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GREY, Alberto Chimal

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ALBERTO CHIMAL, Grey, Era, Ciudad de México, 2006, 90 páginas.
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UN AMOR

   En verdad él era dos hombres. Uno sentía el calor entre las piernas, veía ante sí los fantasmas de carnes desnudas, flores rojas, capullos del deseo, y entraba en el cuarto. El Otro salía del cuarto, tembloroso, con la vergüenza como escarcha sobre los hombros, y se tiraba al suelo, rezaba por su alma, pedía perdón por su debilidad, preparaba los látigos y los cilicios. 
   Por consiguiente, ella también era dos: una prístina virgen y una puta; la esposa fiel de un sátiro y la perdición de un casto. 
   Pero una noche, en el instante en que se abría la puerta de la habitación, el casto que salía volteó. Miró a la virgen, y se hablaron, y puestos de acuerdo huyeron juntos. Él se convirtió en numerario y ella se hizo monja. Y así los otros dos, abandonados, quedaron dueños de la casa, y nadie más habló mal de ellos, y fueron felices. 

83 NOVELAS, Alberto Chimal

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ALBERTO CHIMAL, 83 novelas, 2011, 108 páginas.

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SUICIDIO

   Como el universo se repite, le bastó esperar la eternidad menos unos años para impedir aquel coito de sus padres.

EL VIAJERO DEL TIEMPO, Alberto Chimal

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ALBERTO CHIMAL, El viajero del tiempo, Posdata, Monterrey, 2011, 136 páginas.

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Homenaje al personaje clásico de H. G. Wells, El Viajero del Tiempo es el segundo libro de Alberto Chimal que se escribe a partir de textos creados inicialmente en la red social Twitter.
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El Viajero del Tiempo extiende la mano y atrapa la primera gota de la lluvia. Todas las demás impiden que el mundo se entere de la hazaña.
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El Viajero del Tiempo soñaba un “flashforward”: en él se despertaba, viajaba hacia atrás en el tiempo, se dormía y soñaba un “flashforward”.
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Un pasaporte del Viajero del Tiempo lo acredita como oriundo de un país que todavía no existe y nadie, nadie recordará cuando desaparezca.
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El Viajero del Tiempo te saluda, se va 10 años, decide verte otra vez, regresa segundos antes de la primera. Déjà vu, pensarás. O piensas.
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El Viajero del Tiempo fue a 1888 y vio la cara de Jack el Destripador. Gritó: era la de todos a la vez, como dicen que era el rostro de Adán.

SIETE, Alberto Chimal

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ALBERTO CHIMAL, Siete, Salto de Página, Madrid, 2012, 304 páginas.

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Salto de Página publica esta antología que da a conocer en España al mexicano Alberto Chimal. Subtitulada Los mejores relatos de Alberto Chimal, contiene un erudito y extenso prólogo del editor del volumen, Antonio Jiménez Morato, Tusitala (pp. 5-26) en el que se lee: "Los relatos aquí recogidos son un muestrario inapelable de que el relato clásico, construido sobre unos parámetros sólidos y reconocibles (historias entretenidas, paradojas sugerentes, diálogos vivaces y verosímiles y, sobre todo, intención de comunicar y de hacer sentir emociones al lector), sigue siendo válido cuando está trabajado con honestidad". De los 26 relatos, sólo 4 pueden considerarse microficciones.

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LAS FLORES

   Los llevaron con un juez, que allá en esa ciudad son todos muy imparciales y sensatos, y ante el juez repitieron su historia:
   Que la mujer, a quien todos sabían una loca sin hogar ni provecho, se había metido, sin permiso, en los prados alrededor de la finca del hombre, un comerciante rico y respetado; que allí se había complacido en oler las flores y observar la belleza de los pétalos, que como todos ustedes saben son de colores y texturas innumerables; que hallada por el rico, cuya finca, por cierto, es propiedad suya y no está abierta sino a quien él decide, escuchó, la mujer, el justo reclamo del hombre, quien le exigió que se retirara o que pagara por el privilegio de hacer lo que hacía...
   Que gritos, que forcejeos, que el rico insiste en el pago y la loca se niega, que él trata de sacarla a viva fuerza y que llegan los demás, y todos discuten y se enredan y de allí al juez, pues quiero lo justo, dice el rico, y ayúdela, señor, dicen por la loca, que, amables oyentes, se limitaba por su parte a hablar de los lindos pétalos, de los olores, de las corolas abiertas al sol como, decía, grandes caras sonrientes.
   Una señora humilde que la conocía, y que procuraba defenderla, repetía en cambio que no se puede tocar el aroma ni la belleza de las flores, no se puede llevar y  traer, no se puede ocultar a quien está ante ellas ni venderlo por ningún precio, y esta pobre mujer, decía, no arrancó una hoja, no tronchó ni el tallo más frágil. ¿Cómo pagar por ver y por oler? Y el rico decía que no, que las flores eran de su propiedad, y todo en ellas, hasta el aroma y la belleza, y si esa loca se empeñaba en tomar la propiedad del rico debía compensarlo debidamente o purgar en la cárcel su atrevimiento y su pobreza.
   El juez, señoras y señores, lo piensa un poco.
   Y al fin saca de su propia bolsa una moneda de oro, redonda, bien pulida, brillante. Y no dice palabra. Y el rico, después de un tiempo, pues el juez sigue sin hablar, se pregunta si el magistrado no estará loco también, y por qué no habla, y si acaso será capaz de pagar de su propio peculio, y en beneficio de la loca, tan en todos sentidos despreciable, la justa retribución exigida.
   —¿Cómo puedes ser tan bruto? —exclama el juez de pronto—. ¡Esto ya ha pasado, en el juicio famoso de una fábula...! ¡La visión de la moneda es tu pago, señor, igual de intangible que el aroma y la belleza!
   Y así fue, pero el corazón del rico se llenó de rencor, y la loca ni se enteró del veredicto que la favorecía con tanta elegancia, pues seguía, en su delirio, gozando el recuerdo de las flores.

ÉSTOS SON LOS DÍAS, Alberto Chimal

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ALBERTO CHIMAL, Éstos son los días, Era, México D.F., 2004, 144 páginas.

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ÁLBUM

   La cara de su madre. La muñeca que arrojó por la ventana. El libro que quemó. La pecera que vació en la sala. La muñeca a la que arrancó las piernas. Su primer psiquiatra. El tazón con el que golpeó a su madre. Su niñera poco antes de marcharse. Su abuela materna poco antes de marcharse. Su padre poco antes de marcharse. La cara de su madre. El gato al que metió en el horno. Su segundo psiquiatra. Su primer kínder. El niño al que pateó. Su tercer psiquiatra. La trenza cortada de su compañera. El rincón en el que estuvo castigada. La cara cortada de su compañera. Su cuarto psiquiatra. Su segundo kínder. El perro al que destripó. La silla a la que fue atada. El brazo en cabestrillo de su madre. El brazo en cabestrillo de su maestra. El brazo en cabestrillo de su quinto psiquiatra. Su tercer kínder. El niño que la golpeó. Un trozo de la oreja del niño que la golpeó. Su cuarto kínder. La denuncia en su contra. El bolso de su madre. El director de la primaria que no quiso admitirla. La cara de su madre. El director de la segunda primaria que no quiso admitirla. La tarjeta de débito de su madre. El director de la primaria que aceptó admitirla. La niña a la que trató de ahogar en un excusado. La niña a la que empujó por las escaleras. La carta en su contra de los padres de sus compañeros. La cara de su madre. Un hombro desnudo de su madre. El director de la segunda primaria que aceptó admitirla. El suéter de su compañero desaparecido. El cuerpo de su compañero desaparecido. La cara de su madre. La patrulla que fue a buscarla. La cara de su madre. El autobús que abordó con su madre. El primer motel donde durmió con su madre. El incendio del primer motel donde durmió con su madre. El boletín con la foto de su madre. La cara de su madre. El segundo motel donde durmió con su madre. El bebé que resistió tres días en el cuarto donde durmió con su madre. La cara de su madre. El tercer motel donde durmió. El teléfono que su madre trató de usar. La cara de su madre. Un ojo de su madre. La lengua de su madre. El otro ojo de su madre. El coche del hombre que la recogió en la carretera. La primera comentarista que habló de ella en la televisión. El coche del segundo hombre que la recogió en la carretera.