HOMENAJE A BASHO, José Luis Giménez Lago

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JOSÉ LUIS GIMÉNEZ LAGO, Homenaje a Basho, Anthema, Salamanca, 1999, 286 páginas.

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Junto a su lado
una bella manzana.
¡Murió de hambre!

ESTADOS DE EXCEPCIÓN, Gabriel Insausti

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GABRIEL INSAUSTI, Estados de excepción, Libros al Albur, Sevilla, 2019, 52 páginas.
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La extraña intimidad de compartir paraguas.
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Esos que piensan en la vida más allá de la muerte como en un plan de pensiones.
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El tedio de quedarse, la aventura de volver.
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En un sótano siempre nos sentimos un poco asesino en serie.
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La sed de muchedumbre es religiosa.
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La soledad consiste en no tener quien susurre tus defectos bajo las sábanas.
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Cuesta más distinguir la verdad que su ausencia.
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Otra vez abril: solo falta tu fe para el milagro.
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Querían serlo todo. Intentaron ser cualquier cosa. Lograron no ser nada.
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Nunca nieva como en la infancia de cada cual.

CORTOS AMERICANOS, Peter Redwhite

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PETER REDWHITE, Cortos americanos, Izana, Madrid, 2013, 68 páginas.

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LA MUJER DEL VENDEDOR

   Qué nos ha pasado, Al. Tú siempre dijiste que iba a ser alguien. Yo no te creí. Todos los días pienso en el viaje que hicimos de costa a costa poco después de conocernos. Sabes que no soy ninguna ingenua. Siempre fui consciente de que iba a ser nuestro viaje. Presentí que a menudo nos tendríamos que aferrar a esos recuerdos. Tampoco pensé nunca que mis sueños se cumpliesen. Ni tan siquiera cuando hacíamos tantos y tantos planes. Dirás que aún somos jóvenes, que no está todo perdido. Oportunidades no me han faltado, Al. Me podría haber ido con Joey, con Evans, incluso con el señor Johnson. Estoy segura de que con ninguno me habría ido mejor que contigo. Nos quisimos tanto. Creo que es cosa mía. O de la vida. No me riñas por seguir dándole vueltas a lo de nuestro pequeño. Ahora tengo que cargar con un saco de piedras. A todas partes. A todas horas. Tú pareces feliz, Alfred. Eres buen vendedor, los Dodgers van bien este año y me dices a diario lo afortunado que te sientes por estar con una mujer como yo. Quizá quieras hacerme creer que no necesitas más.

HAIKU DE LAS CUATRO ESTACIONES, Matsuo Basho

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MATSUO BASHO, Haiku de las cuatro estaciones, Miraguano, Madrid, 1983 112 páginas.

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Anota en el prólogo Francisco F. Villalba: «La poesía de Basho surge de su amor del contacto con la naturaleza. Él mismo decía que sin experimentar el frío y el hambre la verdadera poesía era imposible».
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Silencio
la voz de la cigarra
penetra las rocas.

LISTOS PARA LEER, Enric Satúe

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ENRIC SATÚE, Listos para leer, Sociedad Estatal D.DI, Madrid, 2005, 266 páginas.

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«Listos para leer nos ofrece una visión transversal, plural y absolutamente actual sobre el diseño de los libros en España», señala Miguel Ángel Moratinos sobre este catálogo de la exposición comisariada por Enric Satúe.
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   Más allá de unos pocos con unas connotaciones sentimentales o afectivas, ningún objeto, ya sea un electrodoméstico, una prenda de vestir, un coche o cualquier otra posesión, y más allá de unos pocos con unas connotaciones sentimentales o afectivas, nos acompaña más de diez o a lo sumo quince años. Sin embargo, los libros que acumulamos en nuestra vida difícilmente son «reemplazados», y sólo necesidades de fuerza mayor como mudanzas o traslados nos obligan a regalar nuestros libros, casi nunca a tirarlos.
   El libro, en la mayoría de las personas o de los hogares, ocupa en número el primer puesto en la relación de objetos poseídos: normalmente uno o a lo sumo dos frigoríficos, un máximo de tres televisores, uno o dos coches, no suelen llegar a la decena ni las sillas, ni las camas ni las lámparas. En el apartado de los objetos ornamentales (figuritas, floreros y jarrones, cuadros...) puede alcanzarse la veintena. En un esfuerzo artificial por ampliar la muestra podríamos extenderla hasta las piezas de la cubertería, que rondarán, supongo, el centenar. Y sin embargo, cuando llegamos a los libros, en la mayoría de los hogares, quiero pensar, hay más libros que tenedores y cucharas, no nos será difícil encontrar algunos donde los libros se cuentan por cientos, e incluso en un buen número de ellos, esta cifra superará el millar.
   A diferencia de los tenedores y las cucharas, los libros no permanecen ocultos en un cajón, sino que son expuestos y forman parte del paisaje doméstico, conformando un mosaico aleatorio donde las estridencias son especialmente molestas, visualmente hablando (no es lo normal ordenarlos por colores, aunque conozco a uno que así lo hace, siendo su biblioteca un sorprendente elemento cromático-decorativo, aunque de funcionalidad comprometida).
   Además, el aspecto estrictamente funcional del libro, que no es otro que ser leído, ocupa una nimiedad en el tiempo, acaso unos días, un par de semanas o tres a lo más; el resto del tiempo, esto es, toda una vida, el libro será sólo y sobretodo parte del entorno visual inmediato del individuo.
   Todos estos argumentos no son sino para reivindicar la importancia del diseño y la calidad de edición en el libro. Por descontado, el contenido del libro es lo esencial, pero en cada caso es el que es, a partir de la decisión de editar un texto determinado las opciones correctas en diagramación, criterios tipográficos, ilustración, cubiertas, elección del papel, encuadernación, etc. harán que esa edición sea memorable y perdure en el tiempo, o como sucede tantas veces, envejezca mal.
   Con todo esto sobre la mesa, a quienquiera que se le cuente, cómo son las pautas que en los últimos años rigen el mercado, quiénes toman las decisiones en las estructuras editoriales, cuáles son los criterios a la hora de definir los aspectos formales, pensará que algo no está funcionando correctamente. Los antaño «responsables de edición» han sido sustituidos por «product managers» para quienes los resultados inmediatos, esto es, el máximo de ventas en el menor tiempo posible, están llenando las estanterías de los hogares de productos anodinos, perecederos, caducos, que sólo unos años después (en cuanto cambien las modas y las tendencias) reclamarán a gritos ser eliminados del paisaje visual doméstico que afean con su estridencia coyuntural. A la escasa atención que se le da hoy a las «tripas», en una especie de todo vale que afecta a la disposición de elementos, a la composición tipográfica por no hablar de la ausencia de corrección de estilo y la descuidada corrección ortotipográfica o la pobre calidad de las traducciones, parece unirse un culto al despropósito en lo referente al aspecto exterior: hoy se diseñan cubiertas y colecciones que siguen estrictos criterios de packaging y reclamo, y la atemporalidad ha dejado de ser la auténtica obsesión y reto para el diseñador que fuera antaño. Salvo meritorias excepciones el resultado no puede ser más desolador.
   El libro, más allá de las superadas discusiones de sobremesa acerca de su futuro frente a la alternativa de los bytes, está pasando a ocupar el triste puesto de los objetos de consumo, libros de usar y tirar, elementos prescindibles en los que la relación persona-objeto no va más allá de la meramente funcional, y ni siquiera ésta vive sus mejores momentos. Los valores de percepción, posesión, plasticidad y proyección individual carecen de sentido. A quienes creen que el PDF es la amenaza, habría que preguntarles si no será que hacemos libros que parecen cada día más eso: PDF’s encuadernados.
   Espero que no se interprete como un arrebato de nostalgia, pero no estaría de más que revisáramos las ediciones de la segunda mitad del siglo pasado, donde encontramos en ediciones modestas realizadas durante unos años que no fueron peores que estos para el mercado del libro, valores y audacias que hoy son excepción y que han quedado reservadas a unas pocas ediciones de lujo y lo que se ha dado en llamar «libro objeto».
   En contraposición a todo lo expuesto, afortunadamente vemos cómo se mantienen y surgen nuevas iniciativas editoriales de momento escasas, casi testimoniales, que parecen dispuestas a no conformarse con el tedio general y luchan por mantener y reivindicar esa «cultura del libro» que pasa por horas bajas. Y de la mano de éstas, un puñado de diseñadores está bregando en esa misma línea. Sería deseable que, a unos y otros, les prestáramos algo más de atención. Los libros son más que palabras, y los lectores un patrimonio irrenunciable que se merece el esfuerzo. Somos lo que leemos. Pocas cosas influyen en nuestro ánimo y en nuestro modo de percibir cualquier asunto como lo que estamos leyendo. Este mismo texto, posiblemente sería completamente distinto si no fuera porque la semana pasada estuve leyendo, diría que devorando porque es uno de esos libros que atrapan, las Confesiones de una editora poco mentirosa de Esther Tusquets, a quien sin conocerla ahora admiro aún más. Y en estos días, mientras escribo esto, ando con los primeros capítulos de El diseño emocional. Por qué nos gustan (o no) los objetos cotidianos de Donald Norman, otro ejemplar capaz de darle la vuelta como un calcetín a la percepción que tenemos de los objetos. 

Álvaro Sobrino 


INCIDENTES, Ary Malaver

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ARY MALAVER, Incidentes, Valparaíso, Granada, 2019, 102 páginas.

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buscar, hallar

   Otro de los relatos en el cuaderno boliviano que incluye una ilustración es el siguiente:

   Tras décadas de consumirte en conflictos y privaciones de todo tipo, lo hallaste. Así, sin más, tu más cara obsesión: pálido, salido de espuma del mar, el unicornio.
   Superada la sorpresa inicial, alcanzaste a hacerle una pregunta. Tras observarte por algunos instantes la criatura vio lo que todos y sentenció: "Hombre roto por dentro y por fuera, que tu búsqueda no te aleje más del momento presente". Y luego, tras declinar tu oferta, se fue.

TODOS LOS UNIVERSOS POSIBLES, Ana María Shua

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ANA MARÍA SHUA, Todos los universos posibles: microrrelatos reunidos, Emecé, Buenos Aires, 2017, 1000 páginas.

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   Mi papá no está contento conmigo. Me mira más triste que enojado porque sabe que le oculto un secreto. Estás muerto, quisiera decirle. Pero tengo miedo de que no venga más.