COCINA CANÍBAL, Roland Topor

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ROLAND TOPOR, Cocina caníbal, Tropo Editores, Zaragoza, 2008, 125 páginas.

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Originalmente editado por Les Editions du Seuil en 1986, este "embrión del nuevo arte del buen comer" está ilustrado por el propio Topor. En el Prólogo, Fernando Arrabal apunta: gracias a Topor "el movimiento pánico fue una fiesta constante".

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PURÉ DE CABEZA DE JEFE
       
   Se le hace una pequeña visita al jefe a finales de año, justo antes de las fiestas de Navidad, y se le mata como a un cerdo, es decir, que se toma la precaución de dejarle desangrarse durante un tiempo para que su carne quede bien blanca. Una vez que la cabeza se ha cortado de tajo, se la deja chorrear. Después, se mete en agua hirviendo durante media hora aproximadamente. Al cabo de este tiempo se retira, se saca del agua hirviendo y se introduce en agua fría para refrescarla. Es sorprendente cómo la cabeza del jefe ha cambiado ya en ese momento. Su pelo se ha vuelto blanco y su mirada, aunque sigue siendo maliciosa, tiene cierto aire soñador. No es más que el principio, continuemos el ejercicio. Se atranca la mandíbula hasta el ojo, se deshuesa la cabeza, teniendo cuidado de unir las carnes para que no pierdan su forma. Una vez terminada la operación, se frota la cabeza con champú, y se envuelve en un paño atado con un cordel.
   Para cocerla, se diluyen tres cucharas de harina en agua, se añade un ramo de flores, un trozo de mantequilla, sal, pimienta. Se introduce la cabeza en el preparado, se hierve quitando la espuma de vez en cuando; después se retira y se deja caer en una cubeta de una altura de 1,5 m aproximadamente llena de puré  para que no pase frío en las orejas. Es un plato monumental que hay que reservar para las grandes reuniones familiares.

1 comentarios en "COCINA CANÍBAL, Roland Topor"

  1. Unknown dice:

    Ah... encantadora receta, ¿para cuántas porciones?
    Tan solo he usado la nariz; que al vapor junto con una mermelada de piña con jengibre a la que se le suman grandes trozos de pimentón cocinado. Bien cocida la nariz se desliza entre los dientes y ls piña logra darle el dulzor propio de los aromas tropicales.