CUENTOS Y POEMAS EN PROSA, Oscar Wilde

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OSCAR WILDE, Cuentos y poemas en prosa, Conaculta, Ciudad de México, 2009, 138 páginas. Traducción de Julio Gómez de la Serna.
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EL DISCÍPULO

   Cuando Narciso murió, el río de sus delicias se transformó de una copa de agua dulce en una copa de lágrimas saladas, y las Oreades vinieron llorando por los bosques a cantar junto al río y a consolarle.
   Y cuando vieron que el río habíase convertido de copa de agua dulce en copa de lágrimas saladas deshicieron los bucles verdes en sus cabelleras. Y gritaban al río y le decían:
   ―No nos extraña que llores así. ¿Cómo no ibas a amar a Narciso con lo bello que era?
   ―¿Pero Narciso era bello?
   ―¿Quién mejor que tú puede saberlo? ―respondieron las Oreades―. Nos despreciaba a nosotras, pero te cortejaba a ti, e inclinado sobre tus orillas, dejaba reposar sus ojos sobre ti, y contemplaba su belleza en el espejo de tus aguas.
   Y el río contestó:
   ―Si amaba yo a Narciso era, porque, cuando inclinado en mis orillas, dejaba reposar sus ojos sobre mí, en el espejo de sus ojos veía reflejada yo mi propia belleza. 

MUJYŌKAN. 72 HAIKUS Y UN JISEI, Carlos Bassas

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CARLOS BASSAS, Mujyōkan. 72 haikus y un jisei, Quaterni, San Fernando de Henares, 2016, 96 páginas.
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Acompañanado a los haikus y el jisei (poema de despedida) de Bassas, el libro incluye ilustraciones de Angélica López de la Manzanara Martín. 
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Primeros brotes.
Se despide otro invierno.
Gris ya en las sienes.

CUENTOS COMPLETOS, Evelio Rosero

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EVELIO ROSERO, Cuentos completos, Tusquets, Barcelona, 2019, 368 páginas.

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Desnudas, Bogotanos, Figuraciones y Cuentos cortos son los cuatro libros que contiene este tomo. El último de ellos, obviamente, contiene microrrelatos.
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CASA

He aquí una casa loca, cuyas escaleras no conducen a nada. Uno abre la puerta y cree entrar y en realidad ha salido. Pero cuando uno cree salir sucede lo contrario: uno ha entrado. Y la mayoría de las veces uno no se explica a dónde ha llegado, o qué ha sido del cuerpo de uno en esta casa. Las ventanas tienen la peculiaridad de no mirar hacia afuera sino hacia adentro. Todos los muebles cuelgan a medio metro del techo principal. De manera que para llegar a ellos es necesaria la imposibilidad de volar, o un salto largo y elástico que le permita a uno aferrarse de una silla, por ejemplo, y luego escalarla y sentarse en ella, como en un peligroso columpio. Y lo peor ocurre cuando cada uno de los movimientos oscilantes de los muebles tiende a vencer el equilibrio de los ocupantes, de manera que muchos se han despedazado intentando resistir más de una hora sentados en el mismo sitio. Todos los muebles confabulan sus movimientos para desbaratar a sus ocupantes, y ya se sabe que los muebles flotantes procuran sobre todo que los cuerpos sean derrotados de cabeza; nadie ha podido saltar incólume. Siempre, en la caída, hay otro mueble oscilante que se las arregla para que el cuerpo en condena se estrelle de cabeza contra el suelo. A pesar de estas aparentes incomodidades, se escuchan, en la casa, cuando cae la noche, muchas voces y risas, y chocar de copas (y muebles). Nadie ve llegar a los invitados, y tampoco salir, y eso se debe seguramente a la otra originalidad de la puerta, que da la sensación de permitir entrar y salir al mismo tiempo, sin que verdaderamente se haya salido o entrado. Nadie sabe, además, quién es el dueño o quiénes habitan la casa permanentemente. Alguien nos cuenta que vive una pareja de niños. Otros aseguran que no son niños, sino enanos: de lo contrario no se justificarían las fiestas de siempre, escandalizadas por las exclamaciones más obscenas que sea posible imaginar. Hay quienes afirman que nadie vive en la casa, y que en caso contrario no serían niños y tampoco enanos sus habitantes, sino dos jorobadas dementes. Ni unos ni otros dicen la verdad. No han acabado de entender que todos son en realidad mis habitantes, que están dentro de mí como también yo estoy dentro de ellos, que yo soy algo vivo, y que a pesar de todas las vueltas que puedan dar por el mundo quizá nunca les sea posible abandonar mi tiranía para siempre, porque también yo estoy dentro de mí.

UNA COCINA TODA DE CHOCOLATE, Alain Serres

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ALAIN SERRES, Una cocina toda de chocolate, Kókinos, Madrid, 2006, 60 páginas.

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Nathalie Novi ilustra este bello libro de gran formato que contiene 60 recetas y relatos en torno al mundo del chocolate.
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RELATO DE LA SIRENA DE LA ESPAÑOLA

   El capitán Dylan vuelve a interpretar sus cartas pero no consigue comprender lo que ha podido pasar. Por la noche hubo una marejada de las buenas y está seguro de que el barco perdió el rumbo justo después de haber sobrepasado La Española. Sin que pudiera evitarlo, el barco viró bruscamente. Por un instante vio con sus propios ojos una sirena emergiendo de un mar extrañamente chocolateado. Su piel parecía más suave que las olas. El barco estaba muy cerca. Por la mañana, en cuanto se levanta, Dylan corre a mirarse en el trozo de cristal que le sirve de espejo. Antes de hablar a su tripulación quiere asegurarse de que no tiene restos de cacao alrededor de los labios. Sigue sin entenderlo, y el capitán Dylan no soporta no entender. 

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VIEIRAS Y CREMA DE CACAO

INGREDIENTES

20 vieiras, 3 cucharadas soperas de cacao en polvo sin azúcar, 30 centilitros de nata, 20 gramos de mantequilla, vinagre de frambuesa, sal gorda, pimienta negro. 

PARA 4 PERSONAS PREPARACIÓN

15 minutos (cocción incluida).

COCCIÓN: 6 minutos

  1. Conjuntados de forma muy sencilla estos dos sabores se combinan de maravilla. Para empezar, partimos por la mitad las vieiras a lo ancho. Las pasamos por cacao con ayuda de un tenedor, rebozándolas bien, Luego las dejamos caer en una sartén con mantequilla fundida para dorarlas. 
  2. Damos la vuelta con cuidado a las vieiras a los dos minutos. Un minuto después las retiramos y las reservamos en un plato caliente dejando en la sartén el jugo de las vieiras. Añadimos la nata, una cucharada sopera de cacao en polvo, una cucharadita de vinagre y dos pellizcos de sal. Ligamos la salsa mezclándola bien con la espátula durante dos ó tres minutos. 
  3. Echamos un poco de esta crema de cacao en cada plato. sobre esta capa repartimos las vieiras, espolvoreadas con dos o tres vueltas de molinillo de pimienta y un pellizco de sal gorda, justo antes de servirse.

LA CAJA DE PLATA, Luis Alberto de Cuenca

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LUIS ALBERTO DE CUENCA, La caja de plata, Renacimiento, Sevilla, 1985, 62 páginas.

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Muchos de los breves poemas de este libro pueden ser leídos como deslumbrantes microrrelatos.
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ISABEL

Isabel se ha matado. Dejó cartas absurdas
con recomendaciones y sarcasmos estúpidos.
Lo consiguió por fin, y me alegro por ella:
sufría demasiado. En la autopsia el forense
desmenuzó su cuerpo y encontró dentelladas
cerca del corazón y a la altura del pubis.
No hay luz en la buhardilla de Zurbano. El silencio
pasea su victoria sobre las papelinas
ocultas en el libro de Arcimboldo, y la muerte
ha llenado la casa de paz y de goteras;
sigue abierto un tebeo de Conan por la página
en que matan a Bélit, y otro de Gwendoline
con manchas de carmín en las dulces heridas.
Isabel ha dejado de molestar. Sus ojos
ya no arrojan al mar residuos radiactivos.

ABRIR LA VENTANA ESTÁ SOBREVALORADO, Roberto Herrero

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ROBERTO HERRERO, Abrir la ventana está sobrevalorado, Trea, Gijón, 2019, 72 páginas.

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Se enamoró de ella desde la última vez que la vio.
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El miedo al infinito se agrava en los días claros.
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Las palabras hermosas tienen aspecto de cansadas.
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En los aviones de papel los niños viajan gratis.
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No amar es una forma de alargar los días.
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Estar peleado con el mundo asegura una derrota a los puntos.
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Siempre esperamos, como si la vida nos debiera algo.
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Me tomo el pulso con miedo a no contestarme.
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Si te paras a mirar, llegas tarde. Si no te paras, sólo llegas.
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En la pareja son muy tristes las broncas de silencios.
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Hay drogas que matan a los demás.

BOSQUE BONSÁI, Martín Cristal & El Esperpento

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 MARTÍN CRISTAL & EL ESPERPENTO, Bosque bonsái, Ediciones de la Terraza, Córdoba, 2018, 66 páginas.

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Cada uno de los treinta microrrelatos de Martín Cristal se presenta acompañado por una ilustración de El Esperpento.
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LLAMADO NOCTURNO


   Mis padres murieron hace más de treinta años pero, aun así, hay noches en que su falta me desconsuela tanto que no consigo dormir. Cuando no aguanto más el insomnio, tomo el teléfono y marco el número de la vieja casa en que me crié. Hasta ahora nunca ha fallado: aunque aquella casa ya no existe –hace ocho años construyeron un centro comercial en su lugar– mi madre siempre me atiende. “Hola, ¿quién habla?”, la oigo decir con su inconfundible voz. Aliviado, cuelgo y me voy a la cama sin responderle: me preocupa que, de contestarle alguna vez, el milagro ya no ocurra nunca más.