CARLOS DUGUECH, A media tinta, La Aguja de Buffon, San Miguel de Tucumán, 2014, 96 páginas.
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FE DE ERRATAS
Casi todos los detalles de la publicación estaban cuidados. Las pruebas de galera corregidas conforme al protocolo sugerido por el editor. Algunos de los poemas del libro tenían un agregado bajo el titulo que indicaba la dedicatoria del autor. A personas de su conocimiento, con las que habitualmente se encuentran y otras quienes habían sido parte de sus afectos a los que dedicaba el poema con el agregado de in memoriam.
El día de la presentación del nuevo libro, y ante un grupo nutrido de invitados, el autor, y una buena parte de los asistentes se sorprendieron al ver que un hombre de dificultoso andar y de bastón, como cabe, devolvía el libro que acababa de adquirir. Y en tono de enojo exigió que se haga una fe de erratas.
–¡Ya mismo, en la página 35, donde dice in memoriam, debe borrarse ese latinismo!
Nadie entendió.
El autor, sorprendido y preocupado preguntó:
-¿Por qué?
-Porque la dedicatoria que hiciste de ese poema fue para mí.
GONZALO R. RONCEDO, Punto vacío, La aguja de Buffon, San Miguel de Tucumán, 2012, 96 páginas.
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DE UN SÓLO TIRÓN
En algún esbozo te encontraré, en el medio de nada. En el medio de todo. Sabrás mecerme entre los laterales de la mirada. Como a todo, y pese a todo, sabré correrme a la deriva. De un sólo tirón. Pareciera que decidimos hacer espontáneo el momento curvo de la escisión entre la percepción y las palabras (o los gestos, o las manos entre cepas y llamaradas). He aquí la anodina pared de las curtiembres, de las ríspidas miradas, esqueléticas de alma, insufribles de desenlace. Queísmos componen mi alma. Queísmos y fallas gramaticales. En algún esbozo te encontraré, en el medio de nada.
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NADA ES IGUAL
La gota de lluvia baja raudamente por el vidrio del ventanal, como si desesperara por suicidarse. Cuando él estaba conmigo estas cosas tan tristes no ocurrían.
DAVID SLODKY, Parpadeos, La Aguja de Buffon, San Miguel de Tucumán, 2012, 84 páginas.
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DIBUJITOS
Escuchan nuevamente los gritos.
Se miran, calladamente.
Vuelven la vista a la pantalla. Jerry sigue escapando alegremente de Tom.
Un portazo. Escuchan llorar a mamá.
Se ensimisman ahora en el correcaminos que hace beep beep.
Se abre la puerta.
—Chicos —dice papá—: mamá y yo tenemos que hablar con ustedes.
Levantan la vista.
Mamá tiene los ojos hinchados.
—¿Puede ser después que terminen los dibujitos? —dice el menor.
JULIO RICARDO ESTEFAN, La señal inválida, La Aguja de Buffon, San Miguel de Tucumán, 2011, 84 páginas.
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AVISO CLASIFICADO
La señora Samsa ruega a su hijo Gregor que regrese a casa; le asegura que ya no tendrá que enojarse ni discutir con ella o con su hermana Grete por la higiene de su cuarto; que precisamente ayer mató a ese horrible escarabajo que se ocultaba debajo del sofá.