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LAS PEQUEÑAS COSAS, Paola Tena

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PAOLA TENA, Las pequeñas cosas, Ediciones La Palma, Madrid, 2017, 100 páginas.
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MENSAJE EN UNA CAJETILLA 
Para Manolo Ortiz Soto 

   La cajetilla de cigarros que me vendió Lucila no es como las otras. Cuando la abrí, encontré dentro un papelito blanco escrito a mano: «Buscando amor. Calle del Agua 5». Por la noche me dirigí a esa calle, entré por la puerta sin pestillo y a tientas en la oscuridad de la casa desconocida, busqué la habitación y luego su cuerpo tibio. Le hice el amor dulce, suavemente, y me marché antes de que amaneciera. La siguiente cajetilla que compré también era distinta. «Ajuste de cuentas. Bar El Gladiolo». A mediodía, cuando Justino limpiaba la máquina de café y se giró para decirme grosero que el bar todavía no estaba abierto, no se esperaba recibir por respuesta un disparo en medio de la frente. Y otra cajetilla más: «Hijo muerto en el frente. Ancianato Luz del Ocaso». Pasé toda la mañana leyendo historias en voz alta para doña Estrella, una hermosa anciana de trenzas largas que me llamaba «mi niño José», mientras me acariciaba la mano entre las brumas del Alzheimer. Hoy no había cajetilla para mí en el kiosco de Lucila, pero sí una llamada a mi puerta. Antes de abrir, me pregunto quién compró mi cajetilla esta mañana. 

EL MINUTO Y EL AÑO, Antonio Cabrera

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ANTONIO CABRERA, El minuto y el año, Ediciones de La Palma, Madrid, 2008, 300 páginas.

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HAIKUS

   En su día, la cultura japonesa creó un pequeño vehículo hecho de palabras por medio del cual transportar fragmentos de lo real hasta cualquier conciencia dispuesta a recibirlos. Parece mentira, pero las cosas todas se encuentran arrojadas ahí, por doquier, presas de anonimia las más de la veces, como cubiertas por una capa de mudez y de ausencia mientras son dichas y están presentes. Las famosas diecisiete sílabas pretenden hablar de nuevo, esta vez con resonancia, para que las cosas cobren protagonismo, presentes de presencia identificada por fin, con nombre. El haiku es, así, un molde diminuto que se llena con el instante abrillantado a fin de que el instante no pase sin apreciación, o con el hecho en minucia que está constituyendo lo existente al sumarse a las restantes unidades del acontecer, gota en el caudal de lo que hay.
   Bien mirado, sus pocas palabras conforman un punto de vista no siempre sopesado de manera explícita, y que en interpretaciones acaso extremadas trae consigo la exclusión del haiku de la literatura misma, dado que la llamada operación literaria alcanzaría unos niveles de elaboración intelectual, es decir, de entrega al cálculo racional y a lo imaginado, que la breve forma poética nipona más bien busca evitar.
   Parece difícil negar el hecho de que el haiku reniega, al menos, de lo imaginativo. Con voluntad de notario, aparta de sí esas veleidades y dispensa a la realidad manifiesta toda su atención. Su acto de ostensión lo lleva a señalar las cosas o la atmósfera de las cosas con un dedo dotado de efectos enfáticos. Un énfasis atenuado, no obstante, pues de lo contrario la porción de realidad marcada se elevaría por encima del resto justamente en un modo previo a la imaginación. En una escala de cinco, el haiku se mueve en el grado uno del énfasis, no más. Le basta y le sobra con un gesto ostensivo de esas dimensiones para cumplir su propósito: constatar una existencia o un acontecimiento poniendo en las palabras la carga radiactiva exacta, mínima aunque nacida para una fluencia inagotable a través de la cual lo mostrado en ellas —no lo desentrañado ni lo analizado— reverbere en la luz mental, que es experta en lo que pasa fuera de la mente, y se haga —vivo ser siendo— inteligible en la memoria.
   Cuanto existe, y cuanto es hecho existir por lo que existe, podría contenerse en haikus. Un mueble es susceptible de ser dicho, con diecisiete sílabas, en su pura presencia independiente. Igual que la sombra que ese mueble proyecta, distinta a lo largo del día, lo que originaría distintos haikus de la multiforme sombra. También tendrían haiku los objetos relacionados por contacta o no con él, y esos objetos entre sí, y mi trato con ellos. En todo hay haikus. Los destila el aire detenido, y el aire cuando mueve las ramas. Los coches en el semáforo, sus antenas de radio temblonas o impasibles, el peatón que cruza la calle ante ellos: son, todos, haikus en potencia.
   Si pudiéramos estar atentos a perpetuidad, si el mundo no nos distrajera tanto del mundo, sobre cada suceso y cada momento escribiríamos el palimpsesto japonés que los realzara. Bien se que, por fortuna, semejante tarea resulta imposible.
   Aunque todo está lleno de posibles haikus, conformémonos con la incompletud de los ya escritos o los por escribir, con la discontinua intensificación de lo real que habitamos cada día. De todos modos, me permito dejar aquí mi aportación modesta. A mi lado un niño juega con una linterna, la enciende y la apaga dirigiendo el haz luminoso hacia su rostro; esto equivale a un haiku que acierto a pronunciar: 
Parpadear
de la luz. Te oscureces
y brillas más.

JARDÍN DE ARENA, Julia Otxoa

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JULIA OTXOA, Jardín de arenaEdiciones La Palma, Madrid, 2014, 152 páginas.

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Nunca oraba en el interior de los templos, siempre lo hacía fuera, en el paisaje, junto a los árboles.
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Todavía en el fondo de las viejas cocinas olvidadas se oye cantar a las chocolateras pequeños poemas de maíz.
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Contrapunto en esta tarde gris, un petirrojo sobre el alero.
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Suave, dulcemente vuela el canto de la tórtola
sobre los párpados de la fatiga,
fecundando nuestro sueño de levedad y olvido.
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Humilde reflexión de vuelo: la sombra del pájaro dibujada en la tierra.
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Memoria de hierba y desierto de olvido.
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Toda la certeza que preciso en este instante es la de tu mano sobre mi pelo.
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Toda percepción es nueva escritura del mundo.
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Como conjuro ante lo que hiere, sostener en la mano una raíz, un esqueje, un poco de tierra.

INTRALIMINAL, José Luis Moreno-Ruiz

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JOSÉ LUIS MORENO-RUIZ, Intraliminal, La Palma, Madrid, 1994, 240 páginas.

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Subtitulado (ejercicios exudatorios para virofóbicas) contiene microrrelatos y textos narrativos que acaban en una cita de la que pueden ser paráfrasis o proyección. En suma: el universo envolvente y personal que tanto complace a los lectores de Moreno-Ruiz.
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SPORTMAN

   Hiere la luz del día el cristal de mi mesa de trabajo. Los pedacitos de ceniza de cigarrillos que hay en el cristal echan un partido de fútbol. Pero como lo hacen muy mal, vierto el café con leche sobre ellos. No paso el trapo, sin embargo. Que se jodan con el campo embarrado.

NOTAS DE UN SIMULADOR, José Ángel Valente

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JOSÉ ÁNGEL VALENTE, Notas de un simulador, Ediciones La Palma, Madrid, 1997, 47 páginas.

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En el aforismo confluyen poesía y pensamiento. Quizá no se da ahora entre nosotros por ausencia flagrante de ambos.
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Disidencias, formas persistentes de aparición del otro, que denuncian la irreparable vaciedad del sí mismo.
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Multiplicador de sentidos, el poema es superior a todos sus sentidos posibles. Y aunque todos ellos nos hubieran sido dados, el poema habría de retener aún de su naturaleza lo que en rigor lo constituye, la fascinación del enigma.
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Escribir es una aventura totalmente personal. No merece juicio. Ni lo pide. Puede engendrar a veces en otro una volición, una afección, un adentramiento. Otra aventura personal. Eso es todo.
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La esfera de lo que llamamos real o realidad suele quedar acotada por lo que somos capaces de imaginar como real en un momento dado. La realidad y sus realismos suelen ser el fruto de una imaginación impotente, no capaz de imaginar otra cosa.