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HISTORIAS NATURALES, Jules Renard

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JULES RENARD, Historias naturales, Analecta Malacitana, Málaga, 1998, 175 páginas.

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R. Redoli Morales en la Introducción (11-25) a esta nueva traducción que se presenta en edición bilingüe, dedica espacio a demostrar la posible influencia de Renard en la creación de las greguerías de Ramón Gómez de la Serna. Por ello, ocupa las últimas páginas de este volumen una antología de "renarderías".
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EL SAPO

   Nacido de una piedra, vive bajo una piedra y en ella se cavará su tumba.
   Le visito con frecuencia y, cada vez que levanto su piedra, temo encontrarle de nuevo y también temo que ya no esté.
   Sigue ahí.
   Oculto en ese seco escondrijo —limpio, estrecho, tan suyo— que ocupa su totalidad, hinchado como bolsa de avaro.
   Si una lluvia le hace salir, se planta delante de mí. Unos torpes saltos me mira con ojos enrojecidos.
   Si este injusto mundo le trata como a un leproso, a mí no me da miedo agacharme junto a él y acercar mi rostro humano al suyo.
   En seguida, dominaré un gesto de desagrado y te acariciaré con mi mano, ¡oh, sapo!
   En esta vida hay que aguantar a algunos que dan mucho más asco.
   Ayer, sin embargo, me faltó un poco de tacto. Él hervía y rezumaba por todas sus verrugas reventadas.
   —Mi pobre amigo —le dije—, no quisiera entristecerte, pero, ¡mira que eres feo!
   Abrió su boca infantil y desdentada de aliento cálido, y me respondió con un ligero acento inglés:
   —¡Pues anda que tú!

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El grillo da cuerda a su minúsculo reloj.
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La cucaracha es negra y embutida como ojo de cerradura.
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Las hormigas son perlas negras que se engarzan.
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El caracol es hogareño.
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La rosa, cuando tiene frío, se pone una oruga alrededor del cuello.
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El avestruz tiene alas de pollito y gorra de jefe de estación responsable.
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Las cigüeñas siempre se están encogiendo de hombros.

HISTORIAS NATURALES, Jules Renard

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 JULES RENARD, Historias naturales, Debolsillo, Barcelona, 2008, 213 páginas.

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En El Bestiario de Renard (pp. ) Ignacio Vidal-Folch anota: "La concisión y desnudez del estilo le obligaban a la sinceridad.". Las ilustraciones son de Henri de Toulouse-Lautrec; la traducción de Joan Riambaud.
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EL ASNO

I


   Todo le importa un bledo. Cada mañana conduce, con recios pasitos de funcionario, al cartero Jacquot a que distribuya por los pueblos los encargos que ha llevado a cabo en la ciudad, las especias, el pan, la carne, algunos periódicos y una carta.
   Al acabar su ronda, Jacquot y el asno trabajan por su cuenta. El coche les sirve de carreta. Juntos se van a la viña, al bosque o a recoger patatas. A veces vuelven con verduras, otras con escobas verdes, una u otra cosa, según el día.
   Jacquot no cesa de exclamar, sin motivo, como si roncara:
   —¡Arre! ¡Arre!
   En algunas ocasiones, cuando husmea un cardo o si le pasa una idea por la cabeza, se detiene. Jacquot le rodea el cuello con el brazo y lo empuja. Si el asno se resiste, Jacquot le muerde la oreja.
   Comen en el margen del camino, el patrón un mendrugo y cebollas, y el asno lo que se le antoja.
   Regresan por la noche. Sus sombras pasan lentamente de un árbol a otro.
   De repente, el lago de silencio donde ya reposan y duermen las cosas, se rompe, sobresaltado.
   ¿Qué ama de casa extrae a estas horas cubos de agua de su pozo con una polea oxidada y chillona?
   El asno se levanta y expulsa su chorro de voz y rebuzna hasta extinguirse, que le importa un bledo, que le importa un bledo.

II

   Un conejo que ha crecido.