LOS HAIKÚS DEL TREN, Eduardo Moga

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EDUARDO MOGA, Los haikús del tren, El Gaviero Ediciones, Almeria, 2007, 132 páginas.

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En el Prefacio (pp. 9-14) declara: "El haikú, como todo poema, nace en la piel, pero crece tras ella: en la razón y en la sinrazón, en la sintaxis y en la subversión de la sintaxis". Escritos entre 1999-2000, estos 101 haikús se encapsulan en el precioso diseño gráfico de Ana Santos Payán y Pedro J. Miguel. 
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En la ceniza
de la escarcha, el ascua
del gorrión.

ME ACUERDO, Elías Moro & Daniel Casado

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ELÍAS MORO & DANIEL CASADO, Me acuerdo, De la Luna libros, Mérida, 1999, 66 páginas.

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En Me acuerdo de "Je me souviens" (pp. 7-9) los autores señalan que con esta autoría bicéfala ofrecen una de las posibles variaciones propuestas por Perec.
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Me acuerdo de mi madre cantando aquellas coplas que aprendió de pequeña, cuando la guerra.
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Me acuerdo de aquellas dos gemelas del instituto. Nunca supe de cuál estaba enamorado.
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Me acuerdo de la simetría radial de los arenques en aquellas cajas de madera a la puerta de los colmados.
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Me acuerdo de sueños que nunca veré cumplidos.

Elías Moro

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Me acuerdo del hermano que nunca tuve, las patadas que nunca nos dimos, los juegos que nunca jugamos, los llantos no llorados, las risas no reídas, las meriendas que fueron sólo para mí.
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Me acuerdo del disco de vinilo y aquel hijo suyo, el single. Se enamoró de la radio. El cassette los casó. El compact disc los enterró.
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Me acuerdo de los campos donde la infancia me jugó.
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Me acuerdo de todas las cosas que me hicieron olvidar.
 Daniel Casado

FINAL ABIERTO, Rogelio Dalmaroni

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ROGELIO DALMARONI, Final abiertoVinciguerra, Buenos Aires, Argentina, 2014, 88 páginas.

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La microficción comparte espacio con poemas mínimos a lo largo de este volumen.

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EL LECTOR

   Luego de unos meses y con algunos cuentos, ilegibles de tan corregidos, la idea de que no tenía sentido continuar escribiendo se volvía más recurrente y agobiante.
   Fui perdiendo paulatinamente el entusiasmo.
   En otoño comencé a sentir una levedad creciente.
   Me fui transformando en un papel, con mis cuentos de mierda.
   Me arrugué más y más… me hice un bollo… y caí en el cesto.
   En el basural, un cartonero abrió el papel, leyó los cuentos y se emocionó. 

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entra en mis poros
el sudor de tu constelación
ya no tengo sed 

LOS PELIGROS DE PAULINA, Salvador Garmendia

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SALVADOR GARMENDIA, Los peligros de Paulina y otros cuentos selectos, Salto de Página, Madrid, 2014, 352 páginas.

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Viviana Paletta traza en Salvador Garmendia: ficciones para "una conciencia rodeada de sombras" (pp. 5-14) la semblanza vital y literaria del autor venezolano, quien, según Óscar Rodríguez Ortiz, explora en sus relatos "los límites entre la vigilia y la ensoñación, la pesadilla, en medio del alienante tráfago de las ciudades".
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TIGRE

Para David Alizo

   Un tigre salta del papel y queda parado encima de mi mesa. Sus poderosos cuartos, juiciosamente articulados, están protegidos exteriormente por verdaderas capas de silencio; y esto le permite desplazarse de manera que cada movimiento que realiza parece que hiciera el vacío alrededor.
   Sus zarpas no quebrantan la hierba. Su respiración uniforme es la de un niño.
   Lo estoy viendo ahora parado en la alfombra, convertido en la réplica viviente de un tigre de peluche. Hasta su tamaño  ha lle­gado a ser, más o menos, el de un gato corriente de almohadón; y así me mira desde abajo con ojos redondos y aburridos.
   Pero otras veces lo veo saltar por la ventana, recuperando toda su magnitud elástica; y en esos momentos llega a atemori­zarme, aunque sea sólo por unos segundos, ya que su imagen se transparenta y desaparece apenas toca con la luz exterior.
   Siempre que se echa a dormir a mis pies, bajo la mesa donde leo o escribo, y mis pantuflas le tropiezan casualmente en el vientre transmitiéndome el movimiento de su respiración, no dejo de bajar la cabeza y echarle una mirada.

CUENTOS DE LA MADRE TIERRA, Rolande Causse, Nane & Jean-Luc Vézinet

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ROLANDE CAUSSE, NANE & JEAN-LUC VÉZINET, Cuentos de la Madre Tierra, Editorial Juventud, Barcelona, 2014, 46 páginas.

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Ilustra estas nueve lecciones de ecología y amor a la Tierra Amélie Fontaine.
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LA MALICIA DE LOS ANIMALES

Cuento francés de La Picardía



   Cuentan que en otro tiempo existía un cazador temible. Recorría sin tregua todos los bosques de su región para acechar su caza. Tan hábil como rápido, nunca le faltaban presas. Perdices, liebres, ciervos, jabalíes, osos, lobos, águilas e incluso leones, todos, pequeños y grandes, temblaban cuando se acercaba.
   Una noche, para intentar poner fin a la carnicería que diezmaba a sus familias, los animales se reunieron en el corazón del bosque, en un claro, para celebrar un consejo entre el mayor de los secretos. El jabalí, proclamado rey de la selva en ausencia del león, gravemente herido por el cazador, tomó la palabra:
   —Este hombre es peligroso: caza no solo para alimentarse sino por el placer de matar. ¡Además, al parecer diseca nuestras cabezas para hacer trofeos ridículos que vende a precio de oro a sus semejantes! Es preciso que nos libremos de él. Tenemos que tenderle una trampa.
   Todos los animales estuvieron de acuerdo y tramaron una estratagema.
   Convinieron que uno de ellos se expondría a las balas del cazador. Ocultos entre la maleza, los demás se precipitarían sobre él cuando dejase en el suelo su arma y se acercase a su víctima. Pero ningún animal quiso ofrecerse voluntario para enfrentarse al fusil del cazador. Entre un gran silencio, cada uno de ellos miraba a su vecino, esperando que alguno se ofreciese.
   —Bueno —dijo el jabalí, que se tomaba su cargo muy en serio—, ya que nadie se presenta voluntario, debo sacrificarme. Tengo la piel tan dura que una bala apenas me hará daño.
   Y así se hizo. Tal como esperaba, el jabalí solo resultó ligeramente herido. Cuando el cazador se aproximó a su víctima, que se hacía el muerto, fue asaltado por una horda de animales furiosos que, a golpe de garras, mordiscos, picotazos y coces, le hicieron pasar de vivo a difunto.
   —¡Nos hemos librado de nuestro enemigo! —exclamaron al unísono liebres, perdices, zorros, ciervos y lobos.
   Entonces el oso tomó la palabra:
   —Amigos míos, obremos como criaturas civilizadas: debemos dar al cazador el tributo que merece todo difunto de su especie. Organicemos sus funerales.
   Sin tardar, la garduña y el topo cavaron una fosa en el claro, mientras el oso derribaba un hermoso roble para hacer un ataúd, con la ayuda del talento de los castores.
   Cuando todo estuvo preparado, la comitiva se puso en marcha. El zorro iba a la cabeza, fingiendo rezar como un cura con su misal. El oso y el lobo trans­portaban el ataúd, seguidos del ciervo, que lloraba a lágrima viva. Los demás animales seguían el cortejo fúnebre con cara triste. El zorro pronunció un sermón que emocionó a todos los reunidos. Después los pájaros transportaron en su pico flores del campo que depositaron sobre la tumba.
   La ceremonia terminó y todos regresaron a sus casas. Cuando la garduña y el topo cerraban el ataúd, escucharon un fuerte grito.
   —¡No, piedad! ¡Deteneos! ¡No me matéis! No me enterréis! Jamás os volveré a hacer daño!
   —¿Por qué gritas de esta manera? —dijo la mujer del cazador, que dormía a su lado—. Sin duda has tenido una pesadilla...
   —No, uf... sí..., ¡creía que me había llegado la hora! ¡Todos los animales del bosque iban a enterrarme!
   Aquella misma mañana, el hombre rompió su fusil y ya nunca más volvió a cazar.
   Y así fue cómo, gracias a un sueño, los animales vivieron por fin en paz.

   Contra la barbarie del hombre, toda la naturaleza se alía.
   Quien siembra destrucción y muerte, cosechará pesadillas.


ESTAMOS TODOS, AQUÍ NO HAY NADIE, José Ignacio Montoto

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JOSÉ IGNACIO MONTOTO, Estamos todos, aquí no hay nadie, Renacimiento, Sevilla, 2015, 120 páginas.

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   Sí, es cierto. Por las noches frecuento algún suburbio. Siempre el mismo: pesadilla. En los primeros días de verano los cuerpos sudan más de lo normal, entiéndelo. Yo le llamo deshidratación progresiva de nuestros sueños. En la calle suena el mismo motor de todos los veranos. Siempre el mismo. Ya sabes, el insomnio es un estado vital.

LIBRO DE RECLAMACIONES, Marina Pérez & Dani Niño

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MARINA PÉREZ & DANI NIÑO, Libro de reclamaciones, Léeme Libros, Madrid, 2015, 256 páginas.



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Subtitulado Reclamaciones de grandes personajes históricos, abre el volumen ilustrado por Estíbaliz Gabilondo, un Próloco (pp. 1-2) del hilarante Javier Coronas que antecede a la Introducción (pp. 3-4) en la que los autores declaran su denodado afán por "hallar la verdadera explicación de los acontecimientos que han marcado la historia". Sus concienzudas investigaciones han servido para desmotar ciertos pasajes de la historia protagonizados, entre otros, por Moisés, el Rey Arturo, Mata Hari, Aldolf HItler o la perra Laika.
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EVA

Viendo quién es la autora de esta carta bien pudiera parecer que ha sido inventada. Nos ofende que alguien pueda pensar eso. Esta carta fue tallada en piedra y legada de padres a hijos hasta que uno de esos descen­dientes, cantero de profesión, la rompió por error. Desde entonces ha sido transmitida de forma oral.


   A mis nietos y bisnietos, que conforman lo que viene siendo la hu­manidad al completo:
   Quiero limpiar mi imagen de las cosas que posiblemente hayáis oído sobre mí. Sé que hay un best seller que viene teniendo éxito desde hace algún tiempo, la Biblia. Me gustaría que no dieseis credibilidad a todo lo que se dice de mí en ella. El éxito de este libro pasará pronto, esto de la religión parece ser una moda pasajera. Lo sé porque en mi club de lectura no se hablaba de otra cosa, pero últimamente va cogiendo fama una nueva historia: 50 sombras de un eunuco (unas tablas inscritas que tratan sobre un hombre al que le gusta seducir mujeres, pero que, a la hora de la verdad, resulta ser algo decepcionante).
   Volviendo al tema que nos ocupa, si no habéis leído la Biblia, lo cual no es de extrañar dado el alto nivel de analfabetismo de nuestros días, es posible que hayáis escuchado algunas historias. Hacedme caso, todo lo que se dice es mentira, falsos testimonios sobre vuestra respetada y querida abuela. Y espero de vosotros que limpiéis mi nombre, porque debéis saber que esto es algo que afecta a toda la familia, por no hablar del lugar tan poco respetable en el que deja a las mujeres en general.
   En realidad todo esto responde a mi enemistad con Dios y ese libro, que es su palabra, pues no es más que una clara venganza por su parte para intentar herirme. Para empezar el libro dice que salí de la costilla de Adán. Por favor, cómo alguien podría creerse semejante tontería.
   Lamentablemente todos habéis conocido a vuestro abuelo y sabéis perfectamente que si hubiera podido quitarse costillas así como así se hubiera entretenido la mar de bien él solito en el paraíso y nunca nos hubiésemos conocido.
   Pero esto no es lo peor, lo que más me molesta es que van diciendo por ahí que yo convencí a Adán para que comiese el fruto del árbol prohibido. Hay que tener poca vergüenza. Para empezar... ¿Paraíso? ¿Jardín del Edén? Por favor, Dios nos tuvo presos durante años en un huerto. Niños, tenéis suerte de que nos expulsaran del Paraíso. No sa­béis lo que era ir con un hoja de parra todo el día, creedme, cuando te sientas en la hierba o hay bichitos, eso no protege lo más mínimo.
   Y por si fuera poco, tiene la sinvergonzonería de decirnos que pode­mos comer de todos los árboles menos de uno. Y así, sin más, porque al señorito le da por ponerse caprichoso, se supone que yo tengo que renunciar a comerme mi manzana diaria, cosa que como bien sabéis aleja al doctor (algo que, en una época donde la medicina no estaba tan avanzada, era bastante de agradecer). Según Dios, ¿qué se supone que deberíamos haber hecho? ¿Comer pizza y hacer el amor sin parar? Y encima que velo por nuestra salud, entre Adán y él me cul­pan de querer poner un poquito de cabeza en todo esto. Típico de los hombres, hacer equipo y dejarnos fuera.
   Qué bonito era todo para Adán, con su increíble constitución for­nida. «No comas tantas manzanas», me decía, «me gustas como eres». ¡Ja! Muy bonito todo. Pero al cumplir cincuenta me cambió por otra más joven. Fue muy doloroso y a decir verdad, y teniendo en cuenta que todos sois descendientes nuestros, bastante escandaloso también.
   Lo cierto es que Dios es un rencoroso. No quería que comiéramos el fruto del árbol porque entonces seríamos tan sabios como él. ¿Os po­déis imaginar semejante maldad? Vendría a ser lo que ahora se co­noce como tirano. Menos mal que la humanidad está evolucionando y dentro de unos años será imposible que un señor desde su sofá mire como gente desnuda e ignorante hacen su día a día a través de una ventanita, como si de un voyeur se tratase.
   Dios dijo que la culpa era de los dos, pero adivinad qué. A mí me castigo diciendo que pariría con dolor y a él que del polvo vendría y en polvo se convertiría. Decid la verdad, ¿no veis los castigos algo descompensa­dos? Por no hablar de la actitud inmadura de un Dios que se supone que debe cuidar de todos nosotros. ¿Qué es eso de parirás con dolor? ¿Qué eres, un Dios o una gitana enfadada porque no te he pagado la ra­mita de romero? Esto último fue justo lo que le dije y claro, no se lo tomó muy bien, así que yo ahora también me convertiré en polvo. Por eso mi afán de defenderme, porque veo que me muero y que mi nombre quedará mancillado para siempre.
   Así que pido que, leáis lo que leáis, intentéis pensar por vosotros mis­mos. Ese libro no hace más que airear nuestros problemas familiares y quiero que sepáis que me marcho, pero que dejo todo en manos de mis abogados. Es una vergüenza que un libro trate de hacer dinero con nuestras miserias. Vale que Caín le reventó la cabeza a Abel con la quijada de un burro, pero las riñas entre hermanos pasan hasta en las mejores familias. Repito que menos mal que la Humanidad está evolucionando y en el futuro será impensable que se vayan aireando las intimidades de la gente célebre sólo para hacer negocio.
   Os quiero y espero que esta carta haya servido para que tengáis una idea más aproximada de cómo era vuestra verdadera abuela y bis­abuela. Una mujer a la que no controlaba ni Dios, nunca mejor dicho.

Eva (Sin apellidos por ser la primera)

PD. Por cierto, respecto a los problemas que pueda tener Dios en un futuro hacia los primogénitos en general, no le hagáis mucho caso. Es el hermano pequeño de su familia y los tiene un poco cruzados. Pero esa es una larga historia y ya casi me he quedado sin saliva... Ya que Dios no sólo ha tenido a bien sacarnos del Paraíso, sino que además ¡nos ha soltado en medio del puto desierto donde no hay una triste fuente! Ay, qué gusto da desahogarse. En fin, queridos, confío en vosotros y espero que sepáis construir una Humanidad de la que me sienta orgullosa.