Mostrando entradas con la etiqueta 1916. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 1916. Mostrar todas las entradas

CUENTOS, Leopoldo Lugones

0


LEOPOLDO LUGONES, Cuentos, Ediciones Mínimas, Buenos Aires, 1916, 32 páginas.

**********
FLORES DE DURAZNO

   Junto al rancho medio arruinado, hay tres durazneros de avanzada edad, que tiritan de frío al vientecillo de la tarde, porque la escarcha los ha dejado completamente desnudos. El campo, amarillento en la extenuación de sus hierbas marchitas; la casa color de tierra, bastante ladeada, como un animal que cojea; los árboles deshojados, cuyos varillajes recuerdan vagamente destrozados miriñaques del tiempo ido: la inmensidad del horizonte, del cielo claro, bajo el cual se fatiga el silencio, sugieren indefinibles tristezas. El calor prematuro de los últimos días no ha podido conmover la austera taciturnidad de los campos, que continúan pensando en la muerte. Y como apenas una cosa se pone triste, adquiere algo de humano, aquel paisaje cobra aspecto de viudez y los bueyes flacos que por él cruzan, tienen paso de personas. Una carreta ha puesto el colmo a esa melancolía de la triste campaña. Cruzó, rechinando nostalgias, dando barquinazos: parecía reumática. Rudamente, quejábase la madera, achacaba torturas á la azuela indocta. Entre los rayos de las ruedas enormes había pedazos de cielo. Y cuando el vehículo pasó, sus anchos surcos dejaron en la llanura una interminable paralela, que semejaba la persecución infinita de un pensamiento geométrico. Aquello está decididamente melancólico. Lleva mal cariz la meditación de las cosas. Por el lejano camino, el polvo reseco se arremolina con bruscos giros, baila la tromba en pequeño, furioso, mas deshecho, a poco andar, en la aburrida laxitud del ambiente. Pero, ¿no hay algo que se mueve bajo los árboles desnudos, allí, cerca del rancho, al amor de la perezosa resolana? Diríase que son la muchacha dueña de casa y un mozo, que de seguro no pertenece a ésta. Tomados están de las manos, y parece que respetan el vasto silencio de las campiñas, pues no hablan. No hablan, porque tienen los labios ocupados en una deliciosa ocupación. Usted, señorita, creerá que se están besando. Yo no lo sé; pero es lo cierto que los viejos árboles, quienes, no obstante su grave aspecto, sienten la inquietud del extemporáneo calor, á la muchacha, que acaba de apoyarse en ellos distraídamente, los viejos árboles le han cubierto las manos de besos en forma de florecillas rosadas.
   Y este año ya no habrá frutos... es decir duraznos, a los menos... 

PLAYAS, CIUDADES Y MONTAÑAS, Julio Camba

0


JULIO CAMBA, Playas, ciudades y montañas, Reino de Cordelia, Madrid, 2012, 280 páginas.

**********
Reino de Cordelia reedita esta colección de artículos  centrada en los espacios de Galicia, París y Suiza. En Un escritor todoterreno (pp. 13-15) Francisco Fuster García alaba la capacidad de Camba para comprimir cualquier realidad a "una superficie literaria de 150 centímetros cuadrados".
**********

LOS RECIÉN CASADOS

   Suiza es el país de elección de los recién casados. ¡Las his­torias que deben de saber estos camareros de hotel y estos controleurs de ferrocarril! Todos los recién casados de todo el mundo vienen a Suiza a hacerse la ilusión de que el matri­monio es un idilio, y de que tiene una relación directa con los blandos lagos, con las montañas azules, con la nieve vir­ginal, con el cielo puro y con lo arroyos cristalinos. Las pare­jas más innobles y más desproporcionadas, los matrimonios más interesados, se poetizan aquí. Aquí los recién casados parece que se quieren como si no se hubieran casado toda­vía. Es una mezcla de amor, de facturas de hotel y de guías ferroviarias. Es más poético que París y menos peligroso. Aquí no hay riesgo de que el novio se pierda a la tercera o cuarta noche ni de que la novia se enamore de nada en un escapa­rate de la rue de la Paix. Novio y novia se regalan mutuamen­te un reloj, un auténtico reloj suizo, marcha garantizada, y en paz. Durante quince días es la luna de miel complicada con el Mont-Blanc, la mer de glace y el lago Leman; la luna de miel y el Baedeker y la Agencia Cook. La novia se entera de quiénes fueron Rousseau y Guillermo Tell, y luego dice:
   —¡Cuántas cosas aprende una durante la luna de miel!
   Sí. Aquí se viene de recién casado como se va a París de recién divorciado o de recién viudo, ya que por ahora la viu­dez es la única forma de divorcio posible en España. Para muchas gentes, venir a Suiza es una cosa tan propia del acto de contraer matrimonio como el ir al Registro Civil. Hay muchachas que se casan únicamente por el viaje a Suiza. Diez, quince, veinte años después de casados, el recuerdo de Suiza dura todavía en muchos matrimonios, y en los buenos momentos conyugales este recuerdo es evocado con delicia:
   —¿Te acuerdas de Chamonix? ¿Y de Guillermo Tell? Tú decías que le habías visto en un circo disparándole a una patata sobre la cabeza de su hijo...
   Los amores libres, así como los amores adúlteros y mis­teriosos, se refugian a orillas del lago de Como. Allí dice Barrés que van los grandes enamorados a morir de “volup­tuosidad y de indolencia”. Aquí no hay amor; no hay más que matrimonio. La poesía del lago Leman, con respecto a la ver­dadera poesía, es lo que el matrimonio con respecto al amor.
   El lago Leman tiene un alma burguesa y un romanti­cismo burgués.
   ¡Cuánto siento no estar recién casado! ¡Si uno pudiera reciéncasarse en vez de casarse completamente! Porque así, soltero, está uno en Suiza de una manera desairada, como un veraneante de segundo orden.