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ABECECUENTOS, Daniel Nesquens & Noemí Villamuza

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DANIEL NESQUENS & NOEMÍ VILLAMUZA, Abececuentos, Anaya, Madrid, 2015, 54 páginas.

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Nesquens consigue comprimir en dos palabras, ligadas frecuentemente por aliteraciones, una historia perfectamente ilustrada por Noemí Villamuza. Como el lector sagaz puede suponer, le esperan veintisiete historias.
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Blancanieves bosteza



CASI UN MILLÓN DE CUENTOS, Daniel Nesquens & Pepe Serrano

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DANIEL NESQUENS & PEPE SERRANO, Casi un millón de cuentos, Edelvives, Zaragoza, 2013, 122 páginas.

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Casi un millón de cuentos contiene quince relatos escritos a dos manos por Nesquens y Serrano e ilustrados por Sonja Wimmer.
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COSAS QUE OCURREN

   El padre se llamaba Enrique. Estaba casado y era padre de dos niños y un pe­rro. El perro se llamaba Lucas, como el hijo mayor. La hija se llamaba Cristina, como la madre.
   Se podía decir que Enrique no era ex­cesivamente serio ni excesivamente di­vertido. Era como era.
   Cierta noche, después de cenar, con el ruido del lavavajillas de fondo, cuando toda la familia estaba viendo una serie de dibujos animados en el televisor, abrió la boca y dijo:
   —Que a gusto me convertiría en una pera.
   —¿En una pera? —preguntó el hijo.
   El padre afirmó con la cabeza.
   —¡Una pera! Nadie se convierte en una pera —dijo su mujer—. Además, es peli­groso. Te puedes caer de la rama y «¡plooof!».
   —Tiene razón mamá —dijo la hija.
   —Sería mucho mejor convertirse en un melón —sentenció el hijo—. O en una sandía.
   —¡Guuuau!
   Y «¡zas!», justo cuando en la televisión daban paso a la publicidad y comenzaba el anuncio de un automóvil con llantas de aleación, elevalunas eléctrico y cierre centralizado, el padre se convirtió en una sandía verde, reluciente como el coche.
   El primero en reaccionar fue su hijo:
   —¡Pues si papá se ha convertido en una sandía, yo quiero convertirme en mi héroe favorito: en Batman!
   —¡Y yo en Batwoman! —dijo su hija, algo envidiosa.
   —¡Guuuau!
   Pero ninguno de los hijos se transformó en nada. Lo que sí ocurrió es que la mujer se levantó de un salto del sofá, y puso los brazos en jarras y un grito en el cielo:
   —¡Enrique! ¡Qué has hecho! ¡Te acabas de cargar siglos y siglos de evolución! ¡Es­tarás contento!
   —Si yo... —intentó dar una explicación la sandía.
   —¡Qué disgusto nos acabas de dar! ¡Cómo se te ocurre convertirte en una sandía.  Me voy a dormir. Y vosotros tam­bién, que mañana tenéis que ir al colegio.
   —¡Halaaa! —protestaron, entonces, a coro los niños.
   —Si yo... —balbuceó el padre; es decir, la sandía.
   —Ni me hables. Y ni se te ocurra acu­dir con esas pepitas a la cama. Duermes en la encimera de la cocina o en la cesta de mimbre o en el frutero o dentro de la nevera en el cajón de la fruta.
   —Pero...
   —Ni peros ni peras limoneras —dijo la mujer.
   Y se transformó en una manzana rei­neta, verde, reluciente, como el coche del anuncio.

ABECEBICHOS, Daniel Nesquens

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DANIEL NESQUENS, Abecebichos, Anaya, Madrid, 2012, 64 páginas.
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Jacobo Muñiz ilustra a doble página los microrrelatos que Nesquens compone siempre con brillantes aliteraciones.
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Monos mágicos meriendan mandarinas mientras muelen maíz.


HASTA (CASI) 100 BICHOS, Daniel Nesquens

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DANIEL NESQUENS, Hasta (casi) 100 bichos, Anaya, Madrid, 2001, 240 páginas. Ilustraciones de Elisa Arguilé.

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HALCÓN

   El Halcón es un ave rapaz de tamaño mediano, de alas puntiagudas y cola larga. Y es capaz de todo, incluso de pasarse un día entero sin hablar por un teléfono móvil. Da igual la marca.
   Existe un tipo de halcón al que le encanta ir a Santiago de Compostela, y más concretamente a la plaza del Obradoiro (¿obra de oro?). Ya saben: donde está la catedral. Ya habrán adivinado que se trata del halcón peregrino. Pero qué tipo de halcón has long pointed wings?
   Answer: Falcon.
   No conviene ofrecer la mano al halcón ya que, en seguida, se toma confianzas y se posa en ella, y luego es imposible quitárselo de encima. Con el consiguiente riesgo de accidente, silo que estamos haciendo, en ese momento, es conducir un vehículo.
   Halcón viene del latín tardío, a no ser que venga de un concurso de cetrería en que haya quedado segundo.
   Al halcón lo que más le gusta es pintar nubes. Nubes de increíbles formas fantásticas. También le encanta volar por encima de las ciudades, en noches de luna llena, cuando duermen, y contar las luces que están encendidas Cuando llega a noventa le entra el sueño y se queda dormido.
   Cetrería: Arte de criar halcones y cazar sin la necesidad de tener que llevar ningún perro. Si acaso un guante.