inocentes. Nada hay más opuesto a la imbecilidad que la inocencia. La característica del imbécil es su aspiración sistemática a cierto orden de poder. El inocente, en cambio, se niega a ejercer el poder porque los tiene todos.
[...] La poesía pretende cumplir la tarea de que este mundo no sea sólo habitable para los imbéciles.
Aldo Pellegrini, 1961
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La poesía tiene el triste privilegio de hacer ratificar más tarde por la vida, sus premoniciones más pesimistas, sus desolaciones más cabales. No es, sin embargo, el rol esencial de la poesía el fatalismo, ni el anun­cio de la ruina o de la miseria. La vida, la sociedad actual la confinan, al confirmar a los seres sensibles, lúcidos, en los extremos límites de la desesperación.
César Moro, c. 1950

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SATIE, ERIK [1866-1925]


Satie ha querido decir que el piano «como el dinero sólo es agradable al que lo toca»: esto me ha hecho sentir cómodo, ya que soy contrario a la música instrumental desde siempre. Lo lamento más por haber com­prendido demasiado tarde, después de su muerte, el ser excepcional que fue y que una cortina de espinas —su malicia, sus estudia­dos tics— me ocultaba. [...] El paso del siglo XIX al siglo XX no ha supuesto ninguna evo­lución del espíritu más cautivadora que la de Satie. Tendido entre estos dos puntos extre­mos, los místicos y Platón, durante treinta años la fatalidad del espíritu moderno ha he­cho vibrar esta cuerda al unísono con la de su compatriota Alphonse Allais y más aún con la de Alfred Jarry. [...J No existe escuela más alta de libertad con respecto a las con­venciones, ni sonrisa más traviesa y, a fin de cuentas, tan conmovedora por encima de su abismo interior, de la más negra especie, de la cual se escapa la nube de estos dibujos e inscripciones caligráficas en total soledad.
André Breton, 1955

POR QUÉ NOS GUSTAN LAS GUAPAS, Rafael Azcona

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RAFAEL AZCONA, Por qué nos gustan las guapas, Pepitas de calabaza & Fulgencio Pimentel, Logroño, 2012, 512 páginas.

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Este tomo contiene los textos publicados por Azcona en La Codorniz desde 1952 a 1955. Este feliz proyecto editorial continuará con ¿Son de alguna utilidad los cuñados?  y Repelencias. Anuncian un Prologuito los editores, del que se encarga Bernardo Sánchez Salas. En Salvado por el humor (pp. 11-61) queda perfectamente dibujada orígenes de la trayectoria del genial escritor riojano. 
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AÑO NUEVO, VIDA NUEVA

   La mosca Fernanda se posó sobre el calendario y con el gesto peculiar de los miopes miró la fecha.
   —¡Caramba!—aleteó moviendo las patitas—: ¡Si resulta que —ya es día uno!
   Investigó un poco en la cola del taco de hojas —todavía fresca— y no encontrándola de su gusto, abandonó el almanaque volando como Prototipo de reacción en día de festival aéreo.
   Tomó tierra en la calva de don Fulgencio —que por ser día uno de enero había hecho gimnasia— y reflexionó: «Es una vergüenza que yo lleve esta vida. Siempre volando como una idiota de un lado para otro y sin pensar en nada práctico. Debo rectificar mi manera de ser. Desde hoy, nada de vuelos a lo tonto. Voy a cambiar de estilo y de carácter, seré amable, diligente, ahorradora, buena y económica. ¡Eso es!».
   Y satisfechísima de haberse mostrado tan sensata, dio un picotazo a la preciosa calva y salió arreando deseosa de empezar a vivir con dignidad.
   Salió al pasillo y lo cruzó como una flecha para colarse en la cocina cuando la criada franqueó la entrada; una vez sobre la mantequilla, la mosca Fernanda se vio asaltada por la perplejidad: ¿qué demonios de vida nueva podía emprender ella?
   Automáticamente, comprendió que quien formulaba aquella objeción era su propia indolencia. Heroica, la mosca batió sus alas, se frotó las patas y atacó la mantequilla. ¡Había que trabajar! La zafia mano de la criada amagó un dedazo, y Fernanda salió de su botín como un helicóptero. ¡Lucharía contra todas las dificultades! De un vuelo se colocó sobre el azucarero, y previos los tanteos de rigor, halló el resquicio por el que penetrar en el interior. Durante media hora estuvo trabajando como una negra en el azúcar. Luego, de nuevo la perplejidad: ¿no era aquello lo que siempre había hecho?
   Incapaz de seguir luchando, la mosca Fernanda se olvidó de proyectos... ¡Para qué complicarse la vida!
   Y por ahí anda y vuela, como una idiota, hasta que un jeringazo de DDT la haga polvo.