CUENTOS VERTIGINOSOS, Beatriz Valdivieso

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BEATRIZ VALDIVIESO, Cuentos vertiginosos, Anaya & Mario Muchnik, Madrid, 1994, 258 páginas.

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EL PUENTE

Estaba con un pie a punto de dar el salto y tirarse del puente, cuando acertó a pasar por allí otro hombre tan carente de esperanza como él, que le dijo:
—Si te matas, no te creas que vas a solucionar tu problema. Allá arriba— y señaló el cielo, muy seguro de lo que decía, —las cosas son igual o peor que aquí.
El presunto suicida se echó para atrás muy interesado por lo que le decía aquel hombre vestido de harapos y le pidió un cigarrillo y conversación.
—O sea, que si soy pobre aquí, ¿allí no seré rico?— preguntó, abatido.
—No, allí es lo mismo que aquí, sólo que allí ya no hay vuelta de hoja. Las cosas las tienes que demostrar aquí abajo.
—Pues vaya puro, menos mal que me has avisado.
Y se fueron los dos a una cantina donde le fiaban al de los harapos y se emborracharon con unas cuantas copas.
Cuando cerraron el bar, los dos salieron haciendo eses, agarrados del brazo y con una botella en el bolsillo que el presunto suicida había logrado distraer al encargado del bar.
—Menuda moña nos vamos a coger esta noche. Qué bueno que te encontré.
Y dieron unos tragos largos antes de emprender la caminata hacia el puente, esta vez debajo, donde pensaban pasar la noche; pero cuando iban a crum la calle, un autobús que al parecer se había quedado sin frenos, se llevó a los dos amigos al otro mundo.

TRAMPANTOJOS, Ramón Gómez de la Serna

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RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA, Trampantojos, Clan Editorial, Madrid, 2002 (1947), 207 páginas.
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Un tercio de este original libro, profusamente ilustrado por el autor, lo componen Greguerías ilustradas (pp. 157-206). Los editores incluyen también la Nota biográfica a la primera edición de R.G.S. (pp. 207-208) y la Advertencia preliminar del autor a la primera edición (página 8).

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LA ÚLTIMA MOSCA
        
Estoy convencido de que hay lo menos mil millones de últimas moscas, sin contar las muchas que son penúltimas y antepenúltimas.
Las últimas moscas se ríen del tópico de la última mosca.
Lo vienen leyendo en los periódicos hace muchos años; pero como creen que eso las hace compadecidas y perdonadas, no se han ocupado de rectificar nunca el motivo de las crónicas anuales cuando ya llega la época del frío.
Las ultimas moscas se permiten todos los atrevimientos de las que saben la inagotable condescendencia que se suele tener con una última mosca.
—¡Si somos la última mosca! rezongan lagrimeantes al Ver que ya hemos fabricado el arma de papel con que matarlas.
Numerosos escritores, en distintas mesas, bajo distintas lámparas, con plumas de marca diferente y en muy separados pueblos, escriben en esa noche friolenta en que, como siempre, se hace raro ver una mosca más, un título común a sus crónicas, a sus sonetos, a sus dramas: La última mosca.
Después la observan, sin comprender la ironía con que se esta quieta y se deja mirar.

Esa última mosca
que en el hogar pernocta,
deja de ser la tosca
y se convierte en docta.
        
Comienza a escribir el poeta chirle que se deja inspirar por lo que es más chabacano entre las cosas inspiratrices.
Los hombres prosaicos la buscan más las vueltas, y pintan su miedo a morir, su viaje al fogón, siempre con algún rescoldo, y su amor por las perchas en que buscan los pliegues de las bufandas.
«Siempre hay un cuadro escribe el prosista número dos mil de los que concursan en la misma divagación acerca de la última mosca en que la mosca que quiere salvarse encuentra el paisaje primaveral que tiene por fondo, y allí se queda, poniendo su huevo en el lienzo, de cuyos árboles saldrán el año que viene moscas sin cuento como bandadas de pardales en la proporción.»
Entresacaré algunas ideas mosquiles tomadas del ejercicio escrito de todos los hombres livianos que escriben acerca de la última mosca.
«La última mosca ha leído todos los libros, y sabe la hora que es.»
«La última mosca ha agotado todo el repertorio de la cocina burguesa.»
«La última mosca pone ya los puntos sobre las íes.
«La última mosca es golosa como una mujer.»
«La última mosca llega a conocer los chorizos de cuelga, y las uvas de invierno, atracándose de jamón.»
«La última mosca sabe escuchar en las calvas el eco y el rumor de los pensamientos.»
«La última mosca llega a saber dos y tres idiomas, y ya pone sus nuevos con h.»
«La última mosca ha catalogado toda la casa, con paciente labor muy meritoria, y se ha explicado ya lo que son los espejos. »
«La última mosca siempre se ahoga.»
Y después de escribir esos pensamientos los sagaces escritores «mosquinómanos» se hacen los distraídos cuando ven revolotear numerosas moscas más a su alrededor, y consideran que se trata del plagio telepático cuando contemplan en la columna de la «crónica» en diferentes diarios las huellas inconfundibles, sui generis, dactilográficas y auténticas de otras últimas moscas, tan últimas moscas como las suyas.

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Hay unas calvas que parecen papel de música, pues sus cuatro pelos pentagramizan la pelada y sólo esperan que el maestro escriba las notas.
El gaitero es un músico que lleva la tráquea y los pulmones fuera y los va tocando al exterior y los llena de aire y de música.
He inventado el sofá eléctrico para facilitar la ejecución de los criminales, sobre todo cuando los autores, coautores y cómplices del asesinato han sido varios.

FUEGO ENEMIGO, Carlos Almira

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CARLOS ALMIRA, Fuego enemigo, Nowevolution, Madrid, 2010, 116 páginas.

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LA COMPASIÓN

Cuando iban a dispararme fijé mi atención en uno de los soldados del pelotón y deseé con todas mis fuerzas cambiarme por él, pero él advirtió mi estratagema y apuntó al aire.

LOCO POR EL HAIKU, David G. Lanoue

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DAVID G. LANOUE, Loco por el haiku, Funambulista, Madrid, 2011 (2000), 256 páginas.
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En la portada, a modo de subtítulo, esta leyenda: La primera y verdadera novela-haiku de la historia. El profesor Lanoue, después de traducir a Kobayashi Issa, publicó en el 2000 Haiku guy, traducida al español por el uruguayo Carlos Freitas. En el 2004 apareció Laughing Buddha. Haiku wars, del 2009, es su tercera novela.  
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en los ojos del gato muerto
lunas
de otoño

VOCES DETENIDAS, Dionisia García

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DIONISIA GARCÍA, Voces detenidas (Aforismos), Renacimiento, Sevilla, 2004, 152 páginas.

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Presenta una organización tripartita (Al compás del tiempo, En torno a la escritura, La mirada insistente) a la que precede una Introducción (pp. 9-15) firmada por la autora.

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El silencio que precede a una nevada podría ser el del mundo en su comienzo.
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Estar en la fila del existir se sobrelleva; lo peor es aproximarse a la ventanilla.
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Desde que las cancelas desaparecieron, el horror puede estar detrás de cada puerta.
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Caso de suerte: cuando la luz aparece en el poema, la recibimos temblando.
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Oler el papel de un libro es acercarse a él antes de amarlo.
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Por más que nos empeñemos, al escribir no salimos de nosotros mismos.
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La esperanza no es una fórmula mágica, sino preferir que no se rompa todo.
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Cuando advierto que algo resplandece lo llamo realidad, a falta de otras claridades.
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Amemos el silencio, y algo se oirá.

RELATOS EN CADENA 2009-2010

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Relatos en cadena 2009-2010, Alfaguara, Madrid, 2010, 160 páginas.

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En Sellos de la Ser (pp. 9-15) Fernando Valls señala:  "Hoy por hoy, el microrrelato cuenta con dos enemigos: la supuesta facilidad, esto es, la peregrina idea de que unas pocas líneas puede escribirlas cualquiera, incluso en un pis pas; y lo que parece más grave: el escaso conocimiento que muestran algunos de sus cultivadores primerizos respecto de esa variada y compleja tradición literaria".
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CARNE REBOZADA

La cena se enfriaba en la mesa y nuestro vecino seguía igual. Desnudo, subido en una silla y con una soga al cuello. A veces, bajaba y deambulaba cabizbajo por la habitación. De aquí para allá. De allá para aquí. Luego volvía a subirse, se anudaba la cuerda y colocaba los pies en el filo. Así llevaba toda la tarde. Nosotros, desde la ventana, lo observábamos expectantes. Papá decía que sí. Mamá decía que no. Pero el hombre, que si sí, que si no, no se decidía nunca. Al final, corrimos las cortinas y nos sentamos a la mesa. La carne rebozada fría no vale nada.
AGUSTÍN MARTÍNEZ VALDERRAMA

TAIO, Araceli Palma-Gris

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ARACELI PALMA-GRIS, Taio, Carena, Barcelona, 2005, 74 páginas.

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Compuesto íntegramente por haikus, el libro se estructura en seis bloques: los correspondientes a las estaciones del año, Sendas de Oku, en homenaje a Bashô, y un Epílogo que contiene, como ya indica la escritora en sus palabras prologales, los poemas con mayor carga reflexiva.

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En armonía,
redes y pescadores
comparten cuna.