ALEJANDRO BENTIVOGLIO, Música para naufragios y otros eventos sociales, Macedonia, Morón, 2015.
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JUEGO
El esposo come con lentitud, mirando el plato con precaución. La esposa no puede disimular un temblor en la mano cada vez que la cuchara llega a su boca, acaba de recordar que tal vez durante cinco minutos no ha vigilado a su cónyuge.
El hijo juega en el sótano, con una caja vacía el veneno para ratas.
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CONTEMPLACIONES DEL CHANCHO
El grito se propaga entre fantasmal y aterrador. Lo matan porque no sabe defenderse. Puede que alguno de sus compañeros lo vea en su última hora. Pero tal vez ese testigo impasible crea que las patas cortas no ayudan en ninguna huida. O que la mugre es también una forma de dignidad que perdona cualquier final.
Si se vieran uno al lado del otro, quizá, colgando de ganchos en el techo de un restaurante de moda, finamente enjamonados, pensarían que, con el tiempo, incluso la muerte no es más que otra forma de estar aburrido.
ALEJANDRO BENTIVOGLIO,
Mágico histérico tour,
Macedonia, Morón, 2011, 140 páginas.
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ESOS TIERNOS MISERABLES
Hay mucha gente que no conozco en el pasillo. No viven en ninguna parte del edificio y, de hecho, ni siquiera sé cómo entraron. Aunque me encierre en mi departamento ellos hacen todo el ruido posible. No puedo dormir. Si me voy por la mañana, al llegar la noche siguen ahí. Si me ven haciendo las valijas me piden que me quede. Si no cierro la puerta con llave, se comen todo lo que tengo en la heladera.
En el trabajo pienso cómo sacármelos de encima. Pero nunca falta alguno de ellos que me llama y me pregunta qué quiero cenar.
Son esas actitudes, esos gestos de ternura inesperada lo que me impide llamar de una vez por todas a la policía.
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NINGUNA QUEJA
Hubo épocas en las que dormía dentro de Laura; no era algo que pudiese evitar.
Ella no decía nada salvo esas veces cuando buscaba intimidad y por debajo de su camisón, o de su bata abierta asomaba alguna mano de mí, alguna pierna que hacía incomodo todo noviazgo con terceros.
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DILATAR
Las espaldas las tiene bien amplias, para las alas. No las usa mucho, más que nada son para impresionar. Es común verlo en las fiestas, estirándolas un poco a pedido de los invitados. Según él, es un imán para las chicas.
Si toma mucho, tiene que encogerlas. Evitar que se le manchen cuando se le va la noche, en un baño cualquiera, vomitando parte de las entrañas.
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NO QUERERLO
Decía que la vida da una sola oportunidad, pero una y otra vez tomaba caminos donde solo habitaban sombras y si alguien le preguntaba decía que él no quería oportunidades de ninguna clase. Prefería la sorpresa de no tener adónde llegar.
No cargaba equipaje, no sabía ningún idioma que otros pudiesen comprender y tampoco sabía los lenguajes de los demás.
Cargaba un diario íntimo de muchas páginas, todas en blanco.
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FOLLOW THE LEADER
Llegamos al pueblo por la noche. Las casas eran pequeñas. Los pobladores, gigantes que allí no cabían.
Les preguntamos por qué lo habían construido así.
Ellos dijeron que se trataba del progreso y todos asentimos muy convencidos.
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Avalados por la elogiosa introducción de Ana María Shua, las páginas que le siguen servirán para confirmar que "los textos de Bentivoglio son perfectos. Su prosa se desliza suave, tranquila, para distraer al lector de los filos ocultos. No hay ni uno sólo de estos cuentos de los cuales se pueda salir indemne".
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LOS AMANTES
Él quiso creer que ella era un ángel porque de vez en cuando bebía el vino amargo de sus pechos. Pero no había nada divino en la forma en la que ella se recostaba en la cama y se dejaba amar laxa, como un bote deslizándose en la corriente.
Cada vez que se besaban se sentían solos, como si alguien los observara a través de un vidrio, como esas cabinas de nudistas de peep show. Se tocaban con violencia indiferente. Se separaban en medio de la noche y se juntaban más tarde, en días sin fecha, en hoteles sin ubicación geográfica precisa. Eran habitantes de una ciudad propia, sin mapas. Cuando ella despertó, se dio cuenta que no había nadie en el cuarto. Cuando él despertó, también.