MIGUEL ÁNGEL MOLINA, En 99 palabras: 100 microrrelatos escritos en 99 palabras, Edición de autor, 2012, 110 páginas.
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UN BARRIO TRANQUILO
"Aquí vinimos a descansar. Era lo que siempre habíamos deseado. Tras vivir cuarenta años en aquel cruce escuchando pitos y acelerones a todas horas, al fin lo habíamos conseguido. Ahora sí éramos felices".
Su nuevo hogar era bastante más pequeño y no era muy luminoso, pero esto no importaba ya que ahora estaban más cerca del centro, junto a la Pradera y el campo del Atleti. Desde allí hasta podían oír cómo se gritaban los goles en el Calderón.
Aquella pesada tapa de mármol que se cernía sobre sus cabezas era lo único que no les acababa de convencer.
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EN EL ACTO
Temblamos al unísono cuando descorrieron el cerrojo, y caminamos aterrorizados hacia nuestro destino. Él se sentó en la silla que tenían preparada para la ocasión, yo permanecí de pie expectante. Nuestros cuerpos comenzaron a tiritar de miedo a la espera de la orden definitiva y ni tan siquiera hicimos intento de mirarnos durante aquellos últimos segundos. Él, entre sollozos, comenzó a rezar suplicando ayuda y yo, intentando disimular, pedí que me mandara valor. Ambos lo hicimos al mismo Dios, pero solo uno fue correspondido. Para mí aquella fue la primera vez de muchas, para él la primera y última.
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En este volumen, que contiene 99 microrrelatos de 99 palabras cada uno, las cifras acaban volviéndose anécdota frente a lo que en él realmente cuenta: las sugerencias y silencios que hilvanan estas historias, a medida de la buena literatura.
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AMOR POR LO PEQUEÑO
Cuando Marta le conoció en una feria de nanotecnología no se imaginó hasta qué punto el amor de Gabriel por las cosas pequeñas marcaría su relación. Él trabajaba en un laboratorio de microbiología clínica pero su verdadera pasión eran los bonsáis, coleccionar miniaturas y aquel blog en el que publicaba microrrelatos, haikus, aforismos y greguerías
A los pocos días se mudaron a un apartamento de veinticinco metros cuadrados donde solo convivieron dos semanas. Aquella mañana de febrero cuando la policía se lo llevó. Marta descubrió horrorizada las fotos que Gabriel archivaba en aquel portátil que nunca le dejó tocar.