MATSÚO BASHO,
De camino a Oku y otros diarios de viaje,
Olañeta, Palma de Mallorca, 2014, 160 páginas.
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Escribe Jesús Aguado en el Prólogo (pp. 9-22): Bashó caminó y caminó trenzando, con el hilo refinadísimamente basto de
sus palabras, con sus sandalias de paja, con la rama en la que se
apoyaba y con el amplio sombrero cónico de tiras de cedro, todos
productos manuales que intentaba fabricarse él mismo, los retales de una
Palabra desperdigada y casi olvidada por el mundo.
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DÍA 23
Un palmoteo.
La luna de verano.
Responde el alba.
En estos brotes
de bambú, dibujada
toda mi infancia.
Lenta cebada
que enrojece y madura.
La alondra canta.
Página en blanco,
cucurras gritadoras:
¡quiero dormir!
Asunto: la Casa de los Caquis Caídos, por Bonchô:
Campo de alubias,
almacén de la leña:
santos lugares.
Cuando empieza a caer la noche Kyorai llega procedente de Kyoto. Una carta de Shobo de Zeze. Y otra de Shohaku de Otsu. Bonchô llega. El abad del templo Honpuku de Katada aparece de improviso y se queda a pasar la noche. Más tarde Bonchô regresa a Kyoto.
JESÚS AGUADO,
Carta al padre,
Vandalia, Sevilla, 2016, 80 páginas.
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En las dos primeras secciones de este libro, Padres (pp. 9-38) y Carta al padre (pp. 41-60), encontrará el lector unos desasosegantes textos de carácter narrativo. En Apéndices (79-82), un feliz contrapeso: el hermosísimo poema Oración por mis padres.
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Cuando llegué del colegio y entré en mi habitación te sorprendí sacando monedas de mi hucha. No te diste cuenta y me escondí detrás de la puerta. Con un cuchillo las ibas sacando por la ranura, sacudiendo el cerdito puesto boca abajo para que cayeran más rápido. Sobre la colcha me pareció que había entre diez y veinte, una cantidad suficiente para comprarme al menos dos títulos más de Astérix y Obélix. Te guardaste el montón, colocaste el cerdito en su estantería y saliste de casa. Te seguí agachándome entre los coches, asomándome por las esquinas. Quería saber para qué ibas a usar mi dinero: tabaco, vino, revistas deportivas, apuestas de dominó. En el kiosco vi que comprabas dos cómics de Astérix y Obélix y unos caramelos. Regresé corriendo y me tumbé en la cama con el manual de lengua y literatura abierto. Aún jadeaba cuando tú, sonriente, casi desafiante, me ofreciste los libros diciéndome «deja los deberes por hoy y disfruta, hijo». Los caramelos eran para ti.
KABIR,
Poemas breves, Olañeta, Palma de Mallorca, 2001, 80 páginas.
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Jesús Aguado traduce y presenta la obra del "más importante poeta devocional de la India, [que] vivió, según se conjetura, de 1440 a 1518".
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Si sabes que estás vivo
saca jugo a tu vida.
La vida es de esa clase de invitados
que nunca le visita a uno dos veces.
JESÚS AGUADO
, Poesía reunida,
Vaso roto, Madrid, 2011, 559 páginas.
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Este tomo subtitulado Poesía reunida (1985-2010) contiene, entre otros tesoros, Algunos haikus (o no) desde la nada (pp. 419-435).
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Hacen un puzzle.
La pieza que no encuentran
son ellos mismos.