POEMAS EN PROSA, Iván Turguénev

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IVAN TURGUÉNEV, Poemas en prosa, Rubiños, Madrid, 1994, 225 páginas.

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Explica Juan Eduardo Zúñiga en Los recuerdos poéticos de Iván Turguénev (pp. iii-v) que cincuenta y uno de estos Poemas en prosa fueron publicados voluntariamente por el autor, bajo el título de Senilia, en la revista Vestnik Evropy en 1882.  La traductora de esta edición bilingüe es María Sánchez Puig.
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EL ÚLTIMO ENCUENTRO

   En otros tiempos fuimos buenos amigos, incluso íntimos... Pero un buen día se torcieron las cosas, y nos separamos como enemigos.
   Pasaron muchos años... En cierta ocasión, estando yo de paso en la ciudad donde él residía, me enteré de que padecía un mal incurable y deseaba verme.
   Me dirigí a su casa, entré en su aposento... Nuestras miradas se encontraron.
   Apenas lo reconocí: Santo Dios, ¡cómo lo había dejado la enfermedad!
   Apergaminado y amarillento, totalmente calvo, con una barba canosa y rala, aparecía sentado, vestido con un camisón rasgado por todas partes... No podía soportar el más leve roce de ropa alguna. Me tendió apresuradamente la mano, una mano escuálida y descarnada y, haciendo un ímprobo esfuerzo, balbuceó algunas palabras ininteligibles, palabras de saludo ¿o, tal vez, de reproche? Quién sabe... Su demacrado pecho se estremeció y dos lágrimas, escuetas y lacerantes, brotaron de sus pupilas encogidas y febriles.
   El corazón se me puso en un puño... Me senté en una silla a su lado y, bajando involuntariamente la vista ante tanto horror y tanta ignominia, también le di la mano.
   Pero me pareció que no era su mano la que tomaba la mía.
   Me pareció ver entre nosotros a una mujer alta, blanca y silenciosa. Una túnica la envolvía enteramente de pies a cabeza. Sus ojos hundidos e incoloros no miraban a ninguna parte, sus labios finos y rígidos no decían nada...
   Esa mujer unió nuestras manos... Nos reconcilió para siempre.
   Sí... la Muerte nos reconcilió para siempre.

RELATOS PARA UN ENANO, Umberto Senegal

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UMBERTO SENEGAL, Relatos para un enano, Cuadernos Negros, Calarcá, 2008, 52 páginas.

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LA ALFOMBRA


   Papá tejió su alfombra voladora con hilos de telaraña y nos convidó a subir para emprender juntos el añorado viaje. Lo miramos dudosos. El perro llamaba desde ella. Papá trepó para darnos confianza. Durante el otoño tejió la alfombra. Recelosos, uno tras otro subimos, abuela con su paraguas bajo el brazo, esperando que abuelo hincara la punta de su bastón en algunas partes de la alfombra; mamá, la última en subir, con sus agujas de tejer. "Por si acaso", advirtió, mirando a papá. 
   La alfombra resistió y remontamos montañas, lagos, ciudades. Ninguno quiere bajarse aunque nos incomoda la estrechez. Llevamos varios días de vuelo. Papá amenazó con destejer la alfombra antes de que lo arrojáramos al volcán. El resto de la familia sigue unida. No logramos ponernos de acuerdo respecto al lugar que visitaremos al regresar a la tierra. Mamá teje otra alfombra por si a esas alturas vuelven a presentarse disgustos entre nosotros.

DE REPENTE LLAMAN A LA PUERTA, Etgar Keret

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ETGAR KERET, De repente llaman a la puerta, Siruela, Madrid, 2013, 208 páginas.

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¿QUÉ LLEVAMOS EN LOS BOLSILLOS?

   Un mechero, un caramelo para la tos, un sello de correos, un solitario y algo torcido cigarrillo, un palillo, un pañuelo de tela, un bolígrafo, dos monedas de cinco shekels. Esa es una pequeña parte de las cosas que llevo en los bolsillos. Entonces ¿qué misterio tiene que estén tan abultados? Son muchos los que me lo han dicho.
   —Pero ¿qué coño llevas en los bolsillos?
   A la mayoría, ni les contesto, sino que me limito a sonreír y, a veces, hasta suelto una forzada risita. Si se empeñaran en saberlo y me volvieran a preguntar, seguro que les enseñaría todo lo que llevo en ellos y puede que hasta les explicara para qué necesito tener siempre conmigo todas esas cosas. Pero no insisten. Qué coño llevas, la risita, el angustioso y breve silencio, y ya hemos pasado a otro asunto.
 En realidad, todo lo que llevo en los bolsillos está ahí intencionada y premeditadamente. Todo está ahí para encontrarme en una situación de ventaja cuando llegue el momento de la verdad. Aunque, realmente, eso no es que sea muy exacto. Todo está ahí para no encontrarme en situación de desventaja cuando llegue el momento de la verdad. Porque ¿qué ventaja vas a poder sacar de un palillo o de un sello de correos? Pero, si por ejemplo, una chica guapa —¿sabéis qué?, ni siquiera guapa, simplemente mona, una chica de aspecto corriente capaz de cortaros la respiración— os fuera a pedir un sello, o ni siquiera fuera a pedíroslo, sino que  la veis allí en la calle, una lluviosa noche, con un sobre sin sello en la mano junto a un buzón rojo y os pregunta si no sabríais por casualidad dónde hay una oficina de correos abierta a esas horas y después tosiera un poco, con una tos producto del frío y de la desesperación, porque ella también sabe, en el fondo, que no hay ninguna oficina de correos abierta por los alrededores, vamos, que seguro que no a esas horas, entonces, en ese momento, el momento de la verdad, no va a decirte qué coño llevas en los bolsillos, sino que te estará inmensamente agradecida por el sello, aunque puede que ni siquiera agradecida, sino que se limitará a brindarte su cautivadora sonrisa, una sonrisa cautivadora a cambio de un sello —yo estaría dispuesto a firmar ahora mismo, aunque el valor de los sellos esté al alza y el de las sonrisas a la baja.
   Tras la sonrisa me daría las gracias y volvería a toser, de frío y un poco también de la turbación, y entonces yo le ofrecería un caramelo para la tos.
   —¿Qué más llevas en los bolsillos? —me preguntaría ella, pero con delicadeza, nada de «qué coño llevas ahí» y sin ningún deje negativo.
   Y yo le contestaría sin vacilar:
   —Todo lo que puedas llegar a necesitar, cariño, todo lo que pueda llegar a hacerte falta.
   Pues ya está. Ahora ya lo sabéis. Eso es lo que llevo en los bolsillos. Una pequeña posibilidad de no cagarla. Cierta posibilidad. No demasiado grande, incluso poco probable. Lo sé, que tonto no soy. Una pequeñísima posibilidad de que, digamos, cuando llegue la felicidad pueda decirle «sí» en lugar de «perdona, lo siento, no tengo ningún cigarrillo/palillo/moneda para la máquina de las bebidas». Eso es lo que llevo en los bolsillos, tan abultados y repletos, la remota posibilidad de poder decir sí en lugar de lo siento.

SALA DE DESPIECE, Serafín Gimeno

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SERAFÍN GIMENO, Sala de despiece, Novum, Palma de Mallorca, 2012, 192 páginas. Ilustraciones de Fran Carras.

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EPIDEMIA ZOMBI (PARTE II)

   Una vez conocí a una zombi. Era una preciosidad, tenía un hermoso hoyuelo en la mejilla, junto a la parte izquierda del mentón, que te permitía inspeccionarle la dentadura sin necesidad de que abriera la boca, al dejar al descubierto parte de las mandíbulas. Ella me correspondía, compartíamos nuestras presas y nos comíamos la oreja el uno al otro. Era tal la devoción que nos dispensábamos, que decidimos intercambiar nuestros corazones. Pero el amor es voluble y ella conoció a un zombi más desgarbado y en un mejor estado de putrefacción. Vamos, que poseía un mayor capital en gusanos. Volvió a mí tan sólo para pedirme que le devolviera su corazón. Me negué, el suyo bombeaba mejor.


GAS MASK, Santiago Eximeno

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   Siameses. Nos separaron al nacer. Mi hermana se marchó de casa a los veinte. Yo la busco desde entonces. En mi bolso llevo aguja e hilo.

EL CIELO DE LOS DINOSAURIOS, Vicente García Oliva

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VICENTE GARCÍA OLIVA, El cielo de los dinosaurios, Pearson, Madrid, 2011, 88 páginas.
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Como preámbulo, el seminal relato de Monterroso; en el interior, once relatos por los que transitan los más diversos dinosaurios.
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AMOR

   No recordaba cómo había comenzado aquel enamoramiento. Aquella, podría llamarla, locura. Esa profunda emoción de saber que, al fin, había hallado al ser complementario, a esa figurada media naranja con la que uno está dispuesto a pasar el resto de su vida.
   Un día descubrí que me embargaba esa oscura sensación que no se sabe muy bien de donde viene, pero que cuando penetra es capaz de romper todas las barreras.
   Y ciertamente eran muchas las barreras. Y de todo tipo.
   Yo era consciente de la dificultad de aquella relación, hasta entonces oculta, pero que cuando se hiciera pública provocaría, seguro, un escándalo no solo entre mis compañeros de claustro, sino también entre los propios alumnos.
   Y lo entendía. Lo entendía a la perfección. La diferencia de edad, los distintos caracteres, yo sensible y cultivado, ella primitiva y espontánea... Pero eso es lo que tiene el amor, que cuando llega rompe todas las barreras (creo que eso ya lo dije antes), derriba todos los diques, salta por encima de todas las convenciones.
   Ellos no podían comprenderlo, y yo lo aceptaba.
   Pero eso no fue óbice para que me sentara tan mal la frase despectiva del portero de aquel hotel que me dijo, con los ojillos apretados y la voz envenenada.
   —Usted nunca entrará aquí acompañado de esa hembra de Velocirraptor.

AFORISMOS Y FRASES CÉLEBRES DE LA INDIA, Enrique Gallud Jardiel

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ENRIQUE GALLUD JARDIEL, Aforismos y frases célebres de la India, Miraguano, Madrid, 288 páginas.

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Subtitulado Palabras de un saber milenario, abre el volumen un excepcional prólogo firmado por Enrique Gallud Jardiel, Los aforismos (pp. III-XIII), cuya lectura resulta indispensable para reconocer las distintas modalidades textuales que han practicado, a lo largo de la historia, los autores que han querido comprimir, en breves cápsulas memorables, el pensamiento.
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Un hombre, contiene en sí un universo. El núcleo del cosmos está en el individuo.
Vivekananda
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La verdadera amistad es como la fosforescencia, resplandece mejor cuando todo se ha oscurecido.
Rabindranath Tagore
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Aunque venzas a miles en mil batallas, sólo serás victorioso si te vences a ti mismo.
   Dhammapada

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El amor es una celda, pero con sus puertas abiertas.
Rabindranath Tagore
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Si quieres cambiar el mundo, cámbiate a ti mismo.
Mohandas K. Gandhi

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La poesía es el eco de la melodía del universo en el corazón de los humanos.
Rabindranath Tagore
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Hay un arte que mata y un arte que da vida. El arte verdadero debe dar evidencia de la felicidad, el contento y la pureza de sus autores.
Mohandas K. Gandhi 
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 El conocimiento conduce a la unidad y la ignorancia a la diversidad.
   Ramakrishna
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Nadie puede hacer el bien en un espacio de su vida, mientras hace daño en otro. La vida es un todo indivisible.
Mohandas K. Gandhi
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El conocimiento que no se emplea es tan inútil como una espada mellada.
Shankara