SOBRE EL DOLOR DEL MUNDO, EL SUICIDIO Y LA VOLUNTAD DE VIVIR, Arthur Schopenhauer

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ARTHUR SCHOPENHAUER, Sobre el dolor del mundo, el suicidio y la voluntad de vivir, Tecnos, Madrid, 1999, 96 páginas. Traducción de Carmen García Trevijano.
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COMO NIÑOS ANTE EL TEATRO DE LA VIDA

   En nuestra tierna juventud nos sentamos frente al curso venidero de la vida como niños en el teatro antes de que se levante el telón, aguardando con dichosa impaciencia el espectáculo de las cosas que van a desfilar ante sus ojos. Es una suerte que no sepamos lo que en realidad sucederá. Pues al que lo sabe en más de una ocasión se le antojará ver en esos niños a reos inocentes de un delito que hubiesen sido condenados no precisamente a morir, sino, por el contrario, a vivir, pero que no hubiesen escuchado aún el contenido de su sentencia. 
   Mas esto en modo alguno disminuye el deseo que tiene cada cual de llegar a una vejez avanzada, a un estado, por ende, que responde a la siguiente descripción: «Mal nos va hoy y más mal nos irá yendo cada día... hasta que suceda lo peor.» 

EPIGRAMAS & MAXINIMIAS, César Abraham Navarrete Vázquez

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CÉSAR ABRAHAM NAVARRETE VÁZQUEZ, Epigramas & maxinimias, Mantra Ediciones, México D.F., 2017.
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SOBRE MODISTO

Vives para satisfacer a los caballeros, Modisto.
Y aunque confeccionar trajes-de-sastre te da
de comer, sé que lo que te gusta realmente
de tu trabajo es sacar-tela, desenrollar-tela,
medir-tela, cortar-tela y meter-tela.



AHÍ ES NADA, Jorge Riechmann

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JORGE RIECHMANN, Ahí es nada. Nuevos ensayos sobre el mundo y la poesía y el mundo, El Gallo de Oro, Bilbao, 2014, 178 páginas.
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Dejamos de ver lo que nos resulta demasiado familiar. Y los rasgos de lo nuevo los percibimos sobre todo in statu nascendi, en los momentos más tempranos de su desarrollo, cuando los observadores más perspicaces son capaces de distinguir lo diferente en un conjunto de rasgos que más adelante se transformará en paisaje cotidiano (y por ello, ne buena medida, invisible).
Contextualizar para familiarizarnos, descontextualizar para extrañarnos. Sístole y diástole de la vida.
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Viajar alrededor del año. Bailar sobre una sola baldosa.
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No la melancolía de lo que se perdió, sino la fidelidad a lo que es -y a lo que podría ser.
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Tú puedes olvidarte de la totalidad, nos advierte Terry Eagleton, pero la totalidad no va a olvidarse de ti. Podemos reformular: puedes olvidar al capitalismo, pero el capitalismo no se olvidará de ti. E incluso: puedes olvidar a la policía, pero la policía no se olvidará de ti.
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Mi bolígrafo tullido, mis poemas lisiados.
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El que busca equilibrio no estudiará tratados de armonía: aprenderá de los monstruos.
Comenzando por sí mismo.
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Impersonal plenitud, masculla René Char apoyado en su duro batón de rosier.
No expresarse en la poesía, sino desaparecer en el poema.
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El lenguaje tiene distintas dimensiones: puede ser una herramienta de control y dominación -y también puede ser otra cosa. En el poema, palabra en libertad, intuimos la forma de lo que podría ser una vida humana libre.

LO BUENO, SI BREVE, ETC., Ginés Cutillas

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GINÉS CUTILLAS, Lo bueno, si breve, etc, Editorial Base, 2016, 172 páginas.

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«La idea de escribir este manual —leemos en El porqué del monstruo— nace del deseo de diferenciarse de estos textos de carácter académico. Su objetivo es proporcionar las herramientas necesarias para escribir un buen microrrelato»; de ahí sus subtítulo: Decálogo práctico del microrrelato. El lector hallará en la sección Guía de lectura (117-162) una relación completísima de libros de microrrelatos organizada por el año de su publicación. 
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El porqué del monstruo [9]
Un poco de historia [11]
El alma de las bestia. Definiciones e introducción al género [15]
Qué es y qué no es un microrrelato [21]
Cuánto mide un microrrelato [21]             
Tipos de microrrelato [37]
Por qué un decálogo [45]
Decálogo del perfecto microrrelatista [57]   

I- Antes de escribir nada, lee todo [57]
II- No escribas nada que no aporte algo nuevo  [59] 
III- Elige con sumo cuidado cada una e las palabras [62]  
IV- En la primera frase te juegas al lector  [71]
V- Haz que el título forme parte de la historia [78]  
VI- Una imagen vale más que mil palabras [85]
VII- La elipsis de la reina  [93]
VIII- Parte de situaciones y personajes conocidos [100]
IX- Aplica sin complejos toda la literatura anterior [103]
X- Golpea sin piedad en el punto final [107]  

Guía de lectura  [117]
Bibliografía [163]  
Agradecimientos [167]    
       

            

MIL AÑOS DE CUENTOS. MITOLOGÍA,

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Mil años de cuentos. Mitología, Edelvives, Zaragoza, 2001, 384 páginas.

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Organizado en seis bloques (la creación del mundo, mitos sobre los orígenes, mitos osbre el amor, astucias y peleas de héroes, tretas y peleas de dioses y el reino de los muertos), contiene relatos de diversas mitologías (adaptados para nuevos lectores) con ilustraciones de Sourine. 
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UN VIENTO ABRASADOR SOBRE El HIELO

   En el principio, todo era un abismo sin fondo que se extendía entre el Norte, el país de los hielos y las tinieblas eternas, y el Sur, el país del fuego. Los ríos que corrían desde el Sur hacia el país de los hielos fueron llenando poco a poco el abismo. Los vientos abrasadores del Sur acabaron por encontrarse con las nieves del Norte y, como consecuencia, el hielo se transformó en gotas de agua que cada vez fueron más abundantes. Estas gotas de agua fría, fecundadas por el calor, produjeron el gigante Ymir. Su parte cálida transpiraba mientras dormía y las gotas de sudor generaron otros gigantes, machos y hembras.
   
   Los gigantes no estuvieron solos durante mucho tiempo, pues otra forma de vida había nacido del hielo fecundado por el viento del Sur: era la vaca Odimla, y de sus ubres brotaron cuatro ríos de leche que nutrieron a los gigantes. Incluso la vaca se alimentó con leche helada que tenía un sabor salado.
   La noche del primer día en que la vaca echó leche al hielo, apareció la cabellera de un ser con forma humana; al día siguiente, la cabeza del hombre emergió del hielo y, el tercer día, salió el cuerpo entero.
   Este ser nacido del hielo no era de la estirpe de los gigantes nacidos del sudor de Ymir. Y sin embargo, tuvo un hijo. Desde su más tierna infancia, este hijo dio muestras de un valor excepcional y de poseer grandes cualidades. Los gigantes le aceptaron y le dieron a una de sus hijas por esposa. De esta unión nacieron los primeros dioses y, concretamente, Odín.
   Pero de todas maneras, pasado un tiempo, la guerra entre los dioses y los gigantes explotó. Odín y sus compañeros mataron a Ymir. La sangre que salió de su inmenso cuerpo se precipitó hacia el abismo original, lo inundó por completo y los gigantes se ahogaron. De este océano de muere sólo consiguió escapar uno con su mujer. Esta pareja engendró otros gigantes que más adelante lucharían de nuevo contra los dioses.
   Mientras tanto, fueron los únicos amos del mundo, ¡pero menudo mundo! Por un lado, frío desolador y, por otro, fuego abrasador... Los dioses, entonces, tomaron el cuerpo de Ymir y lo pusieron en medio del abismo: de su carne surgió la tierra; de su sangre, el mar y los lagos; de sus huesos, las montañas, y de sus dientes, las piedras. Sus cabellos dieron lugar a los bosques. Con su cráneo, los dioses hicieron el cielo en el que colgaron las estrellas que sacaron de las chispas del fuego del Sur y las fijaron en la bóveda celeste para que iluminaran al mundo; la más grande y brillante se convirtió en el sol. Desde entonces existe el día y la noche. Sacaron también el cerebro de Ymir y lo lanzaron al aire y así se formaron las nubes. Con las cejas del gigante hicieron una muralla para proteger su territorio. Por fin, el universo estaba en orden y la casa de los dioses perfectamente delimitada.
   Cuando querían distraerse, los dioses bajaban a darse un paseo por la tierra. Y como estaba debajo de su morada, construyeron el arco iris, un puente gigantesco entre el cielo y la tierra. Pero su trabajo no había terminado todavía: les faltaban los seres humanos. Hasta ahora sólo vivían en la tierra los enanos, una estirpe de seres pequeños que salieron de la carne de Ymir como los gusanos surgen de un cuerpo en descomposición. Criaturas de las sombras, pasan la mayor parte del tiempo construyendo galerías subterráneas y forjando metales.
   Un día, tres dioses estaban paseando por la orilla del mar. Se trataba de Odín, Hoenir y Lodur. Vieron dos tocones de madera y decidieron crear con ellos a los seres humanos. Odín les dio el hálito vital, Hoenir, el movimiento y Lodur, la facultad del hablar, oír y ver. Los vistieron y después les pusieron nombre, al hombre le llamaron Ask y a la mujer, Embla. Y la descendencia de esta pareja pobló completamente la tierra.


ROBAIYAT, Omar Jayyam

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OMAR JAYYAM, Robaiyat, DVD, Barcelona, 2007 (2002), 208 páginas.

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En Omar Jayyam El herededo legítimo de Zaratrusta (pp. 15-74) hallará el lector una magnífica presentación al intelectual persa. «Jayyan no era un poeta propiamente dicho. Sus contemporáneos —escribe Nazanín Amirian—nunca nos lo presentan de esta forma, sino como un científico y un filósofo. Como para muchos sabios persas, la poesía resultaba para él un instrumento con el que organizar y dar a conocer aspectos esenciales de su concepción del mundo». Para su traducción, Amirian elige el alejandrino. 
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Sé feliz, pues tu suerte ya cocieron ayer;
de saber tus anhelos, ya se libraron ayer.
Vive feliz, entonces, sin tu destino saber:
voluntad y mañana decidieron ya ayer.

ARTE A LA CARTA, Benjaminn Chaud

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BENJAMÍN CHAUD, Arte a la carta, Libros del Zorro Rojo, Barcelona, 2016, 96 páginas.

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Chaud desacraliza, pasando por los fogones, a El Bosco, Monet, Bourgeois, Picasso, Munch y tantos otros. Cualquier lector podrá suponer, sin ningún esfuerzo, la procedencia de la mancha en el jersey de Francis Bacon.
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David Hockney comparte sus fideos chinos.