Mostrando entradas con la etiqueta 1996. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 1996. Mostrar todas las entradas

DE ESTE LADO DEL MUNDO, Nélida Cañas

0


NÉLIDA CAÑASDe este lado del mundo, Víctor Manuel Hanne Editor, Salta, 1996.
**********
EFÍMERA

   Alguien me está llamando, trémula, detrás de la ventana. Alguien me está llamando, pero no habla. Hace señas furtivas.
   Hago como que no la veo, pero sólo ella existe para mí.
   La ventana es alta y la hiedra ha cubierto las paredes. El silencio la cubre. La ausencia la cubre.
   Es apenas una niña, una criatura efímera entre restos de pesadillas y abandono.
   Tremola mi corazón. Soy la ventana y el muro, y las señas furtivas que no entiendo.

FÁBULAS SALVAJES, Marcelo Birmajer

1


MARCELO BIRMAJER, Fábulas salvajes, Santillana, Buenos Aires, 2016 (1996), 72 páginas.

**********
LA PACIENCIA

   Según los hombres, la virtud del elefante es ser paciente. Estaban un día juntos el elefante y la jirafa, recostados en la tierra, rodeado de árboles frutales, a pocos paso de un río, tomando el sol. Los intensos rayos de Febo y el espeso calor hicieron decir a la jirafa: —Estoy muerta de sed. Acompáñame al río.
   —Qué impaciente has resultado —respondió el elefante—. Espera que el río venga a nosotros.
Pero como no había bifurcación alguna que les trajera el río, la jirafa se acercó solo hasta el cauce y bebió. Por la tarde, el cielo se encapotó y llovió torrencialmente. El río se desbordó y el agua le llegó al elefante. Unas horas después, la jirafa dijo: —Ya hemos saciado la sed. Ahora tengo hambre, y creo que tú también. Incorporémonos y comamos los frutos de los árboles.
   —No te sabía tan impaciente —dijo el elefante—. Deja que los frutos vengan a nosotros.
   Pero como ningún viento azotaba a los árboles, la jirafa se incorporó, estiró un poco el cuello y comió. Unos minutos después, un ananá maduro y henchido se desprendió de la rama, atravesó un peral en la caída, soltando algunos frutos, y explotó en el piso. Todo aterrizó a la trompa del elefante.
   Esa noche, cuando después de hacer la digestión se disponían a dormir, apareció la Muerte. Fosforescentes, la calavera y la guadaña brillaban en la oscuridad. El elefante se alzó en sus pesadas patas y salió corriendo con ligereza impropia de un ser tan gigantesco. La jirafa, creyendo haber aprendido y estar superando a su maestro, se quedó sentada, sin mover ni un músculo mientras la muerte se le acercaba. 
   —¡Pobre jirafa! —exclamó el elefante internándose en la selva—. ¡Tan impaciente por todo, incluso por morir!

CANTO VILLANO, Blanca Varela

0


BLANCA VARELA, Canto villano. Poesía reunida 1949-1994, Fondo de Cultura Económica, Ciudad de México, 1996.

**********

JUEGO
entre mis dedos
ardió el ángel

CÓMO TRATAR Y MALTRATAR A LOS POETAS, José Luis García Martín

0


JOSÉ LUIS GARCÍA MARTÍN, Cómo tratar y maltratar a los poetas, Llibros del Pexe, Gijón, 1996, 260 páginas.

**********
En La crítica indicativa (pp. 7-11) José Luis García Martín diferencia entre la crítica militante, la crítica de urgencia y la que ciertos críticos como él ejercen: «La crítica indicativa a veces da razones y ofrece unas primeras vías de análisis de las nuevas obras literarias; otras veces se limita a recomendar, a subrayar. También a denigrar títulos muy publicitados y de escaso interés.»
**********



LA BIBLIA DEL HAIKU

   ¿Cómo puede definirse el haiku? André Bellesort lo ha hecho de manera más sugestiva que precisa: “Exactitud disfrazada de ensueño; poesía de res­plandores y de escalofríos; pequeñas chispas que comunican a los sueños vi­braciones infinitas; preciosos abanicos que, en el mismo instante en que se los despliega y se los cierra, hacen pasar ante nuestros ojos el milagro de un gran paisaje”.
   Para R. H. Blyth es una especie de iluminación por la que penetramos en la vida de las cosas; mediante el haiku “captamos el significado inexpresable de objetos o acontecimientos cotidianos que hasta entonces nos habían pa­sado por completo desapercibidos”.
   El haiku, que para los japoneses tiene un sentido místico y es algo más que un mínimo poema de diecisiete sílabas, se ha convertido entre los poetas occidentales en el soneto de los haraganes: no hay poeta actual que, engaña­do por su facilidad aparente, no haya perpetrado alguno.
   Fernando Rodríguez-Izquierdo, en un libro que es varios libros a la vez, ha querido aproximar al lector español, con rigor erudito, a una de las más se­ductoras y engañosas formas de la poesía universal. El haiku Japonés se editó inicialmente en 1972; inencontrable desde hace bastantes años, se reedita ahora sin otros retoques que la actualización de la bibliografía.
   Rodríguez-Izquierdo analiza el haiku desde las más diversas perspecti­vas; se detiene a contarnos la vida y la obra de sus más destacados cultiva­dores; se ocupa ampliamente de los problemas teóricos de la traducción; resume la fortuna del haiku en las literaturas francesa, inglesa y española; antologa —con especial hincapié en Bashoo— los mejores haikus, o los más característicos, de la ingente producción japonesa.
   El haiku cuenta con muchos devotos, pero también con algún escéptico. En diecisiete sílabas poca poesía cabe, nos dicen; el mínimo texto es sólo un pretexto para la imaginación del lector. La mayoría de los entendidos —y el profesor Takeo Kuwabara lo confirmó experimentalmente— no sabrían dis­tinguir un haiku de un gran maestro de otro compuesto por un aficionado, si se los presenta sin firma. Es posible. Pero si son verdaderamente expertos, sin duda sabrán distinguir un verdadero haiku de una trivialidad o de una inge­niosa ocurrencia, no importa quién sea su autor.
   La mitificación del haiku puede llevar a más de un estudioso a comulgar con ruedas de molino. Para Rodríguez-Izquierdo, “el haiku más crucial e im­portante que se haya escrito jamás” dice así: “Un viejo estanque; ) al zambu­llirse una rana, ¡ruido de agua”. Es posible que algún lector, tras conocer esta presunta obra maestra, no se sienta demasiado tentado a seguir perdiendo el tiempo con japonerías. Pero los mejores haikus tienen esa misma sencillez de trazo, sin alardes de ingenio ni rebuscadas metáforas: “Sobre la rama seca / un cuervo se ha posado; /tarde de otoño”.
   Ante un haiku sólo son posibles dos actitudes: el desdén o el deslumbra­miento; no hay término medio. Tampoco para el autor caben aproximacio­nes, medias tintas: se acierta o no se acierta; la habilidad retórica, el dominio del lenguaje, que en otros géneros evita el estrepitoso fracaso, aquí no sirve de nada.
   Los poetas de lengua española han rondado el haiku, con desigual fortu­na, desde el modernismo. Bien conocidos son los coloristas intentos de Juan José Tablada: “Tierno saúz, / casi oro, casi ámbar, / casi luz . No menos fa­mosas resultan las tentativas de Octavio Paz (por otra parte, sin saber japo­nés, el mejor traductor de poesía japonesa al castellano): “La hora es transparente: / vemos, si es invisible el pájaro, / el color de su canto”. Pero el haiku en español que yo prefiero es de un poeta desconocido, Rafael Lozano, quien lo publicó, a sus veintidós años, en un olvidado volumen de 1921: “El barco / deja sólo una estela. / Nosotros, ¿qué dejamos?’

EL ARROYO DE LA LLORONA Y OTROS CUENTOS, Sandra Cisneros

0


SANDRA CISNEROS, El arroyo de la llorona y otros cuentos, Vintage, Nueva York, 1996

**********
Liliana Valenzuela traduce al español estos cuentos publicados en Estados Unidos.
**********


EL HOMBRE MARLBORO

   Se llamaba Durango. No en la vida real. No me acuerdo de su verdadero nombre, pero ya me vendrá a la mente. Lo tengo en la libreta de teléfonos, en mi casa. Mi amiga Romelia vivía antes con él. Hasta la conoces. La muy bonita, la de los labiototes, que vino a la mesa en el Beauregard’s mientras tocaban los Number Two Dinners.
   ¿La de cola de caballo?
   No. Su amiga. Bueno, pues resulta que vivió con él un año, aunque ya estaba muy viejo para ella.
   ¿De veras? Pero yo creí que el hombre Marlboro era gay.
   ¿Gay? Romelia nunca me dijo eso.
   Sí. Estoy segurísima. Me acuerdo porque le traía unas ganas locas y un día que veo un anuncio para 60 Minutos, ¿no? PROGRAMA ESPECIAL. ¡ESTA NOCHE! EL HOMBRE MARLBORO. Me acuerdo que pensé, Chinelas, no me lo puedo perder.
   Tal vez Romelia sí me lo insinuó y yo ni me di cuenta.
   ¿Cómo se llama? El tipo de 60 Minutos.
   ¿Andy Rooney?
   Andy Rooney no, ¡girlfriend! El otro tipo. El que siempre se ve triste.
   Dan Rather.
   Ándale, él. Dan Rather lo entrevistó para 60 Minutos. Ya sabes, “Qué fue del hombre Marlboro” y toda esa mierda. Dan Rather lo entrevistó. El hombre Marlboro estaba trabajando como voluntario en una clínica para el SIDA y hasta murió de eso.
   No, cállate. Murió de cáncer. Demasiados cigarros, yo creo.
   ¿Estamos hablando del mismo hombre Marlboro?
   Él y Romelia vivían en un terreno fabuloso en las lomas, cerca de Fredericksburg. Una casa preciosa sobre un acantilado, junto a unos ranchos ganaderos. Haz de cuenta que estabas a millas de la civilización, entre venados y guajolotes silvestres y correcaminos y halcones y todo eso, pero estaba a sólo diez minutos en carro de la ciudad. Hicieron un party un Cuatro de Julio e invitaron a todas las personalidades. Willie Nelson, Esteban Jordán, Augie Meyers, toda esa gente.
   No me digas.
   Tenía la costumbre de quitarse la ropa en público. Me lo encontré una vez en el Liberty y traía puesto un traje exquisito. Como los de la revista GQ, ¿ya sabes, no? Très élégant. Bueno, le hice la seña a Romelia, como diciendo que luego iba a acercarme al bar y saludarla. Pero para cuando llegué a mi pay de nuez, él ya iba a salir a la calle sin más ropa que una servilleta de papel. Te juro que era algo serio.
   ¡Hijo Jesú! Me estás matando. Yo antes soñaba que iba a ser el padre de mis hijos.
   Bueno, sí. Eso si estamos hablando del mismo hombre Marlboro. Ha habido docenas de hombres Marlboro. Así como ha habido docenas de Lassies, docenas de ballenas Shamú y docenas de Ralph, el Puerquito Nadador. Bueno, ¿pues qué piensas, girlfriend? Tantos anuncios. ¡Tantos años!
   ¿Tenía bigote?
   Sí.
   ¿Y había tenido papeles insignificantes en las películas del oeste de Clint Eastwood?
   Creo que sí. Por lo menos actuó en unos anuncios del banco Wells Fargo, que yo sepa.
   ¿Y era del norte de California, tenía un hermano menor medio retrasado mental y había hecho algunas películas pornográficas antes de que los de Marlboro lo descubrieran?
   Bueno, yo sólo sé que se llamaba Durango. Y que tenía un rancho en las lomas que había sido antes de Lady Bird Johnson. Y que él y unos amigos del grupo los Texas Tornadoes perdieron un montón de lana al invertir en un estudio de grabación que se suponía iba a tener treinta y seis pistas en lugar de las típicas dieciséis, o algo así. Y le dio mucha lata a Romelia, siempre detrás de cualquier fulanita y…
   Pero Dan Rather dijo que aquél era el hombre Marlboro original.
  El original, ¿eh?… Bueno, a la mejor del que te estoy hablando, el que vivió con Romelia, no era el hombre Marlboro de verdad.… Pero que estaba viejo.

SUEÑOS DE SUEÑOS, Antonio Tabucchi

0


ANTONIO TABUCCHI, Sueños de sueños, Anagrama, Barcelona, 1996, 140 páginas.

**********
Suceden a los sueños de Maikovsky, Lorca y Freud Los tres últimos días de Fernando Pessoa (pp. 99-140).
**********

SUEÑO DE CECCO ANGIOLIERI, POETA Y BLASFEMO

   Una noche de enero de 1309, mientras yacía sobre un colchón de paja del lazareto de Siena, envuelto en vendas nauseabundas, Cecco Angiolieri, poeta y blasfemo, tuvo un sueño. Soñó que era un tórrido día de verano y que pasaba por delante de la catedral. Sabiendo que aquél era un lugar fresco, pensó en entrar allí para huir de la canícula, pero en lugar de hacer una genuflexión y mojarse los dedos en agua bendita, cruzó los dedos en un gesto de conjuro porque temía que aquel lugar le trajera mala suerte.
   En la primera capilla de la derecha había un pintor que estaba pintando una Virgen. El pintor era un joven rubio y estaba sentado en un taburete, con la paleta entre los brazos, en una actitud de reposo. El cuadro sacro estaba casi acabado: era una Virgen con los ojos almendrados y una sonrisa imperceptible que sostenía sobre sus rodillas, recostado entre los pliegues del vestido, al niño Jesús. El pintor lo saludó con desenfado y Cecco Angiolieri respondió con una carcajada. Después se puso a contemplar el cuadro y sintió un profundo malestar. Le molestaba la expresión de aquella señora altiva que miraba al mundo con soberbia, como si desdeñara las cosas terrenales. Fue más fuerte que él: se acercó al cuadro y, extendiendo el brazo derecho, le hizo un gesto obsceno. El joven pintor saltó de su taburete e intentó detenerlo, pero Cecco Angiolieri, como si fuera un poseso, se liberó e hizo un gesto obsceno también con el brazo izquierdo. Entonces la Virgen movió los ojos como si fueran ojos humanos y lo fulminó con la mirada. Cecco Angiolieri sintió un extraño escalofrío por todo el cuerpo, empezó a entumecerse y a empequeñecerse, vio que sus miembros se le iban recubriendo de un pelaje negro, se dio cuenta de que una larga cola despuntaba entre sus piernas e intentó gritar, pero, en lugar de un grito, de su boca salió un maullido espantoso y él, pequeño y furibundo a los pies del pintor, comprendió que se había convertido en un gato. Dio un salto hacia adelante y otro hacia atrás, como si hubiera enloquecido en la monstruosa prisión de aquel nuevo cuerpo, hizo rechinar los dientes con furia y escapó de la iglesia maullando salvajemente. Entretanto, la noche había descendido sobre la plaza. Al principio, Cecco Angiolieri se deslizó a lo largo de las paredes, después miró a su alrededor para ver si alguien había reparado en él. Pero la plaza estaba casi desierta. En la esquina, cerca de una taberna, había un grupo de jóvenes con aspecto de bribones que habían sacado fuera las jarras y estaban bebiendo. Cecco Angiolieri pensó en pasar por delante de la taberna, porque tenía hambre y quizá podría encontrar alguna corteza de queso. Se deslizó junto al muro de la taberna y pasó por delante de la puerta, que estaba iluminada por dos antorchas sobre el estípite. En ese momento, uno de los jovenzuelos lo llamó, haciendo el típico ruido que se hace a los gatos con los labios, y le enseñó una corteza de jamón. Cecco Angiolieri se precipitó a sus pies y cogió con la boca la corteza, pero en ese instante los jóvenes lo cogieron y, sujetándolo con fuerza, lo llevaron al interior de la taberna. Cecco Angiolieri intentó morder y arañar, pero los jovenzuelos lo tenían asido firmemente: uno le sujetaba la boca y otros le inmovilizaban las patas, de manera que nada pudo hacer. Cuando estuvieron dentro, los jovenzuelos cogieron el recipiente de pez utilizada para las antorchas y le embadurnaron a conciencia el pelo con el ungüento. Después, con una antorcha, le prendieron fuego y lo liberaron. Cecco Angiolieri, transformado en una bola de fuego, corrió fuera maullando de un modo terrible, se lanzó contra las paredes de las casas, rodó por los suelos, pero el fuego no se apagaba. Comenzó a recorrer como una saeta los oscuros callejones de Siena, iluminándolos a su paso. No sabía adonde ir, se dejaba llevar por el instinto. Dobló dos esquinas, recorrió tres calles, atravesó una plaza, subió una escalinata, llegó ante un edificio. Allí vivía su padre. Cecco Angiolieri subió la escalera, pasó junto a los criados asustados, entró en el comedor, donde su padre estaba cenando, y gritó: ¡Padre mío, me he convertido en fuego, os lo ruego, salvadme! Y en aquel momento Cecco Angiolieri se despertó. Los médicos le estaban quitando las vendas y su cuerpo, recubierto por las terribles llagas del fuego de San Antonio, le quemaba como una llama.

MALOS Y MALDITOS, Fernando Savater

0



FERNANDO SAVATER, Malos y malditos, Alfaguara, Madrid, 1996, 98 páginas.

**********
En el Prólogo (pp. 8-9) Savater afirma que los malos, los malditos, los adversarios que aparecen en novelas o cuentos (desde Polifemo a los velocirraptores) "son amigos de los lectores porque contribuyen a que nos divirtamos, a que soñemos y también pensemos un poco". Juan Ramón Alonso aporta las ilustraciones.
**********

EL CERDO NAPOLEÓN

   ¿Son fieles los perros? ¿Son astutos los zorros? ¿Tienen buena memoria los elefantes? ¿Destacan las hormigas por ser muy aho­rrativas y las cigarras por resultar demasiado imprevisoras? ¿Es cruel el tigre y pacífica la paloma y madrugador el gallo y bailarín el oso y valiente el león y estúpido el asno y feroz el lobo y sucio el cerdo y malvada la serpiente y... ? Puede que este repar­to de buenas y malas cualidades sea acertado en algunos casos, pero otras muchas veces se equivoca por completo (las palomas son muy agresivas, por ejemplo, y los asnos, nada tontos). Lo cierto es que los humanos vemos a los animales desde nuestro punto de vista y les convertimos en ejemplos de vicios o virtu­des que nos interesan mucho a nosotros pero no a ellos.
   A lo largo de la historia de la literatura, algunos escritores han utilizado a los bichos para dar lecciones o enviar mensajes a los humanos. Esos cuentos protagonizados por animales poco “animalescos” y muy humanizados, que se nos parecen en demasiadas cosas, que hablan, hacen casas, tienen reyes, etc., suelen llamarse “fábulas”. Seguro que te acuerdas de algunas muy famosas, como La cigarra y la hormiga, La zorra y el cuervo, La liebre y la tortuga, El lobo y los tres cerditos, etc... En cada una de las fábulas se plantea el enfrentamiento entre un animal que representa un comportamiento malvado o imprudente y otro bicho que se porta con bondad o con prudencia. El resultado es que el malo y sobre todo el imprudente resultan castigados por su avaricia, por su ignorancia, por su descuido o por su falsedad. Al final cada fábula tiene su “moraleja”; es decir, una pequeña lección que nos enseña lo que hay que hacer o lo que debemos evitar. A veces las fábulas son bastante crueles y yo no te recomiendo que hagas caso de algunas moralejas. A mí la pobre cigarra me ha caído siempre muy bien, ya ves, y la hormiguita hacendosa me parece una antipática y una egoísta de cuidado...
   Una de las fábulas más emocionantes y terribles escritas en nuestro siglo se llama Rebelión en la granja. ¿La recuerdas? Los ani­males de una granja se rebelan contra el amo que los tiraniza, un hombre brutal. Logran expulsar al amo y organizan la granja de modo que todos —las gallinas, los perros, los caballos, los cerdos, el asno, etc...— tengan igual derecho a disfrutar de lo que consiguen con su trabajo. Pero poco a poco los cerdos, dirigidos por uno muy listo llamado Napoleón, se van convirtiendo en los nuevos amos de la granja: trabajan cada vez menos, se apoderan de los mejores bocados, tienen todo tipo de privilegios, amena­zan e incluso matan a quienes no les son ya útiles, etc,.. Napoleón acaba siendo un tirano peor que el antiguo dueño de la granja. Uno de los trucos que utiliza para conseguir mandar sobre el resto de los animales es la propaganda: se las arregla para cam­biar la historia de las luchas que han mantenido contra los humanos, de modo que siempre parece que él fue un héroe, y sus rivales, cobardes o traidores. También modifica con astucia las leyes que habían establecido los animales de la granja: por ejemplo, donde ellos pusieron todos los animales son iguales Napoleón pondrá “todos los animales son iguales, ‘pero unos son más iguales que otros”.
   ¿Cuál es la moraleja de esta fábula? Que el poder es algo muy peligroso y que siempre hay algunos que están dispuestos a cualquier cosa —la mentira, el crimen, lo que sea— con tal de dominar a los demás y aprovecharse de ellos. George Orwell, el autor de Rebelión en la granja, estaba pensando en Stalin cuan­do inventó al cerdo Napoleón; pero la moraleja de esta fábula sirve también para cualquier otro dictador, como Hitler, Mao-Tse-Tung, Franco, etc,... La única solución para evitar que alguien se haga el amo de la granja o del país en que vivimos es el sistema democrático: que sólo mande quien haya sido elegido por la mayoría y que deje de mandar cuando la mayo­ría decida que no le gusta cómo está mandando. ¡Ah, y cuida­do con las falsificaciones de la historia o de las leyes, porque no faltará algún cerdo que se aproveche de ellas!

UN DEDO EN LOS LABIOS, José Jiménez Lozano

0


JOSÉ JIMÉNEZ LOZANO, Un dedo en los labios, Espasa Calpe, Madrid, 1996, 156 páginas.

**********
LA RECORDADORA

   Cuando fueron avisados de que un fuego de lo alto caería sobre la ciudad donde vivían, para destruirla, se les advirtió también de que en su huida no deberían volver la vista atrás, así que ella, Lot, su marido, sus hijos, los criados y las criadas y las esclavillas, miraban solamente el camino y hacia el horizonte que tenían delante, aunque sentían curiosidad porque las nubes que veían quedaban iluminadas por resplandores, y se oía como un trueno lejano o el rodar de muchas carrozas a sus espaldas.
   Entonces ella comenzó a hablar de su infancia, y contó que había tenido una vez un pájaro maravilloso que había muerto, y todavía no estaba consolada; que había tenido luego, ya más adelante, un anillo de oro con una piedra de lapislázuli y se perdió, y aún lo echaba de menos. Y luego quiso decir algo más, como si hubiera perdido también quizás, a lo mejor, un antiguo amor porque sus ojos se oscurecieron y se hicieron de la forma de la almendra, pero calló. Sólo que entonces fue cuando volvió la vista atrás, y sonrió. Pero quedó inmóvil, y vieron todos que se volvía como de una piedra traslúcida como el alabastro, y cuando trataron de despertarla se percataron de que parecía compuesta como de cristalitos de sal. Aunque ella no parecía triste, sino que seguía sonriendo y seguramente recordando, y ya se quedaría allí para siempre así, con esa memoria.

LOS 101 MEJORES CUENTOS CLÁSICOS DE LA CHINA, Ramiro Calle & Chang Shiru

0





RAMIRO CALLE & CHANG SHIRU, Los 101 mejores cuentos clásicos de las China, Edaf, Madrid, 1996, 220 páginas.

**********
En la Introducción (pp. 13-14) Sebastián Vázquez escribe: "Los maestros chinos comparaban a estos cuentos con cierto tipo de miniaturas: una primera visión permitía, por ejemplo, percibir un hermoso paisaje, pero un acercamiento más cuidadoso dejaba ver detalles hasta entonces invisibles".
**********

SUICIDIO EN EL RÍO

   Ji Jun era miembro de la Academia Imperial y estaba dotado de una aguda inteligencia y gran hori­zonte de conocimientos. Un día, el emperador Qian Long le preguntó:
   —Dime, sabio erudito, ¿qué se entiende por la fidelidad y por el amor filial?
  —La fidelidad —contestó rápidamente—Ji se ma­nifiesta en la obediencia total e incondicional al so­berano. Aunque éste le mandase a uno suicidarse, tendría que cumplir su voluntad. Por amor filial se entiende el cumplimiento cabal de la voluntad pater­na. Si el padre quiere que se suicide el hijo, así se cumplirá su deseo.
   El emperador pensó que como Ji era muy inteli­gente, aunque le ordenase poner fin a su vida, no lo cumpliría de ningún modo. Por lo tanto, con el áni­mo de tomarle el pelo y ver cómo se las arreglaría en una circunstancia extrema, le dijo:
   —Entonces, ordeno que te suicides.
   Ji no se sorprendió ni un ápice, contestando sin vacilación:
   —Sí, Majestad, cumpliré su orden.
   —¿Se puede saber cómo te vas a suicidar? —pre­guntó el monarca.
   —Me voy a tirar al río —le contestó Ji.
   El emperador sabía perfectamente que no se iba a suicidar y que podría salir airosamente de la situa­ción, pero quería seguir con la broma:
   —Bueno, concedido el derecho a la muerte.
   Dicho esto, se puso a leer un libro que tenía a mano, sin prestar más atención al intelectual. El sen­tenciado salió del palacio, dio una vuelta y volvió de nuevo. El emperador aparentó sorprerderse de la sú­bita aparición del que iba a pasar al otro mundo.
   —¿Qué te ha pasado? ¿Por qué has vuelto?
   —Majestad, —empezó a explicar el intelectual con un tono intrigante—, cuando llegué al río y me iba a lanzar, de repente vi que había salido del agua el antiguo poeta Qu Yuan. Me agarró fuertemente impidiéndome ejecutar la suprema voluntad imperial. Me rogó que volviera a preguntar a Su Majestad.
    —¿Qué quería que me preguntaras?
   —Me dijo que él se había lanzado al río para sui­cidarse porque el soberano de su época era despótico e imbécil. Sin embargo, ahora que estamos glorifica­dos con la lucidez y sabiduría de nuestro ilustre rei­nado, merece la pena preguntarle si realmente desea mi muerte. No sería demasiado tarda en cualquier caso suicidarme después de la confirmación de su voluntad.

DIOS NOS COJA CONFESADOS, Chumy Chúmez

0


CHUMY CHÚMEZ, Dios nos coja confesados, Grupo Unido, Madrid, 1996, 112 páginas.

**********
Dividido en tres secciones (Aforismos, Relatos breves y Relatos más breves todavía) este libro dedicado a Lichtenberg, está ilustrado por el propio humorista, José María González Castrillo: Chumy Chúmez. 
**********

Injusticia social. Mientras unos tienen magníficos panteones hay millones de desheredados que no se han muerto todavía.
***
A la madre del hombre invisible la tomaron por histérica cuando dijo que estaba dando a luz un niño.
***
Al crear el purgatorio Dios inventó el peaje.
***
Lo bué, si bre, dos ve bué.
***
El hambre es el pan de los pobres.
***
Los asesinos siempre vuelven al lugar del crimen. Los asesinados mucho menos.
***
Las líneas paralelas con el tiempo también acaban dándose bofetadas.
***
La economía es el arte de repartir la riqueza equitativamente entre los ricos y la pobreza equitativamente entre los pobre.

**********


NO ES BUENO RECORDAR A LOS SERES QUERIDOS MUERTOS

   Se quedó solo. frente a la chimenea, pensando en todos los momentos que había pasado junto a su esposa. Las pequeñas discusiones y las grandes: los momentos en que ella se agitaba en la cama para recordarle que debía dejar de leer y cumplir el débito conyugal; el noviazgo, la boda, la luna de miel, los seis meses que habían vivido juntos y también su muerte.
   Este último recuerdo fue el más vivo. Se le iluminaron los ojos, atizó el fuego que languidecía junto a sus pies, se levantó, fue al jardín, cogió una pala y con cuidado desenterró la cabeza de la muerta.
   Luego le pegó una bofetada y volvió al salón a ensimismarse de nuevo con sus pensamientos.

RUBAYAT, Yalal ud-Din Rumí

0


YALAL UD-DIN RUMÍ, Rubayat, Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, Guadarrama, 1996, 200 páginas.
**********
La selección de los textos y la traducción del persa la firman Clara Janés y Ahmad Taherí. De Janés es también el extenso Prólogo (pp. 7-34) en el que se puede leer: "Los rubayat de Rumi [...] son como chispas, destellos de su sentir amoroso y de su doctrina, breves iluminaciones de puntos esenciales de su credo".
**********


Por tu amor el mar todo, de arrebato, fluye.
A tus pies derraman perlas las mismas nubes.
Por tu amor un relámpago en el suelo ha caído.
A él se debe el humo que por el cielo huye.

UN VESTIDO ROJO PARA BAILAR BOLEROS, Carmen Cecilia Suárez

0


CARMEN CECILIA SUÁREZ, Un vestido rojo para bailar boleros, Arango, Bogotá, 1996, 108 páginas.

**********
INEVITABLE

   Él era signo de fuego, destellante, chispeante, fascinante, centelleante, rutilante, llameante, fulgurante, eclipsante, jugueteante, tintineante, deslumbrante, volátil e inasible.
   Ella era signo de agua, ondulante, inundante, zigzagueante, provocante, esquivante, titubeante, amenazante, apabullante, ahogante, suave y fresca.
   La relación fue un cortocircuito.

LOS DICHOS DE UN NECIO, David Roas

0



DAVID ROAS, Los dichos de un necio, Digitalia, 2010.

**********
Reedición en formato digital del primer libro de microrrelatos de David Roas, originalmente publicado en la editorial Los trabajos de Sísifo en 1996.

**********
EL LEGADO DE CHOMSKY

   Un lingüista desesperado pasea por su habitación. Ha descubierto que el generativismo no puede solucionar sus problemas. Para relajarse se pone a analizar una complicada frase: «Esa cuerda tan gruesa bien podría soportar el peso de una elefanta embarazada de gemelos».
   —¡Eso es!, aúlla sonriente.
   Ha visto la luz. Acabado el análisis, se ahorca del «árbol» resultante. Sabe que el núcleo verbal soportará perfectamente su peso.

MANUSCRITOS BERLINESES, Arthur Schopenhauer

1



ARTHUR SCHOPENHAUER, Manuscritos berlineses, Pre-Textos, Valencia, 1996, 264 páginas.

**********
A través de un completo estudio introductorio, Roberto R. Aramayo, responsable también de la selección de textos, traducción y anotaciones, proporciona algunas de las claves que ayudan a descifrar el pensamiento del filósofo alemán.

**********
El espíritu es mortal, pero la voluntad no. 
*** 
Este mismo mundo es el juicio final. 
*** 
Cuando muere un héroe, no suele embalsamarse su cerebro, sino su corazón. 
*** 
Si la vida y la existencia fuera un estado satisfactorio, todos nos sumiríamos a regañadientes en el estado inconsciente del sueño y lo abandonaríamos con sumo agrado. Pero es justo al revés: todos nos vamos muy gustosos a dormir y nos desagrada enormemente despertarnos. 
*** 
La lejanía, que achica los objetos a la vista, los aumenta para el pensamiento. 
***
 Todo pensar, es decir, representar algo en conceptos abstractos, constituye propiamente un mero recuerdo, una nueva disposición de lo sabido con anterioridad y, por ende, de lo intuido, que viene a ser la base de todo concepto. Un verdadero conocer, esto eso, el percibir algo de nuevo y por vez primera sólo es dado por la intuición
*** 
Entre el genio y el loco hay una semejanza: el vivir en un modo aparte del que existe para todos los demás.

MI CORAZÓN ES UNA CASA HELADA EN EL FONDO DEL INFIERNO, Roger Wolfe

0


ROGER WOLFE, Mi corazón es una casa helada en el fondo del infierno, Aguaclara, Alicante, 1996, 160 páginas.
**********
GODOT ES DIOS

   Hoy he comido en casa de Benito, que además de ser una excelente persona es un escritor con muy buenas ideas y un gran amigo mío.
   Que es lo que importa.
   Lubina, creo que al vapor o algo por el estilo, y papas cocidas que luego se supone que había que machacar en el plato, mezcladas con aceite.
   Apareció también un actor de teatro, y en la sobremesa acabamos bebiéndonos botella y media de litro de ron venezolano entre mi amigo Benito, el histrión y yo.
   Eso, sin contar las cervezas que me había bebido antes de llegar a su casa, los dos litros de vino que nos bajamos comiendo y las dos resacas consecutivas que llevaba ya encima.
   Pero creo que la culpa la tuvo el actor.
   Se pasó dos horas y media largando anécdotas equinocciales con un acento canario forzado que al principio hacía bastante gracia, pero que como los chistes, cuando alguien se empeña en soltar dos docenas seguidos, acabó produciéndome la incómoda sensación de estar sepultado bajo tierra.
   Os juro que me faltaba hasta el aliento. Así que recurrí a mi sistema habitual en estos casos.
   Me emborraché como un cerdo y acabé faltando al respeto a mi propia sombra.
   Los jodí con la única arma que se me ocurrió, teniendo en cuenta que había gente menuda flotando por ahí: la obscenidad.
   Y acabé contando chistes yo también.
   De mi propia cosecha, eso sí. Como aquel que dice:
   ¿Sabéis cuál es la diferencia entre dar po'l culo a un tío y dar po'l culo a una tía?
   No.
   Pues que un tío te da las gracias y una tía te dice que te has equivocado de agujero.
   Ja.
   Que se jodan. No soporto la estupidez.
   Contra la estupidez, la obscenidad. Por ejemplo.
   En fin. Se había hecho de noche, y no habíamos querido encender la luz de la cocina, y el tipo seguía largando entre las sombras.
   De modo que cuando alguien sugirió salir a tomar unas cervezas, no me lo pensé dos veces. Creo que hasta él lo agradeció.
   Y además: una vez borracho, qué cojones más te da.
   Sin embargo, la cosa se disparató más de la cuenta. Acabamos en un bar hablando inglés con dos finlandeses con cara de entrenadores de rugby, y casi nos echan. Del bar. Yo llevaba tres novelas de Juan Madrid debajo del brazo y quise regalárselas al camarero.
   Quizá por eso se puso chungo.
   No se lo puedo reprochar.
   El otro siguió poniéndose cada vez peor, y se cayó al suelo en cuanto salimos a la calle y no quería o no podía levantarse. Luego nos metimos en un taxi y cuando llegamos a donde íbamos, sabe Dios dónde, no quería salir del taxi, y luego salió y nos faltaban cuarenta duros para pagar, y el taxista nos dijo que total no pasaba nada y se largó, aunque yo creo que lo que tenía era miedo. (¿Miedo?)
   Y bueno. Yo acabé en otro bar a las tres de la mañana hablando con un chaval de veinte años que dice que es pintor que me contó que estaba enamorado de una tía pero que no conseguía ligársela porque cada vez que la veía estaba borracho y lo que acababa era haciendo el ridículo.
   Yo asentía con la cabeza y abría de vez en cuando la boca, pero en vez de voz me salía un pedazo de trapo sucio y lleno de saliva rancia.
   No pagamos las últimas cervezas, y cuando llegué a casa me eché en la cama y todo daba vueltas, cosa que nunca me ocurre, y oía risas en la habitación a pesar de estar solo. Eso tampoco me ocurre nunca. Pero supongo que para el delirium tremens, como para cualquier otra cosa, también tiene que haber una primera vez.
   Como para asustarse. ¿O no?
   Por cierto, al actor no sé ni dónde lo perdí. Lo que sí recuerdo es que Benito le había regalado un libro mío y que se lo metí por el cuello de la camisa en un bar llamado Montana para evitar que lo perdiera.
   Que perdiera la cabeza, vale; pero si quería andar perdiendo libros míos que los comprara en la jodida librería.
   No lo he vuelto a ver desde ese día.
   Pero, por si os interesa, os puedo decir que estaban representando Esperando a Godot en un teatro de Avilés.
   Me dijo que Godot era Dios.
   Y debe de seguir esperándole.

CUENTOS DESDE LA HABANA, Omar Felipe Mauri Sierra (editor)

0


OMAR FELIPE MAURI SIERRA (ed.), Cuentos desde la habana, Aguaclara, Alicante, 1996, 192 páginas.

**********
La selección abarca textos de los "nuevos y novísimos cuentistas cubanas", en los que destaca un "lenguaje de destellos, fuerte interioridad de sus temas y personajes iluminados por las transformaciones sociales y los cambios que sorprenden en sí mismos".

**********
EL ÁNFORA DEL DIABLO

   –Quiero que me reveles el futuro –le dijo Blas al diablo.
   –Podrías asustarte.
   –No... Quiero conocer a dónde me llevan mis días.
   –Bien, escucha... Te regalaré el ánfora que aquí ves. Ha sido magistralmente modelada, ¿verdad? Pero es tan bella como tan frágil. Y debes conservarla así, pues sólo vivirás mientras el ánfora se conserve intacta.
   –Yo solamente te he pedido que me reveles el futuro –replicó Blas, perplejo.
   El diablo sonreía cuando le dijo:
   –Está dentro del ánfora.
Ernesto Santana

CUENTOS COMPLETOS, Pedro Gómez Valderrama

1


PEDRO GÓMEZ VALDERRAMA, Cuentos completos, Alfaguara, Madrid, 1996, 404 páginas.

**********

MARÍA A LAS CUATRO DE LA TARDE

   Acaba de pasar por esa calle un ciclista que llevaba en la mano derecha una guitarra, lo cual demuestra que es un hombre pacífico. Iba rodando lentamente; al principio partía en dos la calzada, pero después se inclinó sobre la izquierda, porque apareció un automóvil oscuro, tal vez negro, a cierta velocidad, lo cual en este barrio y a las cuatro de la tarde es sorprendente. Me convencí más todavía de que se trataba de un ser pacífico, porque, además de llevar la guitarra en la mano, lo cual le hacía tener especial cuidado para conservar el equilibrio, al llegar a la esquina evitó felizmente el grupo de muchachos agresivos que después de las seis de la tarde crean extenso terror, rompen vidrios, pinchan neumáticos y persiguen a las criadas que van a hacer la compra vespertina. No le vi hacer ninguna de estas cosas; se limitaba a llevar la guitarra suspendida en alto para que no golpease contra la rueda trasera.
   Eran apenas las cuatro de la tarde, pero de una tarde oscura que amenazaba lluvia, y yo estaba desoladamente solo porque María no había venido, a pesar de haberme prometido hacerlo a esa hora, y yo contaba los minutos y me impacientaba sin saber qué hacer, mirando la cama abierta, y me inclinaba sobre la calle para ver pasar a la gente y ver venir a María, con su contoneo particular y su manera arrogante de alzar la barbilla, que deja sorprendidos incluso a los muchachos del barrio. Pero no llegaba María, y en cambio el ciclista de la guitarra pasó, con la mano rígida, y el instrumento alcanzaba a balancearse un poco; y yo me puse a pensar en lo que le pasaría si un hueco de la calle lo hacía caer, la guitarra aplastada, hundida, y el sonido de las cuerdas en el momento de romperse la caja; pero luego pensé que una silueta a lo lejos era la de María, y resultó ser la muchacha de la esquina, esa a la cual sorprendieron una noche haciendo el amor en un automóvil con un tipo barbudo y la policía casi se los lleva y, sin embargo, dicen que ellos acabaron mientras los policías miraban sin saber qué hacer y golpeaban los vidrios del auto.
   Yo me sentía desazonado en la ventana, porque el día tenía algo incómodo, porque era apenas viernes, no era sábado, y el sábado es redondo, es puro; todos los otros tienen aristas especialmente a esta hora, y era peor porque esperaba con desánimo, casi convencido de que no iba a llegar. Alcancé a ponerme a mirar en la pared el cuadrito que alguien dejó puesto hace mucho tiempo sobre el papel de flores, una reproducción tosca de algún cuadro famoso en que un militar con bigotín y perilla sonríe suficiente al paso de una mujer de faldas largas y trasero redondo y pomposo como un sábado.
   Y alcancé a pensar más, mucho más en el ciclista, y sobre todo en su aire pacífico demostrado por la guitarra, que ahora es desusado porque ¿qué hubiera hecho, por ejemplo, si lo hubieran atacado los muchachos? ¿O si el perro de las solteronas hubiera intentado morderlo? Pero sospecho que nada de eso pasó porque su mismo aire pacífico contagiaba a la demás gente.
   En cambio alcancé a ver después al cura que subía, vestido de sotana como ya casi no va ninguno. Y tuve la impresión de que el cura, a pesar de no llevar ningún arma, emanaba un aire provocador. Y temí por un momento que los muchachos lo atacaran, pero se limitaron a sonreír y hablar en voz baja. En cambio, el perro de las solteronas se lanzó al ataque, y una de ellas tuvo que salir, sofocada, a detenerlo, y pedir excusas al cura. Después vi a lo lejos una figura de vestido rojo, y pensé que era María. Pero al acercarme me dio vergüenza de haberla imaginado, porque era la fea de la casa rosada.
   Y María no llegaba, y me puse a pensar cómo sería yo llevándola en bicicleta, alzada como lleva el hombre la guitarra, cómo el viento le levantaría la falda a María y se le verían las piernas, y a lo mejor la falda podía enredarse en los radios de la rueda, y caeríamos los dos, y al caer María, María a las cuatro de la tarde, sonaría como la guitarra rota; pensando en todo esto llegó María sin que yo la viera, y entró a la habitación y con un beso apresurado empezó a desnudarse, hazlo rápido porque tengo que volver a las seis, ¿por qué te demoraste?, desvístete, ven pronto. Está atravesada en la cama, y las piernas abiertas se balancean como la guitarra y cuando me acuesto sobre ella me siento otra vez como el ciclista que lleva la guitarra y cuando María se viste a toda prisa, María a las cinco y media de la tarde, me asomo a verla salir y me asombro al ver que vuelve a pasear el ciclista con la guitarra, mejor dicho, con María atravesada balanceándose como la guitarra, exactamente como debo llevarla todavía por mucho tiempo.

CRÍMENES EJEMPLARES, Max Aub

0



MAX AUB, Crímenes ejemplares, Calambur, Madrid, 1996 (1991), 96 páginas.

**********
Esta segunda edición de los Crímenes ejemplares de Calambur incluye en las páginas 85 a 91 Crímenes suprimidos en la versión de 1968. En el Prólogo (pp. 7-10) Eduardo Haro Teclen apunta: "Hay un alarde literario en la economía del texto, sin dejar de utilizar todas las voces que necesita; una virtud de expresión. Y un alarde narrativo al colocar una narración, un relato, en poquísimas líneas".
**********

   Mire, señor, no vaya a ir en contra de mis ideas. No lo tolero. Yo acepto las suyas: para usted. Se las queda, las mastica, las digiere, las expulsa si a tanto le lleva su gusto. En general, los hombres desde hace un par y pico de siglos creen que son lo mejor de la humanidad. El non plus ultra. O.K. Allá ellos. Yo estoy convencido de lo contrario, de que todos somos unos hijos de la chingada por el hecho mismo de ser hombres. Hace mucho que quedó probado que el hombre ha llegado a domesticar la naturaleza a fuerza de mala leche, ingratitud, instintos asesinos, palos, pedradas, machetazos, tiros, hipocresía, asesinatos a mansalva, imposición de la esclavitud. Cualquier hombre, por el hecho de serlo, es un hijo de puta. No discuto que otros piensen de manera distinta. Para mí, el imbécil mayor —suizo tuvo que ser— fue Juan Jacobo Rousseau. Con estas ideas, ¿qué de extraño tiene que yo sea una buena persona? Que matara a don Jesús, no tiene nada de particular: no le debía un céntimo a nadie.

CUENTOS POPULARES DEL SÁHARA, Fernando Pinto Cebrián & Antonio Jiménez Trigueros (editores)

0


FERNANDO PINTO CEBRIÁN & ANTONIO JIMÉNEZ TRIGUEROS (editores), Bajo la jaima. Cuentos populares del Sáhara, Miraguano, Madrid, 1996, 192 páginas.

**********
EL NUEVO MAESTRO

   El nuevo maestro parecía muy severo y no ser muy querido por muchos de sus pequeños alumnos, porque, a menudo, hacía preguntas sorprendentes y pedía, sobre todo, que presentaran sus deberes cada mañana.
   Un día ordenó a la clase dibujar un pájaro sobre un árbol en dos minutos solamente. Hizo bien entender, con amenazas muy claras, que castigaría a estar arrodillados contra la pizarra, durante una hora, a aquellos que no finalizaran la tarea a tiempo.
   Los dos minutos acabaron. El maestro golpeó violentamente la mesa para que los alumnos levantaran sus pizarritas. Todo el mundo dibujó o intentó dibujar el árbol y el pájaro salvo el pequeño alumno del rincón. El maestro se dirigió a él y le preguntó:
   —¿Por qué no has dibujado el pájaro también?
   Y el pequeño respondió:
   —Maestro, yo lo he dibujado pero cuando usted golpeó la mesa se asustó tanto que salió volando.

CARPETA DE APUNTES, Michael Ende

1


MICHAEL ENDE, Carpeta de apuntes, Alfaguara, Madrid, 1996, 408 páginas.

**********
Roman Hocke recoge en esta antología, traducida por Carmen Gauger, una significativa muestra de la variedad nacida de la pluma de Ende: los poemas, relatos, apuntes y reflexiones se barajan, se alimentan mutuamente, hasta descansar en esa fragua donde los límites ya no existen.

**********

AVISO A TODOS LOS APRENDICES DE BRUJO

   Transformar un príncipe en una rana no es nada extraordinario y se consigue con relativa facilidad. Cualquier malhumorado jefe de sección lo lleva a cabo a diario. Pero transformar a una rana en un príncipe, eso exige en alto grado arte o energía: o amor.

**********
En un vapor que va en dirección equivocada, no se puede ir muy lejos en la buena dirección.
***
Por lo general, las personas no saben apreciar que uno se acerque a ellas sin prejuicios. Quieren que uno tenga prejuicios: los suyos.
***
Uno de los muchos desórdenes conceptuales de nuestro tiempo es la constante confusión de la indiscreción con la sinceridad, de la vulgaridad con lo elemental, de la intensidad con el volumen de sonido.