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LA COCINA DE LOS CUENTOS DE HADAS, Lucie Cash

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LUCIE CASH, La cocina de los cuentos de hadas, Juventud, Barcelona, 2013, 160 páginas.

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Ilustrado por Yelena Bryksenkova, revisita los cuentos clásicos con ironía posmoderna acomodada a un público no solo infantil.
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SYLLABUB RÁPIDO DEL CONEJO BLANCO

   
   El Conejo Blanco es un conejito ajetreado endiabladamente difícil de seguir, os lo aseguro. Siempre está moviendo y raramente tiene un momento libre. Si no está corriendo para llegara su siguiente cita, seguro que lo verás vestido de punta en blanco con su pequeño chaleco de tweed, caminando de un lado a otro de la habitación, con los ojos fijos en su diminuto reloj de bolsillo hasta que sea la hora de marcharse. Ejem... ¿a alguien le suena eso? Pero a pesar de que el tiempo es en gran medida la esencia del Señor Conejo, la comida también es importante para él, y a lo largo de los años ha aprendido a cocinar algunos platos deliciosos en un abrir y cerrar de ojos. Este sencillo syllabub de fresa es uno de sus postres favoritos; te aseguro que es tan rápido y fácil de hacer que no volverás a llegar tarde a una cita jamás.

CUATRO UNIDADES

300 g de fresas frescas
50 gr. de azúcar refinado
300 ml. de nata
La ralladura de un limón
2 cucharadas de ron (preferiblemente añejo)


  1. Toma la mitad de las fresas, retira el tallo, córtalas por la mitad y mételas en un cuenco. Añade el azúcar y aplasta todo con un tenedor para que quede como un puré y suelten su delicioso jugo.
  2. Vierte la nata, la ralladura de limón y el ron en otro cuenco y bátelo hasta que la nata espese formando picos blandos. Agrega las fresas hechas puré y mézclalo bien, procurando que la fruta quede bien repartida por la nata.
  3. Guarda un par de las fresas restantes para decorar y corta a rodajas el resto después de retirar los tallos. Toma tus platos de postre (yo siempre uso copas de vino pequeñas) y forra la base y las paredes con una capa de rodajas de fresa, cubriendo entre un tercio y la mitad de las paredes. Vierte con cuidado el syliabub dentro de las copas, luego corta en rodajas las fresas reservadas y coloca un par de rodajas encima de cada una.
  4. Guarda los syllabubs en la nevera una o dos horas para que se enfríen bien antes de servir. Están deliciosos tal cual, pero también puedes servirlos con galletas amaretti para mojar si te apetece.



MITOS POPULARES DE JAPÓN. LEYENDAS DE TŌNO, Kunio Yanagita

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KUNIO YANAGITA, Mitos populares de Japón. Leyendas de Tōno, QuaterniSan Fernando de Henares, 2013, 200 páginas. Traducción de Mariló Rodríguez del Alisal.


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   En muchas zonas de Japón, a la hora del crepúsculo, mujeres y niños que están jugando en el exterior, desaparecen frecuentemente de forma misteriosa. En la casa de un campesino de Samuto, en el pueblo de Matsuzaki, una joven desapareció dejando sus sandalias de paja a los pies de un peral. Un día, treinta años después, cuando familiares y vecinos se habían reunido en su casa, la joven reapareció muy avejentada y demacrada. Cuando le preguntaron cómo había vuelto por allí, ella respondió:
   ―Solamente quería volver para ver a todos. Ahora me iré de nuevo. Adiós y que les vaya bien.
   Así volvió a desaparecer, sin dejar rastro alguno. Ese día el viento soplaba muy fuerte. Incluso en la actualidad, la gente de Tôno sabe que los días que sopla un viento fuerte cabe la posibilidad de que la anciana de Samuto regrese al hogar familiar.

AFORISMOS, Valeriu Butulescu

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VALERIU BUTULESCU, Aforismos, Editorial Club Universitario, San Vicente del Raspeig, 2013, 144 páginas. Traducción de Catalina Iliescu Gheorghiu.

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Gloria. Olvido con efecto retardado.
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La pureza de la infancia. Todo río es límpido en sus comienzos.
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Deseo un ramo en el que las flores se abracen por su propia iniciativa.
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Heredamos el llanto. Solo el canto se aprende.
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Por una banal lluvia, tanto despliegue de relámpagos.
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Le arranqué al verdugo su capucha. Su rostro estaba cubierto de lágrimas.
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Me siento inútil como un ala de ángel en el cielo al vacío.
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La noche es solo la impotencia del ojo.
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La necedad no gobierna. Reina.
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Los únicos que celebran el paso del tiempo son los prestamistas.

TRUENO ROBADO, Alexis Gómez Rosa

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ALEXIS GÓMEZ ROSA, Trueno robado. Haikus y otras japonerías, Editora Gente, Santo Domingo, 2013.

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Tallado el ojo
en su delirio, una
muerte percibe.

CORTOS AMERICANOS, Peter Redwhite

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PETER REDWHITE, Cortos americanos, Izana, Madrid, 2013, 68 páginas.

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LA MUJER DEL VENDEDOR

   Qué nos ha pasado, Al. Tú siempre dijiste que iba a ser alguien. Yo no te creí. Todos los días pienso en el viaje que hicimos de costa a costa poco después de conocernos. Sabes que no soy ninguna ingenua. Siempre fui consciente de que iba a ser nuestro viaje. Presentí que a menudo nos tendríamos que aferrar a esos recuerdos. Tampoco pensé nunca que mis sueños se cumpliesen. Ni tan siquiera cuando hacíamos tantos y tantos planes. Dirás que aún somos jóvenes, que no está todo perdido. Oportunidades no me han faltado, Al. Me podría haber ido con Joey, con Evans, incluso con el señor Johnson. Estoy segura de que con ninguno me habría ido mejor que contigo. Nos quisimos tanto. Creo que es cosa mía. O de la vida. No me riñas por seguir dándole vueltas a lo de nuestro pequeño. Ahora tengo que cargar con un saco de piedras. A todas partes. A todas horas. Tú pareces feliz, Alfred. Eres buen vendedor, los Dodgers van bien este año y me dices a diario lo afortunado que te sientes por estar con una mujer como yo. Quizá quieras hacerme creer que no necesitas más.

MICRORRELATOS DEL NOROESTE ARGENTINO, Varios Autores

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ANA MARÍA MOPTY DE KIORCHEFF (ed.), Microrrelatos del Noroeste Argentino. AntologíaFondo Editorial Secretaría de Cultura de la Provincia de Salta, Salta, 2013.
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Ana María Mopty de Kiorcheff es la coordinadora de un trabajo que reúne textos de veinticuatro autores que, tal como apunta el título, son originarios del Noroeste Argentino, una región integrada principalmente por las provincias de Jujuy, Salta, Tucumán, Catamarca, La Rioja y Santiago del Estero.
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SECRETO

   En la capilla de Santa Ana los ángeles de Soldi llevan vestiduras de una conmovedora transparencia. Los he visto pasear su albura por las calles del pueblo. Algunos se atreven a más y dejan su aura colgada de los árboles para ponerse a jugar entre los niños. A la hora del ángelus recuperan el aura y regresan presurosos a sus sitios, en los muros del templo, para continuar con el relato. En el pueblo todos sabemos de estos escapes furtivos, pero guardamos el secreto.

Nélida Cañas 

OBRA NARRATIVA, César Antonio Alurralde

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CÉSAR ANTONIO ALURRALDE, Obra narrativa, Fondo Editorial Secretaría de Cultura de la Provincia de Salta, Salta, 2013, 393 páginas.

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LIBERTAD

   Su celda está vacía. Anoche soñó que se encontraba en un pueblo muy lejano, donde nadie lo conocía.
   Y allí se quedó.

VIAJES EN CASA, Rogelio Guedea

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ROGELIO GUEDEA, Viajes en casa, Ediciones del Ermitaño, Ciudad de México, 2013, 264 páginas.

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VIAJES EN CASA

   Para tener la sensación de que estoy cambiando de lugar, de que viajo, de que no me he quedado quieto como el agua estancada, suelo habitar por intervalos considerables de tiempo algunas partes de la casa. Me mudo, como quien dice, con todo lo que puedo. Esto es: con todo lo esencial. Es, de pronto, como preparar un viaje largo en el que sólo puede llevarse lo que llevas encima, y de esa forma preparo, por ejemplo, mi viaje de mi habitación a la habitación de mis hijos, de la habitación de mis hijos a la pequeña oficina donde escribo, de la pequeña oficina donde escribo a un rincón de la sala. Me llevo algunos libros, mi taza de café, un pequeño maletín con una grabadora de reportero, una agenda, tres libretas cuadriculadas, mis tenis deportivos, un pantalón corto y mi computadora. Me instalo en el lugar y todo el mundo cambia, como si en realidad hubiera llegado a otro país. Tengo a veces una ventana nueva, como la que da al patio cuando estoy en la sala. O una pared nueva decorada, como la de mi oficina. O un radio de onda corta, como el de mi habitación. O incluso un Play Station y una cama rodante, como en la habitación de mis hijos. Soy feliz viajando en casa, siendo otro sin salir del mismo sitio. He pretendido también utilizar el baño en esta empresa, pero me da la impresión de que las cosas terminarán, tarde o temprano, muy mal, tal como esos viajes de placer que planeamos con nuestra mujer y que, al regresar, terminan en un divorcio definitivo.

PEQUEÑO DICCIONARIO DE CINEMA PARA MITÓMANOS AMATEUR, Miguel Cane

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MIGUEL CANE, Pequeño Diccionario de Cinema para Mitómanos Amateur, Impedimenta, Madrid, 2013, 384 páginas.

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Daniel Krauze en Previo al rugir del león (pp. VII-IX) caracteriza este libro, subtitulado inequívocamente Un altar portátil de la más varia idolatría cinéfila, como «un mapa cinematográfico con una luz encendida, con tantos protagonistas del séptimo arte como vale la pena rescatar o recordar». La portada y las ilustraciones interiores son obra de Ana Bustelo.
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CUARÓN, ALFONSO

Alfonso Cuarón Orozco (1961) 

   Tuvo la fortuna de vivir cuando era niño cerca de los célebres estudios Churubusco, al sur de la ciudad de México, por lo que podía «colarse» a ver filmaciones, y aprender el oficio, sin saber que estaba aprendiendo. Iba a dedicarse a otra cosa —la literatura o la docencia—, pero su vicio por el cine, desarrollado en la adolescencia (omnívoro total, veía de todo, desde películas de Bruce Lee hasta la inenarrable 3 mujeres, de Altman, que lo fascinó por su atmósfera lisérgica), lo llevó por oíros derroteros, junto con su hermano y cómplice, Carlos, que dejó sus estudios de filología inglesa para convertirse en su guionista habitual al principio de su carrera. Realizó cortos y programas unitarios para la TV, como el célebre Hora marcada, antología del terror que fue semillero de otros directores coetáneos suyos, incluyendo al inefable Gordo del Toro. Su primer largometraje. Solo con tu pareja (1991), es un histérico y desenfadado vodevil sexual completamente moderno (á la Rimbaud), con referencias y alusiones lo mismo a E. E. Cummings que a Mozart, Salinger, la llamada «época de oro» del cine mexicano, el cine de luchadores, Fellini, Polanski y Bergman, todo junto en un sardónico y mordaz paquete: así, el Donjuan Tomás Tomás (Daniel Giménez Cacho) se enamora de la celestial sobrecargo Clarisa Negrete (la hermosa Claudia Ramírez) y pasa por una serie de peripecias surrealistas y picarescas para conquistarla, todo contrapunteado por el espectro del sida, a manera de castigo por sus irresponsables técnicas de seducción, con happy end incluido. La película tuvo suficiente éxito para ponerlo en la mira de Sydney Pollack, que lo invitó a colaborar en Hollywood, salto del que no volvió del todo: así ha hecho diversas cintas, casi todas muy hermosas —especial mención merece su versión modernizada de Grandes esperanzas (1998)—, con la excepción de la indulgente Y tu mamá también (2001), de todo su canon la menos afortunada, aunque contribuyó a hacer estrellas a sus protagonistas. Su estética particular se imprime en todos sus trabajos, incluso en el de encargo —la tercera cinta de la saga Potter, que es usualmente la más elogiada hasta por los detractores—. Su más reciente filme es Hijos de los hombres, sombrío (y bello) reflejo del futuro, en el que la raza humana se aferra a una esperanza de subsistencia tras años de esterilidad y catástrofe. Desde hace una década, ha fijado su residencia en Londres.

CONVERSACIONES CON MI ANIMAL DE COMPAÑÍA, Francisca Aguirre

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FRANCISCA AGUIRRE, Conversaciones con mi animal de compañía, Ediciones Rilke, Madrid, 2013, 88 páginas.

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A veces camino por mi casa como caminan los insectos, es decir, como supongo que caminan los insectos; para decirlo mejor, con el aturdimiento y la ignorancia propios de quien no sabe dónde está. Porque, imagino que el sitio de una cucaracha no es el páramo frío de las baldosas, ni la superficie resbaladiza de los azulejos. ¿Cómo es posible que estemos todos tan descolocados? ¿Qué hace una cucaracha en un bonito apartamento? ¿Y qué hago yo departiendo con una cucaracha? ¿Qué haces tú por aquí, sin nada que llevarte a la boca? El bicho me contempla un instante y luego, en un tono más bien irónico, me dice: aproximadamente lo mismo que el mendigo que duerme en los soportales de la Escuela de Minas, y un minuto después desaparece por la ranura del friegaplatos. Para que luego digan que lo de todos los días es muy aburrido...

PARITORIO TRES, Daniel Olivera

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DANIEL OLIVERA, Paritorio tres, Publidisa, Sevilla, 2013.

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MINUTO Y RESULTADO

   Era el mayor de siete hermanos, y eso le confería cierto aire solemne que combinaba a la perfección con grandes dosis de alegría. A veces era solitario, y se sentía un niño raro cuando los domingos por la tarde escuchaba las incidencias futbolísticas a través de un viejo transistor de la abuela Nena. De vuelta a la capital, en el coche y tras el fin de semana en el pueblo, recitaba a su padre la tabla de resultados mejor que la de multiplicar. 

HAIKUS DE KOKÍN, William Guillén Padilla

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WILLIAM GUILLÉN PADILLA, Haikus de Kokín, Petroglifo, Cajamarca, 2013, 34 páginas.
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Acompañan a los haikus las ilustraciones de Gloria Espinosa Uceda.

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Mira tu sombra,
nunca te ha abandonado.
La muerte ríe.

DOBLE CAMARA FALSA DE GESELL, José Manuel Ortiz Soto

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JOSÉ MANUEL ORTIZ SOTO, Doble camara falsa de Gesell, Edición de autor, 2013, 76 páginas.

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MIMETISMO

   Un estremecimiento le recorre el cuerpo, y él se va haciendo chiquito hasta ser menos que un grano de arena en la inmensidad de aquel desierto. Corta de vista, la araña gigante pasa de largo. 

HAIKUS DE LAS CUATRO ESTACIONES, Arturo Carrera

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ARTURO CARRERA, Haikus de las cuatro estaciones, Interzona, Buenos Aires, 2013, 125 páginas.

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En la presentación (pp. 7-9) Carrera sostiene: «En Occidente, el haiku parece un objeto kitsch, una miniatura de yeso». Dado que «toda traducción de haikus o el intento de importarlos a Occidente resulta un fracaso», opta en sus versiones por captar el instante atendiendo a la pulsión del momento.
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Brisa ligera
apenas tiembla
la sombra de la glicina

Matsuo Basho

HEROÍNAS DE LA II GUERRA MUNDIAL, Kathryn J. Atwood

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KATHRYN J. ATWOOD, Heroínas de la II Guerra Mundial, Edaf, Madrid, 2013, 288 páginas.
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Kathryn J. Atwood, en su introducción, destaca cómo "la mayoría de estas mujeres —las famosas y las tapadas— tenían una cosa en común: no se veían a sí mismas como heroínas. Se guiaron por su conciencia, vieron que había que hacer algo y lo hicieron."
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HORTENSE DAMAN: CORREO PARTISANA

   Un oficial alto con uniforme de la SS se subió a un vagón lleno de mujeres prisioneras; tenían las manos y los pies encadenados a los asientos del tren. Echó un vistazo por el vagón hasta que vio a una prisionera en particular, un guapa joven de 17 años. Se acercó hasta ella.
   «Te daré una última oportunidad», le dijo.
   «No le comprendo», contestó la chica.
   El oficial casi sonríe. «Te daré la libertad, te dejaré libre, si me dices dónde puedo encontrar a tú hermano».
   «No puedo ayudarle», respondió la chica.
   «¿No oyes lo que te estoy diciendo?», le preguntó de nuevo. «¿Me entiendes?».
   «No tengo nada que decir», respondió.
   El oficial sabía que esta mujer había sido golpeada e interrogada durante 30 días por la SS belga. Todos buscaban a su hermano, François Daman, un líder de la Resistencia local que había conseguido escapar de sus garras con gran habilidad. La chica había sido golpeada una y otra vez, pero se negó repetidamente a informar sobre el paradero de su hermano.
   Este oficial era un experto interrogador que había visto cómo hombres hechos y derechos se venían abajo y traicionaban a sus compañeros baja similares circunstancias. Esta joven había recibido palizas un día tras otro, pero no había soltado una palabra. Sentía un gran respeto por su convicción.
   «Es una lástima, Hortense», le dijo. Se echó hacia atrás, chocó los talones, y la saludó. «Ojala hubieras sido alemana». Luego se bajó del tren. Las ruedas del tren comenzaron a chirriar. Se dirigía a Ravensbruck, un lugar llamado «El infierno de las Mujeres». Era un campo de concentración para mujeres.
   Durante los cuatro días de viaje, en los que nunca la desencadenaron del asiento, Hortense Daman tuvo tiempo de sobra para reflexionar sobre los sucesos que la habían puesto en ese tren.
      ***
   Hortense tenía solo 13 años cuando los alemanes invadieron Polonia en 1939. Su hermano, François, entonces 26, era sargento en el ejército belga. Cuando Alemania invadió y conquistó Bélgica en mayo del año siguiente, François comenzó a trabajar para la Cruz Roja, pero ese trabajo era solo una tapadera. En realidad, se había unido al Ejército de Partisanos belga, una de las muchas organizaciones militares de la Resistencia belga.
   François le había pedido a Hortense que se uniera a los Partisanos por dos razones. Él sabía que su trabajo no tendría éxito sin la ayuda de mujeres voluntarias. También sabía que si él no le daba algo que hacer, Hortense se implicaría por sí misma. François prefería que Hortense trabajara cerca de él para poder cuidar de ella.
   Le pidió que distribuyera copias del periódico clandestino más famoso de Bélgica, La Libre Belgique (Bélgica Libre). Luego, le pidió que le entregara una carta a alguien al que encontraría sentado en un banco de un parque. Al poco tiempo, Hortense estaba trabajando regularmente como correo para François; se encargaba de entregar objetos importantes aquí y allá. Su padre poseía una tienda de alimentación en su ciudad natal de Lovaina, así que Hortense realizaba estas tareas mientras montaba en bicicleta y, supuestamente, transportaba alimentos. Algunas veces llevaba realmente alimentos, pero se trataba de alimentos del mercado negro —obtenidos ilegalmente, sin cartillas de racionamiento— que servían para alimentar a los aviadores aliados que permanecían escondidos hasta que pudieran ser escoltado a salvo hasta Inglaterra.
   La cesta de la bici de Hortense no tardó en llenarse con algo más que alimentos: comenzó a transportar explosivos para los Partisanos. Un día que transportaba granadas en su cesta, apenas ocultas bajo unos huevos, Hortense fue a dar directamente con una redada. Los alemanes estaban comprobando la identificación para dar con jóvenes que se hubieran escabullido del reclutamiento obligatorio para trabajar en las fábricas de municiones alemanas. También estaban buscando alimentos del mercado negro. A Hortense le dio el alto un oficial que, bruscamente, le preguntó qué llevaba. Como se había detenido de repente, Hortense trató desesperadamente de mantener el equilibrio, pues la cesta amenazaba con caer en cualquier momento.
   «Solo huevos», dijo. Los huevos eran escasos y caros en la Bélgica ocupada por los nazis, incluso para los alemanes. Cuando se dio cuenta de que el oficial tenía los ojos clavados en la cesta, vio su oportunidad y sacó algunos. «¿Le gustaría algunos». Él se los quitó de la mano antes de despedirse de ella impacientemente. Se alejó pedaleando de allí hasta que las piernas comenzaron a temblarle descontroladamente y tuvo que detenerse para recuperar la compostura.
   Después de entregar las granadas a su destinatario, consideró los hechos cuidadosamente: sabía que se había librado de un registro más a fondo porque era mujer. También se dio cuenta de que había mantenido la cabeza fría en una situación muy tensa. Esto le dio la confianza necesaria para aceptar otra misión, aún más peligrosa. Los alemanes estaban combatiendo con éxito a los Partisanos de la zona de Lovaina. Los líderes estaban siendo traicionados y, posteriormente, arrestados e interrogados o, simplemente, asesinados allí mismo. Había que hacer cambios, variar los planes y era necesario mover enseguida y sin levantar sospechas los archivos —que contenían los nombres y direcciones de los miembros partisanos— antes de que cayeran en manos de los alemanes.
   Hortense tenía que ir en bicicleta hasta una casa para recoger un paquete con estos archivos. Luego, en caso de que la hubieran seguido, debía coger el tren en lugar de volver en bicicleta. Para entonces François ya sabía que Hortense era muy capaz. Aun así, era una misión tan peligrosa, que no podía evitar temer por su seguridad.
   «Es vital que no te cojan», le dijo François a su hermana mientras se preparaba para salir.
   Ella le sonrió a François. «No te preocupes, estaré bien. He memorizado los detalles de todos los contactos».
   «Bueno, de todos modos, si encuentran esos papeles creerán que les ha tocado la lotería. Todo lo referente a los Partisanos en esta zona esta ahí. Si te cogen con ellos estarás en un serio problema».
   Ella sonrió con seguridad mientras se sentaba sobre la bicicleta.
   «Por el amor de Dios, ten cuidado», le dijo mientras observaba cómo su joven hermana se alejaba pedaleando.
   Después de que Hortense estableciera contacto, recibiera el paquete y se subiera al tren, se dio cuenta con pavor, de que la GFP (Policía Militar Secreta, según sus siglas en alemán) estaba comprobando no solo las identificaciones, sino también los paquetes y las maletas. La GFP era una rama de las fuerzas armadas alemanas que, en Bélgica y, sobre todo, en Francia, trabajaba para acabar con las actividades de la Resistencia. No podía dejar que examinaran el paquete. Solo podía hacer una cosa: ir a otro vagón. Terminó en un vagón lleno de oficiales alemanes.
   Un oficial alemán invitó educadamente a Hortense a que se sentara junto a él. Le cogió el paquete y lo colocó en la repisa que había sobre sus cabezas. Las letras GFP adornaban los tirantes de su chaqueta. Era evidente que se trataba de un oficial superior.
   «Es algo pesado para ir cargando con él. ¿Qué es eso que pesa tanto?», preguntó.
   «Revistas», respondió rápidamente Hortense.
   Durante un instante terrorífico, Hortense pensó que le iba a pedir que le enseñara qué tipo de revistas eran. En lugar de eso, comenzó a charlar amigablemente con Hortense, si bien el único que hablaba era él. Él le preguntó a dónde se viajaba.
   Ella le contestó la verdad, que se dirigía a su casa, en Lovaina.
   Él se emocionó mucho y le dijo que también se dirigía allí: le enviaban para hacerse cargo de la Policía Militar Secreta, y que tenía intención de limpiar la zona de «terroristas» en dos meses. Luego le advirtió a Hortense que mantuviera alejada de ellos por su propia seguridad.
   «No creo que me molestes, ¿verdad?», le preguntó Hortense, tratando de parecer asustada.
   «Lo dudo», dijo el oficial, pero para asegurarse de que llegaba bien, y para pedirle ir a cenar, insistió en acompañarla en coche a casa desde la estación. Antes de bajar del coche le pasó el paquete y él se sonrió cuando ella le dijo que su madre no aprobaría que saliese con un oficial alemán.
   Aunque Hortense se tomó algún tiempo libre tras su exitosa misión, el oficial que la acompañó, no. Se salió con la suya en un aspecto: Hortense y sus padres fueron traicionados y arrestados un día cuando los soldados irrumpieron en su casa a la hora de la cena. François no estaba allí.
   Pero los alemanes estaban decididos a encontrarle. Hortense fue interrogada a diario durante 30 días, y le golpeaban con fuera cada vez que se negaba a dar la localización de François. Esta negativa fue la que la colocó en el tren que se dirigía a Ravensbruck.
   Hortense no solo sobrevivió a los horrores del Infierno para Mujeres durante casi un año —entre ellos un intento de esterilización e inyecciones de gangrena como parte de un experimento médico— pero tras la llegada de su madre allí, Hortense hizo todo lo que estaba en su mano para que si madre también sobreviviera, y puso su vida en peligro en varias ocasiones.
   Después de la guerra Hortense se casó con Syd Clews, un sargento del ejército británico, y se mudó con él a Inglaterra, donde tuvieron dos hijos. EL gobierno belga le otorgó a Hortense las mayores condecoraciones y, en 1989, Mark Bles escribió su autobiografía, titulada Child at War. Hortense murió en 2006 a la edad de 80.

MICRORRELATOS PARA NIÑOS INTELIGENTES, Antonio Martínez Polo

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ANTONIO MARTÍNEZ POLO, Microrrelatos para niños inteligentesFinis Terrae Ediciones, Santiago de Compostela, 2013.
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EXTRAÑO CAJÓN 

   —Había una vez un cuento que nunca empezó… 
   —Esos cuentos no existen, abuelo. 
   —Sí existen. Están en el mismo cajón que los besos que no se dan. 
   Mi hermana pequeña pensó, y le dio un beso al abuelo. Él, a cambio, le contó uno de esos cuentos. 

AUTORRETRATO DE OTRO, Cees Nooteboom

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CEES NOOTEBOOM, Autorretrato de otro, Calambur, Madrid, 2013, 158 páginas.

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Fernando García de la Banda, traductor, detalla en Ut pictura poesis: Cees Nooteboom y Max Neuman (pp. 143-151) el pacto que dio origen a este proyecto: «Neuman nunca ilustraría» los poemas de Nooteboom ; y éste «nunca describiría sus cuadros». La unión de estos 33 dibujos que Neuman le envió a Menorca y los correspondientes poemas en prosa merecen el subtítulo de Sueños de la isla y la ciudad de antaño.
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En un campo de cardos y piedras vio a su padre, a quien hacía más de medio siglo que no había visto. Llevaba un uniforme siniestro comido por el moho y en la mano un revólver. No quería que aquel hombre lo reconociera y apartó el rostro, pero cuando volvió a mirar, su padre estaba sentado en la acera, desnudo, cubierto de llagas. Ahora sí quería acercarse a él, pero miró con tanto miedo que retrocedió. Las costillas se le marcaban en la piel macilenta que, con la lluvia, parecía haber adquirido un brillo frío; su sexo reposaba en la húmeda piedra como un gran gusano que alguien hubiera pisado. Era evidente que su padre moriría pronto. Cuando volvió a mirar desde la distancia vio que había un círculo de hombres y mujeres a su alrededor. En el campo de los cardos el hombre del revólver seguía esperando.

AFORISMOS, Ludwig Wittgenstein

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LUDWIG WITTGENSTEIN, Aforismos. Cultura y valor, Espasa, Madrid, 2013, 176 páginas. Traducción de Elsa Cecilia Frost.
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¡No juegues con las profundidades del otro!
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El rostro es el alma del cuerpo.
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Seamos humanos.
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Tocar el piano; una danza de los dedos humanos.
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Se podría poner precio a los pensamientos. Algunos cuestan mucho, otros poco. Y ¿con qué se pagan los pensamientos? Creo que con ánimo.
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Los pliegues de mi corazón quieren estar siempre juntos y para abrirlos tendría que desgarrarlos continuamente.
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Hay reflexiones que siembran y reflexiones que cosechan.
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Es difícil saber algo y actuar como si no se supiera.
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Una época entiende mal a otra, y una época mezquina entiende mal a todas las demás en su propia y fea manera.
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¡Cree! Eso no hace daño.
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Si alguien puede creer con toda certeza en Dios ¿por qué no en el alma de otro?
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Lo que el lector también puede, déjaselo a él.

MANGA POR HOMBRO, Elías Moro

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ELÍAS MORO, Manga por hombro, La Isla de Siltolá, Sevilla, 2013, 240 páginas.
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PROGRAMA PARA HOY
(Serenata bucólica)

Diana floreada con gallo al fondo y vacas mugiendo.
Coro de perros, opus 28.
Concierto de chicharra y pájaros en sol mayor.
Zarabanda de golondrinas y vencejos.
Danza de murciélagos.
Suite nocturna para mochuelo, cuatro grillos y una rana.
Bis: Solo de lechuza.
2º bis: Repique de cigüeñas.

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AFORISMOS DE SEPTIEMBRE
Para Jordi Doce

Si te consideras un hombre bueno, disponte a convertirte en diana.
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Hoy me duele lo de siempre como nunca.
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Los que se envuelven en banderas pierden toda perspectiva sensata.
***
Duermo desnudo para que mis sueños no encuentren más obstáculos de los necesarios.
***
En cuanto te conozcas bien a ti mismo, querrás no haberlo hecho.
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Paseaba su ataúd en la mirada.
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Las cicatrices del héroe a modo de sangrienta y perenne condecoración.
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Aliviaba su soledad de todos los días comiendo frente al espejo.
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Hay risas tan falsas que suenan como campanas tocando a duelo.
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Siguiendo el dictado de los espejos, las demás cosas empezaron a devolvernos la mirada.

HABITACIONES Y OTRAS PIEZAS BREVES, Natsume Sōseki

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NATSUME SŌSEKI, Habitaciones y otras piezas breves, Olañeta, Palma de Mallorca, 2013, 78 páginas.
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Abel Vidal, traductor del volumen, explica en su nota introductoria que Sōseki logra en estos relatos "una extraordinaria mezcla de realidad y ficción, pasando por el filtro poético e imaginativo de su subjetividad diversas experiencias de su vida en Inglaterra, que quedan transformadas y ubicadas en la frontera entre el sueño y la memoria."
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IMPRESIÓN

   Cuando salgo al exterior, una ancha calle pasa recta delante de la casa. De pie en medio de la calle y examinándolo todo a mi alrededor, todas las casas tienen cuatro pisos y el mismo color. Las casas de al lado y las de enfrente son tan similares en construcción que resultan casi indistinguibles. Si me adelantara cuatro o cinco metros y después me diera la vuelta, sería imposible saber de qué casa acabo de salir. Esta es una calle extraña.
   Anoche dormí rodeado por el ruido de los trenes. Poco después de las diez fui corriendo por la oscuridad como en un sueño, espoleado por el sonido de las pezuñas de los caballos y las campanas. Centenares de sombras hermosamente iluminadas rozaban mis ojos, pero, por lo demás, no veía nada. Esta es la primera vez que miro a mi alrededor.
   Me quedo mirando arriba y abajo esta extraña calle dos o tres veces y luego giro a la izquierda, camino unos cien metros y salgo en un cruce. Tomo nota mentalmente y giro a la derecha, yendo a parar a una calle aún más ancha. Muchos autobuses pasan a lo largo de esta calle. Todos ellos llevan gente en el techo. Los colores de estos autobuses que incesantemente me adelantan son rojo, amarillo, verde, marrón y azul. Miro en la distancia, pero no puedo discernir hasta dónde llegan los colores. Cuando miro detrás de mí, avanzan hacia mí como nubes multicolores. Me detengo para pensar a qué lugar llevan a la gente y dónde la recogen, pero me arrolla una persona alta que me empuja por detrás. Trato de apartarme de su camino, pero descubro otra persona alta a mi derecha. Y a mi izquierda. La gente que me empuja por detrás es a su vez empujada por la gente que tiene detrás. Y todos están en silencio. Y todos se mueven espontáneamente hacia adelante.
   De repente soy consciente de haberme ahogado en un mar humano. No tengo ni idea de lo ancho que es este mar. Sin embargo, a pesar de su amplitud, es un mar extremadamente tranquilo. Pero no ofrece escapatoria. Si giro a la derecha, el camino está bloqueado. Si voy hacia la izquierda, el camino está cerrado. Aunque me dé la vuelta, está lleno de gente. De modo que avanzo silenciosamente. “Como gobernadas por un solo destino, decenas de miles de cabezas negras parecen haberse puesto de acuerdo para seguir hacia adelante sincrónicamente dando un paso a la vez.
   Mientras camino recuerdo la casa de la que acabo de salir. La extraña calle, con los mismos edificios de cuatro pisos y el mismo color en todas partes, parece un tanto lejana. Me siento como si no tuviese ni idea de dónde debo girar y qué camino debo tomar para ir a casa. Aunque volviera atrás, probablemente no sería capaz de descubrir mi propia casa. Anoche el edificio estaba en medio de una oscuridad total.
   Sintiéndome un poco desamparado, y empujado por las altas multitudes, dos o tres veces me veo obligado a girar y a meterme en otras calles anchas. Cada vez que giro tengo la sensación de moverme en dirección opuesta a la oscura casa de anoche y siento una soledad indecible en medio de las multitudes de gente, tan numerosas que me fatigan la vista. Salgo a una suave colina. Parece ser una plaza a la que van a parar seis o siete calles anchas. “Las olas, que hasta ahora han avanzado al unísono, convergen al pie de la colina con las procedentes de muchas otras direcciones y empiezan a dar vueltas en silencio.
   En la base de la colina hay unos grandes leones esculpidos en piedra. Todo su cuerpo es de color ceniciento. Tienen la cola delgada, pero sus sólidas cabezas están incrustadas en el remolino de sus melenas, como barriles de noventa litros. Con las patas de delante juntas, duermen en medio de multitudes que vibran en oleadas a su alrededor. Hay dos leones. Debajo de ellos, el suelo está cubierto de adoquines, con una gruesa columna de cobre en el centro. De pie en medio del mar de humanidad que se mueve silenciosamente, levanto los ojos y miro a lo alto de la columna. Ésta se levanta alta y recta hasta donde alcanza mi mirada. Por encima de ella el gran cielo es completamente visible. La alta columna se eleva como si atravesara el centro mismo de este cielo. Lo que hay en lo alto de esta columna, no lo sé. “De nuevo me veo empujado por una oleada humana que me hace salir de la plaza y, sin saber dónde estoy, desciendo por el lado derecho de una calle. Cuando, al cabo de un rato, miro hacia atrás, veo que, en lo alto de la columna delgada como una vara, hay una pequeña persona sola.