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ENSAYO GENERAL, Francisca Aguirre

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FRANCISCA AGUIRRE, Ensayo general, Calambur, Madrid, 2018, 644 páginas.

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Este volumen subtitulado Poesía reunida 1966-2017 contiene el libro Una larga dolencia (2017), una de cuyas secciones contiene las bellas prosas de El tiempo piensa (pp. 572-598).  
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   Entran el sol y la vida en mi salita y todo lo que veo son latidos: late la luz iluminando el tiempo y late el tiempo coloreando el alma, un alma pequeñita, tan pequeña como la niña que entró en la habitación cuando en la habitación no habla nadie, cuando tampoco había nada: solo el sol barnizando las paredes.
   Tengo la tentación de cogerme las manos y decirle a la abuela que las anude con un lazo, con algo, para que no se me deshagan. Un paso atrás, hacia un tiempo deshabitado como la habitación que baña el sol. Un paso sobre un suelo cubierto de baldosas grises. Un paso detenido ante la desnudez de unas roscas paredes. La abuela anudando mis trenzas y mirando la habitación con la austera desolación de un ermitano, pero también con la humilde seguridad que le otorga el refugio a su mendigo.

AUTORRETRATO DE OTRO, Cees Nooteboom

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CEES NOOTEBOOM, Autorretrato de otro, Calambur, Madrid, 2013, 158 páginas.

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Fernando García de la Banda, traductor, detalla en Ut pictura poesis: Cees Nooteboom y Max Neuman (pp. 143-151) el pacto que dio origen a este proyecto: «Neuman nunca ilustraría» los poemas de Nooteboom ; y éste «nunca describiría sus cuadros». La unión de estos 33 dibujos que Neuman le envió a Menorca y los correspondientes poemas en prosa merecen el subtítulo de Sueños de la isla y la ciudad de antaño.
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En un campo de cardos y piedras vio a su padre, a quien hacía más de medio siglo que no había visto. Llevaba un uniforme siniestro comido por el moho y en la mano un revólver. No quería que aquel hombre lo reconociera y apartó el rostro, pero cuando volvió a mirar, su padre estaba sentado en la acera, desnudo, cubierto de llagas. Ahora sí quería acercarse a él, pero miró con tanto miedo que retrocedió. Las costillas se le marcaban en la piel macilenta que, con la lluvia, parecía haber adquirido un brillo frío; su sexo reposaba en la húmeda piedra como un gran gusano que alguien hubiera pisado. Era evidente que su padre moriría pronto. Cuando volvió a mirar desde la distancia vio que había un círculo de hombres y mujeres a su alrededor. En el campo de los cardos el hombre del revólver seguía esperando.

LA SIRENA DE ALAMARES, José Luis Garrosa Gude

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JOSÉ LUIS GARROSA GUDE, La sirena de Alamares, Calambur, Madrid, 2013, 260 páginas.

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En La sirena de Alamares y otros cuentos portugueses (pp. 235-254) José Luis Garrosa Gude, editor y traductor de estos sesenta y nueve relatos, segunda edición de cuentos populares portugueses, tras la recopilación de Carmen Bravo-Villasante, La gaita maravillosa y otros cuentos portugueses (Olañeta, 1994), recorre la historia de la recuperación de este acervo cultural gracias a folkloristas y filólogos como Adolfo Coelho, Teófilo Braga o Alda da Silva Soromenho.
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LA ESTATUA QUE COME

   Había en una iglesia una estatua de mármol que estaba con la boca abierta. Unos hombres comenzaron a hablar al lado de ella, y dijo uno:
   —Está desde hace un montón de años con la boca abierta, sin que nadie le dé de comer...
   —Pues si quiere comer, que se venga a mi casa.
   Pues resulta que el que dijo aquello era muy pobre. Por la noche, cuando llegó a casa, llamaron a su puerta, y era la estatua, que decía que estaba allí para cenar con él. El hombre se quedó un poco confuso y le respondió la verdad, que no tenía nada para cenar, porque era muy pobre:
   —Pues ve a pedir por el mundo adelante, hasta que tengas algo para darme de comer.
   Tras decir aquello, la estatua se marchó y el pobre hombre no pudo quedarse ya tranquilo y se marchó pedir por el mundo. Pasado mucho tiempo era rico, y vino de nuevo a su tierra, buscó su casa, y vio que había otras en su lugar, y todos le decían que ya no se acordaban de que se hubiesen hecho obras en aquel lugar. Fue a la iglesia y vio todavía allí la estatua a la que había invitado, y cuando se fue acercando a ella, le vio aún la boca abierta, y pensó para sí:
   —La invité hace tanto tiempo que ya no me conoce.
   Y cuando se aproximó más, oyó que decía la estatua:
   —Bien que te conozco, y ahora que eres rico es cuando te vas a venir a cenar conmigo.
   Y se le cayó encima, y lo mató.

NO-HAIKU, José María Millares Sall

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JOSÉ MARÍA MILLARES SALL, No-Haiku, Calambur, Madrid, 2014, 206 páginas.

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Calambur edita felizmente este cuaderno de Millares a los cinco años de su muerte. En el Prólogo (pp. 7-18) Juan Carlos Mestre y Miguel Ángel Muñoz Sanjuán señalan que estos versos son "pruebas de la existencia del relámpago como ejercicio único de la tormenta".
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Lápiz. Sin punta.
Palabra. Sin saliva.
Ola. Sin curva.

LOS AEROLITOS, Carlos Edmundo de Ory

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CARLOS EDMUNDO DE ORY, Los aerolitos, Calambur, Madrid, 2011(2005), 104 páginas.

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Aerolitos delfines (9-12) es la frase que eligió Félix Grande para titular la semblanza con la que rememora la figura de su amigo Carlos Edmundo de Ory en esta edición para la colección Calambur 20 años.
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¿De qué color es el silecio?
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Ciegos son aquellos que no ven lo invisible.
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Nunca cambia de sitio el infinito.
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Hay pájaros que son joyas volando.
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Los diez ojos de las manos del ciego.
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Agujerear el vacío.
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Una estatua rota es una extatua.
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A mí me gustan los que titubean, no aquellos que hablan con desparpajo.

HIMNOS CRAQUELADOS, Jorge Riechmann

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JORGE RIECHMANN, Himnos craquelados, Calambur, Madrid, 2015, 210 páginas.

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El autor toma como referencia la métrica y, sobre todo, la intencionalidad del haiku para dar forma a algunos de los poemas más breves de este libro.

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Vaso vacío
en espejo vacío.
Todo florece

LA REALIDAD INVISIBLE, Vicente Núñez

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VICENTE NÚÑEZ, La realidad invisible, Calambur, Madrid, 2014, 214 páginas.

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Juan Carlos Mestre selecciona poemas y sofismas; José Antonio Robés los ilustra con sus fotografías; Miguel Casado aporta tres ensayos, el último de los cuales está dedicado a sus singulares aforismos: Los sofismas. Un balance de lectura.(pp. 203-214). En ese estudio, Casado sentencia: "Digamos que los sofismas de Vicente Núñez son aforismos por sus dimensiones y su formulación a menudo apodíptica; pero que son fragmentos por sus relaciones con la lengua y con la lógica, por su esencial desobediencia, por su peculiar escepticismo.
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Todas las noches venía a verme un ciego.
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Toda memoria inventa sus genealogías.
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Una lectura nueva de lo caduco es la máxima vanguardia.
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La poesía te da una bandeja de falsas perlas a cambio de tu vida.
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Un rostro no es más que el resultado de otra sombra añadida.
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Tengo una hora para escribir y otra para no escribir. Ambas son las misma hora, es decir, la misma escritura.
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Amar es hallar en cada momento una hora que los demás no encuentran.

CANTOS : & : UCRONÍAS, Miguel Ángel Muñoz Sanjuán

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MIGUEL ÁNGEL MUÑOZ SANJUÁN, Cantos : & : Ucronías, Calambur, Madrid, 2013, 90 páginas.

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3: ↑ ≈ ↑ ≈ ↑ [oráculo]

—A través de la córnea del teléfono sé que la muerte brota como un párpado: distancias que la sangre anochece desoladamente en las palabras salvadas del sueño: —Oráculo: reflejo de la desolación: garganta & pecho deshidratado de un pasillo en penumbra: dinos qué pájaro fue muerto & quién nos dio su rostro de ceguera.

LOS AEROLITOS, Carlos Edmundo de Ory

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CARLOS EDMUNDO DE ORY, Los aerolitos, Calambur, Madrid, 2005, 190 páginas.

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En Fragmen linguae (p.7) Ory expone claramente su poética: "Nietzsche los llama: sentencias y dardos / Novalis los llama: polen / Baudelaire los llama: cohetes / Joubert: pensamientos, Cioran: pensamientos extrangulados, y André Siniaski: pensamientos repentinos / Rozanov: hojas caídas, y René Char: hojas de Hypnos / Malcolm de Chazal: sentido-plástico, y Louis Scutenaire: inscripciones / Antonio Porchia los llama: voces, y yo aerolitos".
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Despedida de los amantes: "Hasta manzana".
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Venimos de un agujero y vamos a un agujero.
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Cada vez somos menos los hombres que no somos nada.
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El grito sale de los dientes, el suspiro de los pulmones, el silencio de los ojos.
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Estoy a punto de vivir.
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El dinero es mierda mágica.
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En la mujer dejo mis huellas digitales.
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De un saco vacío saco el vacío.
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Es una vergüenza que vivamos todos los días.
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Ver un pájaro libre es estar en una jaula.


DICCIONARIO OTRO DE LUGARES COMUNES, Alfonso López Gradolí

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ALFONSO LÓPEZ GRADOLÍ, Diccionario otro de lugares comunes, Calambur, Madrid, 1997, 171 páginas.

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Según confiesa en el Prólogo (pp. 7-9), Alfonso López Gradolí compuso esta obra inspirado por los modelos de Gustave Flaubert (Diccionario de lugares comunes) y de Ambrose Bierce (Diccionario del diablo).
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ABDICACIÓN. Cese cle las funciones, sin pérdida de sueldo, de un monarca soberano. Celebrada con alegría por los republicanos de todo el mundo; si el feliz acontecimiento no va a tener sucesión hereditaria por cualquier motivo y ocurre en el país propio, muchos ciudadanos de éste se manifiestan por las calles y el alborozo dura varios días. El jolgorio termina, o se atenúa progresivamente, al hacerse público el nombre del sucesor o de los sucesores.
  Los monárquicos, en toda abdicación, incluso en las que recae la sucesión en otro de sangre real, adoptan una actitud de recogimiento y añoranza nostálgica.
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ADOLESCENTE. La edad preferida por los que tienen muchos más años para admirar e intentar recordar cuando ellos fueron adolescentes. El adolescente cree, por la experiencia adquirida en la recién pasada niñez, que puede comportarse como un joven; tiene los defectos y sufre las equivocaciones de ambas edades, ya que está a caballo entre una y otra.
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BANQUERO. Caballero muy bien vestido, de rostro bronceado, que vive en las afueras residenciales de la ciudad, al que no se ha visto jamás utilizando el transporte público. Los banqueros no se retiran jamás de los negocios; aconsejan u ordenan a sus hijos o sucesores, a los que han pasado la presidencia del consejo de administración correspondiente.
  Para hablar con un banquero por teléfono, es necesario hacer catorce o quince llamadas previas; al final, repites a la figura de la banca, atropelladamente, lo que se ha explicado con detenimiento y detalle a cuatro o cinco secretarias, durante los veinte minutos anteriores.
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CEMENTERIO. Lugar en el que se escuchan: los tópicos más manidos; los elogios más falsos sobre el recién ingresado; las estupideces más inauditas sobre la vida y las cosas; los proyectos de sucesión más disparatados para el puesto directivo que ha dejado vacante el que bajan a la fosa o es admitido en el panteón familiar.
  Dicen que hay parejas que hacen el amor nocturnamente y en el cementerio; en nuestro país hay gente para todo.
   El cementerio es un lugar en el que deberían pensar mucho más: los soberbios, los violadores, los miembros de comandos terroristas, los presidentes de corporaciones industriales que, con sus fusiones de empresas, dejan en la calle a miles de familias, al eliminar puestos de trabajo.
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DESCARTES. Este filósofo es muy recordado por los franceses, y por algunos profesores de filosofía de cualquier nacionalidad.
  Para los jugadores de cartas, significa la apertura de una nueva esperanza.

EL BREVE PASO, Nacho Fernández

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NACHO FERNÁNDEZ, El breve paso, Calambur, Madrid, 1999, 64 páginas.

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Una de las secciones de este poemario se titula inequívocamente Haikus del Estrecho.
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Por las espadañas
de la iglesia derruida
se enhebra el viento.

CRÍMENES EJEMPLARES, Max Aub

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MAX AUB, Crímenes ejemplares, Calambur, Madrid, 1996 (1991), 96 páginas.

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Esta segunda edición de los Crímenes ejemplares de Calambur incluye en las páginas 85 a 91 Crímenes suprimidos en la versión de 1968. En el Prólogo (pp. 7-10) Eduardo Haro Teclen apunta: "Hay un alarde literario en la economía del texto, sin dejar de utilizar todas las voces que necesita; una virtud de expresión. Y un alarde narrativo al colocar una narración, un relato, en poquísimas líneas".
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   Mire, señor, no vaya a ir en contra de mis ideas. No lo tolero. Yo acepto las suyas: para usted. Se las queda, las mastica, las digiere, las expulsa si a tanto le lleva su gusto. En general, los hombres desde hace un par y pico de siglos creen que son lo mejor de la humanidad. El non plus ultra. O.K. Allá ellos. Yo estoy convencido de lo contrario, de que todos somos unos hijos de la chingada por el hecho mismo de ser hombres. Hace mucho que quedó probado que el hombre ha llegado a domesticar la naturaleza a fuerza de mala leche, ingratitud, instintos asesinos, palos, pedradas, machetazos, tiros, hipocresía, asesinatos a mansalva, imposición de la esclavitud. Cualquier hombre, por el hecho de serlo, es un hijo de puta. No discuto que otros piensen de manera distinta. Para mí, el imbécil mayor —suizo tuvo que ser— fue Juan Jacobo Rousseau. Con estas ideas, ¿qué de extraño tiene que yo sea una buena persona? Que matara a don Jesús, no tiene nada de particular: no le debía un céntimo a nadie.

SESENTA Y CUATRO CABALLOS, Antonio Pereira

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ANTONIO PEREIRA, Sesenta y cuatro caballos, Calambur, Madrid, 2011, 144 páginas.

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Antología que muestra cómo la obra de Pereira está bañada por una deliciosa poción que, sin fisuras al tacto, disuelve tanto ingredientes poéticos como narrativos. El exquisito prólogo de Juan Carlos Mestre, El hilo de la cometa (pp. 7-19), resulta un inmejorable aperitivo que invita a degustar los sabores más sobresalientes del autor: "Antonio Pereira supo lo que debiera saber desde Cervantes todo aquel que pretenda dedicarse a la literatura, que fracasar no es perder, sino la generosa certidumbre de que la huella de la esperanza y el desafío de los sueños pendientes de ser soñados lleva siempre mucho más lejos que el abandono de la utopía [...].

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LA VIOLINISTA

   Esa chica del violín que en la orquesta está lánguida de melena y a lo mejor se llama María o Claudia, educada para la vibración casi celeste, trémolos, pizzicatos, a esa mujer vestida de raso ni se le ocurre que en la sala hay ojos codiciosos de hombres que la apartan a ella del conjunto e imaginan juegos de amor para sus manos, dedos.

ME ACUERDO, Elías Moro

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ELÍAS MORO, Me acuerdo, Calambur, Madrid, 2009, 118 páginas.

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Me acuerdo de mi madre cantando aquellas coplas que aprendió de pequeña, cuando la guerra.
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Me acuerdo de mi hermano despertándose de golpe en mitad de la noche. Sus ojos, en la oscuridad, llenaban toda la habitación.
   Yo sólo tenía ojos para sus ojos.
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Me acuerdo de lo que dice Chillida que una vez le enseñó su padre: "Un hombre tiene que tener siempre el nivel de dignidad por encima del nivel del miedo".
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Me acuerdo de haber podido leer a Kafka gracias a la deslealtad de su amigo Max.
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Me acuerdo de la leche en polvo americana que nos daban en la escuela en aquellos vasos de aluminio coloreado.
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Me acuerdo de cuando me operaron de las anginas: durante unos días me atiborré de yogures y helados, artículos entonces casi de lujo en nuestra casa.
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Me acuerdo de los pespuntes aéreos de los vencejos.