Mostrando entradas con la etiqueta CALIGRAMA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta CALIGRAMA. Mostrar todas las entradas

14 MICRORRELATOS FANTÁSTICOS Y OTROS RELATOS, Mark Debrest

0


MARK DEBREST, 14 microrrelatos fantásticos y otros relatos, Caligrama, Barcelona, 2019, 120 páginas.

**********
EL ASCENSOR

   El ascensor de nuestro bello, señorial y antiguo edificio ya no funciona; y no tiene arreglo posible. El ascensor, que conoció a tantos y variados vecinos tantísimos años, y que era el nexo entre ellos, con sus charlas alegres, algunas tristes y otras monótonas, ya no estará con nosotros. Tenía noventa años, como yo, que nací en 1925. 
   El ascensor, de madera clara y acero brillante, bellamente decorado por fuera y por dentro, un poco oscuro en su interior y que bajaba y subía con lentitud, con majestuosidad, se ha ido para siempre y sin hacer ruido. 
   Para mí ha sido un disgusto enorme, pues lo vi y utilicé toda mi vida: con mis padres, hermanos y abuelos, y luego, con mi mujer, mis hijos, nietos y biznietos. Hizo un gran servicio a la comunidad de tantísimos vecinos durante muchos años, no estropeándose casi nunca. Era casi como un milagro que durara tanto tiempo, aunque no era de extrañar, pues era uno de los mejores y de los más caros de la ciudad. Pero todo tiene su final, todos lo tenemos, sin llegar nunca a acostumbrarnos a su ausencia. 
   El ascensor será reemplazado por otro. ¿Por otro? No quiero, no. Mi ascensor no puede reemplazarse. Debe quedarse ahí, pues forma parte de la historia del edificio, de mi edificio. Y que no, que no lo toquen, por favor. ¡Que no lo toquen! El ascensor ha muerto. 
   Sí, ha muerto.
   Y yo...
   Un poco con él.

POTROS SALVAJES Y MUJERES BAILANDO ENTRE FLORES, María Vila Rebolo

0


MARÍA VILA REBOLO, Potros salvajes y mujeres bailando entre flores, Caligrama, Sevilla, 2018, 74 páginas.
**********
DOS VELAS

   El invierno se marcharía pronto, esta vez había pasado inadvertido, apenas unas frías ventoleras alocadas, y la humedad compañera de la noche. Dentro de casa, con la chimenea rugiendo se estaba tan bien que el invierno parecía primavera. Y la primavera ya pedía lo suyo con esas flores multicolores que engalanaban prados, macetas y jardines. La huerta luchaba por crecer casi sin agua.
   Dos velas encendidas narraban la historia de un par de almas gemelas que brillaban con la misma intensidad y que por ello se habían encontrado y reposaban complacientes sobre la mesa.
   Una llama miraba a la otra y ambas se afanaban en ofrecer luz y más luz, al fin y al cabo, ese era su cometido en la vida. 
   También podrían ser partidas y sus pedazos ser utilizados para encender una hoguera, quizás, pero entonces ya no serían lo que tenían que ser, dos llamas que iluminan cuando todo está oscuro.