ÚLTIMOS TESTIGOS, Svetlana Alexiévich

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SVETLANA ALEXIÉVICH, Últimos testigos, Debate, Barcelona, 2016, 334 páginas.

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Alexiévich recoge en este libro publicado hace treinta años los testimonios de los niños huérfanos de la Segunda Guerra Mundial que traducen al español Zahara García González y Yulia Dobrovolskaya. 
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Y SE PONÍA A LLORAR PORQUE ÉL, NO ESTABA CUANDO VIVÍA PAPÁ…

Larisa Lisóvskaia, seis años  [Actualmente es bibliotecaria]

   Tengo a mi padre en la memoria… Y a mi hermanito…
   Mi padre estaba en la guerrilla. Los nazis lo apresaron y lo fusilaron. Unas mujeres le dijeron a mi madre dónde los habían ejecutado, a mi padre y a los demás hombres. Mi madre fue corriendo hasta donde estaban los cuerpos… Durante toda la vida, mi madre siguió recordando el frío que hacía, decía que en los charcos había una costra de hielo. Ellos solo llevaban puestos los calcetines…
   Mamá estaba embarazada. Llevaba dentro a nuestro hermanito.
   Teníamos que escondernos. Los alemanes arrestaban a los familiares de los partisanos. Detenían a familias enteras, a los niños también. Se llevaban a la gente en camiones con cubierta de lona…
   Estuvimos mucho tiempo escondidas en el sótano de los vecinos. Empezaba la primavera… Nos tumbábamos encima de las patatas, los tubérculos brotaban… Te quedabas dormida, por la noche salía un brote y te hacía cosquillas en la nariz. Como si fuera un bichito. Los bichos vivían en mis bolsillos. En mis calcetines. No me daban miedo, ni de día ni de noche.
   Un día salimos del sótano y mamá dio a luz al hermanito. Creció, empezó a hablar. Nosotras recordábamos a papá:
   —Papá era alto…
   —Era fuerte… ¡Cómo me lanzaba al aire!
   Eso decíamos mi hermana y yo, y un día nuestro hermanito preguntó:
   —Y yo, ¿dónde estaba?
   —Tú aún no estabas…
   Y se ponía a llorar porque él no estaba cuando vivía papá…

CUENTOS DIFRENTES PARA NIÑOS DIFERENTES, María Bautista & Raquel Blázquez

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MARÍA BAUTISTA & RAQUEL BLÁZQUEZ, Cuentos diferentes para niños diferentes, Cuento a la vista, Madrid, 2013, 104 páginas.

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 María Bautista escribe y Raquel Blázquez  ilustra estos cuentos para aquelllos niños diferentes «que son únicos».
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 LA FAROLA DORMILONA
   Las farolas, como buenas farolas, trabajaban por la noche y dormían por el día. Por eso, cuando llegaba el sol, cerraban sus ojos y no volvían a abrirlos hasta que oscurecía. Entonces sus ojos, llenos de luz, se encendían para iluminar las calles.
   Así era su vida y siempre había sido así: a las farolas les gustaba la noche, las calles vacías, la ciudad durmiendo y la luna en lo más alto presidiendo el cielo. Y así había sido siempre hasta que llegó al parque de la ciudad una farola nueva. No era como las demás: tenía curiosidad y quería descubrir qué pasaba en la ciudad durante el día.
   —¿Nunca os habéis quedado despiertas hasta el mediodía? —preguntaba sorprendida la nueva farola.
   — ¿Para qué? Nuestra función es iluminar la noche.
   — Claro, si nos encendiéramos de día, la gente pensaría que estamos estropeadas.
   —Y acabarían por dejarnos sin trabajo, ya que no seríamos para ellos más que un gasto de electricidad innecesario.
   Pero aquellos argumentos no convencieron a la nueva farola, que un amanecer, en vez de apagarse como el resto, decidió seguir encendida. Lo que vio la dejó maravillada. Durante el día, las vacías calles se llenaban de gente y de actividad. Los pájaros cantaban alegres, los niños correteaban por el parque. ¡Todo era mucho más entretenido que durante la noche! La farola lo tuvo claro: nunca más trabajaría de noche, ¡vaya aburrimiento!
   Así que sus compañeras del parque comenzaron a llamarla la farola dormilona porque se pasaba la noche durmiendo y por el día, cuando nadie necesitaba de su luz, se mantenía encendida y brillante. Y cada vez que una de sus compañeras trataba de convencerla para que volviera a trabajar de noche, la farola dormilona contestaba lo mismo:
   — Pero es que la noche es tan aburrida. ¡Nunca pasa nada!
   Hasta que un día llegó al parque un viejo búho. Se había escapado del bosque porque sus ojos cansados ya no podían ver en la oscuridad como antes.
   — Vete a la ciudad —le habían dicho sus amigos—. Allí siempre hay luz, incluso de noche.
   Así que el viejo búho había cogido todas sus pertenencias, pocas, la verdad, pues no era animal de acumular cosas, y había llegado hasta el parque donde vivía la farola dormilona. Tal y como era su costumbre, durmió todo el día y por la noche, al abrir los ojos, se encontró con aquella cálida luz de las farolas. Tan feliz estaba con aquel resplandor que permitía ver a sus ojos gastados que se puso a ulular.
   Cuando comenzó a amanecer y la farola dormilona se despertó, se sorprendió mucho al ver al resto de farolas tan excitadas. No paraban de hablar acerca de la belleza y singularidad de aquel canto del búho, tan diferente a lo que habían escuchado hasta entonces. La farola dormilona, siempre tan curiosa, no pudo evitar interesarse por aquello:
   — ¿De verdad es tan extraño ese canto?
   — Es increíble, estoy deseando que llegue la noche solo para oírlo.
   — Pero ¿ese tal búho no puede cantar por las mañanas?
   — No, si quieres escucharlo tendrás que quedarte despierta por la noche como todas las demás.
  Tanto le picó la curiosidad a la farola dormilona que la siguiente noche, en contra de su costumbre, permaneció con sus dos ojos luminosos abiertos. Hacía tanto que no trabajaba de noche que casi había olvidado la belleza de la luna y el sonido de los grillos entre los arbustos. Pero lo que más le sorprendió fue aquel canto profundo del viejo búho. ¡Era precioso!
   A la mañana siguiente estaba tan cansada, después de haberse mantenido despierta tantas horas, que no le quedó más remedio que dormir y dormir. Hasta que llegó la oscuridad y sus ojos se abrieron para iluminar la noche y escuchar el sonido del búho. Poco a poco la farola fue acostumbrándose a vivir así, disfrutando de los pequeños detalles, aprendiendo a observar las estrellas en el cielo, a diferenciar los sonidos misteriosos de la noche o a cantar con el búho. Con el tiempo abandonó para siempre el día y nunca más fue una farola dormilona.
   Sin embargo, es posible que algún día, si sois observadores, descubráis una farola iluminada durante el día. Si es así, no penséis que es una farola defectuosa, ¡qué va! Se trata de la farola dormilona que siente nostalgia del día y de vez en cuando abre los ojos para volver a disfrutar del ruido de la ciudad y de los niños en el parque.






ULTRAMAR, Rubén Santiago

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RUBÉN SANTIAGO, Ultramar: Historias del mar en forma de microrrelatos, Malbec, Cartagena, 2016, 150 páginas.

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AÑO 4000 ANTES DE CRISTO

   En Mesopotamia inventaron la vela para los barcos. Los persas surcaron entonces las aguas del Tigris y el Éufrates. La humanidad avanzaba. En la actualidad, con esas mismas telas, las mujeres se cubren por completo, y el viento, en vez de soplar en ellas, balancea los cuerpos de hombres enamorados que cuelgan de las grúas. Se reportan serias sospechas de caminos errados en las relaciones humanas. 

ILUSTRES DESCONOCIDOS, Paloma Díaz-Mas

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PALOMA DÍAZ-MAS, Ilustres desconocidos, Agilice Digital, Valladolid, 2014.

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EL ANACORETA DEL CEMENTERIO DE AUTOMÓVILES 

   El viejo anacoreta vive en el rincón más oculto del triste cementerio de automóviles. Está medio desnudo. 
   —Ya he renunciado a todos los bienes: a la casa, a la familia, a la sociedad y la compañía de los hombres, a las riquezas y al dinero. Para no tener ni siquiera el placer de vivir en un lugar fijo, en mi lugar, cada noche duermo bajo un coche distinto. Ya nada me pertenece, y por eso he alcanzado la máxima perfección. 
   —Tienes todavía tu cuerpo: tus ojos para ver, tus manos para tocar, tus oídos para oír. 
   —Pero solo los tengo prestados. He vendido mi cadáver a la Facultad de Medicina, para que los alumnos practiquen con él cuando yo muera. Mi cuerpo les pertenece. 

RELATOS Y POEMAS BREVES PARA GENTE SIN TIEMPO, Rafael García Crisóstomo

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RAFAEL GARCÍA CRISÓSTOMORelatos y poemas breves para gente sin tiempo, Bubok, 2016, 86 páginas.

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YO LO PODÍA VER...

   El tren pasaba una y otra vez. Yo lo podía ver desde mi terraza. Cuando recibía visitas, y hablo sobre todo de los cumpleaños de la infancia, ver pasar el tren desde la terraza era la principal atracción. Ni tartas ni piñatas, el tren. Cuando dormía, me despertaba con ese sonido tan característico, que a veces se mezclaba con el sonido armónico de la corneta, ya fuese diana o bandera, sonido también cercano aunque del lado opuesto, sonido que también murió con los años, murió de viejo. Y el tren seguía pasando. Una y otra vez. Yo lo podía ver desde mi terraza, desde mis ventanas. Pero a no sé muy bien quién le molestaba. Sería el ruido, lo primero que pensé. Pero toda mi vida había estudiado y preparado exámenes bajo ese «ruido» y yo nunca me había quejado, más bien lo contrario. Para mí formaba parte de mi existencia. Luego empecé a oír que las vías al aire libre dejaban incomunicadas dos partes del barrio, una a cada lado, que provocaban una «brecha». Pero para mí nunca había sido un problema, pues el camino se hacía igualmente aunque se tardase un poquito más, no había prisa. Yo no entendía nada. Un día desperté con toda la zona acordonada. Era el fin. Días después, enormes planchas de hormigón empezaron a taparlo todo, muy poco a poco. Yo mientras podía seguía disfrutando de mis privilegiadas vistas, aun sabiendo que sus minutos estaban contados. Hoy, allí, hay una especie de parque. Pero ya nada es igual. «Es el progreso», dicen los que entienden. Yo siempre recuerdo el tren pasando una y otra vez. Yo lo podía ver desde mi terraza. 

100 JOYAS DE LA LITERATURA INFANTIL ILUSTRADA, Martin Salisbury

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MARTIN SALISBURY, 100 joyas de la literatura infantil ilustrada, Blume, Barcelona, 2015, 216 páginas.

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En la Introducción (p. 9) Salisbury aclara que en los 100 álbumes elegidos pesa más que la parte literaria «la calidad del dibujo y el diseño». Un gozo para la vista también de los adultos.
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  TED HUGHES, Under the North Star, Faber & Faber, Londres/Boston, 1981.
Ejemplar: 1ª edición. 285 / 200 mm. Ilustrado por Léonard Baskin.

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   En una conversación entre Ted Hughes y Léonard Baskin que grabó el fotógrafo y amigo común Noel Chanan en 1983, la cual sirve de base para el documental que rodó este último en 2009 acerca de la pareja, Baskin describe su dilatada relación laboral como una «afinidad»: una «relación de presencia» más que una «relación de influencia». Baskin desdeñaba la idea de la «ilustración» en el contexto de una poesía como la de Hughes, con el que entabló una relación casi simbiótica que les llevó a ambos a la creación de mundos paralelos de poesía verbal y visual en libros tales como Crow (Cuervo: de la vida y las canciones del Cuervo; 1970) y Cave BirdsAves de cueva»; 1978), ambos editados por Faber & Faber.
   Baskin nació en Nuevo Brunswick, Nueva Jersey, y pasó la mayor parte de su vida en Estados Unidos, si bien durante algunos años residió y trabajó en Reino Unido, cerca de la casa de Hughes, en Devon. Dio clases de grabado y escultura en el Smith College en Northampton, Massachusetts, de 1953 a 1974 (año en el que se marchó a Inglaterra). El libro que publicó en 1973 con el título de Hosie's AlphabetEl alfabeto de Hosie») obtuvo el Caldecott Honor Book de aquel año.
   En 1979, Hughes y Baskin emprendieron un viaje conjunto a lo que este último se refirió como la «auténtica tierra salvaje» del Baxter State Parke de Maine. Fue este viaje el que inspiró la creación de Under the North Star. En el, el poeta y el dibujante crearon letanías para las distintas especies animales que pueblan las tierras salvajes de Maine.

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THE GRIZZLY BEAR

I see a bear
Growing out of a bulb in wet soil licks its bLack tip
With a pink longue its little eyes
Open and see a present an enormous buiging mystery package
Over which it walks sniffing at seams
Digging at the wrapping overjoyed holding the joy off sniffing and scratching
Teasing itself with scrapings and lickings and the thought of it
And little sips of the ecstasy of it

O bear do not open your package
Sit on your backside and sunburn your belly
It is all there it has actually arrived
No matter how long you dawdle it cannot get away
Shamble about lazily laze there in the admiration of it
With all the insects it's attracted ail going crazy
And those others the squirrel with its pop-eyed amazement
The deer with its pop-eyed incredulity
The weasel pop-eyed with envy and trickery
All going mad for a share wave them off laze
Yawn and grin let your heart thump happily
Warm your shining cheek fur in the morning sun

You have got it everything for nothing

EL DECAMERÓN NEGRO, Leo Frobenius

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LEO FROBENIUS, El Decamerón negro, Ediciones del Viento, A Coruña, 2012, 392 páginas.

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En El otro Decamerón (pp. 9-11) Luis Alberto de Cuenca agradece al editor Eduardo Riestra la edición íntegra de esta colección de relatos recogidos de labios de los bardos de los pueblos del Sahel.
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EL HIJO MIMADO
Muntshi



Un hombre se casó. La mujer quedó embarazada. La mujer dio a luz a una criatura: era varón. La mujer se llevó el niño a la granja. El niño creció en la granja. Trabajaba siempre con la madre. El niño se convirtió en un joven fuerte. La madre le hacía siempre la comida y el joven trabajaba siempre en la granja. El joven se convirtió en un hombre grande y fuerte y la madre le daba siempre la comida y él trabajaba siempre en la granja de la madre.
Llegó gente a la granja. La gente vio al joven. La gente dijo: «¡Qué joven más grande y vigoroso!» La gente le preguntó al joven: «¿No quieres casarte?» El joven dijo: «No, sólo quiero tener comida y con mi madre tengo comida buena y suficiente.»
Un día el padre fue a la granja en donde el joven vivía con su madre. El padre le dijo al joven: «¿No quieres casarte para que puedas engendrar un hijo? ¡Ven, iremos juntos al pueblo!» El padre llevó al joven a su pueblo. El padre le cortó el cabello al hijo. Después que terminó de hacer esto, le dio hermosas perlas. Le colgó collares de perlas al cuello. Le colgó pulseras de perlas alrededor de los dedos de los pies y de los tobillos. Le puso hermosas pulseras en los brazos. Le untó el cuerpo con cintura roja. Le regaló un taparrabo nuevo. Después, el padre le dijo:«Ahora ve y elígete una mujer con la que puedas engendrar un hijo.»
El joven fue. Anduvo por aquí y por allá y miró a las muchachas. Encontró una que le gustó. La llevó a la casa de su padre. Le dijo a su padre: «¡Quiero casarme con esta muchacha!» El padre dijo: «Está bien.» El padre llevó al joven a una choza con la muchacha. El padre dijo: «Esta es tu casa. Entra con la muchacha y duerme con ella para que quede embarazada.» El joven entró con la muchacha. Pero cuando hubo acostado a la muchacha en la cama, salió y corrió a la granja de su madre. Le dijo a su madre: «Madre mía, tengo hambre, hazme una buena comida.» La madre le preparó comida al hijo. Entonces, él se quedó con ella.
La muchacha casada salió de su choza. La muchacha corrió adonde estaba el padre del joven y le dijo: «Tu hijo no ha dormido conmigo. Me llevó a la choza y después se escapó!» El padre se puso en camino. Fue a la granja de su mujer. Le preguntó a su mujer: «¿Está aquí mi hijo?» La madre dijo: «Sí, tu hijo está aquí. Vino anoche y dijo:“¡Madre mía! ¡Tengo hambre! ¡Hazme una buena comida!” Entonces. yo le preparé una buena comida. La comió y se quedó aquí.»
El padre dijo: «Mi hijo se casó ayer. Pero anoche no durmió con su mujer. Corrió junto a ti y te pidió comida. Eso es algo que hay que cambiar. Opino que, si vuelve por comida, le des sólo comida mala o no le des nada. Entonces, regresará con su mujer.» La madre dijo: «Así lo haré.» El padre se fue a la ciudad.
Al cabo de un tiempo, el joven fue adonde estaba su madre y le dijo:«¡Madre mía! ¡Tengo hambre! ¡Hazme una buena comida!» La madre dijo: «¿No te has casado ayer con una mujer?» El joven dijo: «Sí, ayer me casé con una mujer.» La madre dijo: «Si te has casado, entonces ve con tu mujer y haz que ella te prepare comida.» El joven fue. El joven fue adonde estaba su padre y le dijo: «¡Mi madre no me quiere dar más comida!» El padre dijo: «¿No te has casado ayer? ¿Dormiste ayer con tu mujer?» El joven dijo: «No, no dormí con mi mujer.» El padre dijo: «Entonces ve con tu mujer y duerme con ella. Después, dile que te prepare una buena comida. Entonces tu mujer también re dejará satisfecho.»
El joven se fue a su casa. Durmió con su mujer. Después la mujer se lavó y preparó una buena comida. El joven la contemplaba. La joven mujer le llevó la comida. El joven la comió. Cuando terminó de comer,le dijo a su mujer: «¡Entra en la casa! Quiero dormir de nuevo contigo.» Al poco tiempo la mujer estaba embarazada. Dio a luz a un niño. El padre debe educar a su hijo para que sea hombre y marido: pues con la madre sólo aprende a comer.