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CUENTOS DE BUENAS NOCHES PARA NIÑAS REBELDES 2, Elena Favilli & Francesca Cavallo

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ELENA FAVILLI & FRANCESCA CAVALLO, Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes 2, Destino, Barcelona, 2018, 224 páginas.

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En el Prólogo afirman las autoras sobre su proyecto: Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes está enseñando a cientos de miles de personas a percatarse de historias que antes no veían. Está inspirándolas a buscar talento donde creían que no lo había. Está facilitando la tarea de encontrar potencial en lugares impredecibles».
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ANDRÉE PEEL [3/02/1905 - 5/03/2010]

[Miembro de la Resistencia francesa]

   Había una vez una joven que tenía un salón de belleza. Andrée era inteligente y tenía mucho estilo, y siempre ofrecía una brillante sonrisa a sus clientas.
   —Bonjour, madame —decía—. ¿Cómo le gustaría su corte el día de hoy?
   Luego estalló la Segunda Guerra Mundial, y todo cambió.
   Cuando Hitler invadió su país, Andrée se unió a la Resistencia francesa, una red de gente común que trabajaba en secreto contra los nazis. Ayudó a distribuir periódicos clandestinos a otros miembros de la Resistencia; era una tarea arriesgada y peligrosa. Andrée fue rápidamente ascendida a sargento y le dieron el nombre clave de Agente Rosa.
   Muchas veces arriesgó la vida. Salía por las noches y acomodaba una hilera de antorchas encendidas que funcionaban como señales para los aviones de los Aliados cuando cruzaban las líneas enemigas: gracias a la Agente Rosa, los pilotos veían esos puntos brillantes y sabían que podían aterrizar de forma segura. Ella ayudó a evitar que más de cien pilotos británicos fueran capturados por los nazis antes de ser atrapada y enviada a un campo de concentración.
   Enferma, famélica y vestida con una pijama de rayas azules y blancas, Andrée fue puesta en una fila junto a otros prisioneros frente a un pelotón de fusilamiento; estaban a punto de disparar cuando las tropas Aliadas llegaron y los salvaron.
   Andrée fue considerada una heroína. El presidente de Estados Unidos y el primer ministro británico le enviaron cartas para agradecerle todo lo que había hecho. Vivió una larga vida, pero siempre guardó un trozo de aquella tela blanca y azul como recordatorio de esos terribles días y para confirmar que, como ella decía: «Los milagros sí existen».


 Ilustración: Zosia Dzierżawska

CUENTOS DE BUENAS NOCHES PARA NIÑAS REBELDES, Elena Favilli & Francesca Cavallo

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ELENA FAVILLI & FRANCESCA CAVALLO, Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes, Planeta, México, 2017, 224 páginas.

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Elena Favilli y Francesca Cavallo reúnen en este libro, sufragado por micromecenazgo, cien biografías (desde la matemática Ada Lovelace a la arquitecta Zaha Haddid) inspiradoras para que todas las niñas rebeldes del mundo «sueñen en grande, aspiren a más, luchen con fuerza».
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ADA LOVELECE (10 de diciembre de 1815-27 de noviembre de 1852)

Matemática 

   Había una vez una niña llamada Ada a quien le encantaban las máquinas.
   También le fascinaba la idea de volar. 
   Estudió a muchas aves para descifrar el equilibrio exacto entre el tamaño de las alas y el peso del cuerpo. Probó distintos materiales y realizó múltiples diseños. Nunca logró planear como un ave, pero creó un hermoso libro de ilustraciones llamado Flyology (Vuelología), en donde anotó todos sus hallazgos.
   Una noche, Ada asistió a un baile donde conoció a un viejo matemático cascarrabias llamado Charles Babbage. Ada también era una matemática brillante, así que no tardaron en convertirse en buenos amigos. Charles la invitó a ver una máquina que había inventado. Se llamaba máquina diferencial, y podía sumar y restar números de forma automática. Nadie nunca había hecho algo así.
   Ada estaba fascinada.
  —¿Y si construimos una máquina que haga cálculos más complejos?—le preguntó a Charles. Ambos pusieron manos a la obra. Estaban muy emocionados. La maquina era descomunal y requería un enorme motor de vapor.
   Pero Ada quería llegar más lejos.
   —¿Y si logramos que esta máquina toque música y muestre letras además de números?
  Lo que Ada estaba describiendo era una computadora. ¡Mucho antes de se inventaran las computadoras modernas!
   De hecho, Ada creó el primer programa computacional de la historia.