ANTONIO CRUZ,
El tío Elías y otros cuentos,
Albigasta, Santiago del Estero, 2013, 64 páginas.
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COMO ME CONSIDERO UN BUEN PSICÓLOGO, DECIDÍ SOCORRERLO
En cuanto lo vi en el puente con la mirada perdida y el rostro confuso supe que necesitaba ayuda. Como me considero un buen psicólogo, decidí socorrerlo.
Me acerqué, le ofrecí un cigarrillo y nos quedamos conversando largas horas apoyados en la baranda.
Ya casi amanecía cuando apreté el gatillo. Aguanté el cuerpo con el hombro y disparé por segunda vez a su cabeza. Luego, con un empujón, lo tiré al río.
Me alejé con paso sereno y la satisfacción del deber cumplido. No hay nada que me ponga más contento que ayudar a los suicidas indecisos.
ANTONIO CRUZ,
Cuaderno de microrrelatos II, Colección Albigasta, Santiago del Estero, 2011, 56 páginas.
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TABLAS
La reina negra sucumbió al alfil blanco; un caballo negro atropelló a la blanca. Los reyes, ya viudos, firmaron la paz decretando tablas.
ANTONIO CRUZ,
Cuaderno de microrrelatos, Colección Albigasta, Santiago del Estero, 2010, 56 páginas.
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RÉQUIEM
Fue una muerte limpia. Casi podría decirse aséptica. La bala, pulida y perfecta penetró en el pecho dejando nada más que una delicada perforación en el tórax. El héroe se desplomó lentamente, con elegancia plástica mientras ángeles y arcángeles entonaban un réquiem gregoriano y polifónico. Una muerte totalmente diferente a las sangrientas, groseras e impúdicas que contemplamos actualmente en miles de páginas de Internet; una muerte distinta a la del espectáculo cotidiano; una muerte sin la obscenidad que se describe en los noticieros televisivos acostumbrados a llenar las pantallas con sangre roja y chorreante.
Una muerte limpia y aséptica.
Seguramente por eso, el responsable de la muerte gritó "¡Corten!… Rodamos de nuevo” y se encaró con los muchachos de “efectos especiales” para reclamarles que necesitaba más sangre en escena para poder cautivar a los espectadores del mediocre film que dirigía.