DISPOSICIONES Y VIRTUDES, Guillermo Bustamante Zamudio

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GUILLERMO BUSTAMANTE ZAMUDIO, Disposiciones y virtudes, Aula de Humanidades, Bogotá, 2016, 132 páginas.
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PRECAUCIÓN

   Un dios se ocupa de casi todo: el ascenso de los líquidos por la raíz, el minucioso aleteo del mosquito, los dilatados ciclos de los astros, la acumulación organizada de materia que será un cristal, las conjunciones siderales, la respiración de una hoja, la duplicación del espejo… Pequeño, inmenso, infinito, unánime, simple, complejo… no constituye un reto para él. Pero, frente a los hombres, sí toma precauciones: no interviene en su devenir, parece temerles, los deja a un azar que ellos llaman libertad.

LA VUELTA AL DÍA, Hipólito G. Navarro

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HIPÓLITO G. NAVARRO, La vuelta al día, Páginas de Espuma, Madrid, 2017, 256 páginas.

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Recién seleccionado entre los finalistas del Premio Setenil, este último libro de Hipólito G. Navarro, maestro indiscutible de la narrativa breve, incluye algunos microrrelatos entre otros cuentos de mayor extensión.
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RIFA

El viejo ha vuelto, y pasea feliz por el altozano. Propina distraídos puntapiés a los guijarros mientras contempla con ojos melancólicos las ruinas del castillo y de las casas que se desparraman ladera abajo hacia el pueblo ahora abandonado donde transcurrió su infancia, hace ya de eso una eternidad.
   De entre las piedrecillas que patea y que caen rodando alegremente por la cuesta llama su atención una más redonda y oscura que no llega tan lejos como las demás. Al poco de quedarse quieta comienza a rebullir, a extraer de su materia unas patitas, a caminar con una torpeza coleóptera. Se acerca el anciano para observar al pequeño escarabajo, para comprobar si su patada lo ha dejado listo. Parece que no. El animalillo sigue andando como si nada hubiera pasado, como si esa mediana violencia no se hubiese ensañado con él.
   Tampoco le recriminan nada otros insectos afectados, como puede verificar el viejo de regreso a la explanada. Antes le ofrecen el soberbio espectáculo de la reconstrucción del hormiguero que pisó sin darse cuenta, un pequeño volcán en miniatura hecho de finísimas partículas de entusiasmo.
   Las gramíneas y otras yerbas que fueron aplastadas por sus pasos también se recuperan lentamente, enderezando poco a poco sus tallos. Si algunas no lo hacen, quizá no importe demasiado: el viejo sabe que han dejado antes en su ropa bien ancladas las semillas.
   Hace mucho tiempo que se fueron los habitantes del lugar, abandonando a su suerte el puñado de tristes construcciones que queda más abajo, puros esqueletos de vigas recubiertas de zarzas. Infiere entonces el hombre con un ligero estremecimiento, al ver cómo hasta los más pequeños y frágiles seres se yerguen después de la adversidad de cruzarse con él, que quizá este retorno no esté sucediendo en realidad, que sea un regreso inventado, por completo imaginado, pero ¿por quién? Desde luego no por él, que se pellizca y no le duele, que se pellizca y no se toca. Pero de seguro es él quien ahora todo lo acaricia con suavidad, quien se amolda como un guante al espacio que lo aloja, y son sus cinco hijos los que dudan. De vuelta de esparcir las cenizas por la ladera del castillo, sopesan si conservar o no la urna, que tiene maneras de ánfora antigua y es bastante bonita —indivisible, eso sí—, de color claro, muy poco funeraria en realidad.

HAIKUS DESDE EL RÍO, Fátima Frutos

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FÁTIMA FRUTOS, Haikus desde el río, Berenice, Córdoba, 2017, 112 páginas.

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Hielo en la orilla
el petirrojo suspendido en el aire
sobre el espejo

CUENTOS COMPLETOS, Amy Hempel

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AMY HEMPEL, Cuentos completos, Seix Barral, Barcelona, 2009, 512 páginas.
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AMA DE CASA

   Solía dormir con su marido y con otro hombre en el transcurso de un mismo día y luego, durante el resto del día, durante lo que le quedaba para sí misma del día, se regodeaba repitiendo en voz alta de forma embriagadora: «oh, como en una película francesa, como en una película francesa».

TODO LO QUE SE PRODIGA CANSA, José Luis García Martín

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JOSÉ LUIS GARCÍA MARTÍNTodo lo que se prodiga cansa, La Isla de Siltolá, Sevilla, 2017, 162 páginas.
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Sin literatura el mundo sería ilegible.
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Se vive después de haber vivido.
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A veces una reseña resiste mejor al paso del tiempo que el libro reseñado.
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Hay libros que solo se dejan leer cuando ellos quieren.
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Lo que no se tiene también puede perderse.
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Para el que sabe mirar, una vuelta por su jardín vale lo mismo que tres vueltas al mundo.
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Dios no existe, pero a veces me sonríe.
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Aprender a escribir es casi tan difícil como aprender a leer.
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La poesía ilumina, pero quemando.
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No me gustan las historias que acaban bien porque acaban. 

LAS CINCO ESTACIONES, Elías Rovira Gil

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ELÍAS ROVIRA GIL, Las cinco estaciones (haiku - senryu), Uno Editorial, Albacete, 2012, 140 páginas.
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Sólo el rocío
deja ver
la telaraña

LA PROVINCIA DEL HOMBRE, Elias Canetti

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ELIAS CANETTI, La provincia del hombre. Carnet de notas 1942-1972, Taurus, Madrid, 1982, 336 páginas.
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Los días se distinguen, pero la noche tiene un solo nombre.
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En la oscuridad las palabras pesan doble.
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Algunas frases no empiezan a soltar su veneno hasta al cabo de años.
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La maldición del tener que morir debe ser transformada en bendición: que uno pueda morir cuando vivir es insoportable.
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Ya no hay grandes palabras. La gente, de vez en cuando, dice «Dios», simplemente para pronunciar una palabra que una vez fue grande.
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Las almas de los muertos están en los otros, los que han quedado, y allí se van muriendo del todo, lentamente.
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Una idea que me tortura: que todos los dramas hubieran tenido lugar ya y que lo único que cambiaran fueran las máscaras.
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Sólo es bueno odiarse de vez en cuando, no demasiado a menudo; si no, uno se encuentra con que vuelve a necesitar mucho odio contra los demás para equilibrar el odio que se tiene a sí mismo.
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Las ciudades en las que uno ha vivido se convierten en barrios de la ciudad en la que uno muere.
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Un dolor tan grande que uno ya no lo relaciona consigo mismo.
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Siempre estamos diciendo lo mismo, pero lo terrible es que tengamos que decirlo.
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Palabras, llenas de sangre como chinches.