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EL SUPLICIO DE LAS MOSCAS, Elias Canetti

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ELIAS CANETTI, El suplicio de las moscas, Anaya & Mario Muchnik, Madrid, 1994, 156 páginas. Traducción de Cristina García Ohlrich.

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Ninguna escritura es lo suficientemente secreta como para que el hombre se exprese en ella con veracidad.
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Su sueño es instalar a las personas que ama en estrellas separadas.
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Hay personas tan ínfimas que no es posible decirles las cosas a la cara, uno no encuentra ninguna máscara adecuada para hablarles.
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Es fácil ser razonable cuando no se ama a nadie, ni siquiera a sí mismo.
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En los días hermosos se siente demasiado seguro de su vida.
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Un mundo en el que cada cual puede morir las veces que quiera, pero sólo por un tiempo limitado.
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Hay cierta tristeza en las palabras desnudas, pero yo no soy sastre, y antes que probarles un traje prefiero seguir triste.
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Espera poder seguir viviendo en todas las imágenes excitantes que ha conocido.
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Grados de la desesperación: no recordar nada, algo, todo.
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En otoño el sol se agradece a sí mismo.

LA PROVINCIA DEL HOMBRE, Elias Canetti

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ELIAS CANETTI, La provincia del hombre. Carnet de notas 1942-1972, Taurus, Madrid, 1982, 336 páginas.
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Los días se distinguen, pero la noche tiene un solo nombre.
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En la oscuridad las palabras pesan doble.
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Algunas frases no empiezan a soltar su veneno hasta al cabo de años.
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La maldición del tener que morir debe ser transformada en bendición: que uno pueda morir cuando vivir es insoportable.
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Ya no hay grandes palabras. La gente, de vez en cuando, dice «Dios», simplemente para pronunciar una palabra que una vez fue grande.
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Las almas de los muertos están en los otros, los que han quedado, y allí se van muriendo del todo, lentamente.
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Una idea que me tortura: que todos los dramas hubieran tenido lugar ya y que lo único que cambiaran fueran las máscaras.
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Sólo es bueno odiarse de vez en cuando, no demasiado a menudo; si no, uno se encuentra con que vuelve a necesitar mucho odio contra los demás para equilibrar el odio que se tiene a sí mismo.
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Las ciudades en las que uno ha vivido se convierten en barrios de la ciudad en la que uno muere.
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Un dolor tan grande que uno ya no lo relaciona consigo mismo.
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Siempre estamos diciendo lo mismo, pero lo terrible es que tengamos que decirlo.
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Palabras, llenas de sangre como chinches.

LIBRO DE LOS MUERTOS, Elias Canetti

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ELIAS CANETTI, Libro de los muertos, Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2010, 218 páginas.

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La maldición de tener que morir debe ser transformada en una bendición: la de poder morir cuando vivir resulta insoportable.
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Las almas de los muertos están en los otros, los que sobreviven, y allí van muriendo del todo lentamente.
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Los intentos por mantener vivo el recuerdo de los hombres, en vez de a ellos mismos, son, pese a todo, lo más grande que la humanidad ha hecho hasta ahora.
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No hay nada más específico que la muerte. Todo cuanto se dice acerca de ella acaba resultando demasiado general.
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Utilizar las pausas, que son cada vez más breves.
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Si has de sucumbir, ¿con qué palabra en los labios?
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Pulmones traidores, que deniegan la respiración.
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El peligro que corren los seres más próximos es más difícil que soportar que el propio.
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No sabes nada sobre ella: aún has estado demasiado poco tiempo muerto.
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Es terrible decirse que uno ya no será. Es como si nunca se hubiera sido algo.
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Sólo los muertos se han perdido totalmente unos a otros.

HAMPSTEAD, Elias Canetti

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ELIAS CANETTI, Hampstead. Apuntes rescatados 1974-1971, Anaya & Mario Muchnik, Madrid, 1996 (1994), 200 páginas.
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Necesitas un ejército de termitas que socaven desde dentro todas tus ataduras y costumbres.
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Con los años, incluso la desesperación devora y devora hasta hartarse. Luego pierde su nombre.
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Los relojes de la pareja: nunca la misma hora.
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Para que se le conserve, arroja lejos de sí lo que podría perder.
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Cuando se sabe todo sobre una persona, ¿qué queda de ella? Sólo aquello que se olvida.
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Él va eligiendo nuevas lenguas para callar.
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El impulso de decir algo cien veces; el deseo de silenciarlo.
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Las frases no están agotadas. Aún distan mucho de estar agotadas. Sólo están agotadas para quienes siempre tienen que romperlas.
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Condenó su sueño antes de que se hubieran desprendido de él todas las hojas.

APUNTES 1992-1993, Elias Canetti

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ELIAS CANETTI, Apuntes 1992-1993, Anaya & Mario Muchnik, Madrid, 1997 (1996), 132 páginas.

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Demasiado recuerdo. Empezado lo más, sucedido lo menos. Un libro de recuerdos de cosas empezadas.
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En el pasado todo el mundo se vuelve tierno.
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Nadie que nos haya abierto su corazón tolera que se olvide algo de lo dicho.
Sin embargo, se dice que los confesores deben olvidar en seguida.
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El recuerdo engaña, y precisamente este engaño es importante.
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Uno juega con las ideas para que no se ensamblen.
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Mientras respiro, escribo. Pero, ¿escucho todavía?
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Las máquinas no son lo suficiente enigmáticas como para creer en ellas.
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Callar la boca y no enmudecer. La cuadratura del espíritu.
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Él sabe que todo está escrito en el viento. Pero escribimos para respirar.
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De quien mucho dice se olvida incluso lo poco que podría quedar.

EL CORAZÓN SECRETO DEL RELOJ, Elias Canetti

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ELIAS CANETTI, El corazón secreto del reloj, Muchnik, Barcelona, 1987, 224 páginas.

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En orden cronológico, se dispone esta colección de apuntes escritos entre 1973 y 1985, que a menudo irrumpen envueltos en trajes aforísticos.

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Uno sólo es libre cuando no quiere nada. ¿Para qué querrá uno ser libre?
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Los días se han convertido en gotas, una por cada uno, ya nada vuelve a fundirse, un año como un vaso a medio llenar.
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La distancia, por entonces una cinta sin fin entre ellos dos, es ahora una desesperación entrecortada.
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Las horas se reducen. Cada una es más breve.
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Ya no aprende nada. Sólo aprende a olvidar mejor.
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Dice lo mismo, pero el vaho de su respiración es diferente.
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La belleza de lo olvidado, antes de que se manifieste.
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El elogio destruye las normas de la respiración.
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Cada día hay otro que trata de morder su nombre y arrancarle un trozo.
¿No sabe nadie lo amargo que es?

APUNTES, Elías Canetti

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ELIAS CANETTI, Apuntes. 1973-1984, Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2000, 151 páginas.

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Nubes de palabras usadas, ¿qué lluvia van a dar?
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La muerte es mi plomada, y me afano desesperadamente por no perderla.
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La historia de la propia vida le parece a uno tan aburrida porque no ha sido realmente inventada.
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No es sentimental pensar en un muerto, mientras no se haya reconocido su muerte.
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Hay que defenderse de todo lo que somos, pero de tal manera que no lo destruyamos.
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¿Podríamos tener aún esperanzas para el pasado?
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Olvidó morir, tan satisfecho estaba de sí mismo. Procuró que los demás no lo olvidaran.
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"¿Compasión? No existe", dijo el millonario, y volvió de nuevo a la India a fotografiar a sus santos.
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Una experiencia de la que uno no se ha defendido, no es una experiencia. Una consideración que no se quiere admitir, no es una consideración. Un dolor que se olvida, no es un dolor.
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Estar sentado junto a la cama de los enfermos y creerlos salvados: lo máximo que un hombre puede alcanzar.
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Vivir sin merecerlo. -Sentimiento inevitable para el que ama la vida. Sólo el amigo de la muerte que odia la vida se comporta como si le correspondiera.