66 Haiku (Poesía japonesa), Plaza y Janés, Barcelona, 1998, 130 páginas. Edición de Trinidad Sánchez Pacheco.
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Antología que pretende recoger pequeñas muestras de los autores más representativos en la práctica del haiku, en un recorrido que abarca desde Sogi (1420-1502) hasta Shiki (1867-1902) sin olvidar a grandes maestros como Basho, Buson o Issa. En cada caso, se especifica el traductor que vuelca al español el poema desde el original japonés.
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¡Qué pronto prende
y qué pronto se apaga
una luciérnaga!
KIORAI
(Traducción: Antonio Cabezas)
JUAN ARMANDO EPPLE,
Con tinta sangre,
Thule, Barcelona, 2004, 112 páginas.
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PARA MIRARTE MEJOR
Aunque te aceche con las mismas ansias, rondando siempre tu esquina, hoy no podríamos reconocernos como antes. Tú ya no usas esa capita roja que causaba revuelos cuando pasabas por la feria del parque forestal, hojeando libros o admirando cuadros, y yo no me atrevo ni a sonreírte, con esta boca desdentada.
JAVIER MORENO,
Alma,
Lengua de Trapo, Madrid, 2011, 141 páginas.
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Encuadrados en el lienzo donde el narrador, a modo impresionista, va reflejando con maestría las luces y sombras de su alma, se encuentran María y Eduardo, dos personajes que, como satélites solitarios, giran alrededor de una existencia análoga sin que por ello sus destinos dejen de ser caprichosamente irreconciliables. Además de los perfiles y grupos que comparten en las redes sociales, el vínculo pervive a través de los correos electrónicos que María envía a su lista de contactos. En cada ocasión, la estructura se repite: una vieja foto respaldada por la historia que ella misma fabula, pero que podría haber sucedido o realmente sucedió barajando otros rostros, tiempos y lugares. La pequeña colección de microvivencias trepa con igual intensidad por la bandeja de entrada de Eduardo y los ojos cómplices de un lector que, como reflejo inevitable de las palabras que con tenaz brillo rezuma cada línea de la novela, siente poco a poco su alma desnudándose en silencio.
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Rosa tiene diecisiete años y se hizo esta fotografía. Con esta ya son tres, a añadir a la de su primera comunión y a otra en la que aparece junto a sus primas Manolita y Paquita (las segundas generaciones siempre se atribuyen el diminutivo), durante la boda de su tía Enriqueta. En las otras se le bien la cara. Pero ahora es distinto. Tenía las encías enfermas y los dientes le bailaban como si fueran las teclas de un viejo órgano. El médico le dijo que tenía que arrancárselos. Todos los de arriba. Por eso se hizo la fotografía, antes de ir al dentista, para poder mirarlos cuando ya no los tuviera. Ella podría llorar por el novio que se ha ido a la guerra (le tocó irse con los nacionales como podía haberse ido con los otros, porque como afirma el dicho, «hecho el amigo, hecho el enemigo»), pero prefiere llorar por los dientes perdidos. Aunque la verdad es que no le hace falta. Los dientes postizos le han quedado estupendos. Mucho mejor que los naturales. Además, ya no le duelen las encías. Ahora Rosa mira la fotografía y le parece una tontería echar de menos esos dientes podridos que no le dejaban ni comer. De hecho, no se la piensa enseñar a nadie. Mucho menos a ese chico que acude ahora a rondarla y al que descubrió su nueva sonrisa la primera vez que se cruzaron en la plaza.
WALLACE STEVENS,
Aforismos completos,
Lumen, Barcelona, 2002, 96 páginas.
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Daniel Aguirre es el encargado de brindar al lector la traducción de la obra aforística completa de Stevens. En su Prólogo (pp. 7-19) aparece subrayada la importancia de los aforismos en la producción literaria de este autor, ya que "constituyen un instrumento impresdindible para acercarse a la obra poética del escritor estadounidense".
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A la larga, la verdad no importa.
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Las definiciones son relativas; la idea de los absolutos, también.
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El pensamiento es una infección. En el caso de ciertos pensamientos, acaba siendo una epidemia.
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La poesía se lee con los nervios.
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La guerra es un fracaso periódico de la política.
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La vida es la eliminación de lo que está muerto.
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El poeta es el sacerdote de lo invisible.
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El hombre es un eterno principiante.
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La poesía es una búsqueda de lo inexplicable.
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Debe haber algún ala sobre la que volar.
ROGER WOLFE,
Hay una guerra,
Huerga y Fierro, Madrid, 1997, 192 páginas.
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Quien mejor conoce la diferencia entre un autor maldito y un maldito autor es la persona que tenga que aguantar al jodido susodicho en la intimidad.
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¿Indeciso? Mi problema es que sólo soy capaz de ver todos los aspectos de una determinada cuestión.
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Cuando la gente dice "perdono pero no olvido", ¿qué está diciendo? Que no perdona.
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Casi todo en este mundo tiene una explicación, pero raras veces te dejan darla.
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Es verdad: la única etapa de nuestra vida en la que somos relativamente felices es la infancia. Pero en el momento no nos damos cuenta de ello; y después, claro, es demasiado tarde.
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Es precisamente el perfeccionismo lo que nos impide muchas veces hacer las cosas bien. Posible es mejor que perfecto.
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Los abogados archivan sus errores; los médicos los entierran. ¿Qué haces cuando tu mayor error eres tú mismo?
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Si quieres saber lo que es el amor, cómprate un perro.
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"Venga, que ya queda menos..." Irónica frase de aliento que me repito para ir sobrellevando la vida.
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La vida, una enfermedad terminal: primero te asustas, luego te rebelas, y finalmente te resignas.
ALFONSO PEXEGUEIRO, Dados blancos, Caballo de Troya, Barcelona, 2004, 128 páginas.
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Los aforismos de este libro se presentan intercalados entre poemas y reflexiones de mayor extensión, constituyendo un conjunto de anotaciones aparentemente en desorden, a modo de respuesta desesperanzada a una carta anónima.
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Lo importante para el amo es desfigurar.
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Toda violencia viene de antes; nosotros sólo la cultivamos.
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Sólo la poesía nos puede sacar de los infiernos que la inteligencia crea.
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Tecnificar el miedo y la ignorancia: a eso le llaman progreso.
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Una prisa extraña nos impide madrugar.
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Actualmente existe un retroceso, que no es un regreso, sino un paso en falso dentro de la angustia general.
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El deseo duerme lejos de la edad.
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Un dado es una figura geométrica que piensa en azar.
LYDIA DAVIS,
Samuel Johnson está indignado, Emecé, Barcelona, 2004, 212 páginas.
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PRIORIDADES
Debería ser muy sencillo: haces lo que puedes mientras está despierto y cuando se duerma haces lo que sólo puedes hacer cuando está dormido, empezando por lo más importante. Pero no es tan sencillo. Te preguntas qué es lo más importante. Debería ser fácil decidir qué es lo que tiene prioridad y entonces ir y hacerlo. Sin embargo, no hay solamente una cosa que tenga prioridad, ni dos ni tres. Cuando varias cosas tienen prioridad, ¿a cuál de ellas se le da prioridad? En las horas en que puedes hacer algo, mientras él está dormido, puedes escribir una carta que corre mucha prisa porque de ella dependen muchas cosas. Sin embargo, si te pones con la carta, las plantas se quedan sin regar, con el calor que hace. Ya las has sacado al balcón esperando que se rieguen con la lluvia, pero este verano no llueve casi nunca. Ya las has metido dentro de casa con la esperanza de que, si no les da el viento, no habrá que regarlas tan a menudo, pero así y todo hay que regarlas.
Y sin embargo, si riegas las plantas, no escribes la carta, de la que dependen tantas cosas. Ni tampoco recoges la cocina, ni el salón, y luego estarás confundida y de mal humor por culpa del desorden. La encimera está llena de listas de la compra y del juego de cristalería que tu marido compró en una liquidación. Guardar la cristalería debería ser de lo más sencillo, pero no puedes guardarla hasta que no la laves, no puedes lavarla hasta que no saques los platos sucios del fregadero y no puedes lavar los platos mientras no vacíes el escurreplatos. Si empiezas por vaciar el escurreplatos, quizá no te dé tiempo, antes de que él se despierte, más que a lavar los platos.
Tal vez decidas que las plantas tienen prioridad, pues al fin y al cabo son seres vivos. En tal caso, también puedes decidir, dado que necesitas organizar tus prioridades de acuerdo a algún criterio, que todos los objetos vivientes de la casa tienen prioridad, empezando por el más pequeño y más joven de los seres humanos. Eso debería estar mas que claro. Sin embargo, pese a saber perfectamente cómo ocuparte del hámster, del gato y de las plantas, lo que ya no está tan claro es cómo dar prioridad al bebé, a tu hijo mayor, a ti misma y a tu marido. La verdad es que cuanto mayor y más viejo es un ser vivo, más difícil resulta saber cómo ocuparse de él.