ATLAS OBSCURA, Joshua Foer, Dylan Thuras & Ella Morton

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JOSHUA FOER, DYLAN THURAS & ELLA MORTON, Atlas Obscura, Planeta, Barcelona, 2017, 368 páginas.

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Subtitulado 365 lugares increíbles que casi nadie conoce, el libro resulta ser «un cuarto de maravillas, una especie de gabinete de rarezas que pretende despertar nuestra curiosidad y nuestro deseo de viajar», tal y como dicen Joshua Foer, Dylan Thuras, cofundadores de la web Atlas Obscura.
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BENÍN

Ganvie, Atlantique

   En los siglos XVII y XVIII, una parte de la actual Benín se conocía como el reino de Dahomey. Establecido por los fon, una etnia del África occidental, Dahomey se convirtió en una parte importante del comercio de esclavos en el Atlántico tras la llegada de los portugueses.
   Los cazadores fon colaboraban con los negreros portugueses y recorrían la región en busca de personas para vender. Uno de los grupos étnicos que cazaban eran los tofinu, que vivían en lo que hoy es la parte central de Benín.
   Como las creencias religiosas de los fon les prohibían aventurarse en el agua, los tofinu abandonaron sus hogares y fundaron Ganvie, una comunidad de chozas de bambú sobre pilotes en el lago Nakoué. Después de haber servido como protección de los fon durante la época de la esclavitud, Ganvie siguió viva y se ha adaptado a las demandas del siglo XXI. Las barcas motorizadas circulan en zigzag entre sus 3.000 edificios, que incluyen una escuela, una oficina de correos, una iglesia, un banco y una mezquita. Viven allí alrededor de 30.000 personas que se trasladan entre las cabañas en canoa y viven de la pesca.

Ganvie está en la orilla norte del lago Nakoué, al norte de la dudad costera de Cotonou, a unas 4 horas de Porto Novo.
N 6.466667 E 2.416667

EL RAYO INMINENTE, Glen Baxter

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GLEN BAXTER, El rayo inminente, Anagrama, Barcelona, 1985, 96 páginas.

 BIG TED  ERA SIN DUDA UN SASTRE MUY MAÑOSO

LEVE PRESENCIA, Matsuo Bashō

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MATSUO BASHŌ, Leve presencia, Satori, Gijón, 2017, 160 páginas.
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Cuatro años después de la publicación de Por sendas de montaña, la editorial Satori repite con una antología del gran maestro del haiku Matsuo Bashō: 70 poemas en traducción de Fernando Rodríguez-Izquierdo en los que la contemplación de la naturaleza no desafina al entretejerse con una mirada más personal e íntima.
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 chichi haha no shikiri ni koishi kiji no koe


Añoro a padre y madre
muy dentro, cuando escucho
el canto del faisán.

UNA HABITACIÓN EN EUROPA (DIARIOS 2010-2012), Avelino Fierro

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AVELINO FIERRO, Una habitación en Europa (Diarios 2010-2012), Eolas Ediciones, León, 2014, 248 páginas.
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Siete cuadernos de diarios que contienen una mirada certera sobre lo real; apuntes con los que el lector aprenderá a ver el símbolo en lo cotidiano.
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   Escribo en el hospital con bolígrafo prestado por una enfermera, mientras espero en la consulta de digestivo. La han cambiado de planta; todo está lleno de obras, me ha costado llegar hasta aquí. Me he perdido varias veces. Me he sentido como chalupa a la deriva, he barloventeado por los pasillos inmensos y la derrota me ha llevado a neonatos, oncología, espirometrías, geriatría... He visto a enfermos en sus camas húmedas, he sentido en el enrarecido aire antibiótico el eco de llantos apagados, la inutilidad de las plegarías amarillas, el hedor de los condenados a muerte... Me he cruzado con pacientes impacientes, desesperados en su despiste como yo, aturdidos como giróvagos; en un ascensor me he visto sofocado, solo con cinco enfermeras guapísimas del servicio de urología..., tendría que haberme desmayado allí mismo. Soy partidario del copago, pero tendría que haber unas indemnizaciones tasadas para estos agobios y retrasos que padecen incluso los que saben orientarse como yo, cual indio rastreador de las praderas: una sonrisa amable, un pin del sacyl...
   Al final, haciendo recuento de lo visto, ganan las dársenas de desguace a las playas doradas de la infancia; puede que sea premonitorio, como esta especie de pústula que cae ahora desde mi cabeza sobre el azul del pantalón mientras escribo, como si me estuviera desmoronando...

EL TESORO DE PUNTA HERMINIA Y OTROS TEXTOS SUMERGIDOS, Urbano Lugrís

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URBANO LUGRÍS, El tesoro de Punta Herminia y otros textos sumergidos, Alvarellos, A Coruña, 2017, 108 páginas.

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Olivia Rodríguez González subraya en Vuelve la literatura de Urbano Lugrís (pp. 7-18) la importante recuperación de estos textos del la importante recuperación de estos textos del pintor gallego.
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LOS CELTAS DE AYER (1950)

   Es en las horas de la tarde, cuando el restollo aldeano adensa el aire vespertino, y la torcaz inicia su tensón amorosa, que las viejas piedras de los viejos pazos expresan mejor su melancolía de rotas y lejanas hermosuras.
   El liquen de oro, y la vid silvestre, ciñen y decoran los sillares mordidos del tiempo, con las amargas adelfas amadas del romántico, y la zarzamora, con sustos de pájaros escondidos. Completan la nostálgica teoría floral los hinojos, con sus umbelas, quitasol de cigarras y cochinillas, los gráciles dientes de león, graciosos aeronautas del estío, mensajeros del campo en la ciudad, y las ortigas, jaramagos y centenos silvestres que adoraba Francis Jammes.
   Sobre el informe patín, donde sestea la lagartija, siempre ojo avizor, las armas de la casa muestran sus nobles atributos, limados por largos soles, lluvias y ventanías; tristes y bellas cicatrices que musgos y líquenes piadosamente amortajan y acarician.
   En las desiertas estancias murmura el viento su queja desolada, sus ancestrales suspiros sin descanso. Parece que llora —y en verdad lo hace— los nobles tiempos antergos desaparecidos, cuando del ámbito señoril de estas casas y torres derrumbadas, brotaba, como un agua fresca y sonora, la linfa purísima de la mejor cortesía.
   Pero no todo, afortunadamente, son ruinas evocadoras; no todo es soledad y abandono en los pazos gallegos. Muchos —quizá los más hermosos y representativos—, perduran todavía en medio de tantos azares y contratiempos, y conmovedoras supervivencias de un tiempo añorado y feliz, nos tocan alegremente el corazón cuando los percibimos, indiferentes al siglo y a los hombres, entre la fronda barroca de sus bosques y jardines. Comprendemos entonces que allí habita el buen gusto, y que son sus señores de aquellos verdaderos que en justicia merecen las ejecutorias que celan sus archivos.
   ¡Y qué nombres los de nuestros pazos! Trasariz, Pedrosa, Aguiar, Masid, Boán, Anzobre, Villoria, Des, Fefíñanes, Rioboo, Gondomar, Láncara, Ribadulla, Oca, Don Freán... Como una música lejana, mágica música inzada de vagorosas evocaciones, de no sabemos qué dolientes y, a la par, gozosas remembranzas, sus levantados nombres sonoros despiertan en nosotros, en la propia raíz del alma, la saudade del tiempo muerto; y un aroma de manzanas reinetas nos incensa de melancolía.
   Y eran los del otoño, los días gloriosos del pazo. Cuando es la vendimia, y montes y fragas y robledas se alegran con el paso festivo de los cazadores. Hirviente aún el mosto en los lagares, ya los vendimiadores, atezados de sol y de vino nuevo, cantaban y danzaban su pagana alegría en el patín señorial, entre jarra y jarra de oloroso Amela o Espadeiro, buenos amigos de la gaita grileira y de los incipientes idilios campesinos; en tanto los señores, desde la solana fresca y profunda, coronada de pámpanos seculares, asistían con cortesana aquiescencia a los divertimientos dionisíacos de la gente foral.
   ¡Cocina del pazo! Y no creáis que también, también su memoria nos punza y lastima, pues aquella gloriosa teoría de fórmulas hoy desdichadamente olvidadas, nos dice a su vez del buen vivir de antaño, y de los eufóricos, formidables estaribeles en que ollas, cazuelas, fuentes y asadores entonaban todavía la dickensiana —¡oh, Picwick!—, fanfarria cocineril de nuestros dichosos trasabuelos...

   Es la noche, y el pazo duerme. La luna, magnolia celeste, acalla aún más el gran silencio nocturno.
  Quizá los élitros monocordes de un insecto a quien Amor desvela, repiten su serenata —Glück, Paisiello, Cimarosa—, entre las platabandas del jardín estremecido por la brisa, donde una Flora de mármol adensa con su palor las sombras inquietas de los árboles.
   Murmura un agua escondida.
   Canta el ruiseñor.
 

ESCRITO EN EL CIELO, Antón Casariego, Martín Casariego & Fernando R. Lafuente

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ANTÓN CASARIEGO, MARTÍN CASARIEGO & FERNANDO R. LAFUENTE, Escrito en el cielo, Alfaguara, Madrid, 2017, 256 páginas.

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Los hermanos Casariego y R. Lafuente se encargan de editar este precioso volumen subtitulado Madrid imaginada en la literatura (1977-2017): «ciento cincuenta fragmentos de otros tantos autores» para construir, mediante estos fogonazos, «un relato certero y probable de Madrid como punto de encuentro universal y como ciudad de la cultura y el libro». De Jorge Edwards a Manuel Vicent, pasando por Marta Sanz, Luisa Castro, Andrés Barba o Ray Loriga.
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TIEMPO DE VIDA, Anagrama, 2010

   Mis padres se casaron en 1964. Mi padre tenía veintitrés años y mi madre veinticinco. Meses antes mi padre había comprado un apartamento en la calle Infanta Mercedes de Madrid con una herencia de su abuelo materno. El dinero para los muebles, como parece que era tradición, lo puso el mío. Años después, ya enfermo, mi padre me dijo que lo que le atrajo de mi madre fue su elegante belleza y el misterio imperturbable de su mirada. Levaba desde los veinte años viajando por Europa, había vivido en Ámsterdam, Londres y París, y en ningún sitio le había faltado compañía femenina, como atestiguan sus foros de esa época. [...]
   Esa juventud de su matrimonio se prolonga después de su vuelta a Madrid en 1966. Mi padre pinta y expone. Aún no tienen responsabilidades, no me tienen a mí. Entran y salen con frecuencia. Los visitan amigos. Amigos pintores y también escritores. Amigos, algunos, que, por su aspecto estrafalario en el Madrid de la época, detienen el tráfico a su paso. En las fotos que conservo se los ve más reposados que en las primeras, más atenuada la exteriorización de la alegría. Parece, sin embargo, una tranquilidad artificial, como si jugaran a ser madres. Mi padre sentado en una butaca, con un whisky en las manos, y mi madre detrás, reclinada sobre el respaldo con un brazo en el hombro de él.

MARCOS GIRALT TORRENTE


En este libro Giralt Torrente se enfrenta a un tema universal: la muerte del padre. Reconstruye la relación con el suyo, el tiempo de vida que compartió con él, desde su infancia hasta la enfermedad final, y también la huella de su ausencia tras el divorcio. La ciudad de Madrid se convierte en el lienzo ideal sobre el que pintar esta historia conmovedora e intima.

MEDIACIONES, Walter Benjamin

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WALTER BENJAMIN, Mediaciones, Biblioteca Nueva, Madrid, 2017, 128 páginas.

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En De la escritura como mediación (pp. 11-13) escriben sobre Benjamin Pilar Carrera y Jenaro Talens: «En pocos autores vemos, inscrita en los pliegues de la escritura concreta, en la orografía en la que suceden palabas y frases, la marca de una apuesta teórica».
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EN EL CIRCO

El novelista español Gómez de la Serna ha publicado un libro con notas sobre el circo que documenta no sólo un interés renovado, sino que sitúa su origen en la situación precaria de las masas, en su menor temor a la muerte, en su creciente escepticismo ante las instituciones de la espiritualidad y el embrutecimiento. Además, este libro es simpático, porque —caso extremadamente raro— no permite avanzar en el conocimiento de su autor. Por lo tanto, no es un tratado sobre el circo como «símbolo» de la actitud moderna ante la vida, sino que se convierte en una colección de notas tan escasas de realidad como un payaso dentro de un frac. Los amantes de la psicología verán aquí, por supuesto, un vacío. En el circo los más intolerantes deberían abrir su mente para entender que determinadas performances físicas están más cerca de lo esencial o, si se quiere, del milagro, que los fenómenos de la interioridad. Éstas, a menudo, son sólo su manifestación banal, aunque posean tal inervación a ojos de los idealistas. Por lo tanto, es muy adecuado que Serna haya dividido su atención entre el número de un espectáculo de circo y el capítulo de su libro sobre magnerizadores, ilusionistas, contorsionistas y amazonas.