CUENTAS DEL TIEMPO, Ricardo Martínez-Conde

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RICARDO MARTÍNEZ-CONDE, Cuentas del tiempo, Pre-Textos, Valencia, 1994, 52 páginas.

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El tiempo: el vigilante.
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El libro desnuda, como una amante, la intimidad.
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Al cielo y al infierno por el mismo camino.
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El arte confirma la delicada espera de la muerte.
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¿Con qué argumentos disimularé hoy el miedo?
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El inconsciente no tiene sospechas, sino certezas.
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La realidad no somos nunca nosotros.
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El tiempo, cuyo único fin es suprimir.

POSMONAUTA, Natalia Mardero

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NATALIA MARDERO, Posmonauta, Irrupciones, Montevideo, 2010, 136 páginas.

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MULDER Y SCULLY

   En un pequeño escenario dos travestis hacen una parodia de Mulder & Scully. Se me da por pensar que Gillian Anderson sentiría envidia ante el cuerpo de su imitador. Sin embargo vuelvo a lo mío, tambaleo y te busco entre la gente que baila y transpira, que acecha y que fuma, que besuquea y estrella vasos contra el piso. Bajo el flash y las luces de colores todos parecemos la misma cosa. Y la cerveza que no me deja enfocar.
   Te encuentro en un rincón abrazándote con alguien que conociste hace quince minutos. Confundida vuelvo hacia atrás y busco la salida. En el escenario Mulder & Scully se besan apasionadamente.
   Trust no one.

CANCIONES Y AFORISMOS DEL CAMINANTE, Antonio Machado

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ANTONIO MACHADO, Canciones y aforismos del caminante, Edhasa, Barcelona, 2001, 160 páginas.

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En el Prólogo (pp. 9-23) el editor Joaquín Marco señala que, siendo Machado un autor poco prolífico, utiliza "un estilo aforístico, un mecanismo que ha de permitirle a través de sus personajes ficticios, como hizo en sus poemas, acercarse a ala realidad social y política, al pensamiento, y en especial al poético, uno de los objetivos fundamentales de sus meditaciones.
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De la memoria, sólo vale
el don preclaro de evocar los sueños.
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Ni mármol duro y eterno,
ni música ni pintura,
sino palabra en el tiempo.
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También la poesía es hija del gran fracaso del amor.
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La muerte va con nosotros, nos acompaña en vida, ella es, por de pronto, cosa de nuestro cuerpo.
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El reloj es, en efecto, una prueba indirecta de la creencia del hombre en su mortalidad. Porque sólo un tiempo finito puede medirse.
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El que habla a un hombre, no habla al hombre; el que no habla al hombre, no habla a nadie.
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La memoria es infiel: no sólo borra y confunde, sino que, a veces, inventa, para desorientarnos.

CUENTOS DE LA DISCIPLINA CLERICALIS, Pedro Alfonso de Hueca

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PEDRO ALFONSO DE HUESCA, Cuentos de la Disciplina Clericalis, Prensas Universitarias de Zaragoza, Zaragoza, 2009, 126 páginas.


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 En el Prólogo (pp. 5-23) María Jesús Lacarra relata la conversión de Moisés Sefardí (¿1065-1121?) en Pedro Alfonso. Que el padrino fuese el rey Alfonso I demuestra el prestigio científico y social de este físico y astrónomo, cuya Disciplina Clericalis (Instrucciones a estudiantes) no sería para él más que una obra menor (escrita en árabe y traducida al latín) que recoge la tradición cuentística oriental con una pretensión didáctica. Acomoda los relatos al lector actual Magdalena Lasala. Las ilustraciones son de David Guirao.
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DE LOS TITULADOS BURLADORES BURLADOS

   En esto que se encontraron en uno de los pisos de gran edificio de oficinas donde muchos hombres de negocios pululaban por los pasillos, resoplando por el mucho trabajo, con el ceño fruncido por el mucho calcular y hablando en voz muy alta por la mucha importancia de sus cargos.
   Allí, observando el ir y venir de los aspirantes a potentados entre el bullicio histérico de los teléfonos, los listados de inversiones y los correos electrónicos, se aposentaron con calma para contemplar una de sus escenas:
   Tres socios todavía jóvenes se habían juntado para invertir cada uno su parte en la compra de un negocio extranjero que desea­ban comercializar en su zona. Dos de ellos se vanagloriaban entre sí de ser más listos y poseer varios títulos empresariales y diplomas de prestigio ante el tercero, de más escasa formación aunque merecedor de su posición por su esfuerzo y agudeza. A pesar de que los dos primeros habían bus­cado ellos mismos al compañero para conseguir todo el capital necesario para su negocio y este había apor­tado igual su parte y demostraba cada día su buen hacer, insistían en tratarlo con cierta displicencia y se turnaban el derecho de representación de su sociedad ante los potentados extranjeros a quienes se dirigían, dándole a entender abiertamente su superioridad y su desprecio.
   Llegó un momento en que las cosas no iban muy bien y tenían que tomar la decisión de disol­ver el negocio o de reorganizado con menos par­tícipes, por lo que los dos listos se pusieron de acuerdo entre sí para dejar fuera de la empresa al tercero.
   —Hay que discurrir un plan— dijo uno— para conseguir que nos quedemos con su parte sin que sos­peche nada, y evitarnos así las demandas.
   —Le explicaremos —dijo el otro que solo uno de los tres puede ser titular según las órdenes de los potentados extranjeros, y en el papeleo nos comemos nosotros el pan.
   De acuerdo con eso, hablaron con el tercero y le contaron la farsa:
   —Nos obligan dijo uno de los listos con una mueca de falso enojo a inscribir todo el capital a un solo nombre y tiene que ser al que aporte más títulos de empresa.
   —Eso mismo me dijeron a mí —dijo el otro con cara de circunstancias—, y el que sea tiene que apor­tar también las licenciaturas de grados superiores.
   Lo que no sabían es que el tercero se había dado cuenta de la estratagema y, fingiendo tristeza, les con­testó:
   —¡Pobre de mi entonces, ya que no puedo competir con vosotros en titulaciones eminentes! Hagamos, pues, una última reunión entre los tres y dejadme al menos comparar vuestros diplomas y certificados para elegir al que será el dueño de nuestra inversión. ¿Os parece bien?
   —¡Estupendo! ¡Por supuesto! dijeron los otros a coro.
   —Id, por tanto, a vuestras casas ambos y recoged todos vuestros documentos personales y los veremos juntos aquí—. Como quiera que los dos listos dudaron mirándose entre sí, titubeando sin saber qué hacer o decir el tercero apostilló—:Seguramente tenéis más títulos, adquiridos en estos últimos tiempos, que no os habrá dado tiempo de incluir en el currículum que está en vuestra ficha...
   Para que pareciera fiable su actitud y que el terce­ro no empezara a sospechar los dos primeros asintieron, aunque sin mucho entusiasmo, y salieron, despi­diéndose hasta la tarde, ya que había mucha distancia hasta sus casas.
   En su ausencia, el tercero tuvo tiempo suficiente para organizar el cambio de titularidad del negocio reservándose toda la inversión a su nombre como único partícipe y nuevo propietario. Luego se quitó la chaqueta, se desordenó el cabello y esparció pañuelos previamente humedecidos con agua por el suelo. Cuando los otros dos regresaron cargados con sus carpetas de papeles por seguir el engaño, lo encontraron sentado en su sillón con el aspecto más apesadumbra­do que nunca habían visto antes en nadie.
   —¡Ah, lo sé todo, amigos míos! —exclamó al ver­los, fingiendo lágrimas—, ¡lo sé todo y, aunque no me lo esperaba de vosotros, os doy la enhorabuena y me alegro por vuestra suerte! ¡Me llamaron los poten­tados extranjeros y me contaron que os habían elegi­do para cargos de elevada importancia en sus bufetes y que ya no os volvería a ver, pues que vuestra fortuna iba a ser muy superior a esta inversión y lo abandona­bais todo, por tanto, incluso a mí, y luego me ordena­ron que era muy urgente el cambio a un solo nombre del negocio y que había de hacerse sin tardar, y con el dolor de saberme abandonado por vosotros así lo hice y ahora soy yo el único propietario de esta empresa!

DEL OTRO LADO, Natacha Merlo

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NATACHA MERLO, Del otro lado, Alción Editora, Córdoba, 2001, 96 páginas.

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VOLAR ALTO

   Por mirar el sol me quedé ciego. Fue durante el eclipse, yo veía que todos se protegían los ojos. Mi hermana me dio la radiografía de mi pierna fracturada pero no la usé. Antes de quedar rengo yo quería ir a la luna. O al sol, ahora me da lo mismo.

LULESCOS, Lourdes Mayorga

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LOURDES MAYORGA, Lulescos. Microrrelatos desde el universo de Lula, Parafernalia, Managua, 2014, 36 páginas.

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Cada una de estas brevísimas narraciones se presenta acompañada por una ilustración de Alberto Sánchez Argüello.
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   Cuando el televisor se fundió los niños lloraron incansablemente. Habían perdido a su madre.

KARCINO, Juan Filloy

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JUAN FILLOY, Karcino. Tratado de palindromía, El Cuenco de Plata, Buenos Aires, 2005, 224 páginas.

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Si la sección Tratado de palindromía recoge las características de los palíndromos desde el entusiasmo y conocimiento de un experto cultivador como Filloy, el escritor argentino también se encarga de ofrecer, en Precisiones preliminares, una detallada historia de estas formas en distintos idiomas, a la vez que señala claves que permitirán al lector convertirse en un creador continuador de este juego de espejos. Finalmente, el Ejemplario incluye cientos de palíndromos del autor, organizados de menor a mayor extensión, del recorrido de dos palabras hasta las secuencias de diecisiete: sin duda, un desafío Filloy presenta, de manera tan certera como sugerente, como un premio secreto que el idioma sólo otorga a quienes "intiman con las palabras".

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Si tragar era gratis...
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Solo diseca la fe de falaces ídolos.
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Oiga, Darío, oiga: ser presagio... o ir adagio...
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Sé. Ni a tilos ni álamos asoma la insólita Inés.
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Le di farol a Camila, luz azul a Lima, calor a Fidel.
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Sí, es él: dice doce a doce secuaces. (Ese cauce seco da eco. Decidle: seis...)