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VIVIR ADREDE, Mario Benedetti

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MARIO BENEDETTI, Vivir adrede, Alfaguara, Madrid, 2008, 160 páginas.

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Mientras que Vivir y Adrede contienen textos breves que bajo tintes poéticos fluyen entre la reflexión y el microrrelato, con Cachivaches el ingenio del autor decide desembocar en la cuenca del aforismo.

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PICAZONES Y RASCACIELOS

   Según parece, los cielos sufren a menudo de picazones. Bueno, para eso están los rascacielos. A ciertos cielos tenebrosos, como el de Nueva York, los rasca el Empire State Building, que ha suplido en esas funciones a las desdichadas Torres Gemelas. Por su parte, al humilde cielo de Montevideo, que también sufre de picazones, lo rasca el Palacio Salvo.
   Los rascacielos no desaparecen con antialérgicos; sólo son sensibles a los terremotos.
   A veces, cuándo los rascacielos exageran su trabajo contra el firmamento, entonces llueve, los grandes edificios chorrean y la pobreza abre su paraguas.
   Sé de una muchacha que es un cielo y al parecer le pica el alma. Quiero ser rascacielo.

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Lo consuetudinario es la forma más larga de la costumbre.
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Los presos saben de memoria las arruguitas de la pared.
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Los pordioseros piden por Dios y por Eros.
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En la naturaleza hay paisajes tan hermosos, que uno corre a comprarles un marco.
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Si uno se mira en el río, ya no se encuentra en el lloro.

EL PORVENIR DE MI PASADO, Mario Benedetti

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MARIO BENEDETTI, El porvenir de mi pasado, Alfaguara, Madrid, 2003, 216 páginas.

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HUELLAS

En el archivo de las fichas policiales, aquella huella digital estaba a oscuras y se encontraba sola, abandonada. Sentía nostalgia de su mano madre, y sus líneas finas, delicadas, eran como un escorzo de su tristeza. Por eso, cuando se encendió la luz y alguien colocó a su lado una nueva huella, tal irrupción generó una alegre expectativa.
Una vez que el funcionario apagó la luz y cerró la puerta, la huella primera se atrevió a decir:
–Hola.
–Hola –respondió con voz ronca la recién llegada.
–Qué suerte que viniste. A esta altura, la soledad ya me resultaba insoportable. ¿De qué pulgar venís?
–De la mano de un periodista. ¿Y vos?
–Fuerzas represivas.
–Dura tarea, ¿no?
–¿Por qué lo decís?
–Torturas, bah.
–Se habla y se publica mucho, pero no siempre es cierto.
–¿Nunca?
–A veces sí. Reconozco que mi pulgar siguió un curso intensivo de picana.
–¿Cuál es tu mejor recuerdo?
–Si te voy a ser franco, cuando nos encomendaron tareas administrativas. Allí no había llantos ni puteadas ni alaridos. ¿Y el mejor de tu pulgar?
–El tacto de cierto ombliguito femenino. Una colega francesa y el dueño de mi pulgar estuvieron cubriendo los Juegos Olímpicos con variantes de yudo que los dejaron bastante complacidos.
–¿Por qué te tomaron la impresión digital?
–Renovación de cédula. ¿Y a vos?
–Tres años de arresto. Derechos humanos, comisiones de paz, desaparecidos, todas esas majaderías.
–Y aquí ya ves, todos iguales.
–¿Qué nos queda?
–Resignarse. Mi pulgar era ateo.
–Mi pulgar, en cambio, era creyente.
–Eso no importa. Después de todo, la mano de Dios no deja huellas. 

DESPISTES Y FRANQUEZAS, Mario Benedetti

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MARIO BENEDETTI, Despistes y franquezas, Alfaguara, Madrid, 1990, 256 páginas.

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En este volumen, Benedetti exhibe su destreza en el cultivo de diferentes géneros, combinando entre sus páginas poemas, cuentos de variada extensión y Graffiti sin muros (pp. 77-78), un breve muestrario aforístico.

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Las modas pasan, los escombros quedan.

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De todos los ismos sólo queda el abismo.

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Lo grave no es el pecado original sino las fotocopias.

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Aggiornamento: Sésamo instaló portero eléctrico.

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PERSECUTA

Como en tantas y tantas de sus pesadillas, empezó a huir, despavorido. Las botas de sus perseguidores sonaban y resonaban sobre las hojas secas. Las omnipotentes zancadas se acercaban a un ritmo enloquecido y enloquecedor. 
Hasta no hace mucho, siempre que entraba en una pesadilla, su salvación había consistido en despertar, pero a esta altura los perseguidores habían aprendido esa estratagema y ya no se dejaban sorprender.
Sin embargo esta vez volvió a sorprenderlos. Precisamente en el instante en que los sabuesos creyeron que iba a despertar, él, sencillamente, soñó que se dormía.

NUEVO RINCÓN DE HAIKUS, Mario Benedetti

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MARIO BENEDETTI, Nuevo rincón de haikus, Visor, Madrid, 2008, 312 páginas.

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300 nuevos haikus que se suman a los ya publicados por el autor uruguayo nueve años antes, también en Visor, en el volumen Rincón de haikus.

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para qué sirve
pensar en lo que fuimos
si ya no somos

RINCÓN DE HAIKUS, Mario Benedetti

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MARIO BENEDETTI, Rincón de haikus, Visor, Madrid, 1999, 239 páginas. 

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En la "Nota previa" (páginas 5-13) Benedetti, además de explicitar sus primeros contactos con el género (Cortázar, Octavio Paz), traza, con unas pinceladas, una breve historia del haiku clásico que incluye la incorporación de esta práctica poética a la literatura en español.

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después de todo
la muerte es sólo un síntoma
de que hubo vida