NOMBRES DE MUJER. CARTELES DE CINE, Francisco Antonio Fernández Oliva

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FRANCISCO ANTONIO FERNÁNDEZ OLIVA, Nombres de mujer. Carteles de cine., Ediciones JC, Madrid, 2006, 318 páginas.
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Francisco Antonio Fernández Oliva compone este catálogo de quinientas películas que tienen en común llevar por título el nombre de una mujer. 
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ZAZIE DANS LE MÉTRO  [ZAZIE EN EL METRO]

Francia, 1960

Comedia dirigida por Louis Malle y basada en una obra de Raymond Queneau. Catherine Demongeot es Zazie, una niña de nueve años curiosa y espabilada, que, por primera vez en su vida, sale del pueblo y viaja con su madre a Paris para quedarse dos días en casa de su tío Gabriel. El tío es un “artista” que trabaja en un cabaret haciendo un número musical travestido de mujer. Zazie viene a Paris con una idea fija: montarse en el metro; pero cuando llega a la ciudad no puede cumplir su deseo porque los operarios están en huelga. A la mañana siguiente, Zazie se escapa para explorar la ciudad por sí misma. Durante su aventura conoce a una serie de pintorescos personajes, entre los que se encuentran: Turandot, el casero de Gabriel, y su loro Laverdure; Albertine (Carla Marlier), la mujer de Gabriel; Charles, el taxista; Mado (Annie Fratellini), la mujer de Charles; la viuda Monaque (Yvonne Clech), una mujer histérica. El film es una comedia atípica dentro de la escuela de la “Nouvelle vague”. En palabras del director, el tema central de la película es “el encuentro de un niño o un adolescente con la corrupción y el caos del mundo adulto”. El nombre puede ser un hipocorístico de Zaza. 


DEL AMOR INCONCLUSO, Fabio Martínez

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FABIO MARTÍNEZ, Del amor inconclusoComún Presencia Editores, Bogotá, 2006, 140 páginas.

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EXPRESIONISMO ALEMÁN

   La flor azul es la flor de la noche y pertenece a Novalis. La flor plateada es la flor de la angustia y el desasosiego y pertenece a Georg Trakl.
   Nosotros, como hijos de la noche, oscilamos entre la flor azul y la plateada que pertenecen a Novalis y a Georg Trakl, el atormentado de Salzburgo.
   En la flor azul están cifradas las esperanzas plenas del poeta que sabe agradecer a su dios.
   En la flor plateada están cifradas las dudas y angustias del poeta que no ha sabido respetar a su dios, y por eso se siente infeliz y desdichado.

CRUZANDO EL PARAÍSO, Sam Shepard

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SAM SHEPARD, Cruzando el paraíso, Anagrama, Barcelona, 1997, 272 páginas.

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CONTIGO CAREZCO DE PERSPECTIVA

   No recuerdo cómo me iban las cosas antes de conocerte. ¿Siempre he estado en esta situación? Recuerdo que me sentía perdido. De eso estoy seguro. Iba sin rumbo. Pasaba de una mujer brava a la siguiente. En ocasiones permanecía junto a ellas el tiempo suficiente para darme cuenta de que su desconcierto era todavía mayor que el mío. O al menos eso era lo que sacaba en claro de lo que me decían. Pero no recuerdo que antes estuviese tan nervioso, tan hecho polvo. Las contemplaba a distancia: lavándose con una esponja en el fregadero, completamente colocadas; desmenuzando negras bolas de hachís con cuchillas de afeitar; moviéndose como reinas a cámara lenta. Después se vestían como las chicas pueblerinas de épocas pasadas, se reían tontamente y trataban de no enseñar sus largas piernas; ¡con qué garbo caminaban sobre sus tacones de goma agitando sus cabelleras igual que los caballos agitan la cola!
   Pero contigo carezco de perspectiva. Cada vez que te mueves, siento como si viajase por tu piel; cada vez que miras por la ventana, siento como si estuvieses muy sola y soñases con tiempos mejores. De nada sirve que te salude agitando los brazos. Ahora todo se ha vuelto del revés.

15/5/95 (Scottsville, Virginia)

INSTANTES. LIBRO DE HAIKUS, Jesús Martín Camacho

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JESÚS MARTÍN CAMACHO, Instantes. Libro de haikus, Palimpsesto 2.0, Sevilla, 2012, 148 páginas.

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Frío diciembre
en la pila desierta
sin voz ni ropa.

TRES CUADERNOS Y UN DESTINO, Pako Aristi

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PAKO ARISTI, Tres cuadernos y un destino, Bassarai, Vitoria, 2007, 168 páginas.

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José Luis Padrón Plazaola traduce del euskera y edita esta antología en la que el lector encontrará poemas y breves ensayos que abren la puerta a lo narrativo.
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LA ESTACIÓN DEL VERANO

   La luz del verano llega a nuestras vidas desafiando la blancura que deja la nieve sobre la tierra. El calor engulle la electricidad que se ha acumulado durante el invierno,  llena el aire de motas secas como insectos invisibles. Ese corazón que vive el invierno con la esperanza de que termine pronto es el mismo que desea que el verano se prolongue eternamente.
   El poeta Kirmen Uribe afirma que en junio el tiempo se repliega, hasta tal punto que todo parece entenderse como un nuevo comienzo. Y es que el calor nos descubre nuestro pasado más salvaje: el primate sabe que la supervivencia pronto será mucho más fácil.
   Ese primate, sin embargo, se incorporó al sistema educativo, aprendió a expresar sus sentimientos de manera ilustrada y se atrevió a reflexionar sobre las distintas esferas del pensamiento. Tiempo, espacio, olfato, emoción, cálculo, lógica... advirtió que eran conceptos diferentes. pero también que nuestro débil cerebro los mezcla una y otra vez. Obedecemos a los impulsos físicos, y no hemos descuidado, al menos del todo, nuestra tendencia a la ensoñación.
   El escritor austriaco Alfred Polgar cuenta que, aunque nunca llegó a visitarla, siempre guardó un hermoso recuerdo de la ciudad de Linz, porque por allí pasaba el tren que lo llevaba de vacaciones. Efectuaba una parada de diez minutos, que los viajeros aprovechaban para tomar alguna cerveza mientras llenaban de agua la locomotora, y dice Polgar que a partir de ahí el tren siempre arrancaba hacia el verano. El olor del campo inundaba el aire de los vagones. Los viajeros que se habían quedado dormidos preguntaban «¿Hemos pasado Linz?», y respiraban profundamente aliviados, como si ya hubieran superado lo peor. El verano trae la promesa de una vida más agradable. Si al escritor austriaco le hubiesen preguntado «Señor Polgar, ¿para usted cuándo empieza el verano?», él habría respondido: «¿El verano? El verano empieza cuando se cruza la ciudad de Linz; antes de llegar a Linz es invierno, después de Linz es verano».
   La llegada de las cuatro estaciones no siempre las marca el calendario. A menudo están al alcance de los espacios que hacemos nuestros. Polgar nunca habría imaginado el invierno después de Linz. Cuentan los historiadores que en la Edad Media la gente vivía sin emprender ningún viaje que los alejara de su pueblo por más de un día, porque aca¬baban perdiéndose con facilidad, y al partir hacia la guerra luego ya no sabían volver, y que miles de vagabundos deambulaban sin rumbo por Europa.
   Por eso procuro yo también no salir más de un día de mí mismo, no me gusta alejarme de la estación de Linz, por temor a que, si retrocedo demasiado en el tiempo, no pueda hallar a la vuelta el verano que habita mi ser.
 

FÁBULA Y MEMORIA: ANTOLOGÍA EN PROSA Y VERSO, José Manuel Caballero Bonald

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JOSÉ MANUEL CABALLERO BONALD, Fábula y memoria: Antología en prosa y verso, Alianza Editorial, Madrid, 2014, 312 páginas.

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En Somos el tiempo (pp. 15-27) María José Flores Requejo glosa la figura de este "hijo o nieto descarriado [...] del surrealismo". La ordenación de los textos encadena poemas y prosas.
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PARÉNTESIS

   Algunas veces lucha tu contrario contigo. Nada más im­pensable que confundir la abdicación con la cobardía. No serás nunca el mismo después de haberlo hecho: serás probablemente una copia imperfecta del peor de tus otros valedores. ¿Sabes tú por ventura qué voz se contradice con la voz adversario? La hostilidad persiste en razón de sus treguas. O de esa fortuita agresión del recuerdo que arrasa filialmente tu sigilosa historia perso­nal. Acúsate tan sólo de haberlo deseado: son los lastres, las rémoras que arrastras desde que miras, oyes exami­nas a esos desconocidos con los que convives.

EL PARAÍSO IMPERFECTO. ANTOLOGÍA TÍMIDA, Augusto Monterroso

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AUGUSTO MONTERROSO, El paraíso imperfecto. Antología tímida, Debolsillo, Barcelona, 2013, 240 páginas.
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LA JIRAFA QUE DE PRONTO COMPRENDIÓ QUE TODO ES RELATIVO

   Hace mucho tiempo, en un país lejano, vivía una Jirafa de estatura regular pero tan descuidada que una vez se salió de la Selva y se perdió.
   Desorientada como siempre, se puso a caminar a tontas y a locas de aquí para allá, y por más que se agachaba para encontrar el camino no lo encontraba.
   Así, deambulando, llegó a un desfiladero donde en ese momento tenía lugar una gran batalla.
   A pesar de que las bajas eran cuantiosas por ambos bandos, ninguno estaba dispuesto a ceder un milímetro de terreno.
   Los generales arengaban a sus tropas con las espadas en alto, al mismo tiempo que la nieve se teñía de púrpura con la sangre de los heridos.
   Entre el humo y el estrépito de los cañones se veía desplomarse a los muertos de uno y otro ejército, con tiempo apenas para encomendar su alma al diablo; pero los sobrevivientes continuaban disparando con entusiasmo hasta que a ellos también les tocaba y caían con un gesto estúpido pero que en su caída consideraban que la Historia iba a recoger como heroico, pues morían por defender su bandera; y efectivamente la Historia recogía esos gestos como heroicos, tanto la Historia que recogía los gestos del uno, como la que recogía los gestos del otro, ya que cada lado escribía su propia historia; así, Wellington era un héroe para los ingleses y Napoleón era un héroe para los franceses.
   A todo esto, la Jirafa siguió caminando, hasta que llegó a una parte del desfiladero en que estaba montado un enorme Cañón, que en ese preciso instante hizo un disparo exactamente unos veinte centímetros arriba de su cabeza, más o menos.
   Al ver pasar la bala tan cerca, y mientras seguía con la vista su trayectoria, la Jirafa pensó:
   «Qué bueno que no soy tan alta, pues si mi cuello midiera treinta centímetros más esa bala me habría volado la cabeza; o bien, qué bueno que esta parte del desfiladero en que está el Cañón no es tan baja, pues si midiera treinta centímetros menos la bala también me habría volado la cabeza. Ahora comprendo que todo es relativo».