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CUENTOS PARA CONTAR EN 2 MINUTOS Y SE ACABÓ, Victoria Bermejo & Miguel Gallardo

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VICTORIA BERMEJO & MIGUEL GALLARDO, Cuentos para contar en 2 minutos y se acabó, RBA, Barcelona, 2003, 110 páginas.

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EL CUESCO

   Muchos no entenderán esta palabra hasta el final de esta historia. Pero si yo os explico que es algo que sólo puede tirarse, y que a veces decide por sí mismo cuándo salir de su gruta, ya sabréis algo más. Porque los cuescos viven en una gruta, con un agujero redondo por donde salen a la luz.
   Algunos son muy ruidosos y otros muy silencios. Unos llevan perfume y otros son inodoros.
   No son animales, ni vegetales, ni humanos.
   La parte del cuerpo humano que más les gusta es la barriga.
   Comen de todo, pero hay cosas que les sientan mal.
   En nuestra sociedad está muy mal visto sacar los cuescos a pasear, ni siquiera están muy bien considerados en la familia. Aunque hay familias que hacen mucho cachondeo con ellos. Incluso hay un refrán español que dice: «El que lo huele debajo lo tiene».
   Hay gente que se pone colorada cuando nota que tiene uno o que su vecino acaba de tirar uno al aire. La verdad es que habría que aguantarlos, pero hay veces que no se puede con ellos...
   ¡Qué horror, acabo de oler uno!
   ¿A que ahora ya sabéis lo que es?


SON TREMENDOS, Victoria Bermejo & Miguel Gallardo

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VICTORIA BERMEJO & MIGUEL GALLARDO, Son tremendos, RBA, Barcelona, 2004, 96 páginas.
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Subtitulado 20 prototipos humanos apasionantes & el prototipo más corto de la historia, se completa con un Test (pp. 91-95) que le permite al lector encontrar su perfil: aventurero, iluso, excéntrico, Tonto el haba... 
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CURSI

   —Mira, hija mía, eres una cursi, a mí no me gusta nada ese pastel con tanto adornillo, tanta florecita... Es muy barroco, yo prefiero uno con chocolate y se acabó.
   —Pero mami, yo quiero que lleve florecitas, perlas de colores y mi nombre puesto en letras rojas y rosas. Es mi cumple y a mí me gusta así.
   —No, hija, no, eso es una horterada. Encargaré uno normal: un pastel es un pastel y basta.
   La madre le dejó al pastelero una paga y señal y quedó con él que al día siguiente iría a buscar el pastel.
   Ani se fue un poco triste por no tener el pastel que le gustaba. Pero, bueno, tendría su fiesta y eso le hacía mucha ilusión. Además, se pondría el vestido de corazones que le había regalado su abuela para Navidad y que no había estrenado todavía porque a su madre le parecía espantoso.
   Al día siguiente, su madre fue a recoger el pastel a las cuatro y me­dia. Llegó a casa justo a tiempo, exactamente un minuto antes de que empezaran a llegar los invitados. Llamó a Ani para que le ayu­dara a abrirlo. Lo colocó en la mesa, sacaron el envoltorio de cartón y.. Ani pegó un grito de alegría que se oyó hasta en el ático:
   —¡Yuppi, me han hecho mi pastel!, pero se han equivocado: han puesto Candi en vez de Ani.
  Nunca supo si fue un detalle del pastelero o si su madre al final había cambiado de opinión, pero el caso es que borraron la «c» y la «d» de Candi y Ani tuvo exactamente el pastel de cumpleaños que deseaba.
  Y, por cierto, la madre comprobó que lo cursi no está reñido con lo bueno.

CUENTOS PARA CONTAR EN 1 MINUTO Y 1/2, Victoria Bermejo & Miguel Gallardo

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VICTORIA BERMEJO, & MIGUEL GALLARDO, Cuentos para contar en 1 minuto y 1/2, RBA, Barcelona, 2002, 104 páginas.

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NO SOY UN PRIMO

   En una escuela como las vuestras había un niño, Fidel Cabañas, que era el blanco de todas las risas. El pobre llevaba gafas de culo de vaso, tenía un poco de joroba y estaba gordo como un tonel. Todos le decían: «Gordi, más que gordi, déjanos que te pasemos un billete de la Primitiva por la espalda a ver si nos da suerte, cuatro ojos». Y él les sacaba la lengua y les contestaba: «Pues para que lo sepáis: no soy sólo lo que veis por fuera, atontolinaos...».
   Acabó el curso y nadie le preguntó ni dónde se iba de vacaciones, ni si había aprobado o suspendido, ni nada de nada.
   En septiembre, el día que empezaron las clases, Gordi no apareció y, en su lugar, llegó un niño nuevo al cole que estaba buenísimo, con unos ojos azules increíbles, un tipazo de los de nadador y unos anda­res que tiraban para atrás. Todos le empezaron a preguntar cómo se llamaba, que de qué cole venía, que si le gustaba hacer deporte y él les decía que no les podía contestar.
   Llegaron a clase y la profesora empezó a pasar lista y cuando de repente llamó:
   —¡Fidel Cabañas!
   Se levantó el nuevo y todos se pusieron a murmurar: «¡Es imposible! Éste no puede ser el gordi cuatro ojos...».
   Él se levantó, se volvió hacia todos y les dijo:
   —Para que veáis lo que hace un poco de natación, unas lentillas, dejar de comer hamburguesas, listos, que sois unos lis­tos. Y, además, para que lo sepáis, he venido a despedirme, porque me voy a otro cole donde no se juzgue a la gente por su apariencia.
   Y todos, sobre todo las niñas, le suplicaban: «Hombre, no te vayas, quédate, entiende que éramos pequeños...».
   —No y no, lo siento, jamás me quedaré porque vosotros sois feos por dentro y eso sí que yo no lo podría soportar.
   Y abrió la puerta y se fue.
   Dentro de la clase todo eran murmullos: «¡Cómo nos hemos pasado!». Y en eso estaban cuando se abrió la puerta de golpe y entró el auténtico Fidel, el gordito, y todos se quedaron de piedra: «Pero cómo... ¿eres tú?».
   Y les contó que el otro era su primo y que habían montado esa broma para ver si recapacitaban un poquito y que, si era así, él segui­ría yendo al cole, como siempre.
   Y después de la impresión, todos jugaron con él y le preguntaban si quería ir al cine, o si quedaban para hacer los deberes juntos.
   Y es que a veces las lecciones tienen que ser de impacto.

CUENTOS PARA CONTAR EN 1 MINUTO, Victoria Bermejo & Miguel Gallardo

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VICTORIA BERMEJO & MIGUEL GALLARDO, Cuentos para contar en 1 minuto, RBA, Barcelona, 2001, 98 páginas.

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Cada uno de los relatos de Bermejo están acompañados por unos cuantos dibujos de Gallardo.
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EL NIÑO QUE NO SOÑABA

   Dos niños estaban hablando apasionadamente en el recreo. Uno, Ignacio, le decía al otro: «Es imposible que no hayas soñado nunca». Ramón contestaba: «En la vida. Nunca he tenido ni el mas mínimo sueño, es que no sé lo que es eso». Ignacio le explicaba lo divertido que es soñar, él había soñado que era un guerrero tipo Asterix que ganaba una batalla repartiendo nubes de caramelo, porque todos se despistaban y preferían comer chuches que darse con la lanza... Otro día había soñado que volaba y que se paseaba por sitios increíbles. Desde arriba iba viendo a chinos recolectando arroz, a animales peleándose en la selva, el rodaje de una película de Will Smith..., en fin, que era apasionante.
   Ramón le preguntó qué podría hacer para soñar, si se le ocurría alguna idea.
  Ignacio empezó a consultar en su archivo mental y de repente encontró algo interesante, había oído que sí comes aceitunas sueñas más y así se lo dijo a Ramón.
   Llegó la noche y, como Ramón se había olvidado de preguntar cuántas tenía que comer, se comió cinco aceitunas y se puso a dor­mir. Al tener tantas ganas de dormirse, no podía pegar ojo de los nervios. Al final se durmió y, al despertarse, al abrir los ojos, se dio cuenta que recordaba que había soñado toda la noche con una esco­ba, una triste escoba solitaria en un rincón.
   —Vaya —dijo a Ignacio—, tanta historia para soñar con una humilde escoba...
   —¿Cómo eran las aceitunas? —le preguntó Ignacio.
   —Verdes.
   —Pues no, tienen que ser negras y tómate más: diez o quince.
   Y así lo hizo Ramón. Se metió en la cama y la verdad es que se durmió enseguida. Y empezó a soñar en películas, él era Batman o Indiana Jones. Pasaba de una a otra y hablaba perfectamente inglés, y mira que despierto sólo sabía decir hello y goodbye.
   Se lo contó a Ignacio enseguida:
   —¿Ves?, han sido las aceitunas...
   —Sí, pero me molesta una cosa: aunque haya soñado con pelícu­las modernas, en mi sueño todo pasaba en blanco y negro... ¿tú cómo sueñas, en blanco y negro o en color?
   —¡Ah, amigo!, ésta es la pregunta del millón, no se sabe o depende.
   Ramón lleva tiempo investigando el tema. Y yo os propongo un juego, preguntad a vuestros amigos primero si sueñan y después cómo sueñan, si en colorines o en blanco y negro.


CUENTOS SÓLO PARA NIÑOS, Victoria Bermejo

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VICTORIA BERMEJO, Cuentos sólo para niños, El Aleph, Barcelona, 2004, 78 páginas.

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Entrega masculina: textos de Victoria Bermejo, dibujos de Miguel Gallardo.
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NI SE TE OCURRA ABRIR EL TAPÓN

   —Que sí.
   —Que no
   Ángel quitó el tapón del baño, las aguas empezaron a agitarse y una extraña fuerza empezó a chuparlo, a chuparlo hacia abajo, de manera que se coló por el desagüe y circuló por cañerías muy extrañas a toda velocidad hasta aparecer, casi sin respiración, en una isla con un cartel que decía: “Bienvenido a Quitatapones”.
   —Allí había varios niños igual que él, desnudos, con el pelo mojado y tiritando. Una mujer habló:
   —Hola, señoritos quitatapones, si os queréis quedar aquí, en Quitatapones Alto, muy  bien. No creceréis más y siempre permaneceréis desnudos y mojados. Si por el contrario queréis regresar al lugar de donde vinisteis tenéis que hacer lo siguiente: arrancaros el dedo meñique de un mordisco, colocároslo en el oído derecho, como si fuera un tapón, taparos la nariz y tiraros desde esa montaña al lago que hay abajo. Así apareceréis en el lugar de donde vinisteis.
   ¿Qué hacer? Ángel no sabía qué decisión tomar. Quería volver a ver a su madre y a su hermana, pero por otra parte arrancarse el dedo era un poco fuerte. Estuvo dándole vueltas hasta que se dijo: «Está claro, vuelvo, quiero volver». Se fue a lo alto de la montaña, abrió la boca, se acercó el dedo, apretó con todas sus fuerzas y se lo arrancó con todo el dolor, se lo puso en la oreja y se tiró, aunque sentía un vértigo terrible, al lago.
   Sintió como si se hubiese quedado dormido,  pero lo notaba todo de verdad. Pasó por cañerías y cañerías, hasta que como si fuese de goma atravesó el desagüe y sacó la cabeza.  Volvía a estar en la bañera llena. Lo primero que hizo fue mirarse la mano y casualmente el dedo meñique estaba allí.
   Oyó decir a su madre:
   —Que te he dicho que ni se te ocurra abrir el tapón.
   —Ni loco lo abro contestó Ángel mirándose su mano entera. Te aseguro que no lo pienso abrir.

CUENTOS SÓLO PARA NIÑAS, Victoria Bermejo

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VICTORIA BERMEJO, Cuentos sólo para niñas, El Aleph, Barcelona, 2004, 191 páginas.
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Los dibujos son obra de Miguel Gallardo.
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HABLA QUE TE HABLA
        
   En esta ciudad había una niña que hablaba por los codos. Se levantaba y bla, bla, bla, bla.
   Muchas veces se quedaba sin comer porque hablaba tanto que se pensaban que ya había acabado y le retiraban la comida sin ni siquiera haber empezado.
   En clase, parloteaba tanto que jamás aprendió nada.
   Cuando fue a buscar trabajo, le pegó tal rollo al que la iba a contratar que el otro acabó tan mareado que no pudo ni decirle que estaba admitida.
   Palomino, un chico que estaba enamoradísimo de ella, decidió declarársele una mañana en  el tren, y ella como no paraba de hablar ni se enteró de lo que le decía.
   Un día dijo de repente fin y se murió, sin saber todo lo que se había perdido por no pararse ni un momento a escuchar.