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HAYKU, Keith Patterson & José María Sancho Fortich

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KEITH PATTERSON & JOSÉ MARÍA SANCHO FORTICH, Hayku, Imprenta Expresión Gráfica, Barcelona, 1981, 20 hojas sin numerar.

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Seis grabados originales de Kouji Ochiai ilustran esta carpeta que contiene doce haikus presentados en edición bilingüe.
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  Parto contigo
este guijarro 
dejó su huella a las lluvias


I share with you this pebble
leaving its imprint
to the rains

EL NIÑO QUE DIBUJABA GATOS Y OTROS CUENTOS JAPONESES, Lafcadio Hearn

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LAFCADIO HEARN, El niño que dibujaba gatos y otros cuentos japoneses, Ediciones del Viento, A Coruña, 2004, 260 páginas.

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Los veintitrés relatos, procedentes de Japanes fairy tales (1918) y The boy who drew cats (1963), cuentan con las bellas ilustraciones de Mariana Riestra.
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EL VIEJO Y LOS DEMONIOS

   Hace mucho tiempo había un viejo que tenía un bulto en la mejilla derecha. Un día subió a la montaña para cortar leña, cuando de repente empezó a llover y a soplar el viento de tal forma que, al ver que era imposible regresar a casa, y muy asustado. se refugió en el hueco de un viejo árbol.
   Allí acurrucado e incapaz de conciliar el sueño, oyó un confuso sonido de varias voces que se iban acercando hacia donde él estaba. Se dijo a sí mismo: «¡Qué raro! Creía que era el único que estaba en la montaña, sin embargo oigo voces de más gente». Se atrevió a asomarse y vio una muchedumbre de extraños seres. Algunos eran rojos vestidos de verde; otros eran negros vestidos de rojo; algunos tenían un solo ojo; otros no tenían boca; la verdad es que era difícil describir su rara apariencia.
   Encendieron un fuego que dio tanta luz como si fuera de día. Se sentaron en dos filas cruzadas y comenzaron a beber vino y divertirse como si fueran humanos. Se pasaron las copas de vino tantas veces que algunos se emborracharon mucho. Uno de los jóvenes demonios se levantó y comenzó a cantar una alegre tonada y a bailar, e igual hicieron muchos otros; algunos bailaban muy bien, otros fatal. Uno dijo:
   —Lo estamos pasando inusualmente bien esta noche, pero me gustaría ver algo nuevo.
   El viejo, perdiendo el miedo, pensó que le gustaría bailar y diciendo:
   «Que sea lo que sea, si muero por ello, por lo menos habré bailado», se arrastró fuera del hueco del árbol, y con su gorra cayéndole sobre la nariz y el hacha en el cinturón, comenzó a bailar.
   Los demonios saltaron sorprendidos exclamando: «¿Quién es éste?» Y como el viejo bailaba adelante y atrás, balanceándose y haciendo contorsiones a un lado y otro, hacía reír y disfrutar a todos, que dijeron:
   —Qué bien baila este viejo. Tienes que venir siempre y unirte a nuestras fiestas; pero tememos que no vuelvas, así que debes prometernos que lo harás.
   Los demonios se reunieron a deliberar, y pensando que el bulto de su cara era señal de riqueza, demandaron que se lo entregara. El viejo replicó:
   —He tenido este bulto durante muchos años y no me separaré de él si no es por una buena razón; pero podéis quedároslo, o un ojo, o la nariz, si es vuestro deseo.
   Así que los demonios lo agarraron, retorciéndolo y tirando de él, y se lo sacaron sin hacerle el menor daño, y lo guardaron como señal de que cumpliría su promesa de regresar. Cuando comenzó a amanecer y los pájaros empezaron a cantar, los demonios desaparecieron apresuradamente.
   El hombre se acarició la cara y la notó suave y sin rastro del bulto. Se olvidó de cortar la leña y corrió hacia su casa. Su mujer, al verlo, exclamó sorprendida:
   —¿Qué te ha sucedido?
   Y él le narró lo acontecido.
   Entre los vecinos había otro viejo que tenía un bulto en la mejilla izquierda. Al oír cómo el viejo se había librado de su bulto, tomó la determinación de hacer lo mismo para ver si él se libraba también del suyo. Así que fue y se metió dentro del hueco del árbol a esperar la llegada de los demonios. Y tal como le dijeron, los demonios llegaron. Se sentaron, bebieron vino y se divirtieron como la otra vez. El viejo asustado y tembloroso salió del hueco del árbol. Los demonios le dieron la bienvenida diciendo:
   —El viejo ha vuelto, veamos cómo baila.
   Pero este viejo era torpe y no bailaba tan bien como el otro. Y los demonios le gritaron:
   —Bailas mal, y cada vez peor, te devolveremos el bulto que tomamos como prenda de tu promesa.
   Y diciendo esto, uno de los demonios trajo el bulto y se lo colocó en la otra mejilla; por lo que el viejo volvió a casa con un bulto en cada mejilla.


EVOLUCIONES, José Moreno Villa

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JOSÉ MORENO VILLA, Evoluciones, Calleja, Madrid, 1918, 253 páginas.

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Subtitulado Cuentos, caprichos, Bestiario, epitafios y obras paralelas, está dividido en cuatro libros: el Libro I contiene Caprichos Románicos, Caprichos Góticos y Sabandijas humanas (pp. 27-89); el Libro II está íntegramente dedicado al Bestiario (pp. 95-158); el Libro III a los Epitafios (pp. 175-202) y el Libro IV, la Labor breve y paralela contiene poesías (pp. 215-245)
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LA VENGANZA
        
   Ante los mismos ojos de la infanta doña Sancha han dado muerte los Velas al infante don García, su prometido. Y esto después de la primera y última entrevista de amor; cuando aún jadeaban los pechos al acoso de las palabras íntimas. Nunca se habían visto, pero bastaron unas horas para encender aquellas almas púberes.
   Ante la ventana de doña Sancha abofetearon y acuchillaron al infante don García, su novio.
   La escena es un cuchillo venenoso en el corazón de la infanta.
   Pasan días y meses. Llega la hora de serle propuesto un nuevo esposo. Celebra Sancha su casamiento con don Fernando de Castilla y, al punto mismo de concluir la ceremonia, exige de su padre la persecución del criminal.
   «Si no me vengas —le dice— nunca mi cuerpo llegará al de don Fernando, tu hijo.»
   Entonces el rey don Sancho cercó y escudriñó los montes, apresó a Fernando Laynez, lo condujo ante la infanta y entregúndoselo, dijo:
   «Haz tú la justicia que tengas por bien».
   Y entonces, ella, hizo lo que sigue:
   Tomó un cuchillo en sus manos ella misma y tajóle las manos conque hirió al infante, después tajóle los pies conque anduvo en aquel hecho, después sacóle la lengua conque concertó la traición y los ojos conque lo viera todo. Concluido lo cual mandó traer una acémila y ponerlo en ella y pasearlo por las villas y mercados de Castilla y de León.
   Así se sacaba doña Sancha los cuchillos venenosos.

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NICOLASITO

   Doña Isabel de Velasco, que figura junto a Mari-Bárbola, hace poco le ha reñido seriamente a Nicolasito Pertusato, muñequito bailarín que, ahora, con precauciones, hostiga al soñoliento perrazo con su pie de juguete.
   Nicolasito había cometido un grave atentado. Figuráos que la Mari-Bárbola tendida, boca al techo, sobre un diván, estaba durmiendo. Esa postura hace que, en sueños, se abra la boca, y Nicolasito, corto, pero no perezoso, se la fue llenando con bolitas de papel.
   La pobre pepona se despertó falta de aliento, morados los mofletes, retorcida y espantada. A poco más, se ahoga.
   Por eso doña Isabel de Velasco le dió un tirón de orejas y le amonestó.
   Nicolasito ahora se divierte hostigando al perro, como si tal cosa. En su pequeña persona no duran mucho los sermones, y dentro de poco se esconderá tras un tapiz para dar un susto a don Felipe IV, cuando pase.
       

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EL OSO
        
   El oso es el oso porque adopta en ocasiones la postura del bípedo, que no le cuadra, y porque se pone a tocar la pandereta o a bailar al son de élla. No se da cuenta de nada: ni del largo de sus ancas, ni del ancho de su torso, ni de su divina gracia. Si se le ocurre dibujará en el aire, gentilmente una verónica belmontina.
   Es tan oso, tan oso —al fin, oriundo de países fríos—, mientras más al Norte menos se conoce el ridículo—, que no le preocupa ni su figura ni
el qué dirán. Hace lo que hace por el hecho mismo.

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ERA BELLA

Era de porcelana, fina y leve.
De su paso dejó transparencias,
gratos silencios, besos apuntados,
ritmos de marcha, sonrisas, bucles...
Monadas, que con ella se rompieron.