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MICRORRELATOS DOMÉSTICOS, Elías Moro

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ELÍAS MORO, Microrrelatos domésticos, Takara, 2017, 90 páginas.

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TUERTO

   Poco después del accidente en el que perdió el ojo empezó a olvidarse de la mitad de las cosas que había visto hasta entonces, a no tenerlas en cuenta, a perderlas de vista, como si dijéramos.
   De sus dos hijos solo se acordaba de uno, a su mujer la reconocía de frente pero no de espaldas, jugaba al fútbol con la mitad del equipo, se extraviaba de continuo por el barrio que antes del accidente hubiera podido recorrer con los ojos cerrados…
   Los médicos se echan las manos a la cabeza sin encontrar explicación al fenómeno.
   Tampoco el ojo de cristal —última tecnología alemana— ha servido para nada.
   De vez en cuando, sin que nadie lo vea, el ojo bueno llora su desgracia con lágrimas que añoran a sus hermanas del otro lado, perdidas para siempre.

MANGA POR HOMBRO, Elías Moro

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ELÍAS MORO, Manga por hombro, La Isla de Siltolá, Sevilla, 2013, 240 páginas.
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PROGRAMA PARA HOY
(Serenata bucólica)

Diana floreada con gallo al fondo y vacas mugiendo.
Coro de perros, opus 28.
Concierto de chicharra y pájaros en sol mayor.
Zarabanda de golondrinas y vencejos.
Danza de murciélagos.
Suite nocturna para mochuelo, cuatro grillos y una rana.
Bis: Solo de lechuza.
2º bis: Repique de cigüeñas.

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AFORISMOS DE SEPTIEMBRE
Para Jordi Doce

Si te consideras un hombre bueno, disponte a convertirte en diana.
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Hoy me duele lo de siempre como nunca.
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Los que se envuelven en banderas pierden toda perspectiva sensata.
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Duermo desnudo para que mis sueños no encuentren más obstáculos de los necesarios.
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En cuanto te conozcas bien a ti mismo, querrás no haberlo hecho.
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Paseaba su ataúd en la mirada.
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Las cicatrices del héroe a modo de sangrienta y perenne condecoración.
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Aliviaba su soledad de todos los días comiendo frente al espejo.
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Hay risas tan falsas que suenan como campanas tocando a duelo.
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Siguiendo el dictado de los espejos, las demás cosas empezaron a devolvernos la mirada.

MORERÍAS, Elías Moro

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ELÍAS MORO, Morerías, Ediciones Liliputienses, Cáceres, 2016, 56 páginas.

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La lluvia escribe sus versos en el tambor de barro del tejado.
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Todas las noches enviudamos de nuestra sombra.
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Algunas nubes parecen las almohadas del cielo.
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A las gotas de sudor les gusta suicidarse desde la punta de la nariz.
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Una caricia imprevista es como música en al piel.
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El abrazo es un afecto con paréntesis.
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Las maletas sueñan con viajes.
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 El tentetieso es el tipo más terco de las caja de los juguetes.

ME ACUERDO, Elías Moro & Daniel Casado

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ELÍAS MORO & DANIEL CASADO, Me acuerdo, De la Luna libros, Mérida, 1999, 66 páginas.

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En Me acuerdo de "Je me souviens" (pp. 7-9) los autores señalan que con esta autoría bicéfala ofrecen una de las posibles variaciones propuestas por Perec.
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Me acuerdo de mi madre cantando aquellas coplas que aprendió de pequeña, cuando la guerra.
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Me acuerdo de aquellas dos gemelas del instituto. Nunca supe de cuál estaba enamorado.
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Me acuerdo de la simetría radial de los arenques en aquellas cajas de madera a la puerta de los colmados.
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Me acuerdo de sueños que nunca veré cumplidos.

Elías Moro

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Me acuerdo del hermano que nunca tuve, las patadas que nunca nos dimos, los juegos que nunca jugamos, los llantos no llorados, las risas no reídas, las meriendas que fueron sólo para mí.
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Me acuerdo del disco de vinilo y aquel hijo suyo, el single. Se enamoró de la radio. El cassette los casó. El compact disc los enterró.
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Me acuerdo de los campos donde la infancia me jugó.
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Me acuerdo de todas las cosas que me hicieron olvidar.
 Daniel Casado

ALGO QUE PERDER, Elías Moro

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ELÍAS MORO, Algo que perder, La Isla de Siltolá, Sevilla, 2015, 152 páginas.

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El poema es un fulgor que antes no existía.
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Ándate con ojo antes de hacerlo; porque según sean dichas, hay palabras que son capaces de romperte los dientes.
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El lugar del crimen es todo el mundo.
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Todo lo que se coge con alfileres deja siempre alguna gotita de sangre tras de sí.
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Me gustaría ser inmortal; aunque solo fuera por hoy.
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La barbarie tiene la inmensa desfachatez de ir engordando con la edad.
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Se acercó a la oficina de patentes y registró la Muerte a su nombre.
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Si das mucho tu brazo a torcer, lo más probable es que te lo acaben partiendo.
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Me miro en la limpieza de tus ojos y no me reconozco. Pero siempre me siento mejor.
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Mientras dormimos el mundo descansa de nosotros.
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Hoy me duele lo de siempre como nunca.

99 MORERÍAS, Elías Moro

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ELÍAS MORO, 99 morerías, Ed. de Salvador Gómez, 2011, 26 páginas.


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Elías Moro Cuéllar regala al lector estas felices y deslumbrantes piruetas verbales que podrían denominarse renarderías o ramonerías, pero que encuentran su mejor y personal etiqueta en el apellido de su autor: morerías.
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El bostezo es el discurso, desganado y torpe, de la pereza.
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A la lavadora le gusta comerse un calcetín de vez en cuando.
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Mazmorra: cárcel de amor.
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El sollozo es el llanto de los orgullosos.
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El acordeón es el mapa de carreteras de la música.
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El ojo de la cerradura multiplica la belleza de lo prohibido.


ME ACUERDO, Elías Moro

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ELÍAS MORO, Me acuerdo, Calambur, Madrid, 2009, 118 páginas.

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Me acuerdo de mi madre cantando aquellas coplas que aprendió de pequeña, cuando la guerra.
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Me acuerdo de mi hermano despertándose de golpe en mitad de la noche. Sus ojos, en la oscuridad, llenaban toda la habitación.
   Yo sólo tenía ojos para sus ojos.
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Me acuerdo de lo que dice Chillida que una vez le enseñó su padre: "Un hombre tiene que tener siempre el nivel de dignidad por encima del nivel del miedo".
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Me acuerdo de haber podido leer a Kafka gracias a la deslealtad de su amigo Max.
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Me acuerdo de la leche en polvo americana que nos daban en la escuela en aquellos vasos de aluminio coloreado.
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Me acuerdo de cuando me operaron de las anginas: durante unos días me atiborré de yogures y helados, artículos entonces casi de lujo en nuestra casa.
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Me acuerdo de los pespuntes aéreos de los vencejos.