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YO TAMBIÉN SOY SHEREZADE, José de la Colina

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JOSÉ DE LA COLINA, Yo también soy Sherezade, Menoscuarto, Palencia, 2016, 160 páginas.

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En esta antología, realizada por Fernando Valls, se ofrece una representativa y notable muestra de los microrrelatos de José de la Colina, un referente en el ámbito de la narrativa breve.

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ATILA

   Batalló con sus huestes en estepas fogosas o heladas y en praderas y en bosques umbríos, fue el terror de sus tiempos y venció a reinos de Oriente y Occidente, pero, como por donde pisaba su caballo no volvía a brotar la hierba, descubrió un día que el verdadero, obstinado e invencible perseguidor era el Desierto.

EN VERDE VERONÉS, Fernando Valls

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FERNANDO VALLS, En verde veronés, La isla de Siltolá, Sevilla, 2011, 184 páginas. 

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En el Epílogo (pp. 171-173) el armador de La nave de los locos acota las fechas de publicación (de diciembre de 2007 a junio de 2008) de las 50 entradas seleccionadas para componer este tomo, correlato de la nave de Fernando Valls, en palabras de Julia Uceda, [el] "lugar por el que la vida debe circular".
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PEPÍN BELLO, EL AMIGO ÁGRAFO

   Si José Bello, que es como quería que lo llamaran, ha pasado ya a la historia de la cultura de este país, es debido a que fue el gran amigo de Lorca, Dalí (cuyas cartas encabeza siempre con un jovial y sin duda poco ortográfico: "Ola Pepín") y Buñuel (a quien le hizo de mánager en su corta carrera como boxeador), el primero que los acogió en la mítica Residencia de Estudiantes. Pero también por haberles suministrado, gracias a su ingenio verbal y a un humor disparatado e inverosímil, distracciones como el anaglifo (juego de palabras compuesto por tres sustantivos, de los cuales el primero se repite y el segundo era siempre "la gallina"), imágenes como el burro muerto sobre el piano de cola (aparece en Un perro andaluz), o conceptos como putrefacto o carnuzo, variante de aquellos filisteos del XIX, los burgueses conservadores enemigos del arte y las costumbres modernas. Que Pepín Bello tenía talento y gracia natural parece fuera de toda duda, aunque sólo lograra expresarla oralmente. Así, acabó destruyendo las memorias que en diversas ocasiones trató de escribir.
   El caso es que este soltero empedernido nació en Huesca en 1903, hijo de un ingeniero agrónomo, amigo de Joquín Costa y de algunos de los más destacados miembros de la Institución Libre de Enseñanza, como Francisco Giner de los Ríos y Manuel B. Cossío. Aunque quizá la ciudad donde mejor lo pasó, en diversas etapas de su vida, fuera Sevilla, tratándose con toreros (fue amigo entrañable del diestro Ignacio Sánchez Mejías) y con gentes del flamenco. A lo que habría que añadir, claro está, los años en la Resi, como ellos la llamaban, donde aterrizó en 1915, bastante antes que sus amigos, para estudiar Medicina, carrera que no llegó a completar. Además, fue el autor, en 1927, de la foto del homenaje a Góngora en Sevilla. La guerra civil y la muerte de Lorca supondrían el gozne trágico en una existencia que ya nunca sería igual.
   Tras la contienda desaparece y apenas nada se sabe de él, hasta los años setenta, momento en que empieza a convertirse en la memoria viva del 27, de la que ha acabado siendo el último testigo. Después de haber trabajado en calidad de consejero para la Hidroeléctrica de su tierra natal, los negocios de peletería y el motocine que montaría en Madrid no le fueron bien del todo. Aquel que desee saber más sobre este sorprendente personaje, ahora también en la nómina de los bartleby de Enrique Vila-Matas, quien de lo único que presumía era de habérselo pasado bien, debe leer el oportuno libro de David Castillo y Marc Sardá, Conversaciones con José Pepín Bello (Anagrama, 2007).
   Las crónicas dicen que falleció en Madrid mientras dormía, en su piso de la Prosperidad, produciéndose así la última gran paradoja en la existencia de este hombre singular, pues no parece la peor manera de morir para quien llegó a ser un perpetuo insomne. 

MAR DE PIRAÑAS, Fernando Valls (editor)

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FERNANDO VALLS, Mar de pirañas, Menoscuarto, Palencia, 2012, 350 páginas.

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Lejos de la complacencia, Fernando Valls, en su documentado y atinado prólogo Pirañas de agua salada pp. 9-22) advierte: "...el mayor enemigo del microrrelato, hoy por hoy compartido con la poesía, radica en su aparente y engañosa facilidad, en lo sencilla y rápidamente que cualquiera puede improvisar un texto breve... [...] Lo acecha también la abusiva utilización del ingenio, tal y como le sucede al aforismo; la confusión cansina entre "precisión" y "concisión" por un lado, y "brevedad" por otro; por no insistir una vez más en el desconocimiento del género o en lo que Borges ha denominado "la charlatanería de lo breve". Subtitulada, Nuevas voces del microrrelato español, la antología incluye relatos de sesenta y nueve autores, muchos con obra publicada (Felipe Benítez Reyes, Ángel Zapata, Hipólito G. Navarro, Gemma Pellicer...), algunos cultivadores ocasionales del género (Almudena Grandes, Ignacio Martínez de Pisón, Luisa Castro, Eloy Tizón...) y escritores a los que pronto les espera el papel: Araceli Esteves, Miguel Ibáñez, Paz Monserrt Revillo, Beatriz Alonso Aranzábal, Ricardo Álamo, Ángeles Prieto Barba, Nuria Mendoza, Rocío Romero, Gabriel de Biurrun y Loli Rivas.      

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EVO

   Anoche soñó que en el cole volvían a llamarle gallina. Se despertó embarazado, y puso un huevo que vino a llenar el vacío que sentía por dentro. Ya en la oficina, solicitó baja por paternidad: un mes para incubarlo y cinco de debida crianza. Encaramado sobre su huevo hace patucos de punto mientras medita sobre la injusticia de una sociedad que no protege los derechos de los padres solteros. Ya no tiene trabajo, mas se siente realizado: escribirá un ensayo al respecto. 
Alberto Corujo