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QUE POR LA ROSA ROJA CORRIÓ MI SANGRE, Rodolfo Gil Grimau & Mohammed Ibn Azzuz

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RODOLFO GIL GRIMAU & MOHAMMED IBN AZZUZ, Que por la rosa roja corrió mi sangre, Ediciones de la Torre, Madrid, 1988, 232 páginas.

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Este libro recoge ciento cuarenta y tres relatos de la tradición oral marroquí. Antecede a la antología un completo Estudio introductorio (pp. 11-61) en el que los editores analizan la tipología de los personajes y los «Ritos de entrada y salida».
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EL HIJO DEL MÉDICO


Hubo una vez un médico que había adquirido su ciencia a base de una práctica de veinte años ejerciendo la medicina. Cuando ya veía acercarse el fin de su vida, por su avanzada edad, decidió que su hijo fuera secundándole en sus visitas a los enfermos. Y el hijo, que tenía algunos conocimientos de la medicina, obedeció las ordenes de su padre.

Así que un día, al recibir el padre aviso de que uno de sus clien­tes se hallaba enfermo, mandó a su hijo. Éste fue a la casa del enfermo, y, siguiendo las indicaciones de su padre, al entrar en la casa observó que detrás de la puerta de la misma había una albarda. Y al ver al enfermo le dijo:

—Me parece que has comido carne de burro.

Los padres del enfermo quedaron extrañados; pero suponiendo loco al hijo de su médico, no le hicieron caso, limitándose a que­jarse al padre.

Cuando éste se enteró de lo que había pasado, preguntó a su hijo:

—¿Qué te indujo a creer que el enfermo había comido carne de burro?

—Padre —le respondió—, como tú me dijiste que debía fijarme en lo que siempre suele haber detrás de las puertas de los enfermos) para dar el verdadero diagnóstico de la enfermedad, yo me limité a hacerlo así. Y como detrás de la puerta de aquel hombre había una albarda, y ésta no la lleva encima más que el burro, supuse que habían sacrificado al animal y comido su carne.



CHAUEN (Gomára)

CONDICIONES DE LUNA, Isabel Escudero

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ISABEL ESCUDERO, Condiciones de luna, Ediciones de la Torre, Madrid, 2013, 108 páginas.

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Subtitulado Coplas y juegos de lengua, ritmo y razón se complemente con un CD que reproduce el recital de la autora. Las ilustraciones son de Dinah Salama. En A modo de epílogo (pp. 89-107) Agustín García Calvo ofrece diversos poemas, entre ellos varios haikus.
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Los ojos abiertos,
dormir en un olvido
despierto.

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Mariposa, allá
que aleteas: como tú
polvo soy de ser.

Agustín García Calvo


PEQUEÑOS RELATOS ILUSTRADOS, Ramón Gómez de la Serna

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RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA, Pequeños relatos ilustrados, Ediciones de la Torre, Madrid, 1987, 126 páginas.

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En la Introducción (pp. 9-25), José Luis Rodríguez de la Flor, responsable de la edición, glosa con precisión y sencillez la trayectoria vital y literaria de Ramón. Los relatos incluidos "fueron publicados por Ramón Gómez de la Serna en la revista Buen Humor".
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COSAS DE LAS PLAYAS
   
   Las playas engañan al veraneante, hechas, como están, con aserrín del sol, menudo aserrín que echa en espuertas sobre la tierra.
   No es sólo engañoso el nombre que escribe una sombrilla en su jergón, sino el jergón mismo.
   Engañan, pero se las vuelve a buscar siempre y hasta se hace a ellas esas excursiones, de noche, que hunden inútilmente en su arena, produciéndose en sus hoyos la sordera de todos los jazz band, que siempre suenan en el mundo.
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   Lo único que tiene de bueno la playa es que en ella la propiedad es libre y puede fijarse un toldo en los sitios libres que se escojan. Hay unos gitanos elegantes que se establecen para todo un verano en la tienda de campaña simple, y allí cocinan, duermen, toman el té, hacen las finas labores de aguja.
   De la antigua manera con que la Humanidad acampaba en las praderas y los pináculos, sólo quedan dos supervivencias: la de los gitanos en los campos y la de los veraneantes en las playas.
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   En las playas se pierden todas las novelas leídas y las novelas vividas. Es un gran papel secante de todo lo que sucede en ella. De las memorias pasadas no guarda ningún recuerdo, y donde más se pierde la presunción del presumido es en la playa en que luce sus zapatos blancos con vivos de charol negro.
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   Parece muchas veces la playa un tendedero de ropa, en que los trajes blancos se reblanquean más.
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   El que sorprende a unas cuantas muchachas tendidas en la playa teme que, al sentir sus pasos, todas escapen volanderas.
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   En la disputa de los novios, el más iracundo echaría de buena gana polvorones de arena en la boca del otro.
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   Las sombrillas en la playa debían ser como velas que empujasen al que camina.
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   El niño de los barquillos es un niño que se come al día varios miles de barquillos, llegando a sonar a barquillo quebradizo cuando se le besa y a saber a barquillo relleno.

MANUAL DE CRONOPIOS, Julio Cortázar & José Luis Largo

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JULIO CORTÁZAR, Manual de cronopios, Ediciones de la Torre, Madrid, 1992, 126 páginas.

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Las ilustraciones de José Luis Largo aparecen sutilmente entre cada uno de los relatos elegidos por Francisco J. Uriz, procedentes de Un tal Lucas, Último round, La vuelta al día en ochenta mundos, Nicaragua tan violentamente dulce, Bestiario, Final del juego y, por supuesto, de Historias de cronopios y famas. En la emotiva Introducción  (pp. 9-28) Uriz traza la semblanza de su amistad con un gran literato del que destaca su mayor humanidad. Varias fotografías y una carta manuscrita completan esta antología.
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FILANTROPÍA

   Los famas son capaces de gestos de una gran generosidad, como por ejemplo cuando este fama encuentra a una pobre esperanza caída al pie de un cocotero, y alzándola en su automóvil la lleva a su casa y se ocupa de nutrirla y ofrecerle esparcimiento hasta que la esperanza tiene fuerza y se atreve a subir otra vez al cocotero. El fama se siente muy bueno después de este gesto, y en realidad es muy bueno, solamente que no se le ocurre pensar que dentro de pocos días la esperanza va a caerse otra vez del cocotero. Entonces mientras la esperanza está de nuevo caída al pie del cocotero, este fama en su club se siente muy bueno y piensa en la forma en que ayudó a la pobre esperanza cuando la encontró caída.
   Los cronopios no son generosos por principio. Pasan al lado de las cosas más conmovedoras, como ser una pobre esperanza que no sabe atarse el zapato y gime, sentada en el cordón de la vereda. Estos cronopios ni miran a la esperanza, ocupadísimos en seguir con la vista una baba del diablo. Con seres así no se puede practicar coherentemente la beneficiencia, por eso en las sociedades filantrópicas las autoridades son todas famas, y la bibliotecaria es una esperanza. Desde sus puestos los famas ayudan muchísimo a los cronopios, que se ne fregan. 


CUENTECILLOS Y OTRAS ALTERACIONES, Jorge Timossi

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JORGE TIMOSSI, Cuentecillos y otras alteraciones, Ediciones de la Torre, 1997, 78 páginas.

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En El relato, si breve, dos veces breve (pp. 9-15) Timossi recuerda la definición del género que hace Orkény, para quien "este tipo de cuentos son ecuaciones en las que un factor es la mínima comunicación del autor y el otro es la máxima fantasía del lector".
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INMIGRACIÓN
  A Miguel Barnet
        
   El aduanero abrió la maleta de cuero gastado, comprobó que ese inmigrante portaba en ella únicamente su pesada tragedia personal, la cerró con mucho cuidado, y murmuró, como si no se refiriera a alguien en particular: «Pase, total no creo que le vaya a servir para nada».