MAGACÍN RADIOFÓNICO, Sławomir Mrożek

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SŁAWOMIR MROŻEK, Magacín radiofónico y «El agua (pieza radiofónica», Acantilado, Barcelona, 2019, 176 páginas. Traducción de Anna Rubió y Jerzy Slawomirski.

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EL PERVERTIDO

   Corrió la voz de que un pervertido andaba pululando por el parque municipal. Se acercaba a los transeúntes al socai­re de la oscuridad, les entregaba un billete de quinientos złote a toda prisa y desaparecía sin dejar rastro.
   La primera víctima fue nuestro cajero. Llegó a la taber­na pálido como la cera, con un flamante billete de quinien­tos en la mano. Nos contó lo ocurrido y, acto seguido, nos pagó una ronda a todos para recobrar el ánimo. 
   La noticia sobre el incidente se propagó como un regue­ro de pólvora, causando el consabido revuelo. Los más alar­mados eran los padres. Temían que las correrías del per­vertido fuesen un mal ejemplo para la juventud y pusiesen en peligro su integridad moral. El individuo misterioso fue apodado «el Monstruo de la Alameda».
   El parque es un lugar desierto y mal iluminado, de modo que no resultaba nada extraño que acabara siendo el esce­nario de alguna cochinada. A pesar de todo, decidí jugár­mela y al día siguiente fui a dar un paseo. Al fin y al cabo, no soy un cobarde.
   La noche estaba oscura como boca de lobo, pero, desde la entrada misma, advertí que una gran multitud deambula­ba por allí. ¡Al fin y al cabo, somos una nación valiente y un pervertido cualquiera no nos va a meter miedo en el cuerpo! Por lo visto, quien se asustó fue aquel cerdo, porque, a pe­sar de recorrer el parque una y otra vez, no pude dar con él. 
   «Ya verás, miserable—pensé—. Tengo todo el tiempo del mundo. Esperaré a que se marchen todos y te daré una buena lección».
   Ya era pasada la medianoche cuando por fin me quedé solo. Frío, llovizna, una noche otoñal...: el ambiente ideal para un pervertido. Me sentía intranquilo. 
   Finalmente, miré, y vi una silueta que emergía entre los arbustos. Se me acercó.
   —¿Te gustaría tener quinientos złots?—me preguntó.
   —De acuerdo—dije—, pero que conste que estoy some­tido a violencia. 
   —Pues a mí también me gustaría—contestó—. ¡Suelta medio talego y lárgate!
   Me di cuenta de que estaba ante uno de nuestros ciuda­danos de pro, un hombre normal y corriente con su puño americano, nada que ver con un pervertido. El desconoci­do tuvo que conformarse con ochenta y dos złote y treinta groszy, porque aquello era todo lo que yo llevaba encima. 
   Pero no lamento haber perdido el dinero. Lo más impor­tante es que nuestra sociedad sea sana y que entre nosotros no haya pervertidos de ninguna clase.

CUENTOS DE LOS OTROS, Justo Sotelo

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JUSTO SOTELO, Cuentos de los otros, Bartleby, Madrid, 2017, 136 páginas.
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EL LIBRO SUBRAYADO

   Cuando un lector subraya el libro que está leyendo, en realidad está hablando en voz baja con el escritor.
   Umberto Eco investigó la idea de ficción durante buena parte de su vida y relacionó el texto narrativo con un bosque cuyos senderos se bifurcan, en alusión a Borges, para volver a encontrarse en el territorio onírico del duermevela.
   La experiencia humana toma sentido en la literatura a través del tiempo y el espacio, como diría Ricoeur. El lector llena los huecos que deja el escritor de manera consciente, todo eso que no se dice ni se escribe, algo que yo defiendo en la literatura contemporánea.
   Considero que es más importante lo que no se dice que lo que se dice.
   Por eso resulta esencial que el escritor y el lector “hablen” continuamente, por ejemplo, a la luz de la lámpara de la mesilla de noche, mientras todo el mundo duerme en casa y solo ellos están despiertos. De esa forma la literatura sería la verdadera causa de la infidelidad de las parejas. Las demás causas son necesidad de poder, de sexo, de protección, de dinero, es decir, poca cosa.

LA MUERTE DEL PIYAYO, Miguel Noguera

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MIGUEL NOGUERA, La muerte del Piyayo, Blackie Books, Barcelona, 2016, 160 páginas.
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LA VENGANZA DEL CIEGO Y OTROS CUENTOS, Víctor García Baquero

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VÍCTOR GARCÍA BAQUERO, La venganza del ciego y otros cuentos, Edición de autor, 2016, 104 páginas.
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UN MUERTO MUY VIVO
  

 
   El motor del Rolls—Royce rugía mientras remontaba la empinada colina. Las ramas de los sauces se doblaban más tristes de lo normal a causa del peso de la incesante lluvia. La deslumbrante luz de un rayo anunció la llegada del detective. Pisó la gravilla del jardín con sus botas negras, se ajustó la gabardina y se cubrió con su sombrero a lo Bogart.
   Uno de sus ayudantes le indicó que el cadáver se encontraba en el despacho situado a la derecha, frente a la escalera de caracol.
   Cuando el agente entró en la habitación, esta se encontraba completamente vacía. En el suelo aparecía la silueta dibujada en tiza blanca, pero el cuerpo sobre el que se había dibujado se había evaporado.
   Sus compañeros del departamento habían descuidado la escena de crimen; confiados en que el cadáver no se movería. 
   Aquel suceso tenía difícil explicación; sin embargo, era seguro que alguien cargaría con el mochuelo, eso incluía la bronca del jefe.

RELATOS Y AFORISMOS, Ana de Lacalle

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ANA DE LACALLE, Relatos y aforismos, Célebre Editorial, Badalona, 2019, 130 páginas.
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El vacío de palabras no siempre es un letargo perezoso; en ocasiones el exceso nos satura y parece inviable articular ni siquiera pensamientos: nos rebelamos, entonces, contra la carencia de ser.
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Metáforas desubicadas y caducas, metáforas que no lo son, porque solo sugieren sombras imprecisas. Metáforas que no son ni palabras, tan solo fonética insulsa y opaca.
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Filosofar es una actividad extenuante, pero no fútil, que halla en la simplicidad de la apariencia su legitimidad.
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Quien intenta elevarse por encima de los hechos –que nos ciegan emocionalmente– e intenta analizar críticamente lo relevante posee una gran virtud: la prudencia platónica deseable para los que ejercen la filosofía hoy.
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Quizás todo autor tenga rasgos centrífugos en sus escritos que de alguna manera le dan identidad; el riesgo es tener solo ese bucle endogámico.
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El escritor no es más que una especie de animal en bruto, reconvertido gracias al lenguaje y al uso social que anhela hacer de él.

REESCRITURAS Y FALSIFICACIONES, Dóra Bakucz

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DÓRA BAKUCZ, Reescrituras y falsificaciones: la significación palimpséstica en el microrrelato argentino, Verbum, Madrid, 2015, 172 páginas.

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ÍNDICE
I. Planteamientos 11
II. Formación del microrrelato palimpséstico 20
Historia: La reescritura y la minificción en la literatura argentina 20
II. 1 Los comienzos: la influencia de Charles Baudelaire y Rubén  Darío  21
II. 2 El revisionismo de Franz Kafka  27
II. 3 "El primer cuento ultracorto" en Hispanoamérica: Julio Torri 36
II. 4 El Modernismo argentino: Leopoldo Lugones  42
II. 5 El primer clásico de la minificción argentina: Jorge Luis Borges 51
II. 6 Otros dos clásicos: Julio Cortázar y Marco Denevi  64
III Textos de reescritura palimpséstica en el microrrelato argentino   62
III 1 Mitos grecolatinos — "El tiempo fabuloso de los comienzos"   69
III 1.1 Odisea: Sirenas cantantes y calladas  72
III 1 2 Ilíada: la guerra falsificada por Denevi y Aquiles como símbolo de la rapidez  82
III 2 Cuentos de hadas — "Otro es el juego para el gran vencedor, el  príncipe"  88
III 2 1 El príncipe sapo entre los príncipes encantados de Luisa Valenzuela  96
III 2 2 Sapos y princesas de Ana María Shua  98
III. 3 Pasajes bíblicos — "Un dios crea un mundo"  102
III. 3.1 Seis versiones de la creación de Ana María Shua  104
III 3.2 Génesis y eterno retorno  107
III 3 3 Variaciones sobre el pecado original  110
III 4 El Quijote — "porque su aventura ya es parte de la larga memoria de los pueblos"  114
III 4 1 Resemantización o reinterpretación de un episodio o detalle de la novela------------ 119
III 4 2 Nueva perspectiva ficcional  124
III. 4 3 La novela como propósito: las versiones borgeanas  123
IV. Aproximaciones teóricas  133
IV. 1 Posicionamiento posmoderno de la minificción  134
IV. 1.1 Posmodernidad y/o mentalidad posmoderna  136
IV. 1.2 Posmodernidad en Hispanoamérica  140
IV. 1.3 El cuento posmoderno 144
IV. 2 La minificción como falsificación  148
IV. 2.1 Falsificado y falsificación  150
 IV. 2.2 El objetivo de la falsificación  151
IV. 2.3 Interpretaciones y rumbos de la falsificación  153
V. Conclusiones 156
VI. Bibliografía 161
VI. 1. Bibliografía de la selección de minificciones  161
VI. 2. Bibliografía citada 161
VI. 3. Bibliografía consultada 166

QUÉ BUEN DISFRAZ DE LEONA, Patricia Nasello

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PATRICIA NASELLO, Qué buen disfraz de leona, Micrópolis, Lima, 2019.

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DRAGÓN

   Escuchamos sus pisadas por las escaleras y el resoplido de sus fosas nasales, percibimos su olor nauseabundo. No siempre mata para comer. A veces abre sus fauces, y después de quemar a algún infeliz de cualquier departamento, lo mira retorcerse hasta que muere, para horror de los testigos. Suponemos que no nos elige al azar, que persigue una meta y que tiene inteligencia humana. -Si tiene inteligencia humana es un ser humano- opina la mayoría. No coincido. 

ESCRITOS BREVES, James Joyce

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JAMES JOYCE, Escritos breves: Epifanías / Un retrato del artista / Giamoco Joyce, Escalera, Madrid, 2012, 204 páginas. Traducción de Mario Domínguez Parra.

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¡Pobre chico! Nos hemos reído juntos con frecuencia, él soportaba su existencia con suavidad... Siento mucho que haya muerto. No puedo rezar por él como hacen los otros... ¡Pobre chico! ¡Todo lo demás es tan incierto!
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Todos duermen. Subiré ahora… Él yace en mi cama, en la que yo estaba acostado anoche: lo han cubierto con una sábana y han cerrado sus ojos con peniques… ¡Pobre chico! Nos hemos reído juntos con frecuencia –él soportaba su existencia con suavidad… Siento mucho que haya muerto, no puedo rezar por él como hacen los otros… ¡Pobre chico! ¡Todo lo demás es tan incierto!
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Débil, bajo la noche encapotada de verano, a través del silencio de la ciudad que ha pasado de los sueños a un dormir sin sueños, como un amante cansado al que ninguna caricia emociona, el sonido de los cascos sobre el camino de Dublin. No tan débil ahora, mientras se aproximan al puente; y en un momento, mientras rebasan las ventanas oscuras, el silencio se parte por sorpresa, como atravesado por una flecha. Se les escucha ahora muy lejos -cascos que brillan como diamantes en medio de la noche encapotada, apresurándose más allá de las marismas grises, inmóviles, ¿hacia qué destino -hacia qué corazón- con qué noticias?
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Tenían muchas razones para respetar la autoridad; e incluso si a un estudiante se le prohibía asistir a Otelo (Hay algunas expresiones burdas en ella, le dijeron), ¿qué ínfima cruz era esa? ¿No era más bien una evidencia de cuidado e interés vigilantes y no se le aseguraba que en sus futuras vidas este cuidado continuaría, este interés se mantendría?

DIENTES DE LEÓN EN LA HIERBA, Toñi Sánchez Verdejo

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TOÑI SÁNCHEZ VERDEJO, Dientes de león en la hierba, Hojas en la Acera, Albacete, 2019.

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Crepúsculo,
el viento pasa las hojas
de una antigua biblia.

14 MICRORRELATOS FANTÁSTICOS Y OTROS RELATOS, Mark Debrest

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MARK DEBREST, 14 microrrelatos fantásticos y otros relatos, Caligrama, Barcelona, 2019, 120 páginas.

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EL ASCENSOR

   El ascensor de nuestro bello, señorial y antiguo edificio ya no funciona; y no tiene arreglo posible. El ascensor, que conoció a tantos y variados vecinos tantísimos años, y que era el nexo entre ellos, con sus charlas alegres, algunas tristes y otras monótonas, ya no estará con nosotros. Tenía noventa años, como yo, que nací en 1925. 
   El ascensor, de madera clara y acero brillante, bellamente decorado por fuera y por dentro, un poco oscuro en su interior y que bajaba y subía con lentitud, con majestuosidad, se ha ido para siempre y sin hacer ruido. 
   Para mí ha sido un disgusto enorme, pues lo vi y utilicé toda mi vida: con mis padres, hermanos y abuelos, y luego, con mi mujer, mis hijos, nietos y biznietos. Hizo un gran servicio a la comunidad de tantísimos vecinos durante muchos años, no estropeándose casi nunca. Era casi como un milagro que durara tanto tiempo, aunque no era de extrañar, pues era uno de los mejores y de los más caros de la ciudad. Pero todo tiene su final, todos lo tenemos, sin llegar nunca a acostumbrarnos a su ausencia. 
   El ascensor será reemplazado por otro. ¿Por otro? No quiero, no. Mi ascensor no puede reemplazarse. Debe quedarse ahí, pues forma parte de la historia del edificio, de mi edificio. Y que no, que no lo toquen, por favor. ¡Que no lo toquen! El ascensor ha muerto. 
   Sí, ha muerto.
   Y yo...
   Un poco con él.

Y, DE PRONTO, UN PÁJARO, Francisco Álvarez Velasco

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FRANCISCO ÁLVAREZ VELASCO, Y, de pronto, un pájaro, Eolas, Madrid, 2018, 158 páginas.
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A cada silencio, que pase un ángel.
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Soledad: Solo una sombra quieta, en relumbres, que se borra con la luz de la tarde.
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Llevaba el cuerpo como jaula de oro; pero su corazón era un pájaro muerto.
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No vivas con tantas prisas: reserva algún tiempo para aburrirte.
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Los señores del dinero han decretado hambre para hoy y presunto pan para mañana.
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La dama de la guadaña no da números para ordenar la fila de los mortales. Simplemente avisa en el último instante a quien ella decide llamar.
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Salirse del rebaño, aunque solo sea para decir algo más que ¡beee!
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Al cascarrabias viejo deberían ponerlo a pensar en un rincón de la vida.
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Enciende la luz si quieres ver tu sombra.
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El que más madrugue que despierte a Dios.

TANKAS HABITADOS, Francisca García Jáñez

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FRANCISCA GARCÍA JÁÑEZ, Tankas habitados (私に満る短歌), Torremozas, Madrid, 2018, 120 páginas. Traducción de Minako Takahashi.
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Arropados por el prólogo de Xavier Seoane y las ilustraciones de Ana Soler, los tankas de García Jáñez van encontrando su hábitat en estas páginas.
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道びって
もっと感じて
選択す
優しい音が
花を清める
Michibiite
Motto kanjite
Sentakusu
Yasashii otoga
Hanao kiyomeru









Quizá sea luz,
tal vez más sensaciones:
así decido.
Y con dulce sonido
bautizo amapolas.

PARÁBOLAS Y AFORISMOS, Arthur Schopenhauer

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ARTHUR SCHOPENHAUER, Parábolas y aforismosAlianza, Madrid, 2018, 176 páginas. Traducción de Carlos Javier González Serrano.
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Los animales se devoran unos a otros, los seres civilizados se traicionan mutuamente: a esto llamamos el curso del mundo.
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No hay nada serio en la vida: lo que es polvo no tiene valor alguno.
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La vida es un negocio cuyo beneficio no cubre ni con mucho los costes.
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La vida de todo hombre genial es sin excepción trágica, si bien es cierto que, contemplada desde fuera, parece muy tranquila.
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Allí donde respira un ser vivo, hay otro para devorarlo.
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Las religiones son como las luciérnagas: necesitan la oscuridad para iluminar. 
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El pasado no ha pasado, sino que, en el fondo, todo lo que alguna vez existió real y verdaderamente ha de existir aún; el tiempo se parece a la cascada de un teatro, que parece caer a borbotones cuando, al ser una simple rueda, no se mueve de su sitio.
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¿Qué fragua la filosofía? El valor de no guardarse ninguna pregunta en el corazón.
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Todos los seres humanos quieren vivir, pero ninguno sabe por qué vive.
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La vida no es más que una hoja de papel en la que cada transeúnte imprime su sello. Del resto no sabemos nada: ¡así de corto es nuestro horizonte!

CUENTOS, Leopoldo Lugones

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LEOPOLDO LUGONES, Cuentos, Ediciones Mínimas, Buenos Aires, 1916, 32 páginas.

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FLORES DE DURAZNO

   Junto al rancho medio arruinado, hay tres durazneros de avanzada edad, que tiritan de frío al vientecillo de la tarde, porque la escarcha los ha dejado completamente desnudos. El campo, amarillento en la extenuación de sus hierbas marchitas; la casa color de tierra, bastante ladeada, como un animal que cojea; los árboles deshojados, cuyos varillajes recuerdan vagamente destrozados miriñaques del tiempo ido: la inmensidad del horizonte, del cielo claro, bajo el cual se fatiga el silencio, sugieren indefinibles tristezas. El calor prematuro de los últimos días no ha podido conmover la austera taciturnidad de los campos, que continúan pensando en la muerte. Y como apenas una cosa se pone triste, adquiere algo de humano, aquel paisaje cobra aspecto de viudez y los bueyes flacos que por él cruzan, tienen paso de personas. Una carreta ha puesto el colmo a esa melancolía de la triste campaña. Cruzó, rechinando nostalgias, dando barquinazos: parecía reumática. Rudamente, quejábase la madera, achacaba torturas á la azuela indocta. Entre los rayos de las ruedas enormes había pedazos de cielo. Y cuando el vehículo pasó, sus anchos surcos dejaron en la llanura una interminable paralela, que semejaba la persecución infinita de un pensamiento geométrico. Aquello está decididamente melancólico. Lleva mal cariz la meditación de las cosas. Por el lejano camino, el polvo reseco se arremolina con bruscos giros, baila la tromba en pequeño, furioso, mas deshecho, a poco andar, en la aburrida laxitud del ambiente. Pero, ¿no hay algo que se mueve bajo los árboles desnudos, allí, cerca del rancho, al amor de la perezosa resolana? Diríase que son la muchacha dueña de casa y un mozo, que de seguro no pertenece a ésta. Tomados están de las manos, y parece que respetan el vasto silencio de las campiñas, pues no hablan. No hablan, porque tienen los labios ocupados en una deliciosa ocupación. Usted, señorita, creerá que se están besando. Yo no lo sé; pero es lo cierto que los viejos árboles, quienes, no obstante su grave aspecto, sienten la inquietud del extemporáneo calor, á la muchacha, que acaba de apoyarse en ellos distraídamente, los viejos árboles le han cubierto las manos de besos en forma de florecillas rosadas.
   Y este año ya no habrá frutos... es decir duraznos, a los menos... 

EN 99 PALABRAS, Miguel Ángel Molina

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MIGUEL ÁNGEL MOLINA, En 99 palabras: 100 microrrelatos escritos en 99 palabras, Edición de autor, 2012, 110 páginas.

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UN BARRIO TRANQUILO

   "Aquí vinimos a descansar. Era lo que siempre habíamos deseado. Tras vivir cuarenta años en aquel cruce escuchando pitos y acelerones a todas horas, al fin lo habíamos conseguido. Ahora sí éramos felices".
   Su nuevo hogar era bastante más pequeño y no era muy luminoso, pero esto no importaba ya que ahora estaban más cerca del centro, junto a la Pradera y el campo del Atleti. Desde allí hasta podían oír cómo se gritaban los goles en el Calderón.
   Aquella pesada tapa de mármol que se cernía sobre sus cabezas era lo único que no les acababa de convencer.

CÓMO ESCRIBIR UN MICRORRELATO, Ana Mª Shua

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ANA MARÍA SHUA, Cómo escribir un microrrelato, Alba, Barcelona, 2017, 152 páginas.

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Dice Shua en Introducción: técnica y misterio (pp. 9-12): «Lo que la gente llama creación es simplemente el ejercicio de un arte combinatorio. No se inventa nada, lo que hacemos es combinar de forma diferente trozos que tomamos de la realidad».
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Introducción: técnica y misterio   [9]
Presentación y autobiografía  [13]
¿Qué es un microrrelato?  [15]
Qué leer   [29]
¿Qué se puede contar en un texto tan breve?   [35]
El golpe del sentido   [37]
Origen del microrrelato: del cuento popular al texto de autor   [41]
El relato de autor y la precisión del lenguaje   [45]
La función del título   [47]
Los límites del microrrelato   [53]
La brevedad en Europa: antecedentes del microrrelato    [59]
El descubrimiento de la crítica: su importancia   [61]
El microrrelato de autor en español   [67]
Cómo utilizar los conocimientos del lector  [71]
Micorrrelato y literatura fantástica  [83]
El realismo y otras posibilidades  [89]
Cruce de géneros  [91]
Juego con formatos extraliterarios   [97]
Los errores más comunes y cómo evitarlos   [105]
Cómo y sobre qué  [127]
Cómo corregir un microrrelato   [133]
Once consejos para autores de microrrelatos   [137]
Otros ejercicios    [143]
All that jazz   [149]

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PATERNIDAD

   Todo hombre quiere volver a parir a sus padres.
   Del intento fallido nacen hijos.

EN OTRAS PALABRAS, Jhumpa Lahiri

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JHUMPA LAHIRI, En otras palabras, Salamandra, Barcelona, 2019, 160 páginas.

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Lahiri recoge en estos ensayos sus reflexiones sobre el proceso de adquisición de una segunda lengua con la que crear arte literario.
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LEER CON EL DICCIONARIO

   Cuando leo en italiano no suelo usar el diccionario, sólo un bolígrafo, para subrayar las palabras que no sé, las frases que me sorprenden.
   Cuando encuentro una palabra nueva, llega el momento de decidir. Podría parar un momento para aprenderla, o anotarla y seguir, o ignorarla. Como ciertos rostros entre la gente que vemos a diario en la calle, ciertas palabras, por alguna razón, destacan y dejan una impresión en mí; otras permanecen en un segundo plano, insignificantes.
   Después de haber terminado un libro, vuelvo al texto para revisar diligentemente el vocabulario. Me siento en el sofá, donde tengo el libro, la libreta, vanos diccionarios y el bolígrafo. Es una tarea entregada y relajante que requiere tiempo. No escribo las definiciones en los márgenes, sino que redacto una lista de palabras en la libreta. Al principio ponía las definiciones en inglés; ahora, en italiano. De ese modo voy creando una especie de diccionario personal, un vocabulario privado que traza el recorrido de mi lectura. De vez en cuando hojeo la libreta para repasar los términos compilados.
   Me parece que esta lectura es más íntima, más intensa que la lectura en inglés, precisamente porque esta lengua nueva y yo nos conocemos desde hace poco. No venimos del mismo lugar, de la misma familia, no hemos crecido una al lado de la otra, no está en mi sangre ni en mis huesos. Quizá por eso, el italiano me atrae e intimida al mismo tiempo. Permanece como un misterio al que amo, pero que continúa siempre impasible: no reacciona ante mi emoción.
   Las palabras desconocidas me recuerdan que hay tanto que no conozco en este mundo...
   A veces un término puede despertar una reacción extraña. Un día, por ejemplo, descubro claustrale (claustral, monacal). Intuyo su significado, pero no estoy segura. Voy en un tren, así que lo busco en el diccionario de bolsillo. No sale. De pronto he sido embrujada por esta palabra. Quiero saberla ya: mientras no la entienda me sentiré vagamente inquieta. Por mucho que sea una idea irracional, estoy convencida de que descubrir su significado preciso puede cambiar mi vida.
   Creo que lo que nos puede cambiar la vida se encuentra siempre fuera de nosotros.
   ¿Debería soñar con un día en que ya no necesite el diccionario, la libreta, el bolígrafo, un día en que pueda leer italiano sin ayuda tal como leo en inglés? ¿No debería ser el objetivo de todo esto?
   Considero que no: en italiano, aunque más inexperta, también soy una lectora mucho más activa, más involucrada. Me gusta el esfuerzo, prefiero las limitaciones. Sé que de algún modo mi ignorancia me es útil.
   Pese a las limitaciones, me doy cuenta de que el horizonte no tiene límites. Leer en otra lengua implica un estado perpetuo de crecimiento, de posibilidades. Sé que mi trabajo de aprendiz no acabará nunca.
   Cuando nos sentimos enamorados, queremos vivir para siempre, deseamos que la emoción, el entusiasmo que sentimos, duren. Leer en italiano me provoca un deseo parecido: no quiero morir porque mi muerte interrumpiría el descubrimiento de esta lengua en la que cada día hay una palabra nueva que aprender. Así, el amor verdadero puede representar la eternidad.
   Cada día, leyendo, encuentro palabras nuevas. Algo que subrayar, para luego trasladarlo a la libreta. Me hace pensar en el jardinero que arranca las malas hierbas. Como el jardinero, sé que mi trabajo es, a fin de cuentas, un despropósito, algo desesperado; casi diría un trabajo propio de Sísifo. No es posible, para el jardinero, controlar a la perfección la naturaleza; del mismo modo, tampoco para mí es posible, por mucho que lo anhele, saber cada palabra italiana. Pero entre el jardinero y yo hay una diferencia sustancial: las malas hierbas, para el jardinero, no son algo deseado. Quiere erradicarlas, desecharlas.
   Yo, en cambio, recojo las palabras. Quiero tenerlas en mis manos, poseerlas.
   Cuando descubro un modo diferente de expresarme siento una especie de éxtasis. Las palabras desconocidas representan un abismo vertiginoso pero fecundo, un abismo que contiene todo lo que se me escapa, todo lo posible.

HACE TIEMPO QUE VENGO AL TALLER Y NO SÉ A LO QUE VENGO, Jorge de Cascante

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JORGE DE CASCANTE, Hace tiempo que vengo al taller y no sé a lo que vengo, Blackie Books, Barcelona, 2019, 256 páginas.

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LAS PERSONAS

   De todas las tiendas de mi calle la única que no ha colgado la decoración de Halloween es la tienda de congelados La Sirena: el último refugio, un lugar que puedes atravesar de principio a fin sin ser molestado, nunca hay nadie, no hay empleados, sólo hay luz blanca y paredes vacías. La Sirena es como si Las Vegas se dedicase a la comida congelada. Un cadáver con un ojo guiñado para siempre. Dentro no hay tiempo ni espacio, sólo estás tú con tus pensamientos. Si me dejaran casarme con mi amor en una franquicia de La Sirena me casaría sin pensármelo dos veces y después entraríamos de la mano en una de esas cámaras frigoríficas que tienen y no saldríamos jamás. Hace un minuto, en la calle, una chica ha ido a tirar una bolsa llena de periódicos a un contenedor y el chico que iba con ella le ha dicho que ni se le ocurriese hacerlo. «¿Has visto alguna vez un contenedor ardiendo, Adriana?», le ha dicho. «Los contenedores no se queman solos, ¿sabes?, los queman las personas».
   Los queman las personas.

EL ORÁCULO IRÓNICO, Ramón Eder

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RAMÓN EDER, El oráculo irónico, Renacimiento, Sevilla, 2019, 128 páginas. Prólogo de Sergio García.
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Escribir da sentido a la vida aunque se escriba que la vida no tiene sentido.
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Los premios le pueden venir muy bien a un escritor para que le respete su propia familia.
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Los aforismos sobre aforismos son aforismos que se muerden la cola.
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No es bueno que en un país haya más escritores que buenos lectores.
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Existe un tipo de locura que consiste en creerse San Jorge siendo el Dragón.
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La poesía mala le puede gustar a mucha gente a la que le gusta la poesía, pero no la buena.
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El canto de las gaviotas es la áspera música del mar.
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Leer aforismos enseña a leer entre líneas.
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Al final uno acaba pensando que un día perfecto es un día cualquiera.

LA COCINA DE LOS CUENTOS DE HADAS, Lucie Cash

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LUCIE CASH, La cocina de los cuentos de hadas, Juventud, Barcelona, 2013, 160 páginas.

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Ilustrado por Yelena Bryksenkova, revisita los cuentos clásicos con ironía posmoderna acomodada a un público no solo infantil.
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SYLLABUB RÁPIDO DEL CONEJO BLANCO

   
   El Conejo Blanco es un conejito ajetreado endiabladamente difícil de seguir, os lo aseguro. Siempre está moviendo y raramente tiene un momento libre. Si no está corriendo para llegara su siguiente cita, seguro que lo verás vestido de punta en blanco con su pequeño chaleco de tweed, caminando de un lado a otro de la habitación, con los ojos fijos en su diminuto reloj de bolsillo hasta que sea la hora de marcharse. Ejem... ¿a alguien le suena eso? Pero a pesar de que el tiempo es en gran medida la esencia del Señor Conejo, la comida también es importante para él, y a lo largo de los años ha aprendido a cocinar algunos platos deliciosos en un abrir y cerrar de ojos. Este sencillo syllabub de fresa es uno de sus postres favoritos; te aseguro que es tan rápido y fácil de hacer que no volverás a llegar tarde a una cita jamás.

CUATRO UNIDADES

300 g de fresas frescas
50 gr. de azúcar refinado
300 ml. de nata
La ralladura de un limón
2 cucharadas de ron (preferiblemente añejo)


  1. Toma la mitad de las fresas, retira el tallo, córtalas por la mitad y mételas en un cuenco. Añade el azúcar y aplasta todo con un tenedor para que quede como un puré y suelten su delicioso jugo.
  2. Vierte la nata, la ralladura de limón y el ron en otro cuenco y bátelo hasta que la nata espese formando picos blandos. Agrega las fresas hechas puré y mézclalo bien, procurando que la fruta quede bien repartida por la nata.
  3. Guarda un par de las fresas restantes para decorar y corta a rodajas el resto después de retirar los tallos. Toma tus platos de postre (yo siempre uso copas de vino pequeñas) y forra la base y las paredes con una capa de rodajas de fresa, cubriendo entre un tercio y la mitad de las paredes. Vierte con cuidado el syliabub dentro de las copas, luego corta en rodajas las fresas reservadas y coloca un par de rodajas encima de cada una.
  4. Guarda los syllabubs en la nevera una o dos horas para que se enfríen bien antes de servir. Están deliciosos tal cual, pero también puedes servirlos con galletas amaretti para mojar si te apetece.



LA LIEBRE QUE SE BURLÓ DE NOSOTROS, Andrea Camilleri

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ANDREA CAMILLERI, La liebre que se burló de nosotros, Duomo, Barcelona, 2019, 186 páginas.

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Paolo Canevari ilustra esta colección de relatos que componen, en opinión de Aramburu,  un libro delicioso.
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 LOS PAVOS NO DAN LAS GRACIAS

   En Estados Unidos cada cuarto jueves de noviembre es una gran fiesta porque se celebra el Thanksgiving Day, es decir, el día de Acción de Gracias. Los Padres Peregrinos, los que habían desembarcado del Mayflower, después de la primera cosecha abundante al año siguiente de su llegada, decidieron dar gracias al Señor sirviendo en la mesa un gran pavo, un animal hasta entonces desconocido para ellos pero muy apreciado desde que habían visto que los indios se lo comían.
   Desde aquel día, la tradición manda que, en esa fecha, cada mesa en las casas de los norteamericanos esté presidida por un pavo relleno gordo y dorado recién salido del horno. Pero no solo esto: la gran bandeja que lo contiene debe estar repleta de guarniciones, banderines y delicias varias. Cuando aparece en el comedor siempre estalla el aplauso entusiasta de los presentes. Es, en resumen, una especie de invitado de honor.
   Millones de pavos, pues, cada cuarto jueves de noviembre, se dejan literalmente, y no metafóricamente, la piel en esta celebración.
   Abro un pequeño paréntesis. También en América, en la época de la guerra entre los estados del norte y los del sur, se libró en Gettysburg un combate muy sangriento que dejó millares de cadáveres sobre el campo de batalla. Permanecieron mucho tiempo sin enterrar y, por consiguiente, se convirtieron en presa de los cuervos. Estos no olvidaron nunca más aquella comida abundante, hasta el punto de que, incluso sus descendientes, durante décadas y décadas, siguieron presentándose, cada mañana, en el campo que había sido el escenario de la batalla con la esperanza de encontrar más carne fresca. En fin, el recuerdo de aquel extraordinario banquete se había grabado de un modo indeleble en su ADN.
   Pero, cerrado el paréntesis, queda abierta una pregunta: ¿cómo es que en el ADN de los pavos, después de casi cuatrocientos años, no se ha grabado la fecha que marca anualmente su ineluctable matanza?
   Una vez vi en un documental centenares de miles de pavos esperando a ser sacrificados, desplumados y descuartizados.
   No tenían la menor idea del terrible destino que les aguardaba al cabo de pocas horas. En los ojos abiertos de par en par de muchos animales llevados al matadero he podido leer el terror por el final próximo, tal vez olían la sangre de las víctimas que los habían precedido. Los pavos, en cambio, no mostraban el menor indicio de inquietud.
   ¿Estupidez absoluta o suprema dignidad?
   Cuanto más reflexiono sobre ello más tiendo a pensar que puede tratarse de suprema dignidad.
   Porque, si aquel día los norteamericanos dan las gracias, los pavos no tienen nada que agradecer.
   Y, de hecho, que recuerden los norteamericanos, no ha habido nunca ningún pavo que, antes de ser sacrificado, haya pedido la palabra para declarar, ni en su nombre ni tampoco en el de sus colegas, que se alegra de inmolarse para contribuir a la felicidad de los norteamericanos.
   Alabada sea, pues, la dignidad de los pavos que mueren pero no dan las gracias. Mientras tanto hay numerosos jefes de Estado que, sentados a la mesa del poderoso aliado norteamericano como invitados de honor, terminan igual que los pavos. Y ellos, encima, dan las gracias.

ABECEDARIO TITIRIDARO, Juan Kruz & Elena Laura

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JUAN KRUZ & ELENA LAURA, Abecedario titiridario, Cénlit Ediciones, Berriozar, 2017, 66 páginas.

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Elena Laura ilustra este guiñol de las letras salido del ingenio de Juan Kruz Igerabide.
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EÑE

   Bajo el abeto se está congregando todo un zoológico. De incógnito, se acerca un ñandú, caminando sin que se le note, como las gallinas. Pregunta al elefante a la oreja si ha visto a la vicuña. El elefante agita la trompa y contesta que no.
   TITIRIÑ
ÑANDÚ DE FINAS UÑAS,
SEÑORA
QUE AÑORA
TITIRIMOÑOS DE VICUÑAS.
   
   Suenan trompetas y timbales. Todo el mundo espera ver aparecer una carroza. Sin embargo, asoma tímidamente la Ñ, sujetándose la gorra, con su niña ñ de la mano. Las letras se preguntan si las recién llegadas serán campesinas, serán reinas o serán santas con corona en la coronilla. Todo el alfabeto se sume en la duda. 

   Tiene que mantener la cabeza bien alta para que no se le caiga la corona. Es, sin duda, la reina del abecedario.

FEMINISMO ES..., Alexandra Black

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ALEXANDRA BLACK, Feminismo..., Editorial DK, Barcelona, 2019, 160 páginas.

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Escrito por Laura Buller, Emily Hoyle y Dra. Megan Todd (además de A. Black), está dividido en las siguientes secciones: Un movimiento político y social, Cuerpo e identidad, Relaciones y familia, Educación y trabajo, y Cultura y sociedad.

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AUDRE LORDE [1934-1992]

   Audre Lorde se describió una vez a sí misma como «negra, lesbiana, madre, guerrera, poeta», y desde su muerte por cáncer de mama en l992 se la recuerda por todas esas cosas a través de su legado de prosa y poesía. Lorde utilizó su don como escritora poderosa y expresiva para luchar contra el sexismo, el racismo y la homofobia.
   Desde su niñez en Nueva York, Audre Lorde se sintió fascinada por la poesía. Solía memorizar sus versos favoritos y recitarlos en conversaciones normales. Cuando dejó de encontrar poemas que la cautivaran, comenzó a escribir los suyos propios. En 1951 se publicó su primer poema en la revista Seventeen, pero sería décadas mas tarde cuando su poesía alcanzaría una verdadera importancia.
   Como feminista negra y lesbiana, Lorde consideraba que «en nuestro trabajo y en nuestra vida, debemos reconocer que la diferencia es una razón para la celebración y el crecimiento, más que una razón para la destrucción». Estaba comprometida con el feminismo de la segunda ola, los derechos civiles, los derechos queer y empleaba sus poemas como arma contra los prejuicios. Sus opiniones sobre el racismo y los prejuicios de clase contribuyeron a la evolución de la teoría feminista en los ochenta, que hasta ese momento había girado en tomo a las experiencias de mujeres blancas, heterosexuales y de clase media.
   En su libro Los diarios del cáncer (1989), Lorde escribió como durante una década batalló contra el cáncer de mama y cómo lidió con la mastectomía. Asimismo, invitó a las mujeres a hablar sobre sus experiencias y a compartir la fuerza de esas historias de supervivencia. En esa época, Lorde fundó Kitchen Table: Women of Color Press, una editorial para la promoción de escritoras feministas negras.


MOVIMIENTO PERPETUO, Augusto Monterroso

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AUGUSTO MONTERROSO, Movimiento perpetuo, Anagrama, Barcelona, 1990, 156 páginas.

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LA BREVEDAD

   Con frecuencia escucho elogiar la brevedad y, provisionalmente, yo mismo me siento feliz cuando oigo repetir que lo bueno, si breve, dos veces bueno.
   Sin embargo, en la sátira 1, I, Horacio se pregunta, o hace como que le pregunta a Mecenas, por qué nadie está contento con su condición, y el mercader envidia al soldado y el soldado al mercader. Recuerdan, ¿verdad?
   Lo cierto es que el escritor de brevedades nada anhela más en el mundo que escribir interminablemente largos textos, largos textos en que la imaginación no tenga que trabajar, en que hechos, cosas, animales y hombres se crucen, se busquen o se huyan, vivan, convivan, se amen o derramen libremente su sangre sin sujección al punto y coma, al punto.
   A ese punto que en este instante me ha sido impuesto por algo más fuerte que yo, que respeto y que odio.

DIARIO ÍNTIMO, Henri Frédéric Amiel

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HENRI FRÉDÉRIC AMIEL, Diario íntimo, Edaf, Madrid, 1964, 395 páginas. Traducción de Gonzalo Torrente Malvido.

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Martes. 29 de enero de 1850.—Hace unos tres meses, me impuse tres obligaciones relacionadas con mis lecciones: tenerlas preparadas con una semana de anticipación, escritas e improvisadas. Esto no es posible, pero deberías al menos exigirte a toda costa:
  Tener tu lección preparada y anotada la víspera del día correspondiente.
  Estudiarla el día mismo que debas improvisarla.
  Recuerda el fracaso de tu lección del sábado. ¿Se repetirá hoy? Sería una vergüenza.
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Martes, 5 de febrero de 1850.—Comencé dos lecturas importantes; el discurso de Guizot (¿Por qué ha tenido éxito la revolución inglesa?), y Hombres y costumbres del siglo XIX, por Phil. Chasles. Muchas ideas, las más atrevidas, de este último, lo son asimismo mías. Experimentaba al leerlo la viva contrariedad de sentirme despojado, robado antes de tiempo. Ya está dicho lo que yo esperaba decir.
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Viernes, 28 de junio.—La mitad del talento consiste en intentar agradar, y tú no tienes ese deseo; y cuanto más empeñas tu amor propio en evitar el agrado, más rígido te vuelves, por temor a parecer que te inclinas. Este único defecto te impide ya la literatura.
  Ten cuidado; intenta atemperar tu originalidad; atrévete a ser natural; respétate, tómate en serio, en lugar de borrarte y aplazarte. Sé una mónada.
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Jueves, 15 de octubre de 1840.—Hace tiempo que estoy preocupado por mi vocación. Es el planeta, como dice Goethe, a cuyo alrededor gravitan por el momento mis reflexiones y mis lecturas. Sufro crueles incertidumbres. «Se trata, quizá, de que el orgullo me ciega y que nunca me parece encontrar un sitio lo suficientemente alto y lejano para mí». ¿Dónde terminará todo esto? Vivir para ver.

MITOS POPULARES DE JAPÓN. LEYENDAS DE TŌNO, Kunio Yanagita

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KUNIO YANAGITA, Mitos populares de Japón. Leyendas de Tōno, QuaterniSan Fernando de Henares, 2013, 200 páginas. Traducción de Mariló Rodríguez del Alisal.


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   En muchas zonas de Japón, a la hora del crepúsculo, mujeres y niños que están jugando en el exterior, desaparecen frecuentemente de forma misteriosa. En la casa de un campesino de Samuto, en el pueblo de Matsuzaki, una joven desapareció dejando sus sandalias de paja a los pies de un peral. Un día, treinta años después, cuando familiares y vecinos se habían reunido en su casa, la joven reapareció muy avejentada y demacrada. Cuando le preguntaron cómo había vuelto por allí, ella respondió:
   ―Solamente quería volver para ver a todos. Ahora me iré de nuevo. Adiós y que les vaya bien.
   Así volvió a desaparecer, sin dejar rastro alguno. Ese día el viento soplaba muy fuerte. Incluso en la actualidad, la gente de Tôno sabe que los días que sopla un viento fuerte cabe la posibilidad de que la anciana de Samuto regrese al hogar familiar.

LA GUERRA, Ana María Shua

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ANA MARÍA SHUA, La guerra, Páginas de Espuma, Madrid, 2019, 168 páginas.

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Nueva entrega de microrrelatos de la gran maestra actual del género en castellano.
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EN LA GUERRA Y EN EL AMOR

   En la guerra y en el amor, todo vale. Vale embaucar y mentir: el arte de la guerra es el arte del engaño, dice Sun Tzu. Vale atacar y destruir, porque quien no nos ama como amamos se transforma en enemigo. Todo vale menos arrastrarse, menos rogar, menos pedir perdón, menos entregarse, rendirse, acobardarse, todo vale, nada vale, en la guerra y en el amor, salvo matar. Porque la finalidad de la guerra no es la muerte, sino la derrota del enemigo y la finalidad del amor no es matar, sino apoderarse de su territorio. Y sin embargo...

ME ACUERDO, Jesús Marchamalo

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JESÚS MARCHAMALO, Me acuerdoPapeles Mínimos, Madrid, 2019.
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Me acuerdo de haber gritado, jugando al escondite: 'Por mí, y por todos mis compañeros. Y por mí el primero'.
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Me acuerdo de que cuando llovía, echaban serrín en el suelo de las tiendas. 
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Me acuerdo de los tacos del capitán Haddock en las aventuras de Tintin: «¡Ectoplasmas!, ¡Noctívagos!, ¡Batracios!, ¡Filoxeras!»
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Me acuerdo de haber quemado papeles con una lupa.
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Me acuerdo de que los perros de Chéjov se llamaban Bromuro y Quinina, y la gata de Cortázar, Flanelle. 
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Me acuerdo del UHF.
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Me acuerdo de jugar al ajedrez en el colegio, los sábados, y de que siempre faltaba alguna pieza. 
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Me acuerdo de a que Walt Disney le congelaron cuando murió.
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Me acuerdo de que cuando tenías hipo, te daban un susto. 

A MEDIA TINTA, Carlos Duguech

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CARLOS DUGUECH, A media tinta, La Aguja de Buffon, San Miguel de Tucumán, 2014, 96 páginas.
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FE DE ERRATAS

   Casi todos los detalles de la publicación estaban cuidados. Las pruebas de galera corregidas conforme al protocolo sugerido por el editor. Algunos de los poemas del libro tenían un agregado bajo el titulo que indicaba la dedicatoria del autor. A personas de su conocimiento, con las que habitualmente se encuentran y otras quienes habían sido parte de sus afectos a los que dedicaba el poema con el agregado de in memoriam.
   El día de la presentación del nuevo libro, y ante un grupo nutrido de invitados, el autor, y una buena parte de los asistentes se sorprendieron al ver que un hombre de dificultoso andar y de bastón, como cabe, devolvía el libro que acababa de adquirir. Y en tono de enojo exigió que se haga una fe de erratas.
   –¡Ya mismo, en la página 35, donde dice in memoriam, debe borrarse ese latinismo!
   Nadie entendió.
   El autor, sorprendido y preocupado preguntó:
   -¿Por qué?
   -Porque la dedicatoria que hiciste de ese poema fue para mí.

BREVEDADES, Varios Autores

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MARTÍN GARDELLA (selección y prólogo), Brevedades. Antología argentina de cuento re-breve,  Manoescrita, Buenos Aires, 2014.

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Martín Gardella es el responsable de la selección de estos 120 textos, firmados por 30 microrrelatistas argentinos: Eduardo Berti, Gabriel Bevilaqua, Raúl Brasca, Mónica Cazón, Sandro Centurión, Antonio Cruz, Julio Estefan, Carolina Fernández, Martín Gardella, Sergio Gaut vel Hartman, Eduardo Gotthelf, Leandro Hidalgo, Diego Kochmann, David Lagmanovich, Rocco Laguzzi, Mario Lillo, María Rosa Lojo, Eugenio Mandrini, Juan Manuel Montes, Ana María Mopty, Ildiko Nassr, Laura Nicastro, Juan José Panno, Roberto Perinelli, Juan Romagnoli, Ana María Shua, Franco Vaccarini, Luisa Valenzuela, Orlando Van Bredam y Fabian Vique. 
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EXTRAVÍOS DEL RESPETABLE

   Tras el sapo aullador que interpretaba "la donna é mobile", aparecieron un antílope tricorne al galope de sus seis patas, el último dragón liliputiense de las islas Fiyi arrojando a diestra y siniestra fogonazos de arcoíris y un querubín de pomposas alas negras que, entre cabriolas y risotadas, se esfumó en una nube con aroma a pachulí. La silbatina y los improperios no se hicieron esperar, y el artista, ante el temor de que las cosas pasaran a mayores, debió ser escoltado hasta las afueras de la ciudad.
   Si hay algo insoportable para ciertos públicos es que un mago no saque, como Dios manda, un conejo de la galera.

Gabriel Bevilaqua

CUENTOS REUNIDOS, Alberto Fuguet

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ALBERTO FUGUET, Cuentos reunidos, Literatura Random House, Barcelona, 2018.

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PERDIDO

   En un país de desaparecidos, desaparecer es fácil. El esfuerzo se concentra en los muertos. Los vivos, entonces, podemos esfumarnos rápido, así. No se dan ni cuenta, ni siquiera te buscan. Si te he visto no me acuerdo. La gente de por allá, además, tiene mala memoria. No se acuerdan. O no quieren acordarse.
   Una vez, una profe me dijo que estaba perdido. Le dije: para perderse, primero te tienes que encontrar.
   Luego pensé: ¿y si es al revés?
   Llevo quince años borrado. Abandoné todo y me abandoné. Tenía una prueba y no la di. Mi novia estaba de cumpleaños, pero no aparecí. Me subí a un bus que iba a Los Vilos. No lo tenía planeado. Sólo pasó. Pasó lo que tenía que pasar. Ya no había marcha atrás.
   Al principio, me sentí culpable; luego, perseguido. ¿Me andarán buscando? ¿Me encontrarán? ¿Y si me topo con alguien?
   Nunca me topé con nadie.
   El mundo, dicen, es un pañuelo. No es cierto. La gente que dice eso no conoce el mundo. El mundo es ancho y, sobre todo, ajeno. Puedes vagar y vagar y a nadie le importa.
      Ahora soy un adulto. Algo así. Ahora tengo pelo en la espalda y a veces el cierre no me cierra. He estado en muchas partes, he hecho cosas que jamás pensé hacer. Pero uno sobrevive. Uno se acostumbra. Nada es tan terrible. Nada.
   He estado en muchas partes. ¿Han estado alguna vez en Tumbes? ¿En el puerto de Buenaventura? ¿En San Pedro Sula? ¿Han estado alguna vez en Memphis, Tennessee?
   Seguí, como un cachorro, a una cajera de un K-Mart hasta El Centro, California, un pueblo que huele a fertilizante. El comienzo de la relación fue mejor que el fin. Después trabajé en los casinos de Laughlin, Nevada, frente al río Colorado. Viví con una mujer llamada Francis y un tipo llamado Frank en una casa al otro lado, en Bullhead City, pero nunca nos veíamos. Nos dejábamos notas. Los dos tenían mala ortografía.
   Una vez, en una cafetería de Tulsa, Oklahoma, una mujer me dijo que le recordaba a su hijo que nunca regresó. ¿Por qué crees que se fue? Le dije que no sabía, pero quizá sí.
   O quizá no.
   Terminé, sin querer, enseñando inglés a niños hispanos en Galveston. La bandera de Chile es casi igual a la de “Texas. Una de las niñas murió en mis brazos. Se cayó del columpio. La empujé demasiado alto y voló. Voló como dos minutos por el húmedo cielo del Golfo. Yo no quise herirla y, sin embargo, lo hice. ¿Qué puedes hacer al respecto?
   ¿Qué puedes hacer?
   ¿Han estado en Mérida, Yucatán? En verano hacen 48 grados y, los domingos, cierran el centro de la ciudad, para que la gente baile. A veces me consigo una muchacha y bailo.
   El año pasado decidí googlearme. Quizá me estaban buscando. No me encontré. Sólo encontré un tipo que se llama igual que yo que vive en Barquisimeto, Venezuela, y tiene un laboratorio dental. El tipo que se llama igual que yo tiene tres hijos y cree en Dios.
   A veces sueño que vivo en Barquisimeto, que tengo tres hijos, que creo en Dios. A veces sueño que me encuentran.

GREY, Alberto Chimal

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ALBERTO CHIMAL, Grey, Era, Ciudad de México, 2006, 90 páginas.
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UN AMOR

   En verdad él era dos hombres. Uno sentía el calor entre las piernas, veía ante sí los fantasmas de carnes desnudas, flores rojas, capullos del deseo, y entraba en el cuarto. El Otro salía del cuarto, tembloroso, con la vergüenza como escarcha sobre los hombros, y se tiraba al suelo, rezaba por su alma, pedía perdón por su debilidad, preparaba los látigos y los cilicios. 
   Por consiguiente, ella también era dos: una prístina virgen y una puta; la esposa fiel de un sátiro y la perdición de un casto. 
   Pero una noche, en el instante en que se abría la puerta de la habitación, el casto que salía volteó. Miró a la virgen, y se hablaron, y puestos de acuerdo huyeron juntos. Él se convirtió en numerario y ella se hizo monja. Y así los otros dos, abandonados, quedaron dueños de la casa, y nadie más habló mal de ellos, y fueron felices. 

BALADAS DEL DULCE JIM, Ana María Moix

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ANA MARÍA MOIX, Baladas del dulce Jim, Bartleby, Madrid, 2010, 84 páginas. Lectura de Pilar Adón.

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Las gaviotas volvieron al mediodía y bajo el sol nos asesinaron con razón: habíamos echado a perder la playa con tantos sueños.

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Tembló el mar como una golondrina cuando por fin comprendimos que no podíamos hacer otra cosa que vivir. Pero las ciudades estaban lejos y, como si una gran heladería hubiera caído a mis espaldas y me fuera imposible regresar, no puedo decir cuántos días tardé en averiguar que todas las calles desembocan en los muelles y qué triste es tener que abandonar las casas para que las paredes y los libros no nos ven llorar.

***

Lo descubrí con la frente apoyada en el escaparate de la pastelería y en los ojos blancos, increíbles, le reconocí: era Dios y estuve a punto de decírselo: Te ves más viejo desde la última vez. Pero me pareció tan triste que hice como si no lo conociera.


***

Un pájaro azul y el horizonte lejos. El mar que regresaba despacio a mis espaldas, sin alcanzarme nunca. Recogeré las flores en la arena como si fuera la primera vez que sueño sobre la playa.

LOS OFICIOS PERDIDOS, René Avilés Fabila

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RENÉ AVILÉS FABILA, Los oficios perdidos, Universidad Autónoma de Sinaloa, Sinaloa, 1988, 90 páginas.

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APUNTES PARA SER LEIDOS POR LOS LOBOS 

   El lobo, aparte de su orgullosa altivez, es inteligente, un ser sensible y hermoso con mala fama, acusaciones y calumnias que tienen más que ver con el temor y la envidia que con la realidad. El está enterado, mas no parece importarle el miserable asunto. Trata de sobrevivir. Y observa al humano: le parece abominable, lleno de maldad, cruel; tanto así que suele utilizar proverbios tales como Está oscuro como boca de hombre, para señalar algún peligro nocturno, o El lobo es el hombre del lobo, cuando este animal llega a ciertos excesos de fiereza semejante a la humana. 

UN EXTRAÑO ENVÍO, Julia Otxoa

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JULIA OTXOA, Un extraño envío (Relatos breves), Menoscuarto, Palencia, 2006, 168 páginas.

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LENGUAJE 

   Estamos los dos sentados en un pequeño plató de televisión, dos cámaras nos enfocan. El entrevistador me hace preguntas para un programa cultural al que he sido invitada como escritora. Él no escucha mis res-puestas, no parecen interesarle lo más mínimo; sólo espera a que yo termine de hablar para dispararme la siguiente pregunta, que lee nervioso de unos folios que mantiene sobre sus rodillas. 
   Así que, harta de este estado de cosas, en un momento de la conversación yo también desconecto, y cuando vuelve a preguntarme, contesto algo que no viene a cuento. Pronto mantenemos entre ambos una conversación totalmente absurda. 
   Extrañamente, es en ese preciso instante cuando el entrevistador y yo nos sentimos más próximos, tanto que incluso podemos llegar a vernos, arropados los dos en nuestros mutuos lenguajes sin sentido. 

EL PEZ QUE APRENDIÓ A CAMINAR, Claudia Ulloa Donoso

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CLAUDIA ULLOA DONOSO, El pez que aprendió a caminar, Estruendomudo, Lima, 2006, 150 páginas.

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07.02

   hoy ha llegado esta niña a mis manos y a mí me ha parecido un ángel. con el cuerpo frío sobre aquella cama de acero, la observo y me lleno de tristeza. está muerta, se ha suicidado esta tarde con ron y veneno para ratas. he abierto sus ojos y aún he visto brillo en sus pupilas. le he tocado las mano:. las tiene frías pero no tiesas, sino suaves y dóciles. en la comisura de sus labios tiene aún un poco de saliva casi plateada. yo sé que es un ángel, porque los ángeles están por todas partes. pero en la cafetería de la morgue muchos dicen que ella era una prostituta. dicen que llegó en un vestido rosa, escotado y pegadito. vulgares todos, dicen que se le veían las tetas bien apretaditas y el culo grande con las nalgas marcadas sobre la tela. yo la he visto desnuda. su silueta solo marcaba una sombra gris sobre el brillo del acero, resaltaba en ese espacio helado de la cámara frigorífica. es un ángel, insisto, pues nadie ha venido a recogerla. los ángeles siempre andan solos. los ángeles no tienen familia. 

LEVITACIONES, Solange Rodríguez Pappe

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SOLANGE RODRÍGUEZ PAPPE, Levitaciones, Micrópolis, Lima, 2019.

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ROMPER EL SILENCIO

   La pareja con problemas de comunicación se decidió a romper el silencio. Lo rompieron con las uñas, con los dientes a desgarrones, a codazos y a puño limpio. Aporrearon al maldito silencio. Hicieron un agujero de bordes irregulares y pasaron heridos al otro lado. Después se miraron vacíos. Del otro lado del silencio tampoco tenían nada que decirse. 

SOBRE NUPCIAS Y AUSENCIAS, Y OTROS CUENTOS, Lenito Robinson-Bent

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LENITO ROBINSON-BENT, Sobre nupcias y ausencias, y otros cuentos, Ministerio de Cultura, Bogotá, 2010, 130 páginas.

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DILE QUE... ME MORÍ DE VIEJA

   «Dile que... me morí de vieja». Y estoy esperando con el lápiz sostenido a una cierta distancia sobre el papel, mirándola fijamente con la esperanza de ver alguna señal de retractación, aguardando q1ue ella corrija la fórmula de introducción de la carta. Ella se da cuenta de mi vacilación. «Eso mismo. Dile que me morí de vieja». Ella permanece inmóvil en la antigua mecedora de mimbre mientras medita y sopesa cada palabra antes de dictarla. «Tal vez con esa frase logre deshelarle ese corazón de mármol». Yo me apresto a transcribir la frase cuando me interrumpe. «No pongas esto». No lo transcribo y quedamos en silencio, ella meditativa, yo expectante. «Dile que tengo noventa años, con un pie en la iglesia y el otro en el cementerio, y el corazón con él. Ya no veo casi nada, solo masas, masas grandes y amorfas rodeadas de sombras; tengo telarañas creciendo en los ojos. Dile que no recuerdo muy bien cómo es su cara; debe haber cambiado mucho y no lo reconocería aunque no fuera cegata...». Una larga pausa, un suspiro profundo, otra pausa corta. «No escribas esto. Tengo que tratar de revolver el recuerdo para ver si encuentro algo útil para poner en esta última carta, porque tú te vas pronto y no habrá quien me haga otras líneas... Aquel domingo por la noche llegó corriendo a casa, casi sin aliento; tenía mucha prisa porque se embarcaba al alba. Tendría unos veintitrés años bien cumplidos y un sueño loco mal guardado. Dijo que quería escaparse del servicio militar. Yo me opuse tajantemente a su decisión, sin embargo él estaba dispuesto contra viento y marea a dejar atrás mujer, hijos y madre, y esa noche se embarcó al silencio. Prometió escribir y enviarme muchas cosas, promesa que cumplía sagradamente al comienzo de su ausencia, luego lo hacía de cuando en cuando, y ahora, nada. Nada. Dile... –me sobresaltó por estar concentrado en el relato y distraído en sus gestos dignos de lástima– que su hijo mayor contrajo matrimonio, que el otro ya se fue de casa como él. Dile que la casa se me está cayendo encima, está podrida la madera y el techo gotea; cuando llueve duermo de pie en el rincón donde él tenía su cama, si aún lo recuerda; que los lagartos anidan en la almohada donde pongo la cabeza, el verano sol, el invierno lluvia... dile que estoy decrépita, ya no soy la madre grande y fuerte que cargaba con los tres hermanos cruzando el arroyo para llevarlos a la escuela. Tiene que venir a verme, me va a encontrar como una ciruela pasa llena de canas y caspas». Trato de moderar la expresión, ella ve que yo vacilo. «Dile eso mismo». Sin arrepentimiento lo escribo. «Pregúntale qué le he hecho para merecer tanto olvido. Todavía tengo limpia mi conciencia de buena madre. He perdido todo menos eso. Recuérdale que también le fui un padre tierno. Madre, padre y mártir en una sola víctima; sí, mártir del recuerdo del sufrimiento, de la espera. Dile que nunca le pude presentar a su padre sino por vagas descripciones, no porque no lo conociera, sino que la voluntad de Dios me lo impidió». Hace una pausa larga mientras mira lejos sobre el mar como si escrutara los arrecifes lejanos para señalar algo, pero ya no ve nada. Y yo la miro callada y fijamente; veo en los bordes de sus ojos, por entre las pestañas canosas dos gotitas de lágrimas empezar a descender lentamente. Hay una pausa larga.
   «No escribas esto. Su padre salió una noche a pescar. Soplaba el viento del norte; yo dormía y soñé con él, cosa rara en ese tiempo. En el sueño escuché el ruido acostumbrado de los canaletes al ser descargados encima del techo de zinc de la cisterna, abrí la ventana y allí estaba él parado en el patio, vestía un viejo pantalón de paño negro y una camisa escocesa roja, estaba descalzo, con la cara pálida y triste, y flotando a media yarda sobre el suelo. Me desperté a la deriva en un sudor espeso, y delirando de pesadilla. Me costó tiempo y trabajo llegar a acertar si fue un sueño o si fue de verdad que lo había visto y oído todo, luego me quedé acostada, temblando y así permanecí hasta el amanecer, pensando en él, esperándolo a sabiendas de que no volvería, y desde aquel día, aguardando sin esperar a nadie, y cuando los hijos crecieron yo nunca encontré la forma de juntar las palabras para decirles cómo era su padre. Solo pude decirles que él era bueno y los quería a todos... Aquí todo llega por mar y por mar se va».
   «Dile que si cree en Dios, por favor venga a verme, no por mí, sino por él. Que todos mis hermanos y hermanas se han muerto, los nietos se fueron de casa y me he quedado completamente sola en este mundo poblado de sombras; ya no me acuerdo de casi nada, a veces me paso la noche entera buscando a tientas la cajita de fósforos para encender la linterna de queroseno, me voy tropezando con sillas, mesas, camas, y luego de la búsqueda infructuosa me acuesto en la oscuridad para darme cuenta solo al día siguiente de que durante todo ese tiempo la tenía crispada en la mano. También estoy perdiendo la cabeza, confundo nombres con fechas y números con lugares. Dile que... anoche vino su padre –detengo el lápiz y la veo dormitando– dile que vino su padre con los canaletes al hombro y los sedales en la mano y los puso encima de la cisterna; llegó empapado y se metió en mi cama debajo de la cobija, dijo que tenía frío y sueño, se sentía solo. Preguntó por qué no has venido aún. Los dos queremos verte, pero mucho. Dile que... el pastor de la escuela dominical pregunta por él, que repase las lecciones, que venga con los zapatos embolados...». La despierto de sus sargazos de delirio con el fin de avisarle de la terminación de la carta. Abre los ojos y asiente con un movimiento de cabeza sin mirarme. Comienzo a escribir el sobre y veo que ella llora en silencio, sus dedos tiemblan sobre los brazos de la mecedora. Doblo el pliego de papel en cuatro, lo meto en el sobre y cuando procedo a cerrarlo ella me interrumpe con sus sobresaltos y su gesto consternado: «Se me olvidó algo. Dile que me morí de vieja». No se te olvidó –le digo cariñosamente– con eso mismo empezamos la carta.