INSTANTES HALLADOS, María José Viz Blanco

0


MARÍA JOSÉ VIZ BLANCO, Instantes hallados, Ojos Verdes, Alicante, 2017, 178 páginas.

**********
Los poemas breves y los microrrelatos dialogan con las ilustraciones de Margarita Viz.
**********


VENGANZA

   Clavó su mirada en aquel cinturón tirado en el suelo. Era demasiado el dolor que había supuesto para él. Luego, se fijó en los detalles del cuerpo yacente. No supo llorar; al contrario, sintió una paz y una relajación interior sublimes. En ese momento no sentía ni el menor atisbo de remordimiento. Aguardaba, ansioso, el momento en que su madre entrase por la puerta y le sonriera, recompensándole con un gran abrazo y un beso. 
   Arrojó el martillo a sus pies. No más golpes. Quietud sobre el charco de sangre. Madurez forzosa. 
 ***
Ofuscación suave
Del sosiego locuaz
Que relaja mis raíces. 
***
Absorta, contemplo el techo
Que desaparece
 Disipando angustia, acorralando miedos.

CALILA Y DIMNA, Carmen Bravo-Villasante

0


CARMEN BRAVO-VILLASANTE, Calila y Dimna, Olañeta, Mallorca, 1990, 102 páginas.

**********
En el Prólogo (pp. 11-12), Carmen Bravo-Villasante, la editora,traza el origen de esta colección de cuentos y fábulas que proceden de «la famosa colección india llamada Panchatrantra, escrita en el siglo II de nuestra era». La historia de los lobos hermanos sería traducida al persa y «posteriormente Abdalla Ben Almocafa hizo, hacia el año 750, una traducción al árabe», tan popular que conocerá versiones en latín y otras lenguas romances. En el siglo XIII será el Infante D. Alfonso el que la vierta al castellano antiguo.
**********



EL MÉDICO IGNORANTE QUE ENVENENÓ A LA HIJA DEL REY

   Dijo Dimna:
   —Dicen que en una ciudad había un médico que tenía buena suerte y gran habilidad en el arte de la medicina, y se murió, y estudiaron algunos de sus libros para aprender, y vino un hombre que fingió que era buen médico y no era tal. Y el rey de esa tierra tenía una hija a la que amaba mucho y enfermó y el rey envió a llamar a muchos médicos para que curasen a su hija.
   Y vino un médico muy sabio que era ciego y le dijeron la dolencia de la niña y les mandó que le diesen a beber cierto jarabe que llaman ramaseda. Y se dirigieron al rey y se lo dijeron y él buscó un médico que le diese de beber aquella medicina y vino un hombre que se alababa de médico y sabio en medicinas y de preparados y mandó traer las arcas en que estaban las medicinas del médico muerto y se las trajeron y las abrió y sacó de allí una de días que encontró en un saquito en que había ponzoña mortal y compuso con ello y con otras medicinas, una medicina, y dijo:
   —Ésta es ramaseda.
   Cuando el rey vio que lo había hecho tan pronto, pensó que era sabio y agudo y mandó que le dieran algo y buenos paños. Y él dio a beber la medicina a la dueña y tan pronto como la bebió sus intestinos se despedazaron y murió. Y cuando el rey la vio muerta mandó que le diesen a beber al médico de aquella medicina, y cuando la bebió, se murió.

EL PÁRAMO, Ander Mayora

0


ANDER MAYORA, El páramo, Trea, Gijón, 2018, 160 páginas.
**********
De la Jornada primera a la Jornada duodécima, los aforismos de Ander Mayora van trazando con tino e intuición sus huellas de reflexión poética, filosófica y religiosa sobre el páramo de la existencia humana.
**********
Salgo a la calle y contemplo la ciudad, con sus calles rectilíneas y sus ciudadanos desorientados.
Nuestro mundo no es sino caos que se muestra como orden.
***
El salto de verdad en verdad requiere de la destreza de quien camina evitando los charcos un día de lluvia, pues teme naufragar en aquello que es poco profundo.
***
El mundo se aparece desnudo, sin mácula. Aludir a su desnudez es ya vestirlo.
***
Cada uno con su fuego. Pero el mismo fuego.
***
Con las palabras creemos invocar a aquello que nos explica, pero sin evitar la sospecha de que es el silencio quien mejor nos expresa.
***
Hay una obligación que deberíamos imponernos cada día: la de renunciar a hacer lo que en ese momento tengamos entre manos, para sentir el aliento y el desaliento de lo que nos rodea.
***
El periodismo consiste en pasar los dedos sobre el mobiliario de una estancia y mostrar al polvo como la actualidad de los muebles.
***
Si el dinero es la sangre de la civilización, los ricos no son sino meros coágulos.
***
La modernidad es un enorme campo de operaciones, un experimento que trata de parir, aborto tras aborto, un nuevo dios.
***
Anegados en un mar de intrascendencia, el sufrimiento viene a recordarnos, de cuando en cuando, nuestro ansiado lugar junto a las plantas.
***
Escribir breves apuntes como quien regurgita los detritos de su ansiedad.

CUENTOS BREVES, César Antonio Alurralde

0


CÉSAR ANTONIO ALURRALDE, Cuentos breves, Edición de autor, Salta, 1984.

**********
FLORES

   Con la primavera habían llegado las primeras flores. La explosión de pétalos  iluminó la casa sombría. Resultaba fácil observar la ausencia de mariposas libando su néctar, como también el zumbido alegre de las abejas y el trinar bullicioso de los pájaros.
   Cuando trajeron la última corona de la Florería ya había partido el cortejo  rumbo a su largo viaje sin regreso.

LA VUELTA AL MUNDO EN 80 JAIKUS, Itziar Mínguez Arnáiz

0


ITZIAR MÍNGUEZ ARNÁIZ, La vuelta al mundo en 80 jaikus (y una nana para despertar), Takara, Sevilla, 2018.
**********
RELATIVIDAD

está más lejos
la vuelta de la esquina
que el horizonte

CUENTOS PICHOS CAJACHOS, Jorge Pereyra Terrones

0


JORGE PEREYRA TERRONES, Cuentos pichos cajachos, Universidad Privada Antonio Guillermo Urrelo, Cajamarca, 2012.

**********
LA MUERTE Y EL CARTERO

   El cartero del barrio murió de golpe cuando entregó en su propia casa su esquela de defunción.

RES PÚBLICA, Ignacio Ramonet

0


IGNACIO RAMONET, Res Pública, La Voz de Galicia, A Coruña, 2003, 220 páginas.

**********
Ramón Chao presenta esta recopilación de artículos de su colega y amigo Ramonet, de quien dice que en Tánger «adquirió esa serena convicción de que todas las culturas son relativas y que ninguna es superior a otra». 
**********

GALLEGOS EN LA GUERRA

   Hace mañana 66 años, empezó la guerra civil española. Nuestra gran tragedia del siglo XX. En Galicia triunfó la rebelión militar y se impuso el nuevo orden castrense-católico-falangista. Como en tantos otros lugares, muchas familias de Redondela se fracturaron, se desgarraron en función de las ideas de cada uno de sus miembros. Los horrores fueron incontables. Un manto de luto recubrió nuestra villa inundada por una marea de lágrimas. Un tío mío, Ventura, seminarista en Tui, se alistó voluntario en la Legión a los 17 años y lo mataron en la primera batalla, cerca de Guadalajara. Otro de mis tíos, Braulio, comunista, para huir de la represión, se escondió en el trasfondo de un armario en casa de su madre, hasta que una noche, unos falangistas lo descubrieron y se lo llevaron de paseíllo al borde de una cuneta para matarlo a palos.
   Pero la tragedia más común fue la de esas decenas de miles de jóvenes gallegos de izquierda alistados a la fuerza en el ejército del bando nacional y obligados a hacer la guerra, muy a pesar suyo, contra la República. Fue el caso de mi padre. 
   El 18 de julio de 1936 tenía apenas 18 años y militaba en las Juventudes Socialistas, cuyo dirigente nacional era entonces Santiago Carrillo. La represión se abatió sobre Redondela como un huracán de terror: republicanos detenidos, galleguistas encarcelados, masones perseguidos, sindicalistas golpeados, comunistas asesinados... Mi padre, con una quincena de otros chavales de izquierda y dos escopetas de caza, se echó al monte. Con la idea de resistir hasta la derrota de la insurrección militar. Pero pasaron las semanas y el golpe de Estado fracasado se convertía en guerra civil de larga duración. Ninguno de los jóvenes alzados tenía una gran experiencia del monte. Tampoco poseían el equipamiento adecuado, ni contactos con los muchos otros grupos que, por toda Galicia, habían hecho lo mismo aisladamente. A medida que fueron pasando las semanas, la lluvia, el hambre, las noches en el suelo sin dormir, la añoranza de las familias fueron mermando los ánimos. Un campesino amedrentado probablemente los denunció, y una mañana, al alba, la Guardia Civil los detuvo y los desarmó.
   Empezó entonces el calvario. Encerrados en las celdas de la casa cuartel, estos jóvenes antifascistas fueron insultados, humillados, golpeados y torturados durante semanas. Nada pudieron los llantos y las protestas de las madres. Algunas noches, para divertirse, los señoritos falangistas venían a darles puñetazos a esos proletarios rojos, amenazándoles con el paseíllo. Finalmente se decidió el castigo. Todos serían alistados en el ejército del bando nacional, en batallones disciplinarios de zapadores y enviados inmediatamente al frente.
   A finales de septiembre de 1936, en plena noche, con otros jóvenes gallegos, llegaba mi padre a Belchite, en el frente de Aragón, en medio de un infierno de explosiones, metralla y gritos, a cavar trincheras en primera línea de niego. Con las balas silbando sobre su cabeza y las manos pronto enllagadas. Su posición se hallaba a escasos metros de la línea republicana. Enfrente estaban los catalanes del PSUC y del POUM que acudieron a defenderla República, los anarquistas de Durruti. Y también los primeros voluntarios extranjeros, entre ellos el inglés John Comford, biznieto de CharlesDarwin, y más tarde el propio George Orwell.
   También había gallegos, naturalmente, entre los republicanos del frente de Belchite. Emigrados en Cataluña, obreros antifascistas que se habían incorporado a las columnas revolucionarias. Cuando amainaban los bombardeos, antes de despuntar la madrugada, de trinchera a trinchera, los gallegos de los dos frentes se llamaban: «¿E ti de dónde eres?». «Eu son de Redondela, ¿e ti?». «De Vilalba». Los republicanos mandaban noticias para sus familias. Se lanzaban cigarrillos.
   De Jaca a Teruel, pasando por Huesca, Daroca y Leciñena, y por toda la sierra de Alcubierre, mi padre se pasó gran parte de la guerra condenado a cavar trincheras en aquel terrible frente de Aragón. Hasta que, en plena batalla del Ebro, la metralla de un obús le mordió la espalda y lo mandó a retaguardia.
   Con 85 años hoy, y la memoria perdida, mi padre vivió siempre culpabilizado por no haber hecho la guerra con los suyos, los demócratas republicanos. Es también el gran drama de miles de gallegos que, contra sus ideas y su gente, tuvieron que hacer la guerra con Franco a la fuerza. Es hora de que reclamemos desagravio y de que rindamos homenaje a todos esos gallegos combatientes involuntarios, obligados a guerrear en un bando que no era el suyo. 

17-VII-2002