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CUENTOS DE LOS OTROS, Justo Sotelo

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JUSTO SOTELO, Cuentos de los otros, Bartleby, Madrid, 2017, 136 páginas.
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EL LIBRO SUBRAYADO

   Cuando un lector subraya el libro que está leyendo, en realidad está hablando en voz baja con el escritor.
   Umberto Eco investigó la idea de ficción durante buena parte de su vida y relacionó el texto narrativo con un bosque cuyos senderos se bifurcan, en alusión a Borges, para volver a encontrarse en el territorio onírico del duermevela.
   La experiencia humana toma sentido en la literatura a través del tiempo y el espacio, como diría Ricoeur. El lector llena los huecos que deja el escritor de manera consciente, todo eso que no se dice ni se escribe, algo que yo defiendo en la literatura contemporánea.
   Considero que es más importante lo que no se dice que lo que se dice.
   Por eso resulta esencial que el escritor y el lector “hablen” continuamente, por ejemplo, a la luz de la lámpara de la mesilla de noche, mientras todo el mundo duerme en casa y solo ellos están despiertos. De esa forma la literatura sería la verdadera causa de la infidelidad de las parejas. Las demás causas son necesidad de poder, de sexo, de protección, de dinero, es decir, poca cosa.

CUENTOS DE LOS VIERNES, Justo Sotelo

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JUSTO SOTELO, Cuentos de los viernes, Bartelby, Madrid, 2015. 84 páginas.

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DESAYUNO EN PARÍS

   Él había pasado la noche durmiendo sobre su hombro. De vez en cuando se ​separaban, pero en seguida volvían a acariciarse.
   Se habían conocido en la Sorbona. Ella impartía un ciclo de conferencias sobre Pedro Salinas, y él se empeñaba en acabar su primer libro de poesía siguiendo la idea de "estilización" del poeta y su pasión por la alumna americana.
   ¿Pones música para mí?, le dijo ella tras abrir los ojos. ¿Jacques Brel?, le preguntó él descorriendo las cortinas. Brel... repitió poco después entre susurros, con esa mirada seductora que tanto le gustaba a ella. Lo haré si vuelves a despertarte sobre mi hombro, añadió. Creo que ya estamos despiertos, arqueó ella las cejas.
   Se sentaron a desayunar en el pequeño balcón.
   ¿Cómo sería la luz antes de que existiera esta ciudad?, se llevó ella la taza a los labios. ¿Y la música?, dijo él con la rebanada de pan en la mano. La música y la luz de una ciudad sin hacer, dijo ella saboreando el café. ¿Recuerdas cómo éramos tú y yo antes de conocernos?, le dio a probar a ella. ¿Y tú cómo sería hacer el amor antes de haberlo inventado?, dijo ella masticando con delicadeza.
   Brel decía algo sobre unos viejos amantes, pero ellos ya no le escuchaban.