TOMAS TRANSTRÖMER,
El cielo a medio hacer,
Nórdica, Madrid, 2010, 272 páginas.
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En Tomas Tranströmer. Las consolaciones de la poesía (pp. 7-13), Carlos Pardo señala que en los ochenta, cuando el poeta se acerca al haiku, adelgaza su escritura "hasta convertir el poema en un trazo que da a lo contingente cualidades de milagro". Esta antología de la poesía del Premio Nobel de Literatura 2011, de cuya traducción es responsable de Roberto Mascaró, contiene también un libro del 2003: 29 haikus y otros poemas.
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Se cayó el techo
y los muertos me ven.
Este es el rostro.
MARGO GLANTZ,
Saña,
Pre-Textos, Valencia, 2007, 256 páginas.
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SOLEDAD
Una vez hubo una virgen menopáusica que decidió liberarse tanto del adjetivo como del sustantivo y darse a la aventura como los personajes de Julio Verne. Sólo encontró al pájaro roc, el cual, según la leyenda, pone un huevo inmenso y blanco en el desierto, a cuyo pie la sombra es tan amarga como la soledad.
JUAN RODOLFO WILCOCK, El estereoscopio de los solitarios, Edhasa, Barcelona, 2000, 185 páginas.
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EL VANIDOSO
Fanil tiene la piel y los músculos transparentes, tanto que se pueden ver los distintos órganos de su cuerpo, como encerrados en una vitrina; algunos aparentemente en reposo, otros animados de un ritmo peculiar, pero en realidad todos en continua y secreta actividad; lo que, por una serie de motivos, lo vuelve extremadamente desagradable. Sobre todo porque Famil ama exhibirse, y exhibir sus vísceras: recibe a los amigos en traje de baño, se asoma a la ventana con el torso desnudo, se acuesta en el sillón, primero panza abajo, después panza arriba, para que todos puedan admirar el funcionamiento de sus órganos, el color rojo del corazón, el color violeta del hígado, el gris verdoso de los intestinos y el amarillo de ciertas glándulas que ni siquiera él sabe cómo se llaman. Los dos pulmones se inflan como un soplido, el corazón late, las tripas se contorsionan lentamente y la sangre, como un velo carmesí, corre y se vierte por doquier; él hace alarde de eso, y como al parecer goza de óptima salud, a sus amigos ni siquiera les queda el consuelo de descubrir en sus órganos los síntomas incipientes de alguna enfermedad atroz.
Pero siempre es así: cuando una persona tiene una peculiaridad, en vez de esconderla, alardea y a veces llega a hacer de ella su razón de ser. Fanil bien podría vestirse como todos los demás: si se dejara crecer la barba, con un grueso par de anteojos oscuros, conseguiría quizá pasar inadvertido. Pero él tiene que exhibirse, como si después de todo no tuviésemos todos un corazón, un estómago y dos pulmones. Llegará el día, así al menos lo espenn sus amigos, en que alguien dirá: «Oye, ¿qué es esta mancha blanca que tienes aquí, debajo de la tetilla? Antes no estaba».Y entonces se verá adónde van a parar sus desagradables exhibiciones.
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Tomando como referencia el censo de escritores activos en Cataluña, Care Santos adopta un enfoque original en su prólogo al dedicar Unas palabras a los otros 1509 autores que no se incluyen en la antología. Entre los criterios y tendencias para realizar la selección, la editora subraya una "clara predilección por el microrrelato" que no se disimulará en las páginas siguientes.
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EL VIAJE
Les habían prometido un paraíso, un lugar en el cual vivirían felices, donde tendrían una tierra para trabajarla, donde nadie les explotaría.
Los embarcaron en un gran barco. Y fue en este punto en el cual los más inteligentes empezaron a sospechar. Todos eran cojos, ciegos, sordos, mudos o con algún defecto físico o psíquico, incluso el capitán y los tripulantes.
Cuando llevaban un día y medio de viaje, una fuerte explosión hundió la nave en mitad del océano.
ALBERT CALLS I XART
ELIAS CANETTI, Apuntes 1992-1993, Anaya & Mario Muchnik, Madrid, 1997 (1996), 132 páginas.
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Demasiado recuerdo. Empezado lo más, sucedido lo menos. Un libro de recuerdos de cosas empezadas.
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En el pasado todo el mundo se vuelve tierno.
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Nadie que nos haya abierto su corazón tolera que se olvide algo de lo dicho.
Sin embargo, se dice que los confesores deben olvidar en seguida.
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El recuerdo engaña, y precisamente este engaño es importante.
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Uno juega con las ideas para que no se ensamblen.
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Mientras respiro, escribo. Pero, ¿escucho todavía?
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Las máquinas no son lo suficiente enigmáticas como para creer en ellas.
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Callar la boca y no enmudecer. La cuadratura del espíritu.
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Él sabe que todo está escrito en el viento. Pero escribimos para respirar.
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De quien mucho dice se olvida incluso lo poco que podría quedar.
ORLANDO ROMANO,
Cápsulas mínimas,
Macedonia, Morón, 2008, 88 páginas.
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ARTE Y VIDA
En el bar se me acercó uno de mis lectores. Comentó que un relato mío —el de seis bebés decapitados por su madre— lo tenía preocupado; quería saber si se trataba de un hecho real. "Naturalmente", le respondí. "Gracias al cielo", respondió aliviado y agregó: "Sería espantoso que la mente humana fuese capaz de inventar algo tan abominable".
E. M. CIORAN,
De lágrimas y de santos,
Tusquets, Barcelona, 1994
(1937), 120 páginas.
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El límite de cada dolor es un dolor aún mayor.
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Escucho el silencio y no logro ahogar su voz, que proclama: todo está acabado. Estas mismas palabras han presidido el comienzo del mundo, puesto que el silencio lo ha precedido...
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El Eclesiastés es un muestrario, una revelación de verdades a las que la vida, cómplice de todo lo que es «vano», resiste encarnizadamente.
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Las lágrimas son el criterio de la verdad en el mundo de los sentimientos. Las lágrimas y no los llantos. Existe una disposición para las lágrimas que se expresa mediante una avalancha interior. Hay iniciados en materia de lágrimas que nunca han llorado realmente.
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La conclusión de toda religión: la vida como una pérdida de alma.
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El único argumento contra la inmortalidad es el aburrimiento. De ahí proceden, de hecho, todas nuestras negaciones.
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Esa fuerza que nos hace estrechar a Dios contra nuestro corazón como si fuera un ser querido en la agonía, a fin de obtener de Él una última prueba de amor, y encontrarnos luego con su cadáver en los brazos...
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Cuando busco una palabra que me agrade y me entristezca a la vez, sólo encuentro una: olvido. No acordarse ya de nada, mirar sin recordar, dormir con los ojos abiertos sobre el Incomprendido...