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HABLAR CON DESCONOCIDOS, Carlos Skliar

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CARLOS SKLIAR, Hablar con desconocidos, Candaya, Barcelona, 2014, 140 páginas.

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Pronunciarte en gerundio. Para que sigas existiendo.
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Alejarse de uno lo suficiente como para volverse un sueño sin final, la voz ilegible de un desconocido. Ser ese tren que se queda sin trazado, sin guardián, sin horario, a la espera de saber si es regreso o partida. Ser ese árbol de quinta fila al que el viento le llega como murmullo. Ser la voluntad de un camino todavía escondido.
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Exactamente lo opuesto a las estatuas abandonadas, a los perros perdidos, al llanto doblado de los niños, al momento en que el miedo se concentra en la punta de unas manos que se separan de un cuerpo y ya no regresan: eso es el amor, si es que amor hubiera.
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Soñarse es traer la vida del otro al deseo de uno, pero dejando su respiración intacta. Por ejemplo: soñar que aquí estás, aunque no sea cierto. Y rozarte, lo que es completamente verdadero.
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El paso de la vida, su derrotero: antes se morían los más viejos, ahora se mueren tus contemporáneos.

NO TIENEN PRISA LAS PALABRAS, Carlos Skliar

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CARLOS SKLIAR, No tienen prisa las palabras, Candaya, Barcelona, 2012, 160 páginas.

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En El poeta es un viajero (pp. 5-8) celebra David Roas: "En No tienen prisa las palabras el lector encontrará lúcidos aforismos, pensamientos despeinados, greguerías ("Limpiaba la vereda como si intentara reanimar un animal herido"), apuntes de un diario, epifanías, estampas líricas, mínimos poemas en prosa, microrrelatos...".
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Toda memoria es respiración agitada. Cada olvido es un modo desordenado de decir adiós.
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La mujer con aros inmensos y pelo recogido lee Vivir en el fuego de Marina Tsvietáieva. Con asombro repentino, como si hubiera dado con un mensaje crucial, marca y remarca con su lápiz labial una parte del texto. Sonríe, luego, con un erotismo que sobrecoge a todos. Compro ese libro enseguida. Paso días buscando, sin éxito, esa frase.
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Ninguna muerte puede ser contada si las manos que lo narran no sienten algún frío.
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La justicia es ciega porque la venganza es sorda porque la belleza es coja porque la  lealtad es muda porque la libertad es manca porque la memoria es demente porque el  hombre es imbécil porque la verdad es tullida porque toda palabra nace siempre,  tartamuda.