PROSAS, K. P. Kavafis

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K. P. KAVAFIS, Prosas, Tecnos, Madrid, 1991, 166 páginas.

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Prosa de ficción, política, personal y literaria: en esta edición se reúnen aquellas creaciones de Kavafis que discurrieron al margen de su obra poética.

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¿Hay realmente Verdad y Mentira? ¿O hay sólo Nuevo y Viejo, y la Mentira es simplemente la vejez de la Verdad?
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Sin el entusiasmo —dentro del entusiasmo incluyo ciertamente la rabia— no puede funcionar la humanidad. Sin embargo, en el momento de entusiasmo no funciona bien. Tiene que pasar el entusiasmo para que actúe eficazmente, pero también entonces —en el estado de sobriedad— realiza obras que tienen su origen en el periodo del entusiasmo. Quien se entusiasma demasiado no puede hacer un buen trabajo; quien no se entusiasma nunca, tampoco.
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No sé si la perversión da fuerza. A veces lo creo. Pero lo cierto es que es fuente de grandeza.
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Cuando sientes que eres malo y eso te afecta, y tienes remordimientos de conciencia, en realidad, ya no eres malo, porque te disgustan tus acciones y ya no te pertenecen. Pero cuando eres malo sin remordimientos de conciencia y más bien disfrutas, entonces eres malo sin saberlo, por lo que no eres malo en absoluto, pues no eres responsable. Entonces, en resumidas cuentas, ¿es que no existe maldad alguna?
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Para nosotros los hombres es la vida como un suicidio, hoy, tanto que la hacemos superflua a veces.

VIDAS INFINITAS, David Jasso

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DAVID JASSO, Vidas infinitas, Amargord, Madrid, 2013, 120 páginas.

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LA ESPERA

   Ni siquiera me mira. Cada mañana pasa a mi lado y ni me ve, ignora mi presencia.
   Pero no me importa, yo acudo puntual, todos los días, al cruce de la avenida, aunque sólo sea para verla pasar junto a mí, para seguir sus ágiles movimientos con mis ojos cansados. La veo cruzar la calle con su melena agitada por el viento, ondeando tras ella como el estandarte de su vitalidad; acelerando sus pasos jóvenes para sortear el tráfico con presteza; portando su pesada mochila repleta de libros de texto, con la vida restallando en su rostro fresco en ráfagas tan deslumbrantes que casi producen dolor.
   Y sueño con ella, con su sonrisa sincera, con su roce de brizna de hierba. Anhelo el momento de tenerla junto a mí, de sentir su cuerpo contra mi pecho, de acariciar sus cabellos con toques lentos. Son sólo unos segundos cada día, luego, sigue su camino hacia clase sin percatarse de mi presencia, sin saber que yo estoy ahí, esperándola. Y la veo alejarse.
   Quedo en la esquina un día más, rodeado por el fantasma de su perfume, sacudido por la estela de su paso como la barca mecida por las olas. Ni siquiera me ha visto. Pero no me importa, sé que un día caerá bajo la rueda del autobús y vendrá a mí, buscando el consuelo de los cálidos brazos de la muerte.

TAREA DE ESCRIBIR, Carlos Pujol

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CARLOS PUJOL, Tarea de escribir, Pamiela, Pamplona, 1998, 96 páginas.

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Siempre se cuenta la misma historia, ningún escritor se sale de sí mismo, como nadie se sale de su piel.
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La literatura tiene un orden oculto que finge el desorden, la improvisación, el falso azar de la vida.
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Se escribe a tienta y a ciegas, con las palabras como lazarillos.
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Escribir o meter en cintura sueños desbocados.
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El ideal de la metáfora es ser a la vez disparatada y exacta, absurda y verdadera.
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Alguien escribe como para engañar a la muerte, aun sabiendo que sólo se engaña a sí mismo.

1001 PERLAS DE SABIDURÍA, David Ross

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DAVID ROSS, 1001 perlas de sabiduría, Grijalbo, Barcelona, 2006, 384 páginas.

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Subtitulada Pensamientos y reflexiones que te inspirarán, esta antología compilada por David Ross pretende "ofrecer un amplio abanico de palabras sabias debidas a los grandes pensadores de los últimos tres mil años".
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El valor sin conciencia es una fiera salvaje.
Robert G. Ingersoll
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No juzgues a nadie antes de haber caminado durante dos lunas con sus zapatos.
Refrán indio norteamericano
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Tenemos el derecho de no tolerar a los intolerantes. Si podemos tolerarlos sin correr un gran riesgo, está bien que lo hagamos, no obstante, existe la posibilidad de que el riesgo sea tan alto que no podamos permitirnos ese lujo.
Karl Popper
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El dinero es como el estiércol; si no se reparte, no vale nada.
Francis Bacon
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Lo único grande es el silencio. Todo lo demás es debilidad.
Alfred de Vigny
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La muerte me tira de la oreja, diciéndome: "Vive, que vengo".
Virgilio
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Al contemplar tu vida, verás que los momentos que destacan son aquellos en que hiciste algo por los demás.
Henry Drummond
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Artista es el que le da la vuelta a su chaqueta y se enamora del color del forro.
Jeanne Tardiveau
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La juventud es feliz porque tiene la facultad de ver la belleza. Si alguien conserva la capacidad de ver al belleza, nunca se hace viejo.
Franz Kafka
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Demasiada cordura puede ser locura, y lo más loco de todo es ver la vida como es, no como debería ser.
Miguel de Cervantes

EMOCIONARIO. DI LO QUE SIENTES, Cristina Núñez Pereira & Rafael R. Valcárcel

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CRISTINA NÚÑEZ PEREIRA & RAFAEL R. VALCÁRCEL, Emocionario. Di lo que sientes, Palabras Aladas, Madrid, 2013, 96 páginas.

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Señala en el prólogo Rosa Collado Carrascosa una de las virtudes de Emocionario. Este catálogo de cuarenta y dos emociones, ilustrado por diversos artistas, ha de servir al niño (y al lector adulto que lamentará no haberlo leído en su infancia) para "descubiri, identificar y diferenciar las emociones". Un ejercicio que les permitirá convetirse "en adulktos autoconscientes con habilidad sensitiva para afrontar los retos de la vida".
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INCOMPRENSIÓN

   La incomprensión nace de la falta de entendimiento con el otro. Intentamos explicar algo que nos ocurre o que pensamos, pero la otra persona no nos entiende. En ocasiones, nos sentimos incomprendidos porque algo que hacemos no encaja con la opinión de los demás. No te preocupes, piensa en Leonardo de Vinci y en otros genios: todos tuvieron que enfrentarse a la incomprensión. Su pensamiento no concordaba con la época en que vivían.

¿CÓMO SURGE LA INCOMPRENSIÓN?

   La incomprensión surge de un desajuste entre cómo ves tú el mundo y cómo creen los demás que lo ves. Es una mezcla de frustración y desamparo.

Federico Combi

EL PRIMER TRAGO DE CERVEZA Y OTROS PEQUEÑOS PLACERES DE LA VIDA, Phillipe Delerm

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PHILLIPE DELERM, El primer trago de cerveza y otros pequeños placeres de la vida, Tusquets, Barcelona, 2001, 104 páginas.

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IR A COGER MORAS

   Es un paseo que se da con viejos amigos, al final del verano. Se acerca la vuelta al trabajo, pocos días después todo volverá a empezar; así que resulta agradable ese último garbeo ya con efluvios de septiembre. No es menester invitarse, ni comer juntos. Basta una llamada, a primera hora de la tarde del domingo.
   —¿Os apetece venir a coger moras?
   —¡Hombre, precisamente os lo íbamos a pro­poner!
   El sitio es siempre el mismo, a lo largo del camino en la linde del bosque. Las zarzas cada año están más frondosas e impenetrables. Las ho­jas tienen ese verde mate, profundo; los tallos y espinas, esa tonalidad vinosa que se asemeja a los propios colores del papel vergé con el que se encuadernan libros y cuadernos.
   Cada cual va provisto de una caja de plástico especial para que no se chafen las bayas. Todos empiezan a coger sin demasiado frenesí, sin de­masiada disciplina. Bastarán dos o tres tarros de confitura, que no tardarán en saborearse en los desayunos de otoño. Pero el máximo placer es el del sorbete. Un sorbete de moras consumido la misma noche, un dulzor helado en el que duer­me el último sol relleno de frescor oscuro.
   Las moras son pequeñas, de un negro ruti­lante. Pero mientras se cogen prefiere uno probar las que todavía conservan algún grano rojo, un sabor acidulado. No tardan en manchársenos las manos de negro. Nos las restregamos mal que bien en las hierbas amarillentas. En la linde del bosque, los helechos se tiñen de rojo, y sus cur­vilíneas sumidades llueven sobre las perlas mal­vas de los brezos. La conversación discurre sobre cualquier cosa. Los críos se ponen serios, evocan su temor o su deseo de que les toque tal o cual profe. Porque el regreso al trabajo gira en torno a ellos, y el camino de las moras tiene un sabor a escuela. La carretera es suave, apenas ondulada: es una carretera hecha para conversar. Entre dos chaparrones, la luz reavivada se presenta aún cá­lida. Hemos cogido las moras, y con ellas nos hemos llevado el verano. En la pequeña curva de los avellanos, nos deslizamos hacia el otoño.

AL PIE DE LA LETRA. GEOGRAFÍA FANTÁSTICA DEL ALFABETO ESPAÑOL, Real Academia Española

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REAL ACADEMIA ESPAÑOLA, Al pie de la letra. Geografía fantástica del alfabeto español, Fundación José Manuel Lara, Madrid, 2014 (2007), 384 páginas.

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En este tributo a la letra del sillón que ocupan de los académicos de la RAE encontramos, en orden alfabético, un feliz catálogo de ingenio literario.
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BAMBALINA DE CUS

   Es lástima que los españoles menospreciemos la q, Iéase cu, letra hacia la que sien­to una especial afición, una verdadera e insólita reverencia y una manifiesta y do­méstica parcialidad; el motivo de mi confesada inclinación es que la letra Q, léase cu, mayúscula, es la silla académica donde cada jueves del curso asiento mi cu, tradúzcase culo, y ya se sabe que de bien nacidos es ser agradecidos y estar siempre dispuestos a reconocer la dádiva y el favor.
   Un coro de ángeles capones entona el himno de las misteriosas benevolencias, aquel que arranca bajito para acabar arrebatado y que comienza con una invoca­ción a la prudente misericordia: ¡Gracias, letra q, vuelva a leerse cu, léase siempre cu, tras cuyas bambalinas insurrectas izamos el gallardete del quídam faccioso y las máscaras pintadas de albayalde de sus siete acólitos veniales, uno por cada uno de los Siete Niños de Écija!
   Quequier quibdoano, Quiquito el Quisqui, por ejemplo, o sea sin ir más lejos, acompañándose de la quindolina, la mandolina de once cuerdas inventada por él sin ayuda de nadie, entona con voz de grillo a punto de ser padre la última qasida que compuso el quejicoso Quliquedo, el marica municipal de Quintanamanvirgo. (El texto de la qasida debe adivinarse y, una vez bien sabido, aprenderse de memoria para po­der cantarlo con los ojos cerrados y el corazón en un puño). Mientras todo esto suce­día en Quart de Poblet, Queimadela y en Quintanar de la Orden, en el lugar que dicen la Quebrada del Quebracho, mismamente en la Fontana del Raposo Tartamudo, a un soldado de los Tercios de la Quiñonería que calzaba botines a la ponleví, se le torció el quebradillo y se pegó semejante traspiés que su capitán lo arrestó por indecoroso.
   —¡Para que te peas llevando el cirial y digas que son cohetes, tonto del haba, que eres un tonto del haba de cuota y sin remisión!
   Don Quod-VuIt-Deus Quijones Quijongo, alias Queroseno, recaudador de con­tribuciones muy propenso a los tocamientos libidinosos, al fútbol sala y al chocolate con tejeringos, le dijo a su primo don Queremón Quismondo y Quatretondet, alias Quiebracajete el Mozo, protésico dental ejemplarmente esmerado y de muy probadas virtudes, se lo dijo pasándole amistosamente una mano por el hombro, le dijo lo que paso a decir.
   —Quisiera hacer con la letra q, léase cu, con cuatro o cinco letras cus, una bam­balina para arropar el misterio y permitir al último quark morir en paz y en gracia de Dios. La letra q, léase cu, es la imagen del conservadurismo y está ya con un pie en el estribo del sepulcro para mal de todos. Invoco a mis dilectos benefactores don Emilio y don Francisco, los dos españoles que más saben de las letras c, léase ce, k, léase ca y q, léase cu, para que me ayuden a entonar esta mi doliente nenia. Declaro que pienso gastarme todos mis ahorros en un solemne y aparatoso funeral, en unas pompas de muerto reverenciosas y solemnes, porque las funebridades de chicha y nabo son el desdoro de las familias.
   El mancebo Quiebracajete el Mozo, gritó: ¡Viva la letra q, léase cu!, puso los ojos en blanco y expiró.

Camilo José Cela y Trulock  [Q MAYÚSCULA]