MANUAL DE CRONOPIOS, Julio Cortázar & José Luis Largo

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JULIO CORTÁZAR, Manual de cronopios, Ediciones de la Torre, Madrid, 1992, 126 páginas.

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Las ilustraciones de José Luis Largo aparecen sutilmente entre cada uno de los relatos elegidos por Francisco J. Uriz, procedentes de Un tal Lucas, Último round, La vuelta al día en ochenta mundos, Nicaragua tan violentamente dulce, Bestiario, Final del juego y, por supuesto, de Historias de cronopios y famas. En la emotiva Introducción  (pp. 9-28) Uriz traza la semblanza de su amistad con un gran literato del que destaca su mayor humanidad. Varias fotografías y una carta manuscrita completan esta antología.
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FILANTROPÍA

   Los famas son capaces de gestos de una gran generosidad, como por ejemplo cuando este fama encuentra a una pobre esperanza caída al pie de un cocotero, y alzándola en su automóvil la lleva a su casa y se ocupa de nutrirla y ofrecerle esparcimiento hasta que la esperanza tiene fuerza y se atreve a subir otra vez al cocotero. El fama se siente muy bueno después de este gesto, y en realidad es muy bueno, solamente que no se le ocurre pensar que dentro de pocos días la esperanza va a caerse otra vez del cocotero. Entonces mientras la esperanza está de nuevo caída al pie del cocotero, este fama en su club se siente muy bueno y piensa en la forma en que ayudó a la pobre esperanza cuando la encontró caída.
   Los cronopios no son generosos por principio. Pasan al lado de las cosas más conmovedoras, como ser una pobre esperanza que no sabe atarse el zapato y gime, sentada en el cordón de la vereda. Estos cronopios ni miran a la esperanza, ocupadísimos en seguir con la vista una baba del diablo. Con seres así no se puede practicar coherentemente la beneficiencia, por eso en las sociedades filantrópicas las autoridades son todas famas, y la bibliotecaria es una esperanza. Desde sus puestos los famas ayudan muchísimo a los cronopios, que se ne fregan. 


JUEGOS DE SUPERHÉROES, Julio Ricardo Estefan

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JULIO RICARDO ESTEFAN, Juegos de Superhéroes, La Aguja de Buffon, San Miguel de Tucumán, 2010, 84 páginas.
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EL ARROZ Y LA ZORRA

   Hace varios días que una zorra merodea en mi jardín. Observé que tiene un cachorrito y que busca comida. He decidido alimentarlos dándole arroz a la zorra. Como no soy un abad, esta situación será olvidada ya que no cuenta con la mnemotecnia de un palíndromo.

FUERA DE LUGAR, Pablo Brescia

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PABLO BRESCIA, Fuera de lugar, Borrador, Lima, 2012, 134 páginas.

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MIRE, POR FAVOR

   Qué le puedo decir, yo soy de una época en que nos cuidábamos bien, nos vestíamos a la moda, había que mostrarse de alguna manera, de lo contrario una no podía conseguir lo que quería, ¿y qué vamos a querer?, lo de siempre, alguien que nos haga caso, que nos mire, que nos aguante también, para qué andar con rodeos, alguien con quien compartir el resto de la vida porque la vida es siempre eso, ¿no?, un resto, una sobra, en fin, como le digo, me vestía, fíjese, con esos vestidos que dejan al descubierto las partes indecentes, la verdad es que en esa foto se ve lo mejor de mí en ese momento, yo era linda, linda, sí, y codiciada, y me elogiaban mi elegancia y mis ojos y mi pelo, los hombres y también las mujeres, fíjese, y rechacé a muchos pretendientes, no se crea que iba a andar con cualquiera, no, pero desgraciadamente me enamoré, él se presentó como una aparición ¿sabe?, y entonces me perdí en mí, ya no sabía bien qué quería o ni siquiera quién era, y él me empezó a exigir cosas, éramos muy diferentes, me di cuenta pronto que no era su tipo, ¡yo! ¡yo! que era la más bella, tener que sufrir estas cosas me pareció injusto, pero el amor todo lo puede, ¿no cree? y él me llevó con él a su mundo y me siguió pidiendo esto y lo otro y yo aceptaba porque quería hacerlo feliz porque hacerlo feliz me hacía feliz, aunque ahora que lo pienso nunca lo vi feliz a él, la verdad, y yo tampoco estaba contenta, me la pasaba encerrada y, bueno, empezamos de a poco, primero fueron las manos, fíjese que no me van bien, son demasiado nerviosas esas manos para mí, después quiso las piernas y fueron las piernas, usted lo sabe, ¡lo que me costó encontrar zapatos para esos pies!, él me decía que todo iba bien y después insistió en que había que mejorar un par de cosas más y yo acepté porque ya no había remedio y yo ya no era yo y pasó lo que pasó, grité y lloré mucho, aun después de todo él insistió con lo de la foto, salimos y de pronto estábamos en un tiempo que yo no reconocía y él que me hace sentar ahí y usted saca la foto, claro que hubo que disimular lo del pelo y los ojos, por eso tengo ese sombrero que no va conmigo, fíjese, y estoy con unos anteojos mirando hacia el costado porque ¿cómo iba a mirar al frente sin mis ojos?, y él me volvió a guardar en su casa y me pidió que me cambiara eso también y yo me dije hasta aquí llegamos, ya casi no existo, y me vine como pude hasta su estudio, y le traje la foto de cómo era antes, no me la quite, es lo único que me queda mío, aquí le dejo sus ojos y su pelo, mire cómo era, cómo soy, mire, mire por favor. 

NO TIENEN PRISA LAS PALABRAS, Carlos Skliar

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CARLOS SKLIAR, No tienen prisa las palabras, Candaya, Barcelona, 2012, 160 páginas.

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En El poeta es un viajero (pp. 5-8) celebra David Roas: "En No tienen prisa las palabras el lector encontrará lúcidos aforismos, pensamientos despeinados, greguerías ("Limpiaba la vereda como si intentara reanimar un animal herido"), apuntes de un diario, epifanías, estampas líricas, mínimos poemas en prosa, microrrelatos...".
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Toda memoria es respiración agitada. Cada olvido es un modo desordenado de decir adiós.
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La mujer con aros inmensos y pelo recogido lee Vivir en el fuego de Marina Tsvietáieva. Con asombro repentino, como si hubiera dado con un mensaje crucial, marca y remarca con su lápiz labial una parte del texto. Sonríe, luego, con un erotismo que sobrecoge a todos. Compro ese libro enseguida. Paso días buscando, sin éxito, esa frase.
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Ninguna muerte puede ser contada si las manos que lo narran no sienten algún frío.
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La justicia es ciega porque la venganza es sorda porque la belleza es coja porque la  lealtad es muda porque la libertad es manca porque la memoria es demente porque el  hombre es imbécil porque la verdad es tullida porque toda palabra nace siempre,  tartamuda.

CUENTOS BREVES LATINOAMERICANOS, Alejandra Torres (editora)

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ALEJANDRA TORRES, Cuentos breves latinoamericanos, Aiqué, Buenos Aires, 1998, 160 páginas.

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Alejandra Torres apunta en el Prólogo (pp. 11-17): "Entre los cuentos elegidos se observa la gran inclinación de los cuentistas latinoamericanos a producir ficciones fantásticas".
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LA NOCHE

   Es la noche, oscura como el antifaz de los asesinos. Muy cerca se oye un grito de terror, luego, un disparo que lo silencia. Ninguna de nuestras ventanas se ha abierto; todos temblamos en el interior, absteniéndonos de ser testigos de un hecho que más tarde podría comprometernos. Un automóvil arranca y se pierde a lo lejos con su carga de muerte. En la esquina alguien agoniza en medio de un gran charco de sangre. A su alrededor un vecindario de culpables trata en vano de conciliar el sueño.

Manuel Rueda

AFORISMOS Y OTRAS BREVECES, Juan Luis Roldán Calzado

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JUAN LUIS ROLDÁN CALZADO, Aforismos y otras breveces, Lulu Press, 2008, 40 páginas. 

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Los defectos son los silencios que hace la belleza.
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El tiempo es un caballo que renace en su galope.
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Finalmente decidió que para que ella comprendiera le mandaría ese ramo, pero cuando las flores estuvieran ya marchitas.
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Los matemáticos tenemos graves problemas de esperanza ya que, después de años manejando las ciencias exactas, al final ni creemos en Dios ni jugamos a la lotería.
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El olvido es como enterrar a alguien grano a grano.
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Las fotografías son hojas arrancadas al árbol del tiempo.
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La pasión realiza las mejores instantáneas.
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Los poetas son los notarios de la belleza.
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El egoísta piensa que cómo va a llover si él no lleva paraguas.
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El buen profesor no es el que muestra un camino a los alumnos sino el que está dispuesto a aventurarse mochila al hombro por el que ellos están recorriendo.

SIEMPRE GILA, MIguel Gila

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MIGUEL GILA, Siempre Gila, Aguilar, Madrid, 2001, 162 páginas.
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Abre este volumen subtitulado Antología de sus mejores monólogos un prólogo de Pedro Ruiz, Siempre Gila (pp.11-13) en el que leemos: "Gila es la vida mofándose de su soberbia. La pedantería sin pantalón con raya. El absurdo convertido en lógica".
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EL MATRIMONIO Y SUS DESVENTAJAS

   Nunca les digo a las mujeres solteras que no se casen, pero que se hagan a la idea de que el matrimonio no es lo que parece, que el matrimonio cambia. Que al principio de estar casados, el marido, en cuanto caen cuatro gotas, empieza: «Cuidado, mi amor, el charquito. Por aquí, mi vida». Y cuando pasan unos años de casados: «¡Hala! Ya te has vuelto a meter en otro charco. Mira cómo me has puesto. ¡Si es que caminas como las vacas! ¡Con esos pies que son dos lenguados!».
   Y recién casados: «¡Qué lunar, mi vida, qué lunar! Me tiene loco». Y cuando pasan los años: «¡Ponte pa’allá con la verruga!».
   Y al principio de casados: «Que gusto, mi vida, que te duermas con tu cabecita aquí en mi brazo!». Y cuando pasa el tiempo: «¡Quita el cabezón, que se me duerme el brazo!».
   Lo del cabezón yo lo he estado analizando y no es porque las mujeres tengan la cabeza gorda, lo que pasa es que cuando llegan a cierta edad se la llenan de canutos de esos, y ya no sabes si tienes mujer o una central eléctrica, porque qué acostarse tienen la mayoría de las mujeres. Se meten en el cuarto de baño, y entre lo que se quitan y lo que se ponen..., tienen un salir..., que estás en la cama leyendo y aparece, y un susto. Dice: «Soy yo, soy yo». Con esas cremas que se dan, la hidratante, la humectante, la limpiadora, la estirante, y crema, y crema, y crema, que a media noche le vas a dar un pellizco y se te va de la cama al suelo. Ya no sabes si te has casado con una mujer o con un chorizo en manteca. ¡Cómo resbalan!
   ¡Y cómo conducen! ¡Bien, pero raro! A ver si me explico. Conducen despacito y prudentes, pero pa’allá, lo de los lados y lo de atrás les importa un carajo, y la amiga aquí, chu chu chu chu, dándole a la húmeda, y es la que le grita de repente: «¡A la derecha!». Y dos coches, un motorista, tres ancianas por los aires. Y en medio de ese desparramo, la amiga que le dice: «Dale al intermitente».
   Yo creo que lo del intermitente no lo tienen muy claro. Esto lo cuento por experiencia. Un día le digo a mi mujer: «Ponte detrás y dime si funciona el intermitente». Se bajó, se puso detrás y dijo: «Ahora sí, ahora no, ahora sí, ahora no».
   Pero mi mujer lo del intermitente lo ha resuelto muy bien. ¿Saben ustedes qué hace? Lo pone al salir de casa. Dice: «Yo lo llevo puesto, así cuando quiera torcer...». Una noche veníamos de viaje y conducía ella, con esos ojos de despavorida que pone, que siempre que la miro, me digo: «¿Qué habrá visto?» Bueno, pues venía conduciendo ella y era una de esas noches oscuras, negras, que no se ve nada. Cruzamos un pueblo, pasamos el peaje y se metió en la autopista, pero por el carril contrario. Y mi mujer gritándoles a todos: «¡Que van mal, que van mal!». Empezó a llover y dijo: «Voy a dar al limpiaparabrisas», pero se equivocó de palanquita y apagó las luces, y yo tirando cerillas por la ventanilla, para que nos vieran los que venían de frente. Salimos de la autopista, entramos en una carretera comarcal, y nos encontramos un rebaño cruzando. Y me dice: «Dame el manual, que quiero saber cuál es el pedal del freno». Le echó una ojeada al manual y apretó el acelerador. Veintiséis ovejas muertas. Y el pastor y el perro se salvaron porque dieron un salto olímpico.
   Levantó el pie del acelerador y frenó. ¡A fondo!  Saqué la cabeza por el parabrisas. Diecisiete puntos en la frente. Desde entonces, cuando ella conduce, yo me pongo el cinturón de seguridad, el casco y un chaleco salvavidas.
   De todas maneras, al menos para mí, las mujeres son imprescindibles. Donde esté una mujer hermosa, que se quite un señor con barba. Es posible que yo esté chapado y a la antigua; pero yo no me casaría con un señor que se llamara don Mariano, por muy de moda que esté.
   El matrimonio es muy bonito y hay que cuidarlo. La luna de miel, después vienen los hijos, que son la alegría de la casa. Bueno, hasta cierto punto, porque cuando son pequeños, lloran... y la que se organiza. El marido dice: «Que está llorando el niño». Y la mujer: «Bueno, ¿y qué quieres que haga?». Y el marido: «Que le des la teta». Y la mujer: «¿Y cómo le voy a dar la teta, si no me la sueltas?», porque aunque pasen los años, el hombre siempre le tiene cariño a la teta.
   Yo conocí al hijo de un millonario que tuvo nodriza hasta que le llamaron a filas.
   El problema con los hijos es cuando son mayores. Yo tengo amigos que tienen hijos mayores y están desesperados. «No sé qué hacer, porque fíjate que mis hijos vienen a casa a las siete de la mañana, y algunos días no aparecen y ni llaman por telefono, y no vivo, y no te digo mi mujer». Yo creo que esto pasa porque se ha perdido el diálogo de los padres con los hijos.  Y digo esto porque cuando yo tenía diecisiete años, mi padre me decía: «Hijo, siéntate, que quiero hablar contigo». Me sentaba y me decía con ternura: «El día que vengas a casa después de las once de la noche, te doy una patada en la cabeza que te la reviento». ¡Y le entendía! ¡Había diálogo! Es una pena, pero se está perdiendo el concepto de la familia.