ASIER SUSAETA DIEZ DE BALDEÓN,
Hierba veloz y púrpura,
Zaera Silvar, A Coruña, 2019, 160 páginas.
**********
**********
**********
JUEGOS DE MANOS
Marta podía conducir siempre que su padre estuviese en el asiento del copiloto, el coche aparcado en el garaje de casa y la colocase sus manos sobre el volante, a las diez y diez, como él le había enseñado. Durante esas clases, ella pensaba que, moviéndolas un poco, el tiempo pasaría más rápido y deslizaba la derecha por la goma cuarteada, minuto a minuto, sin que su padre se diese cuenta. Y así llegaban las diez y media, las once menos cuarto, las manecillas se retorcían, pero el tictac solo se reiniciaba cuando él quitaba el seguro y le susurraba «buena chica».
FRANCISCO RODRÍGUEZ COLOMA & Raquel Vázquez, Cachorros de ornitorrinco, Zaera Silvar Editor, A Coruña, 2015, 93 páginas.
**********
Este libro subtitulado Teoría del microrrelato y experiencia
docente recoge una antología de textos escritos por 36 alumnos de 3º de ESO, durante las clases de Lengua Castellana y Literatura impartidas por Raquel Vázquez y Francisco Rodríguez Coloma. En el Prólogo (pp. 3-7), Pedro Sánchez Negreira, relata la sorpresa que le produjo escuchar algunos textos de los alumnos que habían accedido al microrrelato leyendo también sus creaciones. Enriquece notablemente el volumen la Unidad Didáctica: El microrrelato (pp. 35-92) escrita por Raquel Vázquez como propuesta docente de su Master de Profesorado.
**********
[DES] AMOR
Pensaron que un hijo ayudaría a terminar con sus discusiones de pareja.
Ya son familia numerosa.
Isabel López
**********
Zaera Silvar lo ha vuelto a conseguir. Esta vez,
publicando en Lenguas de ornitorrinco, A Celeste la compré en un
rastrillo. El ilustrador
Dictinio de Castillo-Elejabeytia Gómez envuelve
las logradísimas narraciones de Portabales en un universo celeste.
**********
QUERIDA LAURA
Aquí te dejo diez consejos que espero que te sean muy útiles:
- Huye de la teletienda y del queique de “La tía Mildred". Son terriblemente adictivos.
- Estudia mucho. Puede que consigas acostarte con algún futbolista, pero créeme, las posibilidades de casarte con uno son casi nulas.
- Haz caso a tu tía. Ella cuidará de ti.
- La abuela no es una bruja. Si alguna vez lo dije fue por culpa de la medicación.
- Desmaquíllate todas las noches. No imaginas a qué velocidad solidifica el rímel.
- Probablemente papá pronto tendrá una novia, y es normal. Sé amable con ella.
- Lo del Centro Británico no es negociable. Y me da igual que el presidente del gobierno no sepa hablar inglés.
- En cuestión de chicos no le preguntes a tu padre. Es un buen tipo, pero en fin..., es tu padre. Remítete al punto tres. Estás en buenas manos.
- Mi foto favorita es la de tu tercer cumpleaños. Yo te agarraba por detrás y soplábamos las dos. Dile a papá que la coloque en un marco (diga lo que diga la señora del punto número seis).
- Haz una vida sana, cepíllate los dientes y hazte una mamografía al año.
Te quiere. Mamá.
**********
La suerte del editor: inaugurar su colección dedicada al microrrelato,
Lenguas de ornitorrinco, con
Verde como el Hielo. La suerte del escritor novel: encontrar el abrigo y el mimo de Pablo Zaera Silvar. La suerte del lector: paladear lentamente estos ciento trece sugerentes relatos, acompasados por las ilustraciones de
Dictinio de Castillo-Elejabeytia Gómez.
**********
RITUALES DE DESCONFIANZA
Cada noche, cuando ella llega a casa del trabajo y se encierra en el baño a desmaquillarse, yo husmeo en su móvil. Analizo su historial de llamadas —recibidas, realizadas y perdidas—, mensajes de texto —recibidos y enviados— y chats del WhatsApp. Luego, mientras preparo la cena y finjo que no la veo, ella abre mis cuentas de correo electrónico y revisa —uno a uno— mi correspondencia de ese día; lo mismo que haré yo en cuanto ella se duerma. Antes de eso, a lo largo de la jornada, ambos nos habremos colado en las cuentas de Facebook, Google+ y Twitter del otro y siempre descubriremos una razón por la que enfadarnos que no podremos confesar. Por eso, cuando por la noche nos encontramos en la habitación, es el latir de ese fervor penitencial —en el que los dos sabemos que el otro sabe que sospechamos— el que nos lleva a besarnos como disputándonos las bocas, el que nos empuja a mordernos, a arañarnos y a estrecharnos como en un acto de despedida, el que la lleva a gritarme «Te odio, cabrón» cada vez que un orgasmo la sacude. Luego llega la paz. Fumamos un cigarrillo, tumbados en la cama, mientras hablamos y nos reímos de nuestros miedos y son esas carcajadas las que delatan su certeza de que yo nunca le seré infiel. Entonces me da un beso tierno —el único del día— antes de desearme las buenas noches y ese es el momento en el que yo —tras acariciarle su pelo y susurrarle «ahora vuelvo, mi amor»— me levanto y voy a espiar su correo electrónico.