LAS MIL CARAS DEL DIABLO, José Manuel de Prada Samper

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JOSÉ MANUEL DE PRADA SAMPER, Las mil caras del Diablo, Editorial Juventud, Barcelona, 1998, 146 páginas.

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 Subtitulado Cuentos, leyendas y tradiciones contiene cincuenta y seis relatos de más de treinta tradiciones orales. En Un poco de historia (pp. 11-17) el editor nos recuerda que "en los primeros escritos cristianos, que están redactados en griego, el término hebreo satan se traduce por la palabra diabolus que significa "adversario". Las ilustraciones son obra de Luis Filella.
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¿QUIÉN ES EL MÁS FUERTE?

   Un día, estaban Jack y el Diablo sentados bajo un árbol, discutiendo quién era el más fuerte de los dos. La disputa se fue acalorando hasta que al final, harto de tanta palabrería, el Diablo se puso en pie y levantó una mula como como si nada. Jack se acercó entonces y agarró la mula con la misma facilidad. Picado, el Diablo se dirigió a un viejo y frondoso roble y lo arrancó de cuajo. Jack agarró un árbol igual de grande y lo arrancó tam­bién como si tal cosa. El Diablo partió entonces una de esas cadenas enormes que se usan para agarrar el ancla de los bar­cos. Jack tomó la cadena y la partió todavía más.
   —¡Venga! —vociferó entonces el Diablo—. ¡Esto no son más que juegos de niños! Mañana por la mañana, a las nueve en punto, te espero en el claro grande del bosque. Ya veremos entonces quién tira más lejos mi martillo. El que gane será el más fuerte.
   —Muy bien, allí estaré —repuso Jack.
   Así que, a la mañana siguiente, el Diablo llegó puntualmente al lugar de la cita, cargado con su martillo, que era más grande que una iglesia. También vinieron un montón de personas deseosas de ver quién sería el ganador.
   Jack llegó con retraso, montado en su caballo. Se apeó de un salto y dijo:
   —¡Ya estoy aquí! No perdamos más tiempo, ¿quién comienza?
   —Yo —contestó el Diablo—. A ver, que todo el mundo se aparte. Dejadme espacio.
   Así que arrojó el martillo a lo alto, y éste subió y subió, haciéndose cada vez más pequeño, hasta que era imposible verlo.
   —Bueno —dijo el Diablo—. Hoy es martes. Marchaos todos a casa y vol­ved el jueves por la mañana, a las nueve. El martillo no caerá hasta en­tonces.
   Pues era verdad. El martillo cayó el jueves por la mañana, a las nueve en punto, y abrió un agujero tan grande como el condado.
   Sacaron el martillo del agujero, lo taparon y le llegó el turno a Jack.
   Jack se tomó su tiempo. Caminó alrededor del martillo hasta llegar al mango, lo agarró, y levantando la cabeza hacia lo alto exclamó:
   —¡Cuidado, San Pedro! ¡Sal de ahí, Gabriel! ¡Será mejor que te apartes, Jesús! ¡Me estoy preparando para tirar!
   Pues, naturalmente, Jack pensaba enviar el martillo al mismísimo cielo.
   El Diablo se acercó corriendo hasta él y le dijo:
   —¡Espera un momento! ¡Ni se te ocurra! Cuando me echaron de ahí arriba me dejé un montón de herramientas, y todavía no me las han de­vuelto. ¡Así que ni hablar de tirar allí mi martillo!

[Florida, Estados Unidos]


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