DE CAMINO A OKU Y OTROS DIARIOS DE VIAJE, Matsúo Basho

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MATSÚO BASHO, De camino a Oku y otros diarios de viaje, Olañeta, Palma de Mallorca, 2014, 160 páginas.


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Escribe Jesús Aguado en el Prólogo (pp. 9-22): Bashó caminó y caminó trenzando, con el hilo refinadísimamente basto de sus palabras, con sus sandalias de paja, con la rama en la que se apoyaba y con el amplio sombrero cónico de tiras de cedro, todos productos manuales que intentaba fabricarse él mismo, los retales de una Palabra desperdigada y casi olvidada por el mundo.
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DÍA 23

Un palmoteo. 
La luna de verano. 
Responde el alba. 

En estos brotes 
de bambú, dibujada
toda mi infancia. 

Lenta cebada 
que enrojece y madura. 
La alondra canta.

Página en blanco, 
cucurras gritadoras: 
¡quiero dormir!

Asunto: la Casa de los Caquis Caídos, por Bonchô:

Campo de alubias, 
almacén de la leña: 
santos lugares. 

Cuando empieza a caer la noche Kyorai llega procedente de Kyoto. Una carta de Shobo de Zeze. Y otra de Shohaku de Otsu. Bonchô llega. El abad del templo Honpuku de Katada aparece de improviso y se queda a pasar la noche. Más tarde Bonchô regresa a Kyoto.

MICROSEXO, Ana Grandal

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ANA GRANDAL, Microsexo, Amargord, Madrid, 2019, 96 páginas.

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FLUIDOS

   Es su aniversario y, como cada año, reservan la suite Noche de bodas en el gran hotel. Se hacen llevar a la habitación una cena ligera, acompañada de una botella de cava; mientras, se llena la espaciosa bañera con forma de corazón, el sugestivo reclamo para los tortolitos que van a ocupar la pieza. Se sumergen en el agua jabonosa, dejando que la espuma acaricie levemente su piel. El líquido, caldeado a la temperatura adecuada, les arropa con una tibieza que va despertando sus sentidos, que poco a poco se inflaman y llevan sus jugos internos al punto de ebullición, una caldera hirviente entre las piernas. Se tocan, se abrazan y él la penetra allí mismo, mecidos por las aguas ardientes y humeantes, las únicas que pueden ya encenderlos.

PARAGUAS DE COLORES PARA DÍAS GRISES, Sara Nieto

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SARA NIETO, Paraguas de colores para días grisesSar Alejandría Ediciones, Castelló de la Plana, 2018, 256 páginas.
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EL PARAGUAS

   De lo poco que me dejaste rescaté este paraguas. Bajo él me cobijo del sol radiante de tu recuerdo pero me mojo cuando llueven lágrimas.

LA MEMORIA DONDE ARDÍA, Socorro Venegas

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SOCORRO VENEGAS, La memoria donde ardía, Páginas de Espuma, Madrid, 2019, 112 páginas.

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EL FUEGO DE LA SALVACIÓN

   De niño me quedaba siempre a las orillas del misterio, en un rincón de la acera. Los que pasaban por ahí me daban dinero, cuando lo que yo quería en realidad era entrar. Las puertas de la cantina, alas destructoras, apenas me permitían atisbar, adivinar en la medusa del humo y la música los secretos más preciosos. Sólo miraba los pies que iban y venían, los zapatos de mujer con tacones raspados. El olor de la cantina: el humo del cigarro, el oxígeno viciado del alcohol, y aunque a veces sentía náuseas podía más mi curiosidad; de qué se reían, qué apostaban, por qué a veces lloraban ésos que al entrar parecían dioses y cuando salían estaban solos y perdidos. Y aquel letrero: Se prohíbe la entrada a niños, animales y uniformados. Otros letreros también incluían a las mujeres. A veces mi madre iba a buscarme, recorría cada cantina de Leandro Valle, bajaba por Matamoros hasta llegar a Galeana. Cada vez que se asomaba para tantear si me había colado, tenía que soportar rechiflas y majaderías, hasta que al fin me encontraba sentado afuera de alguna, distraído con mi trompo de colores. Me llevaba de las orejas a la casa y allá seguían los regaños, a veces un cinturonazo. 
   No comprendía por qué me gustaban las cantinas. Nadie te da esos malos ejemplos, decía. Era verdad. Solo me había aficionado a los teporochos mugrosos que entraban y salían, a los señores gordos que jugaban dominó con sus amigos, a las meseras que entraban rápido y con la cabeza gacha. Una vez un señor se bajó de un carrazo, se estuvo frente a la puerta de la cantina acariciándola con las puntas de los dedos, sin atreverse a dar un paso. Se volvió a mirarme, tenía los ojos muy abiertos. No puedo, me dijo a modo de disculpa. No sé cómo, pero comprendí que sufría, así que me levanté, empujé las puertas por él y las sostuve para darle paso. Sonrió aliviado. Me dio las gracias y entró. 
   Una tarde sacaron a un muchacho a que vomitara y me ensució los zapatos. Mamá me vio llegar a la casa. Dejó a un lado la tina de ropa ajena que lavaba, me quitó los zapatos, los limpió con mucho cuidado e hizo que volviera a ponérmelos. Estaba callada, pero yo sentí que en ella se encimaban muchas palabras. Me agarró de la mano para llevarme a la calle, casi a rastras. Llegamos a la cantina, la más fea, la más sucia, la más pobre. Precisamente aquella que prohibía la entrada a niños, mujeres y perros. Mi madre, que cargaba un cansancio muy viejo, irguió los hombros. Por primera vez me pareció hermosa, incomparable. Me guiñó un ojo y empujó la puerta, tranquila, nada de prisas. Me hizo entrar a mí primero. En la barra pidió dos cervezas.

DE ESTE LADO DEL MUNDO, Nélida Cañas

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NÉLIDA CAÑASDe este lado del mundo, Víctor Manuel Hanne Editor, Salta, 1996.
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EFÍMERA

   Alguien me está llamando, trémula, detrás de la ventana. Alguien me está llamando, pero no habla. Hace señas furtivas.
   Hago como que no la veo, pero sólo ella existe para mí.
   La ventana es alta y la hiedra ha cubierto las paredes. El silencio la cubre. La ausencia la cubre.
   Es apenas una niña, una criatura efímera entre restos de pesadillas y abandono.
   Tremola mi corazón. Soy la ventana y el muro, y las señas furtivas que no entiendo.

CÓNCAVO Y CONVEXO, Carmen Canet & Javier Bozalongo

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JAVIER BOZALONGO & CARMEN CANET, Cóncavo y convexo, Esdrújula, Granada, 2019, páginas.
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El lector no sabe quién inaugura y quién responde en cada uno de los diálogos, pero sí tendrá la certeza de disfrutar de este brillante juego de espejos deformados mediante aforismos que aquí establecen Canet y Bozalongo.
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Un buen aforismo muerde.
Un buen aforista, también.
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La aritmética electoral suma, aunque a veces reste esperanza en el futuro.
En los gobiernos la aritmética que predomina es la resta.
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Olvidar el pasado y esperar el futuro es huir del tiempo.
La importancia de la memoria histórica.
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Ir a votar como quien va a misa de doce: después de la campaña electoral todos dicen: ¡Amén! (En cursivas)
Presidir una mesa electoral en domingo es como celebrar una eucaristía democrática:
hace falta tener mucha fe.
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Aforismo subcutáneo: submarinismo.
Aforismo cutáneo: a flor de piel.
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Hay días que no nos acogen, nos sobrecogen.
Cuando te acojan, no dejes que te adopten.
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Cuando escribes viendo el mar, todo fluye ondulado.
Cuando escribes de espaldas al mar, te arrastran las olas.

CÓMO INICIARSE EN MICROLOGÍA, Alexandra Jamieson

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ALEXANDRA JAMIESONCómo iniciarse en micrología. El estudio de las pequeñas cosas, mínimas o que no se ven a simple vista, Macedonia Ediciones, Morón, 2019.

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SALTAR

   Vio que el tren se acercaba y saltó a las vías. Siempre había tenido miedo de que alguien la empujara adrede o de caerse involuntariamente. O voluntariamente. Ese día se había levantado especialmente enérgica y escéptica al mismo tiempo pero con ganas de experimentar sensaciones nuevas. Le daba miedo pensar que un día tendría el temple de dar ese salto que tanto la atraía. Cuando viajaba en tren, le molestaba detenerse durante horas sólo algunas estaciones después de haber subido porque alguien había logrado lo que ella no. ¿Cómo lo habría hecho? ¿Tomando impulso y carrera? ¿Blandamente, desmoronándose por el borde? Como si nada, un saltito de nada. Ver que viene el tren y saltar. Dura un segundo y está en el foso rodeada de papeles, botellas plásticas, metal. Llega a ver también el asombro de dos pasajeros cuando deja apoyados el bolso del gimnasio y la cartera en el andén, como si fuera a volver pronto para buscarlos. Vio que el tren se acercaba.