PEQUEÑA GALAXIA, Ramón Eder

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RAMÓN EDER, Pequeña galaxia. Sobre el aforismo, Libros al Albur, Sevilla, 2018, 46 páginas.
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"Un buen aforismo no puede contentarse con ser rápidamente deglutido, ni un buen lector de aforismos se siente satisfecho cuando comprende a vuelapluma lo que el aforista ha escrito; se ha de producir un pulso, una suerte de danza entre la voluntad de decir del autor y la capacidad de entender del lector." José Luis Trullo edita y prologa a uno de los más destacados bailarines de aforismo español actual.
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La ética del aforismo reside en no decir tonterías.
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Generalmente al escritor de aforismos no le queda más remedio que pulir una piedra semipreciosa, porque no tiene piedra preciosa que pulir.
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No todas las frases buenas son aforismos: el aforismo tiene que tener algo de autónomo y desconcertante.
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En todo libro de aforismos, cada aforismo es una pincelada cuyo conjunto forma el autorretrato del autor.
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En los libros de aforismos se agradece que, por lo menos, en cada página haya alguno que nos haga sonreír.
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Los aforismos sin punta son como escotes puritanos.
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El escritor de aforismos, si se descuida, puede acabar convirtiéndose en un sabio de almanaque.
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Los aforismos «jarro de agua fría» pueden ser muy buenos.
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Los libros de aforismos son diarios sin fechas.

COMO SI NADA, Nélida Cañas

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NÉLIDA CAÑAS, Como si nada, Macedonia, Morón, 2018, 132 páginas.

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EN LA FOTOGRAFÍA

Mi padre, con los brazos abiertos, cabalga de pie sobre el lomo de su caballo. Tiene apenas veinte años. Sonríe. Es feliz. Debe haber sentido la plenitud de un pájaro ingrávido. Su vuelo quieto. Su libertad. Luego vino la vida y sus vaivenes. Se borró su sonrisa y los ojos fueron para siempre tristes. De un mirar lejano, desolado. 

HOMBRES FELICES, Felipe R. Navarro

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FELIPE R. NAVARRO, Hombres felices, Páginas de Espuma, Madrid, 2016, 120 páginas.

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ARGOS

   El hombre que avanza oculto por andrajos que son en realidad restos de memoria que lo ocultan del doloroso presente encuentra al perro, y el perro entreabre los ojos y lo mira, cansado, apenas alcanza a olfatearlo y mover la cola de alegría, Y encuentra su pasado sentado al telar, pero también recuerda cómo el espacio lo enmarcan blancas, líquidas, gaseosas crestas, y vuelve a mirar al perro que otra vez dormita, camino de la muerte, y se recuerda en el espejo del mar mientras navegaba los años, y se contempla en él, los brazos fuertes cubiertos de sal seca, la inestabilidad de las corrientes tatuada en las plantas de sus pies, y se gira, entonces se gira y sale del lugar, y olvida al perro que muere o está muriendo o ha muerto, y olvida a la mujer que teje, y se olvida a sí mismo, se intenta olvidar a sí mismo al menos, y regresa a su barco que se mece en el puerto con la bodega anegada de soledad, y parte de nuevo en cuanto el viento hace vivir las velas, y con el sol a la espalda un griego llora sentado en una colina desde la que contempla rodar la tierra en dirección al mar y ve empequeñecerse los mástiles, llora por un perro muerto, por una mujer sola, por un hombre solo, y llora por una historia que nunca concluirá, y que no cantará nunca.

VERSUS, Karlos Linazasoro

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KARLOS LINAZASORO, Versus (Estampas de un náufrago). Versión del autor, Jekyll and Jill, Zaragoza, 2018, 112 páginas.

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Versus tiene sesenta y pico años. Para decirlo con exactitud, cuarenta y ocho. Es del cuatro de noviembre, no  sabe  de  qué  signo  zodíaco.  Cuando  el  barco  se  hundió, era soltero. Versus, todas las cartas que escribía, las firmaba  siempre  con  un  vs.,  siempre.  Una  vez,  aunque  hace ya mucho tiempo, le llegó a la isla una muñeca hinchable.  Era  preciosa.  La  recogió,  la  infló  bien  inflada,  y se la quedó mirando largo rato. Del sexo de la muñeca salieron cuatro peces de color oro. Versus, inevitablemente, se acordó de Jonás. No le agradó la triste obscenidad de la muñeca. Versus no cree en el sexo sin amor. Sobre el amor sin sexo, sin embargo, nada sabe. Afiló la navaja casi hasta perder el conocimiento, y despedazó la muñeca: piernas, brazos, tronco, cabeza. (Se guardo para él el dedo  meñique  de  la  mano  izquierda.)  Luego,  ya  de  noche, la arrojó al mar. Con mala saña. Las piernas, hacia el norte; los brazos, hacia el sur; el tronco, hacia el este; la  cabeza,  hacia  el  oeste.  A  la  mañana  siguiente,  tampoco tuvo Versus la suerte de avistar barco alguno en el horizonte.

HOY SUPE, Silvia Sánchez

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SILVIA SÁNCHEZ, Hoy supe, Macedonia, Morón, 2018, 74 páginas.

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JUSTICIA CLÁSICA

   Hoy supe que dos borrachitos apuraron al viejo para que les entregara 300 pesos. Enseguida llegó un policía en el patrullero, después de bajar con las sirenas puestas, abrazó a los chicos y les dijo que ya estaba todo arreglado. La cosa quedó calmada, pero el viejo hizo la denuncia contra el policía porque la idea no era que se apaciguasen, sino que fueran presos. 

ENORMIDAD, Sihara Nuño

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SIHARA NUÑO, Enormidad, La Isla de Siltolá, Sevilla, 2018, 72 páginas.

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La humedad: chiquilla inquieta que dibuja en los rincones.
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Que nos duela el hambre.
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Abandonó la academia. Compró una lupa. Se hizo investigador de las cosas minúsculas.
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Cualquier cosa puede caber en la enormidad [incluso cuando no hay lugar].
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Sucesión de ideas: cae una gota de agua, un pétalo..., explota el mundo.
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Algunos acontecimientos estropean la Historia
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Deshojar una margarita moldea el carácter.
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Hay palabras con la densidad de una supernova.
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Soñamos con la verdad. La verdad está ahí. Sólo nos falta el poema.

CINCUENTOS, José Luis Bulacio

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JOSÉ LUIS BULACIO, Cincuentos. Cuentos en cincuenta palabras, Macedonia Ediciones, Morón, 2018, 64 páginas.

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CÁLIDO HOMENAJE

   Para homenajearlo, ella preparó el asado como a él le gustaba, con papas bien doradas, cebolla crujiente, y tiras de ají morrón. Mucha sal sobre la carne, mucha pimienta. Sonrió al pensar que el condimento lo haría estornudar, pero no, él ni pareció sentirlo antes de entrar en el horno.