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CUENTOS PROHIBIDOS RUSOS, Alexandr Nikoláievich Afanásiev

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ALEXANDR NIKOLÁIEVICH AFANÁSIEV, Cuentos prohibidos rusos, Alborada, Madrid, 1991, 236 páginas.

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Abre este volumen Cuentos prohibidos de A. N. Afanásiev (pp. IX-XXVIII). En este prólogo, Filobibi señala como principal característica de estos setenta y siete relatos el afán transgresor que explicaría que predominen en ellos una evidente saturación de obscenidad y  escatología y una afilada crítica aniclerical. Cierra el libro Alexandr Nikoláievich Afanásiev y la censura rusa (229-234), un paseo por la vicisitudes que rodearon a un autor que nunca gozó del beneplácito ni de zaristas ni de soviéticos.
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LA MUJER DEL CIEGO

   Había una vez un señor y su esposa. Un día el señor se quedó ciego y la señora se lió con un criado. El señor está preocupado de que su mujer se la pegue con alguno y no le deja dar un paso sin él. ¿Qué se puede hacer?
   Una vez va al jardín con su marido, y va también el criado. Le entran ganas de pegársela con el criado. El marido ciego está debajo del manzano, mientras la mujer está a lo suyo, dándose el lote con el criado.
   En ese momento el vecino se asoma a la ventana que da al jardín y ve el espectáculo: el criado monta a la señora; entonces el vecino le dice a su mujer:
   —Mira, alma mía, lo que están haciendo debajo del manzano. Figúrate lo que sucedería, si Dios abriese los ojos al ciego y los viese. ¡La mata a palos!
   —¡Bueno, alma mía! Ya verás que Dios le echa un capote a nuestra hermanita.
   —¿Y qué capote le puede echar?
   —Cuando llegue el momento, ya lo verás.
   Ante aquel pecado, Dios abrió los ojos al ciego; éste ve que su criado monta a su mujer y grita:
   —¡Ah, putón! ¿Qué haces, maldita cerda?
   A lo que la señora:
   —¡Qué feliz soy, querido! Anoche tuve un sueño: si pecas con tu criado, el Señor, como recompensa, abrirá los ojos a tu marido. Y así ha sucedido, gracias a mi sacrificio, Dios te ha devuelto la vista.

LEYENDAS POPULARES RUSAS, Alexandr Nikoláievich Afanásiev

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ALEXANDR NIKOLÁIEVICH AFANÁSIEV, El anillo mágico y otros cuentos populares rusos, Páginas de Espuma, Madrid, 2004, 274 páginas.

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Hasta 1990 los lectores rusos no pudieron comenzar a disfrutar de este libro publicado por primera vez en 1859. Entonces fue despreciado porque las autoridades zaristas atribuían a sus contenidos un sesgo anticlerical. La segunda edición, aparecida en 1914, no satisfizo a los soviéticos por el exceso de protagonismo de demasiados cristos, milagros y popes. En el erudito prólogo de José Manuel Pedrosa, Las leyendas populares rusas de Afanásiev: el renacimiento de un libro maldito (pp. 11-32) el lector hallará toda la información precisa para saber valorar estos relatos relacionados con "viejas parábolas tomadas de los Evangelios o de la literatura cristiana apócrifa, hagiográfica, ejemplar, moralizadora, ejemplarizante".
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EL SABIO SALOMÓN [CÓMO SE LAS ARREGLÓ SALOMÓN PARA SALIR DEL INFIERNO CON UNA CUERDA DE MEDIR]

   Después de la crucifixión, bajó Nuestro Señor Jesucristo al infierno, y sacó de allí a todos, excepto al sabio Salomón.
   —Tú sal de aquí por tus propios medios, usando tu sabiduría —le dijo Cristo. Y Salomón se quedó solo en el infierno.
   ¿Cómo se las arreglaría para salir? Caviló mucho, y se puso a hacer una cuerda. Se le acercó un diablillo y le preguntó para qué estaba haciendo aquella cuerda tan infinitamente larga.
   —Como intentes aprender demasiadas cosas —le contestó Salomón—, te vas a hacer más viejo que tu abuelo Satanás. Ya lo verás!
   Una vez preparada la cuerda, empezó Salomón a medir con ella el infierno. El diablillo apareció de nuevo, y le preguntó que para qué media el infierno.
   —Es que en este lugar voy a construir un monasterio —le dijo el sabio Salo­món—. Y en aquel, una catedral.
   El diablillo se asustó, echó a correr y le contó todo a su abuelo, Satanás. Y este expulsó al sabio Salomón del infierno.

EL ANILLO MÁGICO Y OTROS CUENTOS POPULARES RUSOS, Alexandr Nikoláievich Afanásiev

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ALEXANDR NIKOLÁIEVICH AFANÁSIEV, El anillo mágico y otros cuentos populares rusos, Páginas de Espuma, Madrid, 2004, 274 páginas.

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José Manuel Pedrosa firma un extenso Prólogo (pp. 9-47) con el que permite al lector desmitificar las figuras de Afanásiev y Vladimir Propp, ambos folkoristas de salón. Afanásiev se limitó a utilizar los textos "depositados en la Sociedad Geográfica Rusa; Propp a estudiar la gramática del cuento en estas colecciones que le permitieron desatender los estudios de campo.
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LA ESPOSA TRANSFORMADA EN ANIMAL Y LA BRUJA IMPOSTORA

   Un anciano tenía una hermosa hija, con la que vivía en paz y armonía, has­ta que él se casó con otra mujer. Y ésta era una malvada bruja. No quería a su hijastra, y no paraba de insistir al anciano:
   —¡Échala de casa, no puedo ni verla!
   Al anciano no se le ocurrió otra cosa que casar a su hija con un buen hom­bre. Ella y su esposo vivieron felices y, al poco tiempo, tuvieron un hijo.
   Pero la bruja se enfureció aún más: la envidiaba por su feliz y tranquila vida. En un momento dado, convirtió a su hijastra en un animal llamado Arys, y la envió a un espeso bosque, vistió a su propia hija con las ropas de la hijastra, y la dejó en su lugar.
   Tan astutamente lo hizo todo que ni el marido, ni los vecinos..., nadie reparó en el engaño. Sólo la vieja nodriza se dio cuenta, pero tenía miedo de decirlo.
   Desde aquel mismo día, en cuanto el bebé tenía hambre, la nodriza lo lleva­ba al bosque y cantaba:
      
¡Arys del campo! El pequeño llora,
el pequeño llora: comer y beber desea.

   Arys del campo llegaba corriendo, dejaba su piel bajo un tronco, cogía al niño, le alimentaba, se ponía después la piel nuevamente, e iba al bosque.
   «¿Adónde irá la nodriza con el bebé?», pensó el padre. Se puso a vigilarla. Vio me Arys del campo llegaba corriendo, se quitaba la piel y le daba de comer al pequeñuelo.
   El se acercó cautelosamente, cogió la piel y le prendió fuego.
   —¡Ah, huele a quemado! ¡Mi piel está ardiendo! —dijo Arys.
   —No creo. Debe ser que los leñadores están quemando rastrojo —dijo la nodriza.
   La piel se quemó, Arys recuperó su forma anterior y le contó todo a su espo­so. Enseguida se reunió la gente, cogieron a la bruja y las quemaron a ella y a su hija.