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LA VIDA AUSENTE, Ángel Zapata

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ÁNGEL ZAPATA, La vida ausente, Páginas de Espuma, Madrid, 2006, 102 páginas.

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MIGRACIONES 6

   De qué sirve una espiga. Una tormenta, puede. Dos tormentas, muchísimo mejor. Pero una espiga, para qué sirve: di. Repasa, cuando ya nadie quiera reprochártelo, la jerarquía de los meteoros. El arrepentimiento no está entre ellos. El verano tampoco. Ahora es de noche, las dunas tienen párpados, la sed le teme al rayo y a la tenacidad de las hormigas. Encuentras en tu cama una balsa de náufrago con el tamaño exacto del corazón. En ese caso: ¿vuelves a dormirte?

LUZ DE TORMENTA, Ángel Zapata

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ÁNGEL ZAPATA, Luz de tormenta, Páginas de Espuma, Madrid, 2018, páginas.

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LA SAVIA OCULTA

   En el amigo hay un silencio de agua, en su corazón hay un muro cubierto de limo, junto al río inapelable descansan los tesoros de la infancia, si un día el amigo no estuviera, la llamarada unánime de los mirlos seguiría ardiendo en la oscuridad. El río es ciego, la noche es ciega, yo mismo no consigo ver si no es a través de las lágrimas. El amigo sostiene que en la nervadura de cada hoja hay una luz que se ha calcificado. Yo creo más bien que la hoja misma es una formación calcárea, y que la luz tangible en ella es una refracción o un debilitamiento de algo que calificaría de más puro, pero que me resisto a calificar así. Yo no creo que haya luz. Ninguna luz. Sí creo, en cambio, que hay un sótano en donde ahora mismo está creciendo un árbol que sangra.

LAS BUENAS INTENCIONES Y OTROS CUENTOS, Ángel Zapata

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ÁNGEL ZAPATA, Las buenas intenciones y otros relatos, Páginas de Espuma, Madrid, 2011 (2001), 106 páginas.
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JUSTO Y EL ÁNGEL

Justo me dice que no haga caso. Me dice que haga como si no le viera. «Tú, ni caso», me dice Justo. Me insiste en que el precio del piso ha sido una ganga. Y en que el ángel de la anunciación, con sus bucles dorados y sus alas de nieve, se cansará algún día de aparecerse a las doce, junto a la máquina de coser, y llamarme «bendita seas entre las mujeres».
—A ti qué más te da lo que te llame —me dice Justo—. Tú piensa en que este piso tiene un balcón hermoso, Antonia; y en que está bien comunicado.
Eso me dice.
—Bendita tú entre las mujeres —me dice el ángel todos los días.
Y a pesar de sus bucles dorados y sus alas de nieve, yo me pongo roja como una manzana, porque me lo dice con mucha intención.
—Tú ni caso —me insiste Justo.
Y entre Justo y el ángel van a volverme loca.


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1
El cuento debe conmover, herir, maravillar; algo en el cuento debe llamar por su nombre al lector: forzarlo a que despierte.
2
Como los individuos, como las sociedades, un cuento no debe «funcionar», sino existir.
3
Las tramas narrativas no reflejan el modo en que las cosas ocurren en la realidad, sino las redes que empleamos para apresar lo que ocurre. El cuento indaga precisamente aquello que las tramas convencionales no sabrían captar: es el intento de rodear un resto siempre inaprensible.
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En la novela la trama es causa. En el relato, mero efecto.
5
El cuento debe parecerse a la vida en esa cualidad que tiene la vida de no parecerse a nada.
6
Es verdad que el avance del cuento debe ir despertando en el lector el deseo de saber, a condición de que el deseo no se vea realizado sino de un modo irónico: a condición de que el cuento desemboque en eso que el lector sabía sin querer.
7
El cuento es una ética de la escritura, y por eso un buen cuento siempre deja algo que desear: le hace un sitio al deseo del otro.
8
En la novela (o por lo menos en la gran novela clásica, burguesa) la escritura se subordina a la historia, sirve a la historia: las partes trabajan en beneficio de un todo, que les es exterior y heterogéneo. En el cuento la escritura emerge, la producción textual no resulta alienada como producto en el todo de la representación: el trabajo es soberano, y hace su historia.
9
El despliegue del universo novelesco exige la constancia de lo positivo y lo dado; el cuento nace de un rechazo, devuelve el acto de narrar a la pregunta pos sus condiciones.
10
El realismo desvía al cuento de su vocación. Al igual que el poema, el cuento no apunta a la realidad, sino a lo real en tanto lo imposible de decir.
11
Dentro del cuento, no se trata tanto de escribir una historia, como de inscribir aquello que la interrumpe.
12
El cuento no debe ayudamos a soportar la realidad (esta es la exigencia falsamente benévola a la que apelan todos los conformismos), sino a situar en nuestra realidad lo insoportable, y a situarnos frente a ello.
13
En cierto modo, el cuento no es una narración en la que se ha eliminado todo lo insignificante, sino una narración en la que se ha eliminado todo menos lo insignificante, esto es: aquello que aún debía reapropiarse su potencia de significar.
14
La novela clásica tiende a la acumulación (de referencias, de hechos, de sentido); se apuntala sobre el imaginario de la totalidad y la riqueza. El cuento sabe de la castración, de la pobreza de la realidad, y es —como el Eros platónico— hijo de la escasez y del recurso.
15
El rechazo a llegar, la pasión de ir, son distintivos tanto del cuento como del cuentista. El cuento es lo que siempre está en camino. En un cuento, lo único falso o engañoso ha de ser, justamente, su brevedad.