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SAKURA. DICCIONARIO DE CULTURA JAPONESA

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CARLOS RUBIO, HIROTO UEDA, JAMES FLATH & ANA ORENGA, Sakura. Diccionario de cultura japonesa, Satori, Gijón, 2016, 332 páginas.
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Historia, religión, gastronomía, arte, lengua, literatura... Alrededor de 3400 términos de la cultura japonesa se incluyen en este diccionario, en el que cada entrada contiene una información tan completa como precisa: el término japonés, escrito en rōmaji, hiragana (escritura simplificada) y kanji; el ámbito léxico al que pertenece y la sugerencia de adscripción a un género gramatical en español, y una definición en castellano y en inglés. En algunos casos, se agrega una frase de uso relativa al artículo presentado. El esfuerzo colaborativo entre distintos expertos y entidades deja como resultado un cuidado material tanto para consulta como también para el disfrute del lector, tras haber sido elaborado con "la meta de tender un hermoso puente entre dos universos culturales tan llamativamente diversos entre sí, un puente tanto más necesario cuanto más nos adentramos en la era de la globalización y más se intensifican los intercambios internacionales".
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dendentaiko でんでんたいこ | でんでん太鼓 > (et) /el/ Juguete infantil en forma de pequeño tambor unido a un mango con cascabeles colgantes de una cuerda a cada lado.

dorayaki どらやき | どら焼き > (co) /el/ Dulce de mermelada de alubias entre dos rebanadas redondas.

hanafuda はなふだ | 花札 > (ju) /la/ Baraja de cartas, con 12 palos, cada uno de los cuales consta de 4 cartas y todos simbolizados por una flor diferente que representa un mes.

kanji かんじ | 漢字 > (le) /el/ "Sinograma": signo gráfico de origen chino usado tradicionalmente para escribir en Japón y otras partes de Asia. // La mayor parte de los kanji poseen dos lecturas: una japonesa y otra china, pero algunos tienen más de diez.

koeoke こえおけ | 肥桶 > (tr) /el/ Antiguo sistema de transporte consistente en un palo sobre los hombros de cuyos dos extremos colgaban sendos cubos.

koi nobori こいのぼり | 鯉のぼり > (et) /la/ Carpa gigante hecha de papel o tela, desplegada al viento el Día de los Niños (5 de mayo).

mono no aware もの の あわれ | 物の哀れ > (es/li) /el/ Ideal estético y literario cultivado especialmente en la Era Heian (794-1185) consistente en un aprecio profundo y empatético de la belleza efímera de la naturaleza y la vida humano con tintes de suave melancolía.

omamori おまもり | お守り > (fo) /el/ Amuleto, talismán.

shōju しょうじゅ | 摂受 > (re) /el/ Método de exponer el budismo según el cual una persona lleva a otra gradualmente hacia la enseñanza correcta según la capacidad de la segunda persona y sin refutar su apego al error. 

torii とりい | 鳥居 > (arq) /el/ Edificación a modo de puerta de madera o de piedra levantada en los puntos clave de un recinto sintoísta o en la senda que lleva al mismo, y que funciona tanto como puerta que delimita el espacio sagrado como símbolo del santuario. // Me impresionó la serena majestad del torii, en medio de las aguas, del santuario de Itsukushima.

100 PELIS DE ADULTOS PARA VER CON NIÑOS, Noelia Terrer & Carlos Rubio

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NOELIA TERRER & CARLOS RUBIO, 100 pelis de adultos para ver con niños, Litera, Albuixech, 2012, 224 páginas.

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Siendo fieles a la máxima de la editorial Litera, Noelia Terrer y carlos Rubio  elaboran un catálogo de experiencias alrededor de cien películas de adultos que han sabido captar la atención de niños.
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La rosa púrpura de El Cairo, Woody Allen, 1985
Comedia, 85 mm, EEUU

Mia Farrow, Jeff Daniels, Danny Aiello, Dianne Wiest, Van Johnson, Irving Metzman, Stephane Farrow, Zoe Caldwelt, John Wood, Mito O'Shea, Edward Herrmann


   Una mujer, con un triste matrimonio y une triste vida, se evade de la rea­lidad yendo al cine una y otra vez. Sueña que un día vivirá las escenas de la película. Y llega el día. El protagonista de La rosa púrpura de El Cairo se enamora de ella y, a mitad de proyección, sale de la pantalla para conocerla.


   Seguramente todos hemos soñado alguna vez que atravesábamos la pantalla y nos metíamos en una película. La cara de Olivia se iluminó cuando Mia Farrow se mete en la pantalla del cine y dijo emocionada: «tiene que quedarse ahí, le queda mejor el blanco y negro». Comprobado: el humor y las situaciones surrealistas de esta película son tan sorprendentes con siete años como con... bueno, eso es otro tema.


KOKINSHUU, Carlos Rubio (editor)

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CARLOS RUBIO (ed.), Kokinshuu. Colección de poemas japoneses antiguos y modernos (El canon del clasicismo), Hiperión, Madrid, 2005, 256 páginas.

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Antología del millar de poemas que conforman el Kokinwakashuu, obra que, normalmente abreviada como Kokinshuu, "representa la asimilación de los principios poéticos chinos y que, a lo largo de la brillante historia cultural de Japón, será la fuente de su cultura clásica". Carlos Rubio es quien realiza esta labor de selección, además de traducir, prologar y anotar unos poemas cuyas palabras, afirma, "son eternas, (...) permanentes como la escritura semejante a las huellas de aves" (pp. 104-5).

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Toshi o hete
kienu omohi wa
arinagara
yoru no tamoto wa
nao koorikeri

Pasan los años.
Ni el fuego de mi amor
se extingue, ni de
mi vestido de noche
se deshielan las mangas.








Ki no Tomonori

KOJIKI. CRÓNICAS DE ANTIGUOS HECHOS DE JAPÓN

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Kojiki. Crónicas de antiguos hechos de Japón, Trotta, Madrid, 2008, 288 páginas.

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Carlos Rubio y Rumi Tani Moratalla son los encargados de la traducción e introducción (pp. 13-40) de la que no sólo es "la obra conservada más antigua de Japón", sino también "el primer exponente de [su] conciencia histórica (..), de su despertar como pueblo". En sus páginas se narran "las tradiciones nacionales desde la edad mítica de los dioses hasta el reinado de la emperatriz Suiko (593-628)".

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EN EL PAÍS DE LAS TINIEBLAS

   El dios Izanagi añoraba tanto a su fallecida esposa que decidió partir en su busca. Se dirigió, por tanto, al País de las Tinieblas llamado Yomi. Cuando llegó, al ver que su esposa le abría las puertas del palacio de ese país, le dijo:
   —¡Ah, mi bella y amada esposa! El país que construimos juntos todavía no está del todo terminado. Vamos, regresa conmigo al mundo de los vivos.
   Su esposa, Izanami, le respondió:
   —¡Qué pena que no hubieras podido venir antes...! Pero ya he probado la comida de esta regió tenebrosa. Aun así, me siento agradecida de que mi amado esposo haya venido a visitarme hasta aquí. Por eso, aunque mi deseo es regresar contigo, voy a consultar a los dioses de este mundo de las tinieblas. Mientras vuelvo, no se te ocurra mirarme.
   Con estas palabras, la diosa desapareció tras las puertas. Pero tardaba tanto en volver que el dios Izanagi no pudo esperar más. Rompió un diente grueso de la peineta con que se sujetaba su augusta coleta izquierda y le prendió fuego para alumbrarse. Cuando entró en el palacio, vio el cuerpo putrefacto de la diosa que rezumaba gusanos y despedía truenos.
   De su cabeza había nacido el Gran Trueno.
   De sus pechos, el Trueno del Fuego.
   De su vientre, el Trueno Negro.
   De sus genitales, el Trueno Hendidor.
   De su mano izquierda, el Trueno Joven.
   De su mano derecha, el Trueno de Tierra.
   De su pie izquierdo, el Trueno Retumbante.
   De su pie derecho, el Trueno Doblegador.
   En total, pues, habían nacido, ocho deidades de truenos.
   Cuando Izanagi vio a su esposa en tal estado, tuvo mucho miedo y emprendió la huida. Por su parte, Izanami le dijo:
   —¿Cómo te has atrevido a avergonzarme?
   E, inmediatamente, ordenó a las furias del País de las Tinieblas que lo persiguieran. Al verse perseguido, Izanagi se quitó la cinta negra, hecha de sarmientos, con que se sujetaba su augusto cabello, y la tiró. La cinta se transformó en racimos de uvas silvestres ante las cuales las furias se detuvieron para devorarlas. Así, el dios pudo seguir huyendo. Pero no tardaron sus perseguidoras en continuar tras él. Entonces, el dios rompió un diente de la pequeña peineta que llevaba en la coleta derecha de su augusto cabello, y lo tiró. El diente se transformó en un tallo de raíz de brotes de bambú ante los cuales las furias se detuvieron para devorarlos. Así, el dios pudo seguir huyendo.
   Tras eso, la diosa Izanami ordenó también a las Ocho Deidades de los Truenos y a los Mil Quinientos Guerreros del País de las Tinieblas que persiguieran a Izanagi. Éste, entonces, desenvainó la espada de diez palmos de larga que llevaba y siguió huyendo mientras la blandía con el brazo extendido hacia atrás. Pero como los seres tenebrosos no cejaban en la persecución, al llegar a la cuesta de Yomo-tsu-hira, situada en la frontera entre el mundo de los vivos y el País de las Tinieblas, tomó tres melocotones que había por allí y, cuando se acercaron sus perseguidores, se los lanzó. El ejército del País de las Tinieblas se retiró y huyó.
   Izanagi dijo entonces a los melocotones:
   —Así como vosotros me habéis salvado la vida, así yo os pido que cuando los mortales moradores del País Central de Ashihara sufran adversidades y conozcan momentos de dolor, los ayudéis del mismo modo.
   Y concedió a los melocotones el nombre de Oo-kamu-zu-mi-no-mikoto.
   Finalmente, la misma diosa Izanami en persona emprendió la persecución de Izanagi. El dios, al ver cómo se le acercaba, colocó una enorme roca, que sólo podían mover mil hombres, en medio de la cuesta de Yomo-tsu-hira, tapando así la entrada al País de las Tinieblas. Los dos dioses se quedaron, por lo tanto, uno a cada lado de la roca. Ahí intercambiaron las palabras de disolución del vínculo matrimonial. La diosa dijo:
   —¡Mi amado esposo! Si tú me haces esto, yo me encargaré de acabar cada día con mil personas del mundo de los vivos.
   —¡Mi amada esposa! Si tú me haces esto, yo me encargaré de construir cada día mil quinientas cabañas de parto.
   Fue así como por cada mil personas que mueren a diario, nacen el mismo día mil quinientas más.
   A Izanami se la llama también diosa Yomo-tsu. Es, además, conocida como [la diosa] Chi-shiki-no-o-kami, por haber perseguido al dios Izanagi. En cuanto a la gran roca que tapaba la entrada al País de las Tinieblas, recibió el nombre de [dios] Chi-gahesi-no-o-kami o también el de [dios] Yomi-do-no-o-kami. En cuanto a la cuesta de Yomo-tsu-hira, es la actual cuesta Ifuya situada en el país de Izumo.

EL PÁJARO Y LA FLOR

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El pájaro y la flor. Mil quinientos años de poesía clásica japonesa, Alianza, Madrid, 2011, 152 páginas. Edición bilingüe e ilustrada de Carlos Rubio.

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Antología que recorre la poesía japonesa desde las canciones del Kojiki, del siglo VI, hasta voces como las de Santoka o Akiko Yosano, ancladas ya al s. XX. En la Introducción, Carlos Rubio, además de aportar las claves para descifrar y disfrutar estos poemas, reflexiona sobre "el apetito de Japón" en Occidente, sugiriendo que las "diametrales oposiciones" entre ambas culturas sean en realidad "inversiones de nosotros mismos, una cadena de relaciones transparentes de simetría".
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Yuagari no
Mijimai narite
Sugata mi ni
Emishi kinoo no
Naki ni shimo arazu

Después del baño
me visto ante el espejo
y me contemplo.
¿Qué queda de ayer?
Una sonrisa que flota.









Akiko Yosano