PÍA BARROS,
Las Tristes,
Asterión, Santiago de Chile, 2015, 96 páginas.
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EXILIOS
La ropa atada a la espalda, y la lengua pegada al paladar, aún duelen las plantas de los pies, pero camina, camina hasta desollarse porque más allá está la salida, la única salida lejos de su madre, de sus costumbres, de los hábitos cotidianos y la marraqueta caliente. Camina porque no entiende que jamás regresará, que contará una y mil veces lo que le hicieron sus compatriotas y nunca dejará de escocerle el alma en el recuerdo, camina porque morirá extranjero, y no lo sabe.
GABRIELA AGUILERA, Guerreros de Dios, Asterión, Santiago de Chile, 2016.
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Concebida como micronovela, la obra recoge una colección de instantáneas, con el conflicto bélico de los Balcanes de fondo, en un formato que también permite ser interpretado dentro de la narración breve.
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EL SEGADOR
Este era un niño que nació en una aldea campesina. Cuando cumplió diez años, su padre le entregó la guadaña y le enseñó a segar. La cuchilla curva se movía con rapidez, deslizándose suave sobre los pastizales. El niño disfrutaba escuchando el silbido tenue del filo al cortar los tallos frágiles. Sus manos encallecidas tomaban el astil con la fuerza de un hombre experimentado. Se convirtió en el segador más hábil y más rápido de la aldea y su fama alcanzó a otros pueblos. Nunca descuidó el filo de la hoja de su guadaña y en las competencias de verano, era siempre el ganador. Quizás hubiese hecho la vida tranquila de un segador de aldea, pero llegó el azote de la guerra y debió enlistarse. Su carrera fue meteórica.
Algunos maledicentes murmuraban que la Muerte lo había marcado para que fuera el mejor segador de vidas que había tenido el País de Plata.
PÍA BARROS,
Signos bajo la piel, Asterión, Santiago de Chile, 2009, 142 páginas.
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ESTADO DE PERVERSIÓN
Tienen algo de perverso los walkman, puedes ir por la calle conociendo a Bach y sonreír; o puedes ir por la calle escuchando un instructivo para las bazookas domésticas y sonreír; o puedes ir por la calle escuchando un audio/porno y sonreír, en resumen, sonreír porque los otros no escuchan lo que tú oyes y eres poderoso y privado. Lo que no sabes es que ellos tienen uno más moderno que el tuyo y te sintonizan porque sonríes demasiado en una ciudad en la que no hay nada por qué sonreír.
Por eso no entiendes cuando los dos hombres te toman por los brazos y te llevan al callejón y te disparan, no es que fuesen moralistas o no entendieran a Bach. No es por eso, precisamente, sino porque tienen algo de perverso los walkman.
GABRIELA AGUILERA,
Fragmentos de espejos, Asterión, Santiago de Chile, 2011, 86 páginas.
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OPCIONES
Se dijo que tal vez hubiese sido mejor el divorcio.
Pensó en eso un minuto nada más, porque tenía poco tiempo para deshacerse del cuerpo.
PÍA BARROS,
¡Basta! Cien mujeres contra la violencia de género,
Asterión, Santiago de Chile, 2011, 155 páginas.
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Pía Barros coordina este proyecto en el que cien escritoras se enfrentan "al desafío de ciento cincuenta palabras como máximo para contar una historia". El resultado: cien reflexiones sobre las múltiples caras de la violencia sexista.
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¿HENRY GAUTHIER-VILLARS?
Henry Gauthier-Villars, crítico, artista, músico, escritor importante, según la Wikipedia. Que usó otros seudónimos desconocidos y maravillosos como Henry Maugis, Robert Parville, l’Ex-ouvreuse du Cirque d’été, L’Ouvreuse, L’Ouvreuse du Cirque d’été, Jim Smiley, Henry Willy; pero que además, y por sobre todo, y tal vez solamente, es conocido y aparece en la Wikipedia, porque le robó a su mujer, la gran Colette, sus primeros libros, la serie Claudine, y los firmó con su nombre.
Claudia Apablaza