CRÓNICAS MARCIANAS, Ray Bradbury

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RAY BRADBURY, Crónicas marcianas, Minotauro, Barcelona, 2015, 360 páginas.

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La famosa crónica de colonización del planeta rojo, a cargo de Ray Bradbury y su maestría para la ciencia ficción, está construida a partir de breves relatos.

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enero de 1999

EL VERANO DEL COHETE

   Un minuto antes era invierno en Ohio; las puertas y las ventanas estaban cerradas, la escarcha empañaba los vidrios, los carámbanos bordeaban los techos, los niños esquiaban en las pendientes; las mujeres envueltas en abrigos de piel caminaban pesadamente por las calles heladas como grandes osos negros.
   Y de pronto, una larga ola de calor atravesó el pueblo; una marea de aire cálido, como si alguien hubiera dejado abierta la puerta de un horno. El calor latió entre las casas y los arbustos y los niños. Los carámabanos cayeron, se quebraron y se fundieron. Las puertas se abrieron de par en par; las ventanas se levantaron; los niños se quitaron las ropas de lana; las mujeres guardaron en los armarios los disfraces de oso; la nieve se derritió, descubriendo los prados verdes y antiguos del último verano.
   El verano del cohete. Las palabras corrieron de boca en boca por las casas abiertas y ventiladas. El verano del cohete. El caluroso aire desértico cambió los dibujos de la escarcha en los vidrios, borrando la obra de arte. Los esquíes y los trineos fueron de pronto inútiles. La nieve, que caía sobre el pueblo desde los cielos helados, llegaba al suelo transformada en una lluvia tórrida.
   El verano del cohete. La gente se asomaba a los porches goteantes y observaba el cielo, cada vez más rojo.
   El cohete, instalado en la plataforma de lanzamiento, soplaba rosadas nubes de fuego y calor de horno. El cohete se alzaba en la fría mañana de invierno, creaba verano con cada aliento de los poderosos escapes. El cohete transformaba los climas, y durante unos instantes fue verano en la tierra...

ÁNGELES Y VERDUGOS, Diego Muñoz Valenzuela

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DIEGO MUÑOZ VALENZUELA, Ángeles y verdugos, Macedonia, Morón, 2016.

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AMOR CIBERNAUTA

   Se conocieron por la red. Él era tartamudo y tenía un rostro brutal de neanderthal: cabeza enorme, frente abultada, ojos separados, redondos y rojos, dientes de conejo que sobresalían de una boca enorme y abierta, cuerpo endeble y barriga prominente. Ella estaba inválida del cuello hasta los pies y dictaba los mensajes al computador con una voz hermosa, pausada y clara que no parecía tener nada que ver con ella; tenía el cuerpo de una muñeca maltratada. Fue un amor a primer intercambio de mensajes: hablaron de la armonía del universo y de los sufrimientos terrestres, de la necesidad del imperio de la belleza y de los abyectos afanes de los mercaderes de la guerra, de la abrumadora generosidad del espíritu humano que contradice la miseria de unos pocos. Leían incrédulos las réplicas donde encontraban una mirada equivalente del mundo, no igual, similar, aunque enriquecida por historias y percepcio¬nes diferentes. Durante meses evitaron hablar de sí mismos, menos aún de la posibilidad de encontrarse en un sitio real y no virtual. Un día él le envió la foto digitalizada de un galán. Ella le retribuyó con la imagen de una bailarina. Él le escribió encendidos versos de amor que ella leyó embelesada. Ella le envió canciones con su propia voz, él lloró de emoción al escuchar esa música maravillosa. Él le narraba con gracia los pormenores de su agitada vida social, burlándose agudamente de los mediocres. Ella le enviaba descripciones de sus giras por el mundo con compañías famosas. Ninguno de los dos jamás propuso encontrarse en el mundo real. Y fue un amor de sueños, de mensajes, de versos, de canciones. Fue un amor verdadero, no virtual, como los que suelen acontecernos en ese lugar que llamamos realidad.

ORQUESTA DE DESAPARECIDOS, Francisco Javier Irazoki

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FRANCISCO JAVIER IRAZOKI, Orquesta de desaparecidos, Hiperión, Madrid, 2015, 136 páginas.

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Con la arquitectura de una casa que, por ritmo y referencias, se encuentra cimentada sobre música, estas breves piezas en prosa abren sus puertas a la luminosidad y el pequeño asombro frente al olvido; habitaciones poéticas que erigen un hogar para la memoria.

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SIN CELDAS

   Después de baldear el suelo de nuestra historia, dispersaré las cenizas de la casa de mi padre. A puñados las arrojaré a los lindes de otras tierras.
   Las cenizas llevarán adheridas nuestras palabras para el encuentro con los sonidos de identidades lejanas.
   Desconociéndose, también los dolores se retirarán a unos hilos de polvo.
   Ya no juzgaremos desde la superioridad irrisoria y nadie se lastimará con la alambrada de las leyendas.
   Calcularemos, sí, cuánta grandeza extraviada cabía en los himnos.
   Un fuerte viento mental va arrancando los jardines, postigos, vigas y escaleras de todas las patrias. 

ÉRASE UNA VEZ, Ana Vidal

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ANA VIDAL PÉREZ DE LA OSSA, Érase una vez, Encuadres, Valencia, 2016, 100 páginas.

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MONTAÑA RUSA

   Entro en el vagón, me siento y bajo la barra de seguridad. Suena un pitido y empezamos a avanzar por los carriles. Primero una subida lenta, muy lenta, que hace presagiar una bajada vertiginosa; pero no, hay un llano y después cae con suavidad, luego otra subida y ahora sí, triple vuelta de campana, estómago en la garganta, ojos fuera, gritos de pánico. Llano rápido y una bajada, ya caemos en picado, los pelos se quedan arriba, las manos aferradas a la barra, hasta te levantas un poco del asiento. Subida otra vez y luego vuelta, giro, vuelta, giro, un llano largo lleno de temores y por fin una bajada por un túnel que parece no terminar nunca. Al salir, media vuelta y se terminó. Respiro. Ahora por fin sé que ya te has ido para siempre. 

SESENTA Y CINCO MOMENTOS EN LA VIDA DE UN ESCRITOR DE POSDATAS, Álex Chico

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ÁLEX CHICO, Sesenta y cinco momentos en la vida de un escritor de posdatas, La Isla de Siltolá, Sevilla, 2016, 88 páginas.

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De este volumen, ya sería de gran interés, simplemente, el juego de cajas chinas que en él se encierra: el autor, Álex Chico, como editor que selecciona las posdatas de un escritor-personaje, E.P., que son a su vez fragmentos extraídos anteriormente de entre sus propias obras. Sin embargo, lo realmente destacable, en realidad, son la calidad de estas reflexiones: aforismos, apuntes, registros más o menos breves sobre la creación literaria, la relación con el espacio y la memoria, que dialogan entre sí y con la misma forma del libro con notable e incansable acierto, para componer, en suma, esta brillante propuesta metaliteraria.

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Alguien le preguntó al escritor de posdatas a qué se refería cuando hablaba de crear un personaje que fuera un pirata literario. ¿Un ladrón de historias?, preguntaron. En absoluto, respondió el escritor. Y siguió diciendo: No se trata de un personaje que robe historias ajenas. Como sabéis, un pirata es alguien que ve por un solo ojo, porque uno de ellos lo tiene tapado. Pues bien, ese ojo con parche es el que le permite observar lo que sucede. Su escritura se limita a describir su propia oscuridad.

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La creación literaria supone una particular caída al vacío. La función de la literatura sería trasmitir lo que encuentra en ese descenso.

(Si es que son ajenas las palabras, 1987)
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La poesía sucede en un estado anterior a su escritura. Adquirimos, escribe Seamus Heaney, un conocimiento previo de ciertas cosas y, por ese motivo, tenemos la sensación de recordarlas de antemano. Encontrar el lenguaje adecuado y adaptarlo a esa vieja realidad exige un esfuerzo hercúleo, casi inhumano.

(En préstamo, 1997)
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En una ocasión encontré a E.P. recortando imágenes de una revista. Me dijo que, en realidad, estaba escribiendo. Dos días más tarde volví y pude verlo en su escritorio, con una máquina de escribir Olivetti. Me dijo que estaba mirando viejas fotografías.

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Para eso sirve, si es que sirve para algo, la literatura: para recomponer o para dar sentido a las piezas que previamente hemos roto.

(Libro de las anotaciones, 1984)
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Siempre he sentido una especial predilección por un chiste, el del tipo que cada día se sitúa al lado de su bañera mientras sujeta entre sus manos una caña de pescar. El siquiatra le pregunta si alguna vez ha pescado algo, a lo que el tipo responde: ¿Cómo voy a pescar, si es una bañera?

Como sabemos, todo exceso de lógica puede conducirnos al absurdo.

(Si es que son ajenas las palabras, 1987)
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La literatura es un diálogo con lo que ya no somos, con lo que fuimos.

(Cuaderno de apuntes, 1980)
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Habitamos dos tipos de libros: aquellos que nos gustaría haber escrito y aquellos que desearíamos haber pensado.

(Si es que son ajenas las palabras, 1987)
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Quizás sólo sigamos escribiendo libros por este motivo: para encontrar un verso o una línea a la que parecíamos destinados desde el comienzo. Lo único por lo que verdaderamente mereceríamos ser recordados.

(Confesión en Santa Marta, 1992)

EL SEXtO ANIMAL, Luis Eduardo Aute

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LUIS EDUARDO AUTE, El SEXtO animal, Espasa, Barcelona, 2016, 270 páginas.

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En el prólogo de este volumen subtitulado Poemigas y otras icognografíasAutenasia (pp. 7-9) celebra Fernando Beltrán la poética del artista multidisciplinar: Aute elige "el berbiquí y la garlopa, la música, la pintura, la poesía, el taller a destajo de su oficio: tallar una canción, una pintura, tallar incluso un poema, aunque sabe que de este último quehacer no sale ileso nadie".   
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CONTRATIEMPO DEL AMOR

Sólo el amor detiene
la violencia del paso del tiempo
en su eterna
fugacidad.

EL ANILLO MÁGICO Y OTROS CUENTOS POPULARES RUSOS, Alexandr Nikoláievich Afanásiev

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ALEXANDR NIKOLÁIEVICH AFANÁSIEV, El anillo mágico y otros cuentos populares rusos, Páginas de Espuma, Madrid, 2004, 274 páginas.

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José Manuel Pedrosa firma un extenso Prólogo (pp. 9-47) con el que permite al lector desmitificar las figuras de Afanásiev y Vladimir Propp, ambos folkoristas de salón. Afanásiev se limitó a utilizar los textos "depositados en la Sociedad Geográfica Rusa; Propp a estudiar la gramática del cuento en estas colecciones que le permitieron desatender los estudios de campo.
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LA ESPOSA TRANSFORMADA EN ANIMAL Y LA BRUJA IMPOSTORA

   Un anciano tenía una hermosa hija, con la que vivía en paz y armonía, has­ta que él se casó con otra mujer. Y ésta era una malvada bruja. No quería a su hijastra, y no paraba de insistir al anciano:
   —¡Échala de casa, no puedo ni verla!
   Al anciano no se le ocurrió otra cosa que casar a su hija con un buen hom­bre. Ella y su esposo vivieron felices y, al poco tiempo, tuvieron un hijo.
   Pero la bruja se enfureció aún más: la envidiaba por su feliz y tranquila vida. En un momento dado, convirtió a su hijastra en un animal llamado Arys, y la envió a un espeso bosque, vistió a su propia hija con las ropas de la hijastra, y la dejó en su lugar.
   Tan astutamente lo hizo todo que ni el marido, ni los vecinos..., nadie reparó en el engaño. Sólo la vieja nodriza se dio cuenta, pero tenía miedo de decirlo.
   Desde aquel mismo día, en cuanto el bebé tenía hambre, la nodriza lo lleva­ba al bosque y cantaba:
      
¡Arys del campo! El pequeño llora,
el pequeño llora: comer y beber desea.

   Arys del campo llegaba corriendo, dejaba su piel bajo un tronco, cogía al niño, le alimentaba, se ponía después la piel nuevamente, e iba al bosque.
   «¿Adónde irá la nodriza con el bebé?», pensó el padre. Se puso a vigilarla. Vio me Arys del campo llegaba corriendo, se quitaba la piel y le daba de comer al pequeñuelo.
   El se acercó cautelosamente, cogió la piel y le prendió fuego.
   —¡Ah, huele a quemado! ¡Mi piel está ardiendo! —dijo Arys.
   —No creo. Debe ser que los leñadores están quemando rastrojo —dijo la nodriza.
   La piel se quemó, Arys recuperó su forma anterior y le contó todo a su espo­so. Enseguida se reunió la gente, cogieron a la bruja y las quemaron a ella y a su hija.